GATITO BLANCO
¿Qué haces allí
En el balcón de mi ventana
Expiando mi oración,
Mis quejas,
Mis dudas,
La añoranza de lo que fue y no fue?
Déjame unos segundos;
Quiero apurar el vino del Señor
En mi Caná con la canción del agua;
Quedarme exhausto sobre el tosco banco
En santa adoración en raudo vuelo
Y orar, orar, hasta que el cáncer se muera.
Gatito Blanco, sin título dedicado a Blanca Eva, Pregunta
Ingenua, dos Madrigales y la Agonía del tiempo son poemas inéditos recuperados
de los escritos de Délfido Barrera Navas. No se los pierda pues tienen un aire
fresco y siempre actual; con voz de profeta y melodía de salmista. Conozca el blog
del poeta.
(POEMA SIN NOMBRE A BLANCA EVA)
En el ritmo, en las alas de la rima
Yo elevo una oración encanto mío
Deseando que las brumas del estío
No dañen tu candor en alta estima.
Oro para que el mal no te deprima
Y el viento nunca juegue con tu pelo,
Tentación y motivo de mi celo
Que vuela como el ave en la alta cima.
Me da miedo tu amor, temor me asalta
Yo débil soy y tu vigor me asalta
¿Qué sería de mi si te perdiera?
Sin ti la vida, amada, es un desierto
Yo soy la voz que clama en el desierto
Tú la flor que se mece en primavera.
PREGUNTA INGENUA
¿Dónde estaré cuando los cielos ardan,
Cuando la luna apague sus cristales
Y el sol nos muestre su negrura infame
¿Dónde estaré cuando los libros se abran?
¿Qué suerte encontraré en los cielos de los cielos?
En las auroras anchas
De mil ciudades con moradas de oro.
Quiero saber el fin de mis caminos
De las veredas que pisé en la vida
Me pierdo, cielo, al contemplar tu gloria
Arde mi pecho
Y se empaña el velo
Que permite ver el infinito
Cuando millones de lágrimas se sequen
Y el pañuelo de Dios endulce el alma.
MADRIGAL
La luna en plenilunio te miraba
Y bañaba tu rostro con su lumbre;
Todo era luz preciosa allá en la cumbre
Vi y radiante el horizonte estaba.
En mis sueños en vano te buscaba,
En mi alma mi espíritu inquiría
¿Dónde estás tú o dulce amigo mío
Yo soy tu zarza ardiente que no se apaga.
Sueños y realidades es tu vida,
Viento y mar, permite que te pida
Besar el oro de tus pies desnudos.
Pone tus azucenas en mi frente
Y deja que te abrace dulcemente
Con la ancha braza de mis brazos rudos.
MADRIGAL
Quiero resucitar la fe
Que se quebró en la niebla.
Moveré las montañas de mis luchas.
Quiero ser el hombre
Que busca Dios,
Que se interponga
Entre el cielo y la tierra
Para arrancar un grito,
Una plegaria
En madrugada ungida
Para que tu, Señor
No destruyas la tierra todavía.
LA AGONIA DEL TIEMPO
I
Cuando surgieron la vida, el sol, la luna y las
estrellas,
Mercurio, Venus y esta Tierra,
Tú ya existías.
Tú nunca mueres, seguiré tus pasos:
Como el sol a la luna
Como el rocío al bosque
Como la altura al sórdido barranco.
Eres ancha y honda
Tu anchura, tu profundidad y altura
Incomprensible y alta
Sin rutas, rascacielos y caminos.
Estás con Dios y Dios contigo
Eres nada y algo.
Los pasos de la muerte
No pueden nunca perseguir los tuyos.
Siglos, centurias
Épocas y mil generaciones
No saben nada de tu idioma excelso;
Milenios son segundos
En tu existencia erecta, incomprensible.
Me pierdo en tus ideales infinitos
De tu existencia virgen.
Oh inmensidad; desde tus cielos altos
Y sublimes, de nada y algunos
Zarza que arde y que nunca se consume.
Oh dime eternidad bendita,
¿Dónde estaré cuando los cielos ardan?
Cuando la luna apague sus cristales
Y el sol nos muestre su negrura infame
¿Dónde estaré cuando los libros se abran?
¿Qué suerte encontraré en los cielos de los cielos?
En las auroras anchas
De mil ciudades como moradas de oro.
Quiero saber el fin de mis caminos
De las veredas que pisé en la vida
Me pierdo, cielo, al contemplar tu gloria;
Arde mi pecho
Y se empaña el velo
Que permite ver el infinito
Cuando millones de lágrimas se sequen
Y el pañuelo de Dios endulce el alma.
Eternidad:
Solo los ojos de mi Dios te alcanzan
Te miren,
Languidecen
En tanto que te nombre el alma mía.
Señálame el final de mi camino
Como me diste el ABC del alba
Como me diste el ABC del sueño
Embriagándome con tu añejo vino nuevo
Y muéstrame el final de mis caminos.