PERFUME DE LIRIO
POESIA LIRICA EVANGELICA
DELFIDO BARRERA NAVAS
DELFIDO BARRERA NAVAS
Autor
Primera edición 1000 EJEMPLARES
Noviembre 93
CARLOS EDUARDO DE LEON CAMPOS
Ilustración de portada
Diseñado e impreso en
FONDO DE CULTURA EDITORIAL
14 calle A 11 49 zona 1. Tel. Fax 29354
Guatemala, C.A.
Derechos Reservados por el autor.
Prohibida la reproducción total o parcial.
CONTENIDO
DEDICATORIA
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6
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TU AGUA
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53
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PROEMIO
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8
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CANTO AZUL
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54
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JESUS TOCANDO LA PUERTA
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55
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Alabanza, honra, gloria y poder
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RESUCITAME
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56
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Por los siglos de los siglos
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14
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57
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PADRE
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15
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NO TEMO AL MANANA
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58
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HIJO
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16
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PARABOLA
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59
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ESPIRITU SANTO
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17
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EL MANTO
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60
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JESUS
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18
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EL ENCUENTRO
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61
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MI OFRENDA
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19
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SENOR JESUS
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20
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Redención
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62
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PRESENCIA
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21
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HERIDAS
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63
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REPOSO
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22
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EL TRIUNFO DE LA VIDA
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64
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23
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TUMBA VACIA
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65
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EN EL TEMPLO
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24
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TU CRUZ
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66
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CREO
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25
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AGONIA
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67
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GRACIAS SENOR
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26
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TRAICION
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68
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YAHVEH SABAOT
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27
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TU GRACIA
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69
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AUSENCIA
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28
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VENDRA
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29
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Íntimos
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70
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CIELO Y AGUA
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30
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LOS HIJOS DE RUTH
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71
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PENSTECOSTES
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31
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ESTA TARDE ABRIL
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72
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ANA ISABEL
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73
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CANTO A COSTA RICA
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74
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Inspiración y anhelo
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32
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UN POCO
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75
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TU FIESTA
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33
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FELIZ
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76
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RESURRECCIÓN
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34
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MI AGUIJON
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77
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PROCESO
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35
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MATINAL
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78
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MISTERIO
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36
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BLANCA
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79
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ISAIAS 24 3
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37
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A VIRGILIO ZAPATA
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80
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AHORA MIS OJOS TE VEN
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38
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II
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81
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LA ÚLTIMA MILLA
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38
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GUATEMALA
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82
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CANTARES
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40
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JOSE MARIA MUNOZ
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83
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UVA
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41
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II
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84
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MI EVANGELIO
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42
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CENTENARIO
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85
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JUAN EL BAUTISTA
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43
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ESCUINTLA
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86
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TU MANTO
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44
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II
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87
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VERSOS EN EL CIELO
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45
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III
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88
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NADA
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46
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ESCRITA CON SANGRE
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89
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EXTRAÑO DESEO
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47
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PALENCIA
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90
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ME HABLA
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48
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AMERICA LATINA
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91
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AGUA
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49
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INVITACIÓN
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92
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VIVIR Y MORIR
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50
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IXTAPAN DE LA SAL
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93
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QUIERO CONOCERTE
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51
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ANTE EL ALTAR
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94
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TRIGO
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52
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LA ELEGÍA DE LAS LÁGRIMAS
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95
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DEDICATORIA
A Rigoberto Bran Azmitia, poeta y quijote de rico talento, que siempre anda en busca de semillas nuevas para los surcos donde han de florecer el Amor, la Fe , la Esperanza.
A ATALA VALENZUEZA alma gemela de riquísimas esencias y de profunda vocación poética que sueña como yo en la tierra que fluye leche y miel, morada del hombre nuevo que cree en Jesucristo.
A mis hermanos en la fe, de mi patria Guatemala, “compañeros de mi gracia”, en el largo peregrinaje que ha de culminar con el glorioso encuentro de Cristo en gloria.
Mi eterna gratitud a Melqui, mi querido Benjamín, por su valiosa ayuda artística y sus múltiples esfuerzos de un magnifico editor.
PROEMIO
En una radiante mañana, de la tercera semana del mes de julio del presente año, encontrándome en la hermosa Catedral del Periodismo Nacional, la Hemeroteca Nacional “Clemente Marroquín Rojas”, donde suelo acudir diariamente a investigar los periódicos de hace medio siglo, recibí la gratísima visita de mi amigo periodista, profesor y exquisito poeta don Délfido Barrera Navas, a quien le tengo especialísimo afecto y admiración, al igual que a sus hijos, los periodistas Byron Boanerges y Héctor Adolfo, únicos que conozco. ¡Grata visita en verdad! La alta educación de don Délfido, no permitió conversar en la nave principal de la Hemeroteca y para mayor tranquilidad, nos posamos en uno de los largos confidentes del moderno parque centenario, pero a todo esto mi corazón latía con mayor aceleración y me preguntaba: ¿Qué le pasará a este digno siervo del Señor? ¿Qué me irá a comunicar? ¿Una tragedia? ¡Oh, no!, afortunadamente para mi angustia, pronto se despejó la incógnita, y me dijo: quiero que usted me haga el favor de hacer el PROLOGO de mi poemario: “PERFUME DE LIRIO –Poesía Lírica Evangélica-“, que acabo de concluir y ya va camino a la editorial, y hablando y hablando, puso en mis manos su poemario, una gavilla lírica en sonetos con delicado olor a santidad. Con unas cuantas palabras de recomendación para la custodia de sus originales, don Délfido se marchó para su casa y yo volví al templo de la cultura, a continuar mis investigaciones y bajo el brazo, un verdadero tesoro sagrado, el manojo de sonetos, ahora bajo mi más estricta responsabilidad.
Hace muchísimos años, conocí espiritualmente a don Délfido, por medio de periódicos y revistas de carácter educativo y su delicada poesía infantil de su poemario “Luciérnagas”, y unos cuantos años más tarde, tuve la dicha de conocerlo personalmente en la Asociación de Periodistas de Guatemala y posteriormente en la Asociación de Escritores y Amigos del Libro Nacional, y desde entonces, le profeso gran admiración y aprecio.
Don Délfido Barrera Navas vio la luz primera de este hermoso mundo, en Santa Catarina Mita, Jutiapa, -“Catocha de mis recuerdos”- como él la llama, un 12 de diciembre de 1927, rodeado del cariño de sus papás, don Pedro Barrera Rodas y doña Plácida Navas de Barrera. Su esposa, Blanca Eva –fiel sierva de Dios- y sus hijos: Delvin, Héctor Adolfo, Byron Boanerges, Ruth Noemí, Rina Judith y Eleázar Melquisedec, todos profesionales de renombre. Don Délfido es maestro de Enseñanza Rural (7º. Año) -1943-1944-, Maestro de Educación Primaria Urbana y Especializado en Supervisión Educativa por la Universidad de Panamá. Después de desempeñar cargos de profesor de grado, en muchas escuelas rurales y urbanas de nuestra Guatemala, por sus grandes méritos profesionales llega a ocupar el alto puesto de Supervisor Técnico de Educación, en muchos lugares; Orientador Técnico de Educación de Socio Educativo Rural; Director del Instituto Normal Mixto de Huehuetenango y varios cargos docentes y administrativos en colegios particulares. Actualmente está jubilado por el Estado, pero dedicado a muchas actividades periodísticas, literarias y lo mejor de todo, cristianas.
Su producción literaria ha sido abundante y de delicado perfume lírico, que ha penetrado hasta los intersticios auriculares del corazón de los niños guatemaltecos. Sus poemas infantiles son sublimes y se recitan por doquier. He aquí sus obras: (VERSOS): Espígas del Alma, Antología, En Voz Alta, Poemas del Pesebre, Luciérnagas (poemas infantiles para los días especiales del ciclo escolar –dos ediciones-), Sobre mis alturas, Oro en el Barro, Aguas de reposo (prosa poética). Otras obras: La Formación de un Desafiador (Teología), Cómo enseñar (obra didáctica), Idioma Español Primer Curso (libro de texto); Catocha de mis recuerdos (Memorias), Antología de la Poesía Jutiapaneca (coautor), El secreto de ser fructífero (folleto), Relaciones humanas desde el punto de vista bíblico, y ahora su poesía cumbre PERFUME DE LIRIO –Poesía lírica evangélica-.
Acabo de leer, con verdadera fruición, su poemario PERFUME DE LIRIO –Poesía lírica evangélica- , que consta nada menos que de 74 sonetos, conformados por mil sesenta y ocho versos, saturados del más perfumado lirismo cristiano, su rico florilegio lo divide en cuatro secciones:
a) Alabanza, honra, gloria y poder por los siglos de los siglos.
b) Inspiración y anhelo
c) Redención, y
d) Íntimos
Don Délfido es un inspirado poeta de cuerpo entero, que ha cultivado maravillosamente todos los metros, incluyendo también el verso libre; pero ante todo, el soneto lo maneja con toda propiedad; pero ¿qué es un soneto? Se preguntaba el recordado gran poeta y antologista Dr. Horacio Figueroa Marroquín (RIP) en su obra “50 DE LOS MAS BELLOS SONETOS DE LA LIRICA GUATEMALENSE” y dice: “El soneto generalmente, aunque no siempre, es un mensaje de amor; es el lenguaje del poeta enamorado o del simple mortal, que sin ser poeta, utiliza el soneto como un vaso para verter en él todas sus lágrimas, sus amarguras, sus pasiones, sus tristezas, sus desengaños y hasta su despecho por la indiferencia de una Dulcinea insensible, o para manifestar, como con paleta de pintor, toda la belleza que encuentra en las cosas o en los seres amados. Por eso Benivieni, poeta de Italia, de donde parece haberse originado el soneto, escribió sus “Sonetti del Amore e della Belleza Divina”; y Petrarca expresó su amor a Laura en sus 300 sonetos. –Sigue diciéndonos Figueroa Marroquín: “El soneto es a la poesía lo que el vals es a la música: son dos formas románticas de expresión del pensamiento que nunca serán olvidadas”. Pero el poeta Délfido Barrera Navas nos describe admirables perfiles del soneto, en la siguiente composición poética:
LA VOZ DEL AMADO
¿Cómo hablar de su voz en el soneto
En catorce columnas encerrado
Si la voz inefable del Amado
Solo cabe en la luz del Paracleto?
Si el pintor nada dice en el boceto
Ni el verbo solo en el papel ajado
¿Cómo entender el eco del Deseado
Si ya estoy a la orilla del terceto.
Mas, si tengo la dicha de la oveja
De tener un pastor que al pasto guía,
Él conoce el misterio de mi queja.
Me habla en la noche y al rayar el día,
Y entre la luz de su Palabra añeja
Yo percibo la voz que mi alma ansía.
Lo admirable y bello de don Délfido, sin lugar a dudas, es que es el único poeta guatemalteco que ha cultivado, con tanta profusión y amor, la POESÍA EVANGELICA propiamente dicha, únicamente comparado con aquel gran orador sagrado, que fue poeta e himnólogo, don Alfredo Colom M. (1904-1971) –padre del eminente educador y escritor Lic. Leopoldo Colom Molina–, cuyos bellísimos himnos como: América será para Cristo, Pies Divinos, Manos Cariñosas y otros que se cantan en todos los templos evangélicos de América Latina; fue tan grande la sublimidad de sus poéticos himnos que, si no estoy equivocado, en Quito, Ecuador, se le erigió un monumento a su egregia memoria, lo que, lamentablemente, no se hizo en nuestra Guatemala, –Nadie es profeta en su tierra, reza la sentencia cristiana. Permítaseme, en esta oportunidad, rendirle un modesto homenaje a su memoria, reproduciendo su bellísimo himno:
MANOS CARIÑOSAS
Manos cariñosas, manos de Jesús;
Manos que llevaron la pesada cruz.
Manos que supieron sólo hacer el bien
¡Gloria a esas manos; ¡Aleluya, amén¡
Blancas azucenas, lirios de amor,
Fueron esas manos de mi redentor
Manos que a los ciegos dieron la visión
Con el real consuelo de su gran perdón.
Manos que supieron calmar el dolor.
¡Oh, manos divinas de mi Redentor!
Que multiplicaron los peces y el pan,
Manos milagrosas que la vida dan.
Manos que sufrieron el clavo y la cruz;
Manos redentoras de mi buen Jesús.
De esas manos bellas yo confiado estoy,
Ellas van guiando, pues al cielo voy.
¡Oh Jesús! Tus manos yo las vi en visión
Y vertí mi llanto con el corazón;
Vi sus dos heridas y la sangre vi
Que tú derramaste por salvarme a mí.
Don Alfredo Colom M. cultivó la poesía del género épico, mientras que don Délfido, la poesía lírica. Otros poetas guatemaltecos hicieron versos evangélicos, entre ellos Marco Tulio García Manrique y Raúl Hernández Arana, pero no llegaron a tener una producción que los consagrara. Uno de nuestros valores que a principio de siglo le cantara a Cristo con altura y delicadeza, fue el poeta chiquimulteco Raúl Mejía González, quien nos dejó su poema inmortal “LA VISION DE LA CRUZ” que hoy es un hermoso himno, que con tanto fervor se entona en todas las iglesias evangélicas de Guatemala.
Don Délfido Barrera Navas, ha recibido multitud de distinciones tanto nacionales como internacionales, que destacan su egregia personalidad; entre las internacionales podemos citar que la Asociación Cristiana de Artistas de Radio y Televisión de los Estados Unidos de Norteamérica, llevó a la pantalla chica la vida del poeta y escritor Délfido Barrera Navas, en la película “PERFUME DE LIRIO” que fue filmada en México y los Estados Unidos, una muy digna distinción y honor, para el poeta y escritor cristiano guatemalteco, que por doquier glorifica el nombre de Dios. ¡Aleluya!
Leyendo y releyendo este excelso poemario, han quedado grabados en lo más profundo de mi corazón los sonetos: Cielo y Agua, Resurrección, Uva, Tu Manto, Versos en el Cielo, Vivir y morir. No temo el mañana y Heridas, versos que permanecerán en mi almohada, porque serán mi guía espiritual, para no apartarme de los santos caminos del Señor, en tanto viva, en este valle de dolor y de ingratitud. Por último, en el segmento INTIMOS, don Délfido nuevamente deja traslucir el delicado perfil de su humanidad y agradecimiento, exaltando las señeras figuras de dos pilares de la iglesia evangélica guatemalteca, VIRGILIO ZAPATA y JOSE MARIA MUÑOZ, el verbo de fuego; son sublimes los versos dedicados con acendrado amor a su digna familia, especialmente a su esposa Blanca Eva: en MATINAL, de hinojos le pide: “Ven Blanca Eva y por mi angustia reza: /cuéntale a Dios los dardos de mi pena / para que ponga en mi desierto mesa, / la suave luz de su mirada buena, / en tanto el día con su encanto empieza / y llora de alegría la azucena”. También dedica delicados versos de exaltación y gratitud a parcelas geográficas, tales como: Costa Rica, Escuintla, Palencia, Ixtapan de la Sal de México y a su amada Guatemala.
Al concluir de leer los sonetos que integran PERFUME DE LIRIO, del excelso y culto poeta don Délfido Barrera Navas, siento en todo mi ser una exquisita sensación espiritual que me pone a salvo de pensamientos fútiles y apartándome del odio y la violencia que tanto ha herido la fina epidermis de nuestra pobre y notable Guatemala, sensación espiritual que, no hay duda, también experimentarán los miles y miles de lectores que tendrán la dicha de poseer este bello poemario cristiano, que hoy ve la luz pública.
PERFUME DE LIRIO –Poesía Evangélica– entra hoy con paso firme y directo por la anchurosa puerta del cielo, a formar parte del recital poético angelical con sus efluvios perfumados, no solo del Lirio del Valle, sino la fragancia pura de la Rosa de Sharón.
Felicitaciones, don Délfido Barrera Navas, por brindar a la Patria Celestial y a la Patria Guatemala, el monumento más grande de la poesía lírica evangélica, que hasta hoy se haya escrito. ¡Aleluya!
Francisco Villatoro Argueta
Nimajuyú - Guatemala, jueves 12 de agosto de 1993.
CIELO Y AGUA
No gustan a profanos los versos que yo escribo,
Y no halagan, es cierto, pero los versos míos
Llevan en sí la esencia del vino generoso
Que mi espíritu bebe, en sorbos grandes, grandes.
Soy agua y cielo y mis versos son eso: aleluyas,
Gritos de un alma alegre embriagada de Dios;
Veo claro de noche, veo luz en las sombras,
Mi sol nunca se oculta, mi noche sucumbió.
Mi amanecer no espera, porque yo soy mañana,
Y el tiempo tembloroso bajo el cielo agoniza
Presagiando la gloria de una noche nupcial.
Como Ezequiel yo veo un cielo grande, abierto,
Un Trono azul sin sombras y más allá en lo alto
La silueta de un río de gloria sin igual.
RESURRECCION
Nací muerto, mi espíritu sellado
No tuvo nunca comunión contigo;
Era una cifra, sin amor ni abrigo
Separado de ti por mi pecado;
Un sarmiento del cielo desgajado
Alejado del árbol de la vida,
Vagaba con el alma entristecida
Huérfano fui, sin paz, sin ser amado.
Pero un día encendiste en mi alma
Tu luz gloriosa que me dio el camino
Y que trajo a mi ser tu dulce calma;
Y a cambio de mi triste torbellino
Por tu sangre hijo soy bajo la palma
Que da sombra a mi bota peregrina.
UVA
Hazme uva dulce: es ese mi destino,
Dar fruto en el follaje del sarmiento
Percibiendo en tu vida el aliento
Que se encarna en el vientre de tu vino.
Sabor de vida para el peregrino;
Ir a la choza que golpea el viento,
Dar de beber de tu agua al que sediento
Busca cubrir harapos con tu lino.
Uva grande, robusta, tinta en agua,
Sabor de eternidad para el que llora
Y busca ansioso el fuego de la fragua.
Uva de tu racimo que te implora
Sobre el mar, libre al viento en mi piragua
Cantaré de tu gracia redentora.
TU MANTO
Como Eliseo persiguiendo a Elías
Yo te busco, Jesús, tras de tu manto
Para enjugar las perlas de mi llanto
En los bordes que cubren tus rodillas.
Manto de sol y luz, del gran Mesías,
Con verde terciopelo de amaranto
Pequeño cielo que quitó el quebranto
Y me da de su virtud todos los días.
Cuando te beso, tu virtud derramas,
Y se seca la fuente de mi angustia
Y miel me entregas en lugar de hiel;
Me ves de hinojos, con amor me llamas,
Calmas luego el dolor de mi alma mustia
Cortas flores conmigo en tu vergel.
VERSOS EN EL CIELO
Mis versos en el cielo no tendrán la amargura
Ni tristeza, ni angustia, ni nostalgia, ni nada
Que empañe la alegría de mi nueva alborada
Que arderá en mi vestido de infinita blancura.
Formaré madrigales de perfecta armonía;
Quizá versos sencillos de perfecta alabanza,
Los leeré dichoso, mientras mi cuerpo danza
Al compás de una inmensa y feliz melodía.
Versos de agua y de fuego, de eternidad y cielo,
De aleluyas eternas cuando se rasgue el velo
Y el mar de vidrio brille con la luz de otro sol;
Cantaré a aquel que un día murió para salvarme
Y que vendrá de nuevo también para llevarme
A regiones gloriosas de radiante arrebol.
NO TEMO AL MAÑANA
Yo tengo asegurado mi mañana
Mi alma se alegra siempre en la esperanza;
Veo su gloria eterna en lontananza
En la aparente latitud lejana.
Es una lejanía que me ufana
Que arde en mi pecho porque está conmigo
Jesucristo el Señor, celeste abrigo,
Bella luz que encendió en mi edad temprana.
Sé que en la casa de mi Padre existen
Moradas que de gloria eterna visten
Y El prepara una Patria para mí.
Por eso no le temo a mi futuro
Pues si dejo este mundo tan obscuro
Tendré perfecta claridad allí.
HERIDAS
Herido fui, contemplo tus heridas,
Yo el culpable, tú en cambio el inocente,
A mí me hirió el hermano prepotente
A ti tu pueblo en llagas esculpidas.
Yo percibo la voz de los latidos
Tus espinas, la sangre de tu frente;
Tu perdón al extraño penitente
La hiel de tu dolor, tus pies partidos.
Fuiste herido, Señor, por tus hermanos
Yo por los míos que también me hirieron
Horadando mis pies, también mis manos.
Pone aceite en la herida que me hicieron
Aquellos que llamándose cristianos
Hiel y vinagre en mi dolor me dieron.
Presentación que hiciera el periodista Rafael Escobar Argüello en la contraportada donde elabora una breve pero elocuente síntesis del libro:
“HE AQUÍ UN POETA QUE CANTA A DIOS”
“En los 73 sonetos que anidan en las páginas de este libro, no hay otra cosa que poesía, eso es armonía, inspiración, versos que elevan el espíritu a las regiones celestes en las que habita Dios, palabras que expresan amor, devoción, fe, sencillez y humildad.
Délfido Barrera Navas, poeta cristiano por excelencia, realizó una magnífica labor literaria al escribir estos sonetos agrupados bajo el título de PERFUME DE LIRIO, nombre de la película que narraría su vida. Quien ha incursionado por los azarosos caminos de la rima, sabe que, especialmente el soneto, tiene una estructura difícil de lograr en la brevedad de sus catorce versos y que se necesita inspiración para rimar bellamente palabras que expresen cabalmente un concepto.
Pero tal como lo revelan elocuentemente las páginas de este libro, parece que para Délfido Barrera Navas, la poesía, por difícil que sea, es solo un simple ejercicio espiritual que él puede brindarnos a manos llenas, mientras crea metáforas que nos comunican la profundidad de su pensamiento en el anhelo supremo de ser siempre luz y sal de la tierra.
En el pórtico del libro, el lector hallará tres poemas a las personas de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, que son tríptico de alabanza, en la que el poeta, estando ante la magnificencia del Altísimo, expresa su extraordinaria humildad:
“Mas nada soy y tu grandeza es tanta / que cubre eterna el universo todo, / como una sombra portentosa y santa.
Y dice al Hijo: / Tú que llevaste a mi alma entristecida / una nueva canción y la tibieza / del rico aceite que sanó mi herida.
Y finalmente al Espíritu Santo: / “Oh, Gran Consolador, persona amada, / presente en todas las dispensaciones, / en el Nadir y en las constelaciones / y en la obra de Cristo, consumada.
Como en épocas remotas, en las que solo Dios y los personajes bíblicos eran quienes daban inspiración a poetas, músicos y pintores, así hoy, a las puertas del Siglo XXI, Délfido Barrera Navas canta de nuevo en este libro, a Dios, ignorando el amor mundano, los problemas sociales, los ideales políticos y a cuantas musas han acaparado la inspiración de los poetas modernos, no porque desconozca o quiera ignorar cuanto es parte del diario acontecer, sino porque en esta época de su vida, en la que ha nevado en sus sienes y hay en su camino una alfombra de hojas otoñales, vale la pena regresar al primigenio objeto de la inspiración poética, en pos de amor, misericordia, sabiduría, como buscando primeramente el Reino de Dios."
RAFAEL ESCOBAR ARGÜELLO
PERIODISTA