DELFIDO BARRERA NAVAS
PERFUME DE LIRIO
PROEMIO
En una
radiante mañana, de la tercera semana del mes de julio del presente año,
encontrándome en la hermosa Catedral del Periodismo Nacional,
¿Qué le pasará a este digno siervo del Señor? ¿Qué me
irá a comunicar? ¿Una tragedia? ¡Oh, no!, afortunadamente para mi angustia,
pronto se despejó la incógnita, y me dijo: quiero que usted me haga el favor de
hacer el PROLOGO de mi poemario: “PERFUME DE LIRIO –Poesía Lírica Evangélica-“,
que acabo de concluir y ya va camino a la editorial, y hablando y hablando,
puso en mis manos su poemario, una gavilla lírica en sonetos con delicado olor
a santidad. Con unas cuantas palabras de
recomendación para la custodia de sus originales, don Délfido se marchó para su
casa y yo volví al templo de la cultura, a continuar mis investigaciones y bajo
el brazo, un verdadero tesoro sagrado, el manojo de sonetos, ahora bajo mi más
estricta responsabilidad.
Hace muchísimos años, conocí espiritualmente a don
Délfido, por medio de periódicos y revistas de carácter educativo y su delicada
poesía infantil de su poemario “Luciérnagas”, y unos cuantos años más tarde,
tuve la dicha de conocerlo personalmente en la Asociación de Periodistas de
Guatemala y posteriormente en la Asociación de Escritores y Amigos del Libro
Nacional, y desde entonces, le profeso gran admiración y aprecio.
Don Délfido Barrera Navas vio la luz primera de este
hermoso mundo, en Santa Catarina Mita, Jutiapa, -“Catocha de mis recuerdos”-
como él la llama, un 12 de diciembre de 1927, rodeado del cariño de sus papás,
don Pedro Barrera Rodas y doña Plácida Navas de Barrera. Su esposa, Blanca Eva –fiel sierva de Dios- y
sus hijos: Delvin, Héctor Adolfo, Byron Boanerges, Ruth Noemí, Rina Judith y
Eleázar Melquisedec, todos profesionales de renombre. Don Délfido es maestro de Enseñanza Rural
(7º. Año) -1943-1944-, Maestro de Educación Primaria Urbana y Especializado en
Supervisión Educativa por la Universidad de Panamá. Después de desempeñar cargos de profesor de
grado, en muchas escuelas rurales y urbanas de nuestra Guatemala, por sus
grandes méritos profesionales llega a ocupar el alto puesto de Supervisor
Técnico de Educación, en muchos lugares; Orientador Técnico de Educación de
Socio Educativo Rural; Director del Instituto Normal Mixto de Huehuetenango y
varios cargos docentes y administrativos en colegios particulares. Actualmente está jubilado por el Estado, pero
dedicado a muchas actividades periodísticas, literarias y lo mejor de todo,
cristianas.
Su producción literaria ha sido abundante y de
delicado perfume lírico, que ha penetrado hasta los intersticios auriculares
del corazón de los niños guatemaltecos.
Sus poemas infantiles son sublimes y se recitan por doquier. He aquí sus obras: (VERSOS): Espígas del Alma,
Antología, En Voz Alta, Poemas del Pesebre, Luciérnagas (poemas infantiles para
los días especiales del ciclo escolar –dos ediciones-), Sobre mis alturas, Oro
en el Barro, Aguas de reposo (prosa poética).
Otras obras: La Formación de un Desafiador (Teología), Cómo enseñar
(obra didáctica), Idioma Español Primer Curso (libro de texto); Catocha de mis
recuerdos (Memorias), Antología de la Poesía Jutiapaneca (coautor), El secreto
de ser fructífero (folleto), Relaciones humanas desde el punto de vista
bíblico, y ahora su poesía cumbre PERFUME DE LIRIO –Poesía lírica evangélica-.
Acabo de leer, con verdadera fruición, su poemario
PERFUME DE LIRIO –Poesía lírica evangélica- , que consta nada menos que de 77
sonetos, conformados por mil sesenta y ocho versos, saturados del más perfumado
lirismo cristiano, su rico florilegio lo divide en cuatro secciones:
a) Alabanza, honra, gloria y poder por los siglos de los
siglos.
b) Inspiración y anhelo
c) Redención, y
d) Íntimos
Don Délfido es un inspirado poeta de cuerpo entero,
que ha cultivado maravillosamente todos los metros, incluyendo también el verso
libre; pero ante todo, el soneto lo maneja con toda propiedad; pero ¿qué es un
soneto? Se preguntaba el recordado gran poeta y antologista Dr. Horacio
Figueroa Marroquín (RIP) en su obra “50 DE LOS MAS BELLOS SONETOS DE LA LIRICA
GUATEMALENSE” y dice: “El soneto generalmente, aunque no siempre, es un mensaje
de amor; es el lenguaje del poeta enamorado o del simple mortal, que sin ser
poeta, utiliza el soneto como un vaso para verter en él todas sus lágrimas, sus
amarguras, sus pasiones, sus tristezas, sus desengaños y hasta su despecho por
la indiferencia de una Dulcinea insensible, o para manifestar, como con paleta
de pintor, toda la belleza que encuentra en las cosas o en los seres amados. Por eso Benivieni, poeta de Italia, de donde
parece haberse originado el soneto, escribió sus “Sonetti del Amore e della
Belleza Divina”; y Petrarca expresó su amor a Laura en sus 300 sonetos. –Sigue
diciéndonos Figueroa Marroquín: “El soneto es a la poesía lo que el vals es a
la música: son dos formas románticas de expresión del pensamiento que nunca
serán olvidadas”. Pero el poeta Délfido Barrera Navas nos describe admirables
perfiles del soneto, en la siguiente composición poética:
LA VOZ DEL AMADO
¿Cómo hablar de su voz en el soneto
En catorce columnas encerrado
Si la voz inefable del Amado
Solo cabe en la luz del Paracleto?
Si el pintor nada dice en el boceto
Ni el verbo solo en el papel ajado
¿Cómo entender el eco del Deseado
Si ya estoy a la orilla del terceto.
Mas, si tengo la dicha de la oveja
De tener un pastor que al pasto guía,
Él conoce el misterio de mi queja.
Me habla en la noche y al rayar el día,
Y entre la luz de su Palabra añeja
Yo percibo la voz que mi alma ansía.
Lo admirable y bello de don Délfido, sin lugar a
dudas, es que es el único poeta guatemalteco que ha cultivado, con tanta
profusión y amor, la POESÍA EVANGELICA propiamente dicha, únicamente comparado
con aquel gran orador sagrado, que fue poeta e himnólogo, don Alfredo Colom M.
(1904-1971) –padre del eminente educador y escritor Lic. Leopoldo Colom
Molina–, cuyos bellísimos himnos como: América será para Cristo, Pies Divinos,
Manos Cariñosas y otros que se cantan en todos los templos evangélicos de
América Latina; fue tan grande la sublimidad de sus poéticos himnos que, si no
estoy equivocado, en Quito, Ecuador, se le erigió un monumento a su egregia
memoria, lo que, lamentablemente, no se hizo en nuestra Guatemala, –Nadie es
profeta en su tierra, reza la sentencia cristiana. Permítaseme, en esta oportunidad, rendirle un
modesto homenaje a su memoria, reproduciendo su bellísimo himno:
MANOS CARIÑOSAS
Manos cariñosas, manos de Jesús;
Manos que llevaron la pesada cruz.
Manos que supieron sólo hacer el bien
¡Gloria a esas manos; ¡Aleluya, amén¡
Blancas azucenas, lirios de amor,
Fueron esas manos de mi redentor
Manos que a los ciegos dieron la visión
Con el real consuelo de su gran perdón.
Manos que supieron calmar el dolor.
¡Oh, manos divinas de mi Redentor!
Que multiplicaron los peces y el pan,
Manos milagrosas que la vida dan.
Manos que sufrieron el clavo y la cruz;
Manos redentoras de mi buen Jesús.
De esas manos bellas yo confiado estoy,
Ellas van guiando, pues al cielo voy.
¡Oh Jesús! Tus manos yo las vi en visión
Y vertí mi llanto con el corazón;
Vi sus dos heridas y la sangre vi
Que tú derramaste por salvarme a mí.
Don Alfredo Colom M. cultivó la poesía del género
épico, mientras que don Délfido, la poesía lírica. Otros poetas guatemaltecos
hicieron versos evangélicos, entre ellos Marco Tulio García Manrique y Raúl
Hernández Arana, pero no llegaron a tener una producción que los
consagrara. Uno de nuestros valores que
a principio de siglo le cantara a Cristo con altura y delicadeza, fue el poeta
chiquimulteco Raúl Mejía González, quien nos dejó su poema inmortal “LA VISION
DE LA CRUZ” que hoy es un hermoso himno, que con tanto fervor se entona en
todas las iglesias evangélicas de Guatemala.
Don Délfido Barrera Navas, ha recibido multitud de
distinciones tanto nacionales como internacionales, que destacan su egregia
personalidad; entre las internacionales podemos citar que la Asociación
Cristiana de Artistas de Radio y Televisión de los Estados Unidos de Norteamérica,
llevó a la pantalla chica la vida del poeta y escritor Délfido Barrera Navas,
en la película “PERFUME DE LIRIO” que fue filmada en México y los Estados
Unidos, una muy digna distinción y honor, para el poeta y escritor cristiano
guatemalteco, que por doquier glorifica el nombre de Dios. ¡Aleluya!
Leyendo y releyendo este excelso poemario, han quedado
grabados en lo más profundo de mi corazón los sonetos: Cielo y Agua,
Resurrección, Uva, Tu Manto, Versos en el Cielo, Vivir y morir. No temo el mañana y Heridas, versos que
permanecerán en mi almohada, porque serán mi guía espiritual, para no apartarme
de los santos caminos del Señor, en tanto viva, en este valle de dolor y de
ingratitud. Por último, en el segmento INTIMOS, don Délfido nuevamente deja traslucir
el delicado perfil de su humanidad y agradecimiento, exaltando las señeras
figuras de dos pilares de la iglesia evangélica guatemalteca, VIRGILIO ZAPATA y
JOSE MARIA MUÑOZ, el verbo de fuego; son sublimes los versos dedicados con
acendrado amor a su digna familia, especialmente a su esposa Blanca Eva: en
MATINAL, de hinojos le pide: “Ven Blanca Eva y por mi angustia reza: /cuéntale
a Dios los dardos de mi pena / para que ponga en mi desierto mesa, / la suave
luz de su mirada buena, / en tanto el día con su encanto empieza / y llora de
alegría la azucena”. También dedica
delicados versos de exaltación y gratitud a parcelas geográficas, tales como:
Costa Rica, Escuintla, Palencia, Ixtapan de la Sal de México y a su amada
Guatemala.
Al concluir de leer los sonetos que integran PERFUME
DE LIRIO, del excelso y culto poeta don Délfido Barrera Navas, siento en todo
mi ser una exquisita sensación espiritual que me pone a salvo de pensamientos
fútiles y apartándome del odio y la violencia que tanto ha herido la fina
epidermis de nuestra pobre y notable Guatemala, sensación espiritual que, no
hay duda, también experimentarán los miles y miles de lectores que tendrán la
dicha de poseer este bello poemario cristiano, que hoy ve la luz pública.
PERFUME DE LIRIO –Poesía Evangélica– entra hoy con
paso firme y directo por la anchurosa puerta del cielo, a formar parte del
recital poético angelical con sus efluvios perfumados, no solo del Lirio del
Valle, sino la fragancia pura de la Rosa de Sarón.
Felicitaciones, don Délfido Barrera Navas, por brindar
a la Patria Celestial y a la Patria Guatemala, el monumento más grande de la
poesía lírica evangélica, que hasta hoy se haya escrito. ¡Aleluya!
Francisco Villatoro Argueta
Nimajuyú - Guatemala, jueves 12 de agosto de 1993.
ALABANZA
HONRA
GLORIA Y PODER
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS
PADRE
Padre, te adoro
con el alma entera
Con todo el
corazón, con ansia inmensa;
Desde el altar
feliz donde comienza
Mi espíritu que
te ama y te venera.
Oh Padre sin
igual, mi alma quisiera
Describir lo
inefable de tu gloria;
Llenar de tu
grandeza mi memoria
Y entregarte mi
ser, mi vida entera.
Mas nada soy, y
tu grandeza es tanta
Que cubre
eterna el Universo todo
Como una sombra
portentosa y santa.
Permite,
arrodillado sobre el lodo,
Que te adore en
la luz del ara santa
Que ha de
llevar mi ofrenda de algún modo.
HIJO
Jesús, hijo de
Dios, Verbo hecho carne
Yo te adoro
también arrodillado;
Confesándote
humilde mi pecado
Para que
puedas, Cristo, perdonarme.
Tú que viniste
aquí para buscarme
Llegando por mi
culpa al sacrificio;
Tú que usaste
la sangre del suplicio
Para borrar mí
mal, para limpiarme.
Tú, que dejando
tu inmortal riqueza,
Te hiciste
pobre para darme vida
Suprema
bendición y fortaleza.
Tú que llevaste
a mi alma entristecida
Una nueva
canción y la tibieza
Del rico aceite
que sano mi herida.
ESPIRITU SANTO
Cuando Dios
modeló nuestra morada
Tu sombra entre
las aguas se movía
En tanto que la
gracia aparecía
En aquella
bellísima alborada.
Oh gran
Consolador, persona amada,
Presente en
todas las dispensaciones;
En el Nadir y
en las constelaciones
Y en la obra de
Cristo consumada.
Espíritu de
Dios mi alma te intuye
Y siento tu
virtud consoladora
Pues mi ser en
tu ser redarguye,
De pecado y de
juicio libre ahora
Siento que en
ti mi ser se reconstruye
Bajo tu sombra
santa y protectora.
JESUS
Estos versos
los dedico a Cristo
Sublime
bendición del alma mía
Amado esposo,
suave melodía
Aquí en mis
ojos en la noche han visto.
En adorarle con
amor insisto
En el diamante
de la noche fría,
En la hora en
que el sol engendra el día
De su amor
celestial siempre me visto.
¡Jesús! Dice mi
espíritu sediento
Y mi alma
triste en su pasión formada
¡Jesús! Mi ser
que su presencia anhela.
¡Jesús! Las
blancas alas de mi adviento
¡Jesús! La
alondra que se ve encarnada
En mi memoria y
que a su trono vuela.
MI OFRENDA
Quiero poner mi
ofrenda voluntaria
Ante tu altar,
Jesús, con flor de harina;
Ver a la cruz
mientras mi sol declina
Lento latir de mi
salud precaria.
Encender en tus
atrios mi plegaria
Con esa luz que
todo lo ilumina;
Cantar a Dios,
cantar, aunque la espina
Luto ponga en
mi vida sedentaria.
Ir contigo a la
cruz, morir contigo
Sin esquivar la
hiel de tu castigo
Vivir, morir,
bajo la sombra gris.
En el calvario
donde tú moriste
Y con tu sangre
virgen escribiste:
Salvación para
hacerme tan feliz.
SENOR JESUS
Jesús, tu
nombre santo revela la ternura
De aquel Padre
amoroso que al mundo te entrego
Para cubrir de
gloria, la negra desventura
Del hombre que
en pecado por el mundo rodó.
Herido el
hombre un día viniste a rescatarle;
Muerto, triste
y doliente moriste tú por él;
Cegado por el
odio, bajaste para amarle
Hasta beber la
copa de aquella amarga hiel.
Viviendo en
trono excelso llegaste al mundo impío
Y con tu gracia
eterna, también al pecho mío
Para curar la
herida, para darme la luz;
Por eso te
bendigo, por eso yo te adoro,
Por eso te
canto, por eso yo te imploro
En tanto que te
nombro mi sin igual Jesús.
PRESENCIA
De la lírica
voz de los pinares
Que escribe
madrigales en su alfombra
Brota la voz de
Dios cuando la sombra
Canta al Sol el
Cantar de los Cantares.
Silbo y trinco;
simbiosis que en el llanto
Hace el amor a
la gentil corola
Ante el canto
nupcial de la amapola
Que escribe su
celeste epitalamio.
Todo habla de
mi Dios: la flor, el ave,
La refrescante
fuente cantarina,
El perfume del
nardo, el viento suave;
El agua, el
mar, el diente de la espina
La aurora que
nos cubre con su llave
Un nuevo sol al
pie de la colina.
REPOSO
Quiero, Señor,
sobre tu pecho amante
Reposar como
Juan, sentir tu aliento,
Cantar como la
alondra, libre al viento
Mientras te veo
bajo el sol triunfante.
Deja así que te
admire y que trasplante
Mi fe hasta tus
alturas; y que tu acento
Repercuta en
las alas de mi adviento
Y así en tus
brazos que te nombre y cante.
Eres mi todo,
mi Señor, mi gozo,
Mi paz, mi luz,
mi celestial abrigo
Y la razón de
ser de mi reposo;
Yo quiero ser
de tu poder testigo,
Gozar de tus
delicias, dulce Esposo
Y entrar a tu
mansión como tu amigo.
LA VOZ DE MI AMADO
¿Cómo hablar de
su voz en el soneto
En catorce
columnas encerrado
Si la voz
inefable del Amado
Solo cabe en la
luz del Paracleto?
Si el pintor
nada dice en el boceto
Ni el verbo
solo en el papel ajado
¿Cómo entender
el eco del Deseado
Si ya estoy a
la orilla del terceto?
Mas, si tengo
la dicha de la oveja
De tener un
pastor que al pasto guía,
El conoce el
misterio de mi queja.
Me habla en la
noche y al rayar el día
Y entre la luz
de su Palabra añeja
Yo percibo la
voz que mi alma ansía.
EN EL TEMPLO
La noche es
manto negro; silencioso
Me postro ante
tu altar oh Cristo Amado
Y tú que puedes
verme acongojado
Me das en Silo
sin igual reposo.
Si canto,
enciendes en mi alma el gozo;
Si lloro, enjugas
ríos que dispersos
Por mi mejilla
pasan cual mis versos
Que nacieron
con lirico alborozo.
Tu templo,
Cristo, es delicada gloria
La fe muerta en
tus atrios resucita
Y vibra en su
latir el corazón.
Escucho sin
cesar la bella historia
En que el mal al
Seol se precipita
Y brilla en lo
alto el Sol de Redención.
CREO
Creo en Dios,
en Jesús su Amado Hijo,
Y en su Palabra
que con ansias leo
Lámpara Santa,
sombra del ateo
Que Dios no
existe en su ignorancia dijo.
Creo en ti con
inmenso regocijo
Pues con los
ojos de mi alma veo
Tu imagen pura
que mato el deseo
Cuando vague
sin Dios, sin rumbo fijo.
Me siento como
tú, crucificado,
Y vivo no ya
yo, pues tú eres mío
Y de todas las
gentes el Deseado.
Creo, llenaste
el sin igual vacío
Que había en mi
alma a causa del pecado
Y tornaste mi
pozo en ancho rio.
GRACIAS SENOR
Gracias Jesús
por la salud preciosa
Que has
devuelto a mi vida acongojada;
Gracias, Señor
Jesús por la alborada
Que me trajo
vigor, tu luz hermosa.
Gracias, Señor,
porque tu paz radiosa
Ha tornado a
reinar en mi alma triste;
Ahora de tu luz
mi alma se viste
Ahora de tu
amor mi alma se goza.
Ahora puedo
cantar, saltar en danza,
Murmurar la
canción que el cielo alcanza
Y que me hace
vibrar de honda emoción.
Puedo
testificar que Cristo sana,
Que de su ser
constantemente emana
Sangre inmensa
de eterna redención.
YAHVEH SABAOT
Señor, tu
hiciste el leviatán para jugar con él
Al lindo
gorrioncito para libar la flor;
Gozas con la
hormiguita que guarda su comida
Para el día en
que lloran los campos tras la lluvia.
Juegas con los
pingüinos a la orilla del mar
Y pones en sus
manos la arena de la playa;
Cuán grande es
tu nombre, dulce Yahveh Sabaot.
Señor de las
alfombras de las hojas caídas.
Eres tan grande
y Santo y también tan pequeño
Que cabes en mi
alma para que brote el canto
E inspirarme yo
pueda en tus cosas sencillas.
En las arenas
sueltas que caen de tus manos,
En tu voz que
se une a la voz de los santos
Y el himno que
brota de tu magna creación.
AUSENCIA
Yo sufro por tu
ausencia, Pastor de los pastores,
Hace ya veinte
siglos que al cielo te elevaste,
Portador
milenario de sangre que compraste
En la cruz del
Calvario, dolor de tus dolores.
Como añoro mi
Cristo, la miel y los olores
Del vino que
serviste en la mesa del contraste:
El amor de los
once y aquel traidor que amaste
Y aquel huerto
que un día vio llorar a las flores.
Tu ausencia me
impresiona, me abate, me consterna;
Son veinte
siglos, Cristo, que tu mirada tierna
Ya no se posa
fija, bajo aquellos olivos.
De Jerusalén. Hay dolor en Samaria y tanta
Amargura
infinita que ahoga la garganta
En este mundo
solo y triste de los vivos.
VENDRA
Ya presiento tu
llegada cono la esposa en vela,
Como alondra
que espera que reviente el polluelo;
Como espera la
noche la luz del alba inmensa
En estado de
alerta bajo la luz del cielo.
Presiento que
estas cerca, Señor, que en tu vigilia
Contemplas a la
Amada de larguísima ausencia
Siento tus
pasos suaves en tus nubes de gloria
Dando luz los
aires bajo la comba azul.
Te veo venir
radiante con notas de trompeta,
Ceñido el lindo
talle con ceñidor de oro
Con tus
cabellos blancos como lana escogida.
Con voz de
grandes aguas, una espada en tu boca
Siete estrellas
de gloria en tu mano derecha
Y tu rostro
encendido cual sol en su cenit.
CIELO Y AGUA
No gustan a profanos los versos que yo escribo,
Y no halagan, es cierto, pero los versos míos
Llevan en sí la esencia del vino generoso
Que mi espíritu bebe, en sorbos grandes, grandes.
Soy agua y cielo y mis versos son eso: aleluyas,
Gritos de un alma alegre embriagada de Dios;
Veo claro de noche, veo luz en las sombras,
Mi sol nunca se oculta, mi noche sucumbió.
Mi amanecer no espera, porque yo soy mañana,
Y el tiempo tembloroso bajo el cielo agoniza
Presagiando la gloria de una noche nupcial.
Como Ezequiel yo veo un cielo grande, abierto,
Un Trono azul sin sombras y más allá en lo alto
La silueta de un río de gloria sin igual.
PENTECOSTES
Pentecostés, ven pronto, que mi lluvia tardía
Extienda su melena feliz en las montañas
Y el agua corra ansiosa llenando los estanques
Y se llenen de gloria los cedros y los sauces.
Quiero ver a la novia, feliz, danzando alegre
Luciendo su vestido de blanco y sus atuendos
En tanto que la gloria de Dios llena su templo
Y hosannas inmortales irrumpan desde allí.
Quiero mi pentecostés, fiesta de las primicias,
Amontonar el grano bajo la luz del sol,
Florescencia de espigas, cumbre de la cosecha;
Himno de la esperanza, canción de clorofila,
La esposa engalanada frente al Esposo esbelto
Y el cielo proclamando la gloria de Israel.
INSPIRACION Y ANHELO
TU FIESTA
Prodigo fui, yo quiero tus violines
Y las notas dulcísimas de orquestas;
Quiero el becerro gordo de tu fiesta
Y el clamor sin igual de tus clarines.
Quiero a la sombra augusta de tus fines
Danzar entre el verdor de la floresta,
Porque la dicha de mi ser es ésta:
Gozar tu fiesta en íntimos confines.
Sentir tu amor con mi vestido nuevo
Con verde clorofila del renuevo
Que se mece tranquilo en el rosal.
Estaba muerto y en mi retorno vivo
Gozando de la savia del olivo
Que crece erecto en fresco manantial.
RESURRECCION
Nací muerto, mi espíritu sellado
No tuvo nunca comunión contigo;
Era una cifra, sin amor ni abrigo
Separado de ti por mi pecado;
Un sarmiento del cielo desgajado
Alejado del árbol de la vida,
Vagaba con el alma entristecida
Huérfano fui, sin paz, sin ser amado.
Pero un día encendiste en mi alma
Tu luz gloriosa que me dio el camino
Y que trajo a mi ser tu dulce calma;
Y a cambio de mi triste torbellino
Por tu sangre hijo soy bajo la palma
Que da sombra a mi bota peregrina.
PROCESO
UVA
Hazme uva dulce: es ese mi destino,
Dar fruto en el follaje del sarmiento
Percibiendo en tu vida el aliento
Que se encarna en el vientre de tu vino.
Sabor de vida para el peregrino;
Ir a la choza que golpea el viento,
Dar de beber de tu agua al que sediento
Busca cubrir harapos con tu lino.
Uva grande, robusta, tinta en agua,
Sabor de eternidad para el que llora
Y busca ansioso el fuego de la fragua.
Uva de tu racimo que te implora
Sobre el mar, libre al viento en mi piragua
Cantaré de tu gracia redentora.
TU MANTO
Como Eliseo persiguiendo a Elías
Yo te busco, Jesús, tras de tu manto
Para enjugar las perlas de mi llanto
En los bordes que cubren tus rodillas.
Manto de sol y luz, del gran Mesías,
Con verde terciopelo de amaranto
Pequeño cielo que quitó el quebranto
Y me da de su virtud todos los días.
Cuando te beso, tu virtud derramas,
Y se seca la fuente de mi angustia
Y miel me entregas en lugar de hiel;
Me ves de hinojos, con amor me llamas,
Calmas luego el dolor de mi alma mustia
Cortas flores conmigo en tu vergel.
VERSOS EN EL CIELO
Mis versos en
el cielo no tendrán la amargura
Ni tristeza, ni
angustia, ni nostalgia, ni nada
Que empañe la
alegría de mi nueva alborada
Que arderá en
mi vestido de infinita blancura.
Formaré
madrigales de perfecta armonía;
Quizá versos
sencillos de perfecta alabanza,
Los leeré
dichoso, mientras mi cuerpo danza
Al compás de
una inmensa y feliz melodía.
Versos de agua
y de fuego, de eternidad y cielo,
De aleluyas
eternas cuando se rasgue el velo
Y el mar de
vidrio brille con la luz de otro sol;
Cantaré a aquel
que un día murió para salvarme
Y que vendrá de
nuevo también para llevarme
A regiones
gloriosas de radiante arrebol.
HERIDAS
Herido fui,
contemplo tus heridas,
Yo el culpable,
tú en cambio el inocente,
A mí me hirió
el hermano prepotente
A ti tu pueblo
en llagas esculpidas.
Yo percibo la
voz de los latidos
Tus espinas, la
sangre de tu frente;
Tu perdón al
extraño penitente
La hiel de tu
dolor, tus pies partidos.
Fuiste herido,
Señor, por tus hermanos
Yo por los míos
que también me hirieron
Horadando mis
pies, también mis manos.
Pone aceite en
la herida que me hicieron
Aquellos que
llamándose cristianos
Hiel y vinagre
en mi dolor me dieron.
RESUCITAME
Lázaro soy, mi
alma encadenada
Duerme inerte
en el hielo de mi tumba
En una ausencia
cruel que se derrumba
Cuesta abajo en
el mundo de la nada.
Mi Betania es
la ruta desolada
Enclavada en
obscura catacumba
Como el halo
sombrío de la zumba
Atado estoy en
dura encrucijada.
Levántate
Señor, quita la piedra
Tu hilo en mi
alma encadenada enhebra
Y proclama
feliz liberación.
Que me desate
con poder tu mano
Que herida fue
por mi vivir profano
Y dame en
cambio el vino de tu unción.
NO TEMO AL MAÑANA
Yo tengo
asegurado mi mañana
Mi alma se
alegra siempre en la esperanza;
Veo su gloria
eterna en lontananza
En la aparente
latitud lejana.
Es una lejanía
que me ufana
Que arde en mi
pecho porque está conmigo
Jesucristo el
Señor, celeste abrigo,
Bella luz que
encendió en mi edad temprana.
Sé que en la
casa de mi Padre existen
Moradas que de
gloria eterna visten
Y El prepara
una Patria para mí.
Por eso no le
temo a mi futuro
Pues si dejo
este mundo tan obscuro
Tendré perfecta
claridad allí.
PARABOLA
Vírgenes,
despertad, alzad la frente
Y mantened la
lámpara encendida
Pues el esposo
que ama y que da vida
Ha de venir al
mundo, de repente.
Vírgenes,
despertad, la llama ardiente
Del Espíritu
Santo está invitando
Las bodas del Cordero
están llegando
En raudales de
luz iridiscente.
Llegó la media
noche, clama el cielo,
Viene el Esposo
en deslumbrante vuelo
Para darnos
completa redención.
Salid a
recibirle, en la desierta
Ruta de la
aflicción, se abre una puerta
Como se abre
también el corazón.
EL MANTO
Iglesia,
levántate, ya es hora, son las doce,
Alista tus
doncellas de fe, amor, esperanza
He aquí el
esposo viene, salid a recibirle
Aceite en tu
vasija, tu lámpara encendida.
Quemada por el
Febo, tus ojos delicados
Dos luceros que
brillan, morena codiciable
Que sigan
alumbrando a un mundo en tinieblas
Mientras llega
el Deseado en la esquina del tiempo.
Luce al mundo
perdido tu manto de justicia
Y escóndete en
la cámara secreta del Amado
Mientras pasa
la furia de la gran tempestad.
Sufre y goza
por dentro, mas allá de tu templo
Y ten por sumo
gozo llorar por el Amado
Ya reirás
llorando de amor entre sus brazos.
EL ENCUENTRO
En alas de la
angustia me fui desde el santuario
De este templo
de sangre que en ondas pulsaciones
Ha buscado en
las sombras de las constelaciones
Aquello que no
alcanza la fe del incensario.
Herido,
taciturno, volví cansado y triste
Y en diálogos
secretos con mi espíritu inmenso
Encuentro que
la vida tan solo es el comienzo
De algo eterno
y sublime que ya en el alma existe.
Que el dolor
sublime; que es fuerza que desata
Las burdas
ligaduras del deseo que mata
Y que Dios está
adentro; que es mentira el morir.
Que el cielo no
está arriba, sino en el alma misma
Y que aquello
que vemos tras los bordes del prisma
Es belleza
escondida como oro de Ofir.
REDENCION
HERIDAS
Herido fui,
contemplo tus heridas,
Yo el culpable,
tú en cambio el inocente
A mí me hirió
el hermano prepotente
A ti tu pueblo
en llagas esculpidas.
Yo percibo la
voz de los latidos
Tus espinas, la
sangre de tu frente;
Tu perdón al
extraño penitente
La hiel de tu
dolor, tus pies partidos.
Fuiste herido,
Señor, por tus hermanos
Yo por os míos
que también me hirieron
Horadando mis
pies, también mis manos.
Pone aceite en
la herida que me hicieron
Aquellos que
llamándose cristianos
Hiel y vinagre
en mi dolor me dieron.
EL TRIUNFO DE LA VIDA
Ante el triunfo
aparente de la muerte;
La victoria de
masa fratricida
Vuelve a la
vida el dueño de la vida
Y el dardo en
gloria eterna se convierte.
Han pasado las
brumas del calvario,
Solo queda una
piedra abandonada
La noche se
convierte en alborada
Y la tumba en
los lienzos y el sudario.
Resucitó Jesús,
su sacrificio
Ha vencido el
enorme precipicio
Que separaba al
hombre de su Dios.
Después se alzó
en las nubes victorioso
Triunfante,
eterno y volverá glorioso
Voz de trompeta,
gloria de su voz.
TUMBA VACIA
Canto feliz, la
tumba esta vacía,
Mueve el cielo
radiante sus cristales,
Y tras la
sombra gris de los zarzales
Hay una Fiat
lux: la luz de un nuevo día.
Hay en el cielo
azul algarabía
Lloran de amor
los claros manantiales,
De la cruz el
amor brota a raudales
Canta la paz
sobre la tumba fría.
Susurra el
viento el himno de las aves
Hay en el aura
de los vientos suaves
Un verbo de
esperanza y bendición.
Se levanta
Jesús, la piedra es rueda,
La muerte cae,
sin poder se queda
Y entona el
monte su triunfal canción.
TU CRUZ
Tu cruz, oh
Cristo, es manantial de vida
Donde fluyen
riquísimas esencias,
Como el néctar
que brota en las hortensias
Como mana la
sangre de tu herida.
Amo tu excelsa
cruz donde se anida
Todo el amor de
Dios que allí es un rio
Y que calma el
afán del pecho mío
Seguridad en mi
postrer partida.
Es tu cruz gran
amor que se levanta
De la tierra
hasta el cielo y que quebranta
El duro corazón
del hombre infiel.
Es el perdón de
angustia que destruye
La muerte para
siempre y que construye
Tierra nueva en
el mundo de Luzbel.
AGONIA
Grandes gotas
de sangre frente de tu frente
Se escapan como
ríos de amargura,
Perlas de amor,
de sin igual ternura,
Que brotan como
límpida corriente.
Solo, triste,
cansado, el Padre ausente
Cae sobre tus
hombros mi pecado
Y por los
tuyos, solo abandonado
Calla de amor
tu corazón doliente.
El huerto
llora, la traición asoma,
La inocencia
del huerto da su aroma
Entre sombras
de cruel apostasía.
Tu cuerpo
bello, flor de sacrificio,
Se levanta en
la noche del suplicio
Y escribe
Salvación en su agonía.
TRAICION
¿Por qué
vendiste a tu maestro, Judas,
Con beso de
traición en su mejilla,
La más abyecta
y cruel apostasía
Que emergió
desde el seno de tus dudas?
¿Por qué en la
noche silenciosa escudas
Aquello que
maquinas en tu día,
Cuando tu ojo
acusador expía
Al Divino Señor
con ansias mudas?
Pero es de
noche y tu alma es un desierto
Apresúrate ya
camina al huerto
Y consume tu
hazaña de traición;
La noche calla,
el beso ya se ha dado
El Divino Jesús
ya está entregado
Y palpita
doliente el corazón.
TU GRACIA
Para salvarme,
Cristo, me imputaste justicia
Caí herido y ya
muerto me rescató tu mano,
Por tu gracia
infinita, ahora soy cristiano
Y estar siempre
a tu lado feliz es mi delicia.
Me movía en el
mundo en marcos de injusticia
Y era como
todos: orgulloso y profano;
Estaba enfermo
y triste, pero ahora estoy sano
Tu mano
sanadora me alienta y me acaricia.
Nada hice yo,
pues tú lo hiciste todo, Señor,
Y me muevo en
el suave murmullo de tu amor
Y en la dulce
fragancia del Espíritu Santo.
Mi hombre nuevo
es un himno de prometida gloria,
Y a cambio de
una vida desolada, ilusoria,
Me diste la
armonía de un bello y dulce canto.
INTIMOS
LOS HIJOS DE RUTH
Amo a los hijos
de mi Ruth querida
Con su amor que
en perlas se derrama;
Y para el vate
que a los cuatro os ama
Sois una luz
azul para mi vida.
Tres nietos en
mi tarde florecida;
Tres lucecitas
son que amor proclaman
Cuando en el
templo a mi Señor alaban
En su santa
presencia compartida.
Samuel, el
primogénito que canta;
Obed, el
morenito de alma santa
Con Gabriel el
ansiado Benjamín;
Forman el trino
del hogar dichoso
Que ha de
triunfar en aguas de reposo
Permaneciendo
fieles hasta el fin.
ESTA TARDE DE ABRIL
Esta tarde de
abril, esbelta y pura
Que tengo ante
mis ojos en Sabana
Sur, San José
de Costa Rica, hermana,
Patria de mi
hijo, es fiesta en mi locura.
Tarde gris,
viento, ronda, canto, altura
Donde la tarde
gris también se ufana
En proclamar la
gracia soberana
Que se intuye,
serena, en la espesura.
Tarde en
gracioso celofán dormida
Bajo un sol que
agoniza en lontananza
Dejándome al
morir, amor y vida.
Tarde que
enciende adentro la esperanza
En recuerdos de
gloria florecida
Como esa fronda
que sonríe y danza.
ANA ISABEL
Ana Isabel, mi
voz es canto en grito
Voz de Alondra
en mi alma peregrina
Que se hace
angustia a causa de la espina
Que lacera tu
tierno cuerpecito.
Oro por ti a mi
Señor bendito
Y en las noches
a El mi ser se inclina
Anhelando esa
gracia tan divina
De sanidad,
poder tan infinito.
Ana Isabel,
fragancia de azucena
Mielcita para
mi alma acongojada,
Tu risa azul,
en flor, calma mi pena.
Tu vocecita
triste en la alborada
La suave luz de
tu mirada buena
Vivifica mi ser
¡Oh dulce amada!
CANTO A COSTA RICA
Estos sonetos
que mi ser desgrana
En catorce
pilares de granito
Son en su
Patria como un canto en grito
Desde el ideal
de paz que nos hermana.
Himno entre
mares de la dicha emana
En notas que se
van al infinito;
Plegarias que
palpitan de hito en hito
En sus campos
de gloria soberana.
Rafael
Calderón, mi presidente,
Es Costa Rica
como dulce fuente
Donde brota la
miel y la poesía.
En nombre de mi
Patria te saludo
Y a la sombra
del lábaro y su escudo
Yo canto a tu
bandera en este día.
(Costa Rica 23
de abril de 1993)
UN POCO
Un poco, unos
minutos de tristeza
Noches de
insomnio, ratos tenebrosos,
Larga espera en
momentos tormentosos,
Un poco de
ansiedad, de angustia es esa.
Inexplicable
instancia en mi pobreza
De paz y gozo
mientras hiere el dardo;
Mi corona de
espinas tiene el cardo
Que se hunde
sin piedad en mi cabeza.
Otro poco y me
inunda su presencia
Al recostarme
allí junto a su pecho
Y recibo del
cielo rica luz;
Otro poco y se
llena mi existencia
De gozo
celestial junto a mi lecho
Y brilla en mi
alma el rostro de Jesús.
FELIZ
Ni el dardo
cruel de la opresión traidora
Que en las
noches de insomnio me tortura,
Ni del mundo la
hiel de su amargura
Me impiden ver
tu faz consoladora,
Para el vate
que te ama y que te adora
Eres la miel
sin par de mi ventura;
Mis harapos has
vuelto en vestidura,
Mi nombre en
luz que mis cabellos dora.
Tranquilo,
frente al sol de mi futuro
Que ya se
oculta en sombra de mi ocaso
Me aferro al
cetro de tu trono puro.
Tras mis
tin9eblas muy feliz te abrazo,
Tu transformas
en luz mi instante obscuro
Y lloro de
emoción en tu regazo.
MI AGUIJON
No te huelgues
de mí, enemiga mía,
Implacable;
Jesús te hará pedazos,
Frente a tus
huesos me alzara en sus brazos
Y en mis
tinieblas nacerá mi día.
Rotos los lazos
de la muerte impía
Se romperá mi
tumba tras los pasos,
Del Autor de la
vida en sus regazos
Dejare mi
crisálida vacía.
No te burles de
mí, tu sombra mata,
Pero la luz de
Jesucristo es vida
Y presiento que
viene, me arrebata,
Me lleva al
cielo en liricas visiones
Pone aceite en
la sombra de mi herida
Y se proclama
luz en mis prisiones.
MATINAL
Despierta
esposa mía, ya es la hora,
Mira la
angustia de mi noche en vela,
Mi corazón es
bomba que revela
El dolor que en
silencio me devora.
Mira la
angustia que en mi ser empeora
Ora y dame la
mano que consuela;
Tan solo al ver
que tu plegaria vuela
Callado espero
paz consoladora.
Ven Blanca Eva
y mira mi tristeza,
Cuéntale a Dios
los dardos de mi pena
Para que ponga
en mi desierta mesa,
La suave luz de
su mirada buena,
En tanto el día
con su encanto empieza
Y llora de
alegría la azucena.
BLANCA
En mi lluvia
otoñal te canto Blanca
Mi canto gris
que es delicada gloria
Tú que
escribiste una bella historia
En mi pecho que
lágrimas arranca.
Juntos vimos a
Dios en la hora buena
Abrazando la
cruz del Monte Moria;
Juntos también
cuando la negra escoria
Puso dolor en
tu alma de azucena.
Recibe estos
versos míos
Y haz con ellos
un níveo florero
Para que haya
en mi casa siempre flores;
Y en nuestra
tarde de otoñales lluvias
Entonemos
gloriosas aleluyas
A Jesús, el
Amor de los amores.
A VIRGILIO ZAPATA
Sorpresivo
homenaje en este día
Los que te aman
te brindan jubilosos,
Pues cumples
veinticinco años dichosos
De un
ministerio en grata travesía.
Día triunfal,
aquel de algarabía
Cuando se
alzaba el cuerno de la unción
Mientras tu
alma gozosa recibía
La más excelsa
y santa comisión.
Parece que fue
ayer, parece un sueno
Cuando al
entrar feliz al ministerio
Posó en tu ser
la mano del Señor;
Y empezaste a
marchar con firme empeño
En la senda del
célico ministerio
De la piedad,
la esencia del Amor.
Mira hermano
Virgilio Zapata, en visión retrospectiva
Canta en Mizpa
¡Eben-Ezer!
Y viendo al
cielo en faz contemplativa
Feliz une feliz
con el ayer.
Si en el camino
el oro y rosicler
Torno en sombra
fatídica tormenta
Nunca pudo
borrasca tan violenta,
Virgilio,
hacerte a ti retroceder,
Porque al
llamarte el Cristo de la Gloria
Te dio en la
luz de su palabra santa
La vara sin
igual de su poder.
Por eso el
Verbo dela Eterna Historia
En esta fecha
luminosa canta
Y exclama en el
IEAL, ¡EBEN-EZER!
GUATEMALA
Yo te nombro
feliz mi Guatemala
En éxtasis de
unción retrospectiva
Inspirado en
tus ríos de agua viva
Donde la flor
silvestre aroma exhala.
En tu bello
quetzal que es pecho y ala:
Verde de Ceiba
con fulgor de arriba,
En tu Bandera
que con voz altiva
Canta tu Himno
de amor que a nada iguala.
Dios te hizo
hermosa y modelo tu hormigo
Para que cantes
en las noches bellas
Y tengas al
Creador como tu amigo.
En tu niñez
cantaron las estrellas
Y yo que soy de
tu bondad testigo
Canto también
como cantaron ellas.
JOSE MARIA MUNOZ
Para el hombre
que fue un verbo de fuego
Sonrisa clara,
zarza reluciente
Que se encendió
en feliz desasosiego
Y luego se
apagó serenamente.
Para aquel que
entregó su vida entera
Llevando el
Evangelio en manos llenas,
Grabar en
versos su pasión quisiera:
Ir por el mundo
y desatar cadenas.
Eso quisiera
yo, José María,
Gigante
antorcha que en la iglesia ardía
Del Espíritu
Santo siempre llena;
Aún en el dolor
siempre triunfante,
Aún en el pesar
siempre adelante
Sonrisa en flor
con la faz serena.
II
Un día, hermano
Chema, en raudo vuelo
A las altas
regiones te elevaste
Y todo se
alegró cuando llegaste
A la patria de
luz, al mismo cielo.
Se alzó por fin
el anchuroso velo
Que no nos deja
ver el Ara Santa
Donde ya nadie
llora, todo canta
Y ya no hay
muerte, lágrimas, ni duelo.
¡Cómo hace
falta aquí tu verbo ardiente
Tus roncos
aleluyas, tu elocuente
Voz de un varón,
mirada de atalaya;
Manos de luz
borrando las fronteras,
Pies al sol en
jornadas tempraneras
O cuando el
Astro Rey se hunde y desmaya!
CENTENARIO
(Con motivo del
Primer Centenario de la obra evangélica en Guatemala)
Son cien años
de luz, de luz divina
Los que el
pueblo cristiano conmemora
Tras las
sombras, surgió una nueva aurora
Tras el
cansancio, el agua cristalina.
Ideal hijo de
un gesto visionario
Que vio surgir
la luz de un nuevo día;
En cada precursor
la antorcha ardía
Por difundir la
historia del calvario.
Gloria a Dios
por aquellos que lucharon
Por traer esa
luz y nos dejaron
Del evangelio
herencia sin igual.
Y Gloria a Dios
por nuestro siglo de oro
Porque es para
nosotros un tesoro
Dádiva fiel del
Padre Celestial.
ESCUINTLA
Fuiste princesa
india en tu infancia
Cuando las
flores eran tu embeleso
Y te dormían
con un tibio beso
Que te daban
con toda su fragancia.
Morena de ojos
verdes, por tus venas
Corría sangre
sin igual, valiente,
Y la mano del
Dios omnipotente
Te entregaba en
manojos cosas buenas.
Herida por los
blancos sucumbiste,
Con tus manos
en sangre, el rostro triste
Tu boca enmudeció
como el quetzal;
Y en tanto el
mar tus lágrimas bebía
La diáfana
visión de un nuevo día
Le dio a tu ser
un cantico triunfal.
II
Princesa de la
costa, casta, hermosa,
Con tu nombre
de niña, siempre pura,
Linda reina del
mar, en ti fulgura
La llama del
amor, la paz radiosa.
Fuente de
inspiración, en tus praderas
Se oye el rumor
de fuentes cantarinas,
Cuchicheos,
visión de golondrinas
Y un eterno
rumor en tus palmeras.
Eres canto de
amor, penumbra y sombra,
Luz para el
alma inquieta que te nombra,
Un remanso de
paz y bendición;
Corazón de una
tierra que en su flora
Lleva la
esbelta espiga que se dora
En efluvios de
luz con tu arrebol.
III
Si ayer en
traje de pipil, morena,
Rendiste a Dios
gratísima alabanza
Si hoy en tus
campos brota la esperanza
En mensaje de
caña y azucena.
Tu mañana será,
fulgor de estrella,
Eterno madrigal
para tus hijos,
Para el trabajo
sin cesar prolijos,
Para hacerte
feliz, más dulce y bella.
Serás la
inspiración del que te canta,
De este rico
girón el ara santa,
De aquellos que
en tu seno nacerán.
Serás la
Escuintla que soñó Bergaño.
Serás la
inmaculada flor de antaño,
La siempre
bella y lírica Ixcuintlán.
ESCRITA CON SANGRE
Vamos Délvin,
esta es la cartulina
Escrita por
Dios con sangre carmesí
Para la Santa
Cena donde Rina
Y Ruth con
Melqui estarán allí.
Por fe
contemplo Adolfo la gran fiesta
Que a su Esposa
dará el Señor Jesús
Entre notas
dulcísimas de orquesta
Y el blanco
iridiscente de la luz.
Escapa Byron,
Hur no tiene nada
Mas yo veo
bellísima alborada
Y una gloria
sublime en Canaán.
Así yo un día
con los ojos fijos
Tendré la dicha
de ver a mis hijos
Junto a Jesús,
Jacobo y Abraham.
PALENCIA
Luz y sombra,
canción y clorofila,
Cielo que
ensaya bellos madrigales
Sonetos de
ilusión en tus maizales
Con la suave
fragancia de la lila.
Canto a la
fronda gris que se deshila
Bajo la furia
de tus vendavales,
Canto a tus
florecidos arrabales
De donde baja
el pájaro a la pila.
Canto en
Palencia a la gentil floresta
Donde los niños
como en esta fiesta
Entonan himnos
suaves al Señor;
Canto a Jesús
que todo lo ilumina
En el Colegio
América Latina
Que proclama la
gracia de su amor.
AMERICA LATINA
Salve Instituto
AMERICA LATINA
Roble inhiesto
que al paso de la brisa
Das al mundo la
savia que eterniza
Y trae al mundo
la verdad divina.
Ante Jesús mi
corazón se inclina
Pues él te vio
nacer, y ya árbol grande
La savia del saber
en ti se expande
Como la dulce
fuente cantarina.
Me hice maestro
en ti, siervo y obrero
De la Jerusalén
que se edifica
Un humilde y
sencillo misionero;
Como esa
juventud, simiente rica,
Que en ti se
educa en el amor primero
Y que en visión
de fe se multiplica.
INVITACION
(poema a Blanca
Eva)
Al Cristo que
yo adoro dulce Amada
Acércate
también para que un día
Juntos crucemos
la esplendente vía
Te diga ven,
levántate y anda.
Quizá a la
sombra de la gloria de una jacaranda
Escucharas la
suave melodía,
Al Cristo de la
gloria que a fe mía
Obedecer a Dios
al hombre manda.
Tu que en la
tierra diste a mi alma
Con tu voz
reposada dulce calma
Inspiración
para cantar al niño;
Tu que en las
horas de dolor tu aliento
Puso en mi alma
el oloroso ungüento
Y la miel del
panal de tu cariño.
IXTAPAN DE LA SAL
Ixtapan de la
Sal, México canta
Con voz de
alondra y sol que coquea;
Con la brisa
que corre y semblantea
Tu verde azul
florido y que levanta.
El corazón que
sube a la garganta
Para cantar
contigo en la llanura
En multiformes
trozos de hermosura
De roca y agua,
flor y enredadera.
Coatepec es
canción, llanura inmensa
Donde la espiga
escribe en verbos de oro:
Vida que corre
en diferentes rutas.
Ixtapan de la
Sal, la luz comienza
Surge el verso,
dignísimo tesoro,
Sobre el
aliento suave de tus grutas.
ANTE EL ALTAR
Para hablar de
tu llanto, Patria mía,
Necesito llegar
a tus altares,
Y percibir en
mi alma tus pesares
Que se vierten
en son de chirimía.
Sentir tu
soledad y tu quebranto
En el quetzal
que encarna tu tristeza,
Y en la augusta
y gentil naturaleza
Que revela el
viacrucis de tu llanto.
Extasiarme en
la gloria de tu escudo,
Ver tu pájaro
hermoso, pero mudo
De pie
escuchando música de tun;
Libre sobre el
augusto pergamino
Que en letras
de oro delineó el camino
Abierto al
mundo en sangre de Tecún.
ELEGIA DE LAS LÁGRIMAS
Llora el cielo
con gotas invisibles
Llevando su
mensaje a las corolas;
Y llora el
fiero mar con llanto de olas
Su gran dolor
con frases indecibles.
Llora el rosal,
los bellos manantiales
Que brotan del
dolor de la montaña;
Llora el bosque
sombrío que se baña
Con el llanto
de lluvias nocturnales.
Llora al nacer
y cuando muere,
Por el dolor
inmenso que lo hiere
Y llora en su
latir el corazón.
Como llora
también la Patria mía
Esperando la
luz de un día,
Que torne en
paz su extraña confusión.
HE AQUÍ UN POETA QUE CANTA A DIOS
Palabras del
periodista y escritor Rafael Escobar Argüello
En los 73
sonetos que anidan en las páginas de este libro, no hay otra cosa que poesía,
eso es armonía, inspiración, versos que expresan amor, devoción, fe, sencillez
y humildad.
Délfido Barrera
Navas, poeta cristiano por excelencia, realizo una magnífica labor literaria al
escribir estos sonetos agrupados bajo el título de PERFUMEDE LIRIO, nombre de
la película que narra la historia de su vida.
Quien ha incursionado por los azarosos caminos de la rima, sabe que,
especialmente el soneto, tiene una estructura difícil de lograr en la brevedad
de sus catorce versos y que se necesita inspiración para rimar bellamente
palabras que expresen cabalmente su concepto.
Pero tal como
lo revelan elocuentemente las páginas de este libro, parece que para Délfido
Barrera Navas, la poesía, por difícil que sea, es solo un ejercicio espiritual
que él puede brindarnos a manos llenas, mientras crea metáforas que nos
comunican la profundidad de su pensamiento en el anhelo supremo de ser siempre
luz y sal de la tierra.
En el pórtico
del libro, el lector hallara tres poemas a las personas de la Trinidad: Padre, Hijo
y Espíritu Santo, que son un tríptico de alabanza, en la que el poeta, estando
ante la magnificencia del Altísimo, expresa su extraordinaria humildad:
“Mas nada soy y
tu grandeza es tanta/ que cubre eterna el universo todo, / como una sombra portentosa
y santa.
Y dice al Hijo:
/ “Tú que llevaste a mi alma entristecida una nueva canción y la tibieza del
rico aceite que sanó mi herida.”
Y finalmente al
Espíritu Santo: / “Oh, Gran Consolador, persona amada, / presente en todas las
dispensaciones, / en el Nadir y en las constelaciones/ y en la obra de Cristo,
consumada.”
Como en épocas
remotas, en las que solo Dios y los personajes bíblicos eran quienes daban
inspiración a poetas, músicos y pintores, así hoy, a las puertas del siglo XXI,
Délfido Barrera Navas, canta de nuevo en este libro, casi con exclusividad, a
Dios, ignorando el amor mundano, los problemas sociales, los ideales políticos
y a cuantas musas han acaparado la inspiración de los poetas modernos, no
porque desconozca o quiera ignorar cuanto es parte del diario acontecer sino
porque en esta época de su vida, en la que nevado en sus sienes y hay en su
camino una alfombra de hojas otoñales, vale la pena regresar al primigenio
objeto de la inspiración poética, en pos del amor, misericordia, sabiduría,
como buscando primeramente el Reino de Dios.
Estoy seguro
que quien lea este libro podrá disfrutarlo plenamente, en toda su hondura y
dimensión poética.
DELFIDO BARRERA NAVAS
PERFUME DE LIRIO
PROEMIO
En una
radiante mañana, de la tercera semana del mes de julio del presente año,
encontrándome en la hermosa Catedral del Periodismo Nacional,
¿Qué le pasará a este digno siervo del Señor? ¿Qué me
irá a comunicar? ¿Una tragedia? ¡Oh, no!, afortunadamente para mi angustia,
pronto se despejó la incógnita, y me dijo: quiero que usted me haga el favor de
hacer el PROLOGO de mi poemario: “PERFUME DE LIRIO –Poesía Lírica Evangélica-“,
que acabo de concluir y ya va camino a la editorial, y hablando y hablando,
puso en mis manos su poemario, una gavilla lírica en sonetos con delicado olor
a santidad. Con unas cuantas palabras de
recomendación para la custodia de sus originales, don Délfido se marchó para su
casa y yo volví al templo de la cultura, a continuar mis investigaciones y bajo
el brazo, un verdadero tesoro sagrado, el manojo de sonetos, ahora bajo mi más
estricta responsabilidad.
Hace muchísimos años, conocí espiritualmente a don
Délfido, por medio de periódicos y revistas de carácter educativo y su delicada
poesía infantil de su poemario “Luciérnagas”, y unos cuantos años más tarde,
tuve la dicha de conocerlo personalmente en la Asociación de Periodistas de
Guatemala y posteriormente en la Asociación de Escritores y Amigos del Libro
Nacional, y desde entonces, le profeso gran admiración y aprecio.
Don Délfido Barrera Navas vio la luz primera de este
hermoso mundo, en Santa Catarina Mita, Jutiapa, -“Catocha de mis recuerdos”-
como él la llama, un 12 de diciembre de 1927, rodeado del cariño de sus papás,
don Pedro Barrera Rodas y doña Plácida Navas de Barrera. Su esposa, Blanca Eva –fiel sierva de Dios- y
sus hijos: Delvin, Héctor Adolfo, Byron Boanerges, Ruth Noemí, Rina Judith y
Eleázar Melquisedec, todos profesionales de renombre. Don Délfido es maestro de Enseñanza Rural
(7º. Año) -1943-1944-, Maestro de Educación Primaria Urbana y Especializado en
Supervisión Educativa por la Universidad de Panamá. Después de desempeñar cargos de profesor de
grado, en muchas escuelas rurales y urbanas de nuestra Guatemala, por sus
grandes méritos profesionales llega a ocupar el alto puesto de Supervisor
Técnico de Educación, en muchos lugares; Orientador Técnico de Educación de
Socio Educativo Rural; Director del Instituto Normal Mixto de Huehuetenango y
varios cargos docentes y administrativos en colegios particulares. Actualmente está jubilado por el Estado, pero
dedicado a muchas actividades periodísticas, literarias y lo mejor de todo,
cristianas.
Su producción literaria ha sido abundante y de
delicado perfume lírico, que ha penetrado hasta los intersticios auriculares
del corazón de los niños guatemaltecos.
Sus poemas infantiles son sublimes y se recitan por doquier. He aquí sus obras: (VERSOS): Espígas del Alma,
Antología, En Voz Alta, Poemas del Pesebre, Luciérnagas (poemas infantiles para
los días especiales del ciclo escolar –dos ediciones-), Sobre mis alturas, Oro
en el Barro, Aguas de reposo (prosa poética).
Otras obras: La Formación de un Desafiador (Teología), Cómo enseñar
(obra didáctica), Idioma Español Primer Curso (libro de texto); Catocha de mis
recuerdos (Memorias), Antología de la Poesía Jutiapaneca (coautor), El secreto
de ser fructífero (folleto), Relaciones humanas desde el punto de vista
bíblico, y ahora su poesía cumbre PERFUME DE LIRIO –Poesía lírica evangélica-.
Acabo de leer, con verdadera fruición, su poemario
PERFUME DE LIRIO –Poesía lírica evangélica- , que consta nada menos que de 77
sonetos, conformados por mil sesenta y ocho versos, saturados del más perfumado
lirismo cristiano, su rico florilegio lo divide en cuatro secciones:
a) Alabanza, honra, gloria y poder por los siglos de los
siglos.
b) Inspiración y anhelo
c) Redención, y
d) Íntimos
Don Délfido es un inspirado poeta de cuerpo entero,
que ha cultivado maravillosamente todos los metros, incluyendo también el verso
libre; pero ante todo, el soneto lo maneja con toda propiedad; pero ¿qué es un
soneto? Se preguntaba el recordado gran poeta y antologista Dr. Horacio
Figueroa Marroquín (RIP) en su obra “50 DE LOS MAS BELLOS SONETOS DE LA LIRICA
GUATEMALENSE” y dice: “El soneto generalmente, aunque no siempre, es un mensaje
de amor; es el lenguaje del poeta enamorado o del simple mortal, que sin ser
poeta, utiliza el soneto como un vaso para verter en él todas sus lágrimas, sus
amarguras, sus pasiones, sus tristezas, sus desengaños y hasta su despecho por
la indiferencia de una Dulcinea insensible, o para manifestar, como con paleta
de pintor, toda la belleza que encuentra en las cosas o en los seres amados. Por eso Benivieni, poeta de Italia, de donde
parece haberse originado el soneto, escribió sus “Sonetti del Amore e della
Belleza Divina”; y Petrarca expresó su amor a Laura en sus 300 sonetos. –Sigue
diciéndonos Figueroa Marroquín: “El soneto es a la poesía lo que el vals es a
la música: son dos formas románticas de expresión del pensamiento que nunca
serán olvidadas”. Pero el poeta Délfido Barrera Navas nos describe admirables
perfiles del soneto, en la siguiente composición poética:
LA VOZ DEL AMADO
¿Cómo hablar de su voz en el soneto
En catorce columnas encerrado
Si la voz inefable del Amado
Solo cabe en la luz del Paracleto?
Si el pintor nada dice en el boceto
Ni el verbo solo en el papel ajado
¿Cómo entender el eco del Deseado
Si ya estoy a la orilla del terceto.
Mas, si tengo la dicha de la oveja
De tener un pastor que al pasto guía,
Él conoce el misterio de mi queja.
Me habla en la noche y al rayar el día,
Y entre la luz de su Palabra añeja
Yo percibo la voz que mi alma ansía.
Lo admirable y bello de don Délfido, sin lugar a
dudas, es que es el único poeta guatemalteco que ha cultivado, con tanta
profusión y amor, la POESÍA EVANGELICA propiamente dicha, únicamente comparado
con aquel gran orador sagrado, que fue poeta e himnólogo, don Alfredo Colom M.
(1904-1971) –padre del eminente educador y escritor Lic. Leopoldo Colom
Molina–, cuyos bellísimos himnos como: América será para Cristo, Pies Divinos,
Manos Cariñosas y otros que se cantan en todos los templos evangélicos de
América Latina; fue tan grande la sublimidad de sus poéticos himnos que, si no
estoy equivocado, en Quito, Ecuador, se le erigió un monumento a su egregia
memoria, lo que, lamentablemente, no se hizo en nuestra Guatemala, –Nadie es
profeta en su tierra, reza la sentencia cristiana. Permítaseme, en esta oportunidad, rendirle un
modesto homenaje a su memoria, reproduciendo su bellísimo himno:
MANOS CARIÑOSAS
Manos cariñosas, manos de Jesús;
Manos que llevaron la pesada cruz.
Manos que supieron sólo hacer el bien
¡Gloria a esas manos; ¡Aleluya, amén¡
Blancas azucenas, lirios de amor,
Fueron esas manos de mi redentor
Manos que a los ciegos dieron la visión
Con el real consuelo de su gran perdón.
Manos que supieron calmar el dolor.
¡Oh, manos divinas de mi Redentor!
Que multiplicaron los peces y el pan,
Manos milagrosas que la vida dan.
Manos que sufrieron el clavo y la cruz;
Manos redentoras de mi buen Jesús.
De esas manos bellas yo confiado estoy,
Ellas van guiando, pues al cielo voy.
¡Oh Jesús! Tus manos yo las vi en visión
Y vertí mi llanto con el corazón;
Vi sus dos heridas y la sangre vi
Que tú derramaste por salvarme a mí.
Don Alfredo Colom M. cultivó la poesía del género
épico, mientras que don Délfido, la poesía lírica. Otros poetas guatemaltecos
hicieron versos evangélicos, entre ellos Marco Tulio García Manrique y Raúl
Hernández Arana, pero no llegaron a tener una producción que los
consagrara. Uno de nuestros valores que
a principio de siglo le cantara a Cristo con altura y delicadeza, fue el poeta
chiquimulteco Raúl Mejía González, quien nos dejó su poema inmortal “LA VISION
DE LA CRUZ” que hoy es un hermoso himno, que con tanto fervor se entona en
todas las iglesias evangélicas de Guatemala.
Don Délfido Barrera Navas, ha recibido multitud de
distinciones tanto nacionales como internacionales, que destacan su egregia
personalidad; entre las internacionales podemos citar que la Asociación
Cristiana de Artistas de Radio y Televisión de los Estados Unidos de Norteamérica,
llevó a la pantalla chica la vida del poeta y escritor Délfido Barrera Navas,
en la película “PERFUME DE LIRIO” que fue filmada en México y los Estados
Unidos, una muy digna distinción y honor, para el poeta y escritor cristiano
guatemalteco, que por doquier glorifica el nombre de Dios. ¡Aleluya!
Leyendo y releyendo este excelso poemario, han quedado
grabados en lo más profundo de mi corazón los sonetos: Cielo y Agua,
Resurrección, Uva, Tu Manto, Versos en el Cielo, Vivir y morir. No temo el mañana y Heridas, versos que
permanecerán en mi almohada, porque serán mi guía espiritual, para no apartarme
de los santos caminos del Señor, en tanto viva, en este valle de dolor y de
ingratitud. Por último, en el segmento INTIMOS, don Délfido nuevamente deja traslucir
el delicado perfil de su humanidad y agradecimiento, exaltando las señeras
figuras de dos pilares de la iglesia evangélica guatemalteca, VIRGILIO ZAPATA y
JOSE MARIA MUÑOZ, el verbo de fuego; son sublimes los versos dedicados con
acendrado amor a su digna familia, especialmente a su esposa Blanca Eva: en
MATINAL, de hinojos le pide: “Ven Blanca Eva y por mi angustia reza: /cuéntale
a Dios los dardos de mi pena / para que ponga en mi desierto mesa, / la suave
luz de su mirada buena, / en tanto el día con su encanto empieza / y llora de
alegría la azucena”. También dedica
delicados versos de exaltación y gratitud a parcelas geográficas, tales como:
Costa Rica, Escuintla, Palencia, Ixtapan de la Sal de México y a su amada
Guatemala.
Al concluir de leer los sonetos que integran PERFUME
DE LIRIO, del excelso y culto poeta don Délfido Barrera Navas, siento en todo
mi ser una exquisita sensación espiritual que me pone a salvo de pensamientos
fútiles y apartándome del odio y la violencia que tanto ha herido la fina
epidermis de nuestra pobre y notable Guatemala, sensación espiritual que, no
hay duda, también experimentarán los miles y miles de lectores que tendrán la
dicha de poseer este bello poemario cristiano, que hoy ve la luz pública.
PERFUME DE LIRIO –Poesía Evangélica– entra hoy con
paso firme y directo por la anchurosa puerta del cielo, a formar parte del
recital poético angelical con sus efluvios perfumados, no solo del Lirio del
Valle, sino la fragancia pura de la Rosa de Sarón.
Felicitaciones, don Délfido Barrera Navas, por brindar
a la Patria Celestial y a la Patria Guatemala, el monumento más grande de la
poesía lírica evangélica, que hasta hoy se haya escrito. ¡Aleluya!
Francisco Villatoro Argueta
Nimajuyú - Guatemala, jueves 12 de agosto de 1993.
ALABANZA
HONRA
GLORIA Y PODER
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS
PADRE
Padre, te adoro
con el alma entera
Con todo el
corazón, con ansia inmensa;
Desde el altar
feliz donde comienza
Mi espíritu que
te ama y te venera.
Oh Padre sin
igual, mi alma quisiera
Describir lo
inefable de tu gloria;
Llenar de tu
grandeza mi memoria
Y entregarte mi
ser, mi vida entera.
Mas nada soy, y
tu grandeza es tanta
Que cubre
eterna el Universo todo
Como una sombra
portentosa y santa.
Permite,
arrodillado sobre el lodo,
Que te adore en
la luz del ara santa
Que ha de
llevar mi ofrenda de algún modo.
HIJO
Jesús, hijo de
Dios, Verbo hecho carne
Yo te adoro
también arrodillado;
Confesándote
humilde mi pecado
Para que
puedas, Cristo, perdonarme.
Tú que viniste
aquí para buscarme
Llegando por mi
culpa al sacrificio;
Tú que usaste
la sangre del suplicio
Para borrar mí
mal, para limpiarme.
Tú, que dejando
tu inmortal riqueza,
Te hiciste
pobre para darme vida
Suprema
bendición y fortaleza.
Tú que llevaste
a mi alma entristecida
Una nueva
canción y la tibieza
Del rico aceite
que sano mi herida.
ESPIRITU SANTO
Cuando Dios
modeló nuestra morada
Tu sombra entre
las aguas se movía
En tanto que la
gracia aparecía
En aquella
bellísima alborada.
Oh gran
Consolador, persona amada,
Presente en
todas las dispensaciones;
En el Nadir y
en las constelaciones
Y en la obra de
Cristo consumada.
Espíritu de
Dios mi alma te intuye
Y siento tu
virtud consoladora
Pues mi ser en
tu ser redarguye,
De pecado y de
juicio libre ahora
Siento que en
ti mi ser se reconstruye
Bajo tu sombra
santa y protectora.
JESUS
Estos versos
los dedico a Cristo
Sublime
bendición del alma mía
Amado esposo,
suave melodía
Aquí en mis
ojos en la noche han visto.
En adorarle con
amor insisto
En el diamante
de la noche fría,
En la hora en
que el sol engendra el día
De su amor
celestial siempre me visto.
¡Jesús! Dice mi
espíritu sediento
Y mi alma
triste en su pasión formada
¡Jesús! Mi ser
que su presencia anhela.
¡Jesús! Las
blancas alas de mi adviento
¡Jesús! La
alondra que se ve encarnada
En mi memoria y
que a su trono vuela.
MI OFRENDA
Quiero poner mi
ofrenda voluntaria
Ante tu altar,
Jesús, con flor de harina;
Ver a la cruz
mientras mi sol declina
Lento latir de mi
salud precaria.
Encender en tus
atrios mi plegaria
Con esa luz que
todo lo ilumina;
Cantar a Dios,
cantar, aunque la espina
Luto ponga en
mi vida sedentaria.
Ir contigo a la
cruz, morir contigo
Sin esquivar la
hiel de tu castigo
Vivir, morir,
bajo la sombra gris.
En el calvario
donde tú moriste
Y con tu sangre
virgen escribiste:
Salvación para
hacerme tan feliz.
SENOR JESUS
Jesús, tu
nombre santo revela la ternura
De aquel Padre
amoroso que al mundo te entrego
Para cubrir de
gloria, la negra desventura
Del hombre que
en pecado por el mundo rodó.
Herido el
hombre un día viniste a rescatarle;
Muerto, triste
y doliente moriste tú por él;
Cegado por el
odio, bajaste para amarle
Hasta beber la
copa de aquella amarga hiel.
Viviendo en
trono excelso llegaste al mundo impío
Y con tu gracia
eterna, también al pecho mío
Para curar la
herida, para darme la luz;
Por eso te
bendigo, por eso yo te adoro,
Por eso te
canto, por eso yo te imploro
En tanto que te
nombro mi sin igual Jesús.
PRESENCIA
De la lírica
voz de los pinares
Que escribe
madrigales en su alfombra
Brota la voz de
Dios cuando la sombra
Canta al Sol el
Cantar de los Cantares.
Silbo y trinco;
simbiosis que en el llanto
Hace el amor a
la gentil corola
Ante el canto
nupcial de la amapola
Que escribe su
celeste epitalamio.
Todo habla de
mi Dios: la flor, el ave,
La refrescante
fuente cantarina,
El perfume del
nardo, el viento suave;
El agua, el
mar, el diente de la espina
La aurora que
nos cubre con su llave
Un nuevo sol al
pie de la colina.
REPOSO
Quiero, Señor,
sobre tu pecho amante
Reposar como
Juan, sentir tu aliento,
Cantar como la
alondra, libre al viento
Mientras te veo
bajo el sol triunfante.
Deja así que te
admire y que trasplante
Mi fe hasta tus
alturas; y que tu acento
Repercuta en
las alas de mi adviento
Y así en tus
brazos que te nombre y cante.
Eres mi todo,
mi Señor, mi gozo,
Mi paz, mi luz,
mi celestial abrigo
Y la razón de
ser de mi reposo;
Yo quiero ser
de tu poder testigo,
Gozar de tus
delicias, dulce Esposo
Y entrar a tu
mansión como tu amigo.
LA VOZ DE MI AMADO
¿Cómo hablar de
su voz en el soneto
En catorce
columnas encerrado
Si la voz
inefable del Amado
Solo cabe en la
luz del Paracleto?
Si el pintor
nada dice en el boceto
Ni el verbo
solo en el papel ajado
¿Cómo entender
el eco del Deseado
Si ya estoy a
la orilla del terceto?
Mas, si tengo
la dicha de la oveja
De tener un
pastor que al pasto guía,
El conoce el
misterio de mi queja.
Me habla en la
noche y al rayar el día
Y entre la luz
de su Palabra añeja
Yo percibo la
voz que mi alma ansía.
EN EL TEMPLO
La noche es
manto negro; silencioso
Me postro ante
tu altar oh Cristo Amado
Y tú que puedes
verme acongojado
Me das en Silo
sin igual reposo.
Si canto,
enciendes en mi alma el gozo;
Si lloro, enjugas
ríos que dispersos
Por mi mejilla
pasan cual mis versos
Que nacieron
con lirico alborozo.
Tu templo,
Cristo, es delicada gloria
La fe muerta en
tus atrios resucita
Y vibra en su
latir el corazón.
Escucho sin
cesar la bella historia
En que el mal al
Seol se precipita
Y brilla en lo
alto el Sol de Redención.
CREO
Creo en Dios,
en Jesús su Amado Hijo,
Y en su Palabra
que con ansias leo
Lámpara Santa,
sombra del ateo
Que Dios no
existe en su ignorancia dijo.
Creo en ti con
inmenso regocijo
Pues con los
ojos de mi alma veo
Tu imagen pura
que mato el deseo
Cuando vague
sin Dios, sin rumbo fijo.
Me siento como
tú, crucificado,
Y vivo no ya
yo, pues tú eres mío
Y de todas las
gentes el Deseado.
Creo, llenaste
el sin igual vacío
Que había en mi
alma a causa del pecado
Y tornaste mi
pozo en ancho rio.
GRACIAS SENOR
Gracias Jesús
por la salud preciosa
Que has
devuelto a mi vida acongojada;
Gracias, Señor
Jesús por la alborada
Que me trajo
vigor, tu luz hermosa.
Gracias, Señor,
porque tu paz radiosa
Ha tornado a
reinar en mi alma triste;
Ahora de tu luz
mi alma se viste
Ahora de tu
amor mi alma se goza.
Ahora puedo
cantar, saltar en danza,
Murmurar la
canción que el cielo alcanza
Y que me hace
vibrar de honda emoción.
Puedo
testificar que Cristo sana,
Que de su ser
constantemente emana
Sangre inmensa
de eterna redención.
YAHVEH SABAOT
Señor, tu
hiciste el leviatán para jugar con él
Al lindo
gorrioncito para libar la flor;
Gozas con la
hormiguita que guarda su comida
Para el día en
que lloran los campos tras la lluvia.
Juegas con los
pingüinos a la orilla del mar
Y pones en sus
manos la arena de la playa;
Cuán grande es
tu nombre, dulce Yahveh Sabaot.
Señor de las
alfombras de las hojas caídas.
Eres tan grande
y Santo y también tan pequeño
Que cabes en mi
alma para que brote el canto
E inspirarme yo
pueda en tus cosas sencillas.
En las arenas
sueltas que caen de tus manos,
En tu voz que
se une a la voz de los santos
Y el himno que
brota de tu magna creación.
AUSENCIA
Yo sufro por tu
ausencia, Pastor de los pastores,
Hace ya veinte
siglos que al cielo te elevaste,
Portador
milenario de sangre que compraste
En la cruz del
Calvario, dolor de tus dolores.
Como añoro mi
Cristo, la miel y los olores
Del vino que
serviste en la mesa del contraste:
El amor de los
once y aquel traidor que amaste
Y aquel huerto
que un día vio llorar a las flores.
Tu ausencia me
impresiona, me abate, me consterna;
Son veinte
siglos, Cristo, que tu mirada tierna
Ya no se posa
fija, bajo aquellos olivos.
De Jerusalén. Hay dolor en Samaria y tanta
Amargura
infinita que ahoga la garganta
En este mundo
solo y triste de los vivos.
VENDRA
Ya presiento tu
llegada cono la esposa en vela,
Como alondra
que espera que reviente el polluelo;
Como espera la
noche la luz del alba inmensa
En estado de
alerta bajo la luz del cielo.
Presiento que
estas cerca, Señor, que en tu vigilia
Contemplas a la
Amada de larguísima ausencia
Siento tus
pasos suaves en tus nubes de gloria
Dando luz los
aires bajo la comba azul.
Te veo venir
radiante con notas de trompeta,
Ceñido el lindo
talle con ceñidor de oro
Con tus
cabellos blancos como lana escogida.
Con voz de
grandes aguas, una espada en tu boca
Siete estrellas
de gloria en tu mano derecha
Y tu rostro
encendido cual sol en su cenit.
CIELO Y AGUA
No gustan a profanos los versos que yo escribo,
Y no halagan, es cierto, pero los versos míos
Llevan en sí la esencia del vino generoso
Que mi espíritu bebe, en sorbos grandes, grandes.
Soy agua y cielo y mis versos son eso: aleluyas,
Gritos de un alma alegre embriagada de Dios;
Veo claro de noche, veo luz en las sombras,
Mi sol nunca se oculta, mi noche sucumbió.
Mi amanecer no espera, porque yo soy mañana,
Y el tiempo tembloroso bajo el cielo agoniza
Presagiando la gloria de una noche nupcial.
Como Ezequiel yo veo un cielo grande, abierto,
Un Trono azul sin sombras y más allá en lo alto
La silueta de un río de gloria sin igual.
PENTECOSTES
Pentecostés, ven pronto, que mi lluvia tardía
Extienda su melena feliz en las montañas
Y el agua corra ansiosa llenando los estanques
Y se llenen de gloria los cedros y los sauces.
Quiero ver a la novia, feliz, danzando alegre
Luciendo su vestido de blanco y sus atuendos
En tanto que la gloria de Dios llena su templo
Y hosannas inmortales irrumpan desde allí.
Quiero mi pentecostés, fiesta de las primicias,
Amontonar el grano bajo la luz del sol,
Florescencia de espigas, cumbre de la cosecha;
Himno de la esperanza, canción de clorofila,
La esposa engalanada frente al Esposo esbelto
Y el cielo proclamando la gloria de Israel.
INSPIRACION Y ANHELO
TU FIESTA
Prodigo fui, yo quiero tus violines
Y las notas dulcísimas de orquestas;
Quiero el becerro gordo de tu fiesta
Y el clamor sin igual de tus clarines.
Quiero a la sombra augusta de tus fines
Danzar entre el verdor de la floresta,
Porque la dicha de mi ser es ésta:
Gozar tu fiesta en íntimos confines.
Sentir tu amor con mi vestido nuevo
Con verde clorofila del renuevo
Que se mece tranquilo en el rosal.
Estaba muerto y en mi retorno vivo
Gozando de la savia del olivo
Que crece erecto en fresco manantial.
RESURRECCION
Nací muerto, mi espíritu sellado
No tuvo nunca comunión contigo;
Era una cifra, sin amor ni abrigo
Separado de ti por mi pecado;
Un sarmiento del cielo desgajado
Alejado del árbol de la vida,
Vagaba con el alma entristecida
Huérfano fui, sin paz, sin ser amado.
Pero un día encendiste en mi alma
Tu luz gloriosa que me dio el camino
Y que trajo a mi ser tu dulce calma;
Y a cambio de mi triste torbellino
Por tu sangre hijo soy bajo la palma
Que da sombra a mi bota peregrina.
PROCESO
UVA
Hazme uva dulce: es ese mi destino,
Dar fruto en el follaje del sarmiento
Percibiendo en tu vida el aliento
Que se encarna en el vientre de tu vino.
Sabor de vida para el peregrino;
Ir a la choza que golpea el viento,
Dar de beber de tu agua al que sediento
Busca cubrir harapos con tu lino.
Uva grande, robusta, tinta en agua,
Sabor de eternidad para el que llora
Y busca ansioso el fuego de la fragua.
Uva de tu racimo que te implora
Sobre el mar, libre al viento en mi piragua
Cantaré de tu gracia redentora.
TU MANTO
Como Eliseo persiguiendo a Elías
Yo te busco, Jesús, tras de tu manto
Para enjugar las perlas de mi llanto
En los bordes que cubren tus rodillas.
Manto de sol y luz, del gran Mesías,
Con verde terciopelo de amaranto
Pequeño cielo que quitó el quebranto
Y me da de su virtud todos los días.
Cuando te beso, tu virtud derramas,
Y se seca la fuente de mi angustia
Y miel me entregas en lugar de hiel;
Me ves de hinojos, con amor me llamas,
Calmas luego el dolor de mi alma mustia
Cortas flores conmigo en tu vergel.
VERSOS EN EL CIELO
Mis versos en
el cielo no tendrán la amargura
Ni tristeza, ni
angustia, ni nostalgia, ni nada
Que empañe la
alegría de mi nueva alborada
Que arderá en
mi vestido de infinita blancura.
Formaré
madrigales de perfecta armonía;
Quizá versos
sencillos de perfecta alabanza,
Los leeré
dichoso, mientras mi cuerpo danza
Al compás de
una inmensa y feliz melodía.
Versos de agua
y de fuego, de eternidad y cielo,
De aleluyas
eternas cuando se rasgue el velo
Y el mar de
vidrio brille con la luz de otro sol;
Cantaré a aquel
que un día murió para salvarme
Y que vendrá de
nuevo también para llevarme
A regiones
gloriosas de radiante arrebol.
HERIDAS
Herido fui,
contemplo tus heridas,
Yo el culpable,
tú en cambio el inocente,
A mí me hirió
el hermano prepotente
A ti tu pueblo
en llagas esculpidas.
Yo percibo la
voz de los latidos
Tus espinas, la
sangre de tu frente;
Tu perdón al
extraño penitente
La hiel de tu
dolor, tus pies partidos.
Fuiste herido,
Señor, por tus hermanos
Yo por los míos
que también me hirieron
Horadando mis
pies, también mis manos.
Pone aceite en
la herida que me hicieron
Aquellos que
llamándose cristianos
Hiel y vinagre
en mi dolor me dieron.
RESUCITAME
Lázaro soy, mi
alma encadenada
Duerme inerte
en el hielo de mi tumba
En una ausencia
cruel que se derrumba
Cuesta abajo en
el mundo de la nada.
Mi Betania es
la ruta desolada
Enclavada en
obscura catacumba
Como el halo
sombrío de la zumba
Atado estoy en
dura encrucijada.
Levántate
Señor, quita la piedra
Tu hilo en mi
alma encadenada enhebra
Y proclama
feliz liberación.
Que me desate
con poder tu mano
Que herida fue
por mi vivir profano
Y dame en
cambio el vino de tu unción.
NO TEMO AL MAÑANA
Yo tengo
asegurado mi mañana
Mi alma se
alegra siempre en la esperanza;
Veo su gloria
eterna en lontananza
En la aparente
latitud lejana.
Es una lejanía
que me ufana
Que arde en mi
pecho porque está conmigo
Jesucristo el
Señor, celeste abrigo,
Bella luz que
encendió en mi edad temprana.
Sé que en la
casa de mi Padre existen
Moradas que de
gloria eterna visten
Y El prepara
una Patria para mí.
Por eso no le
temo a mi futuro
Pues si dejo
este mundo tan obscuro
Tendré perfecta
claridad allí.
PARABOLA
Vírgenes,
despertad, alzad la frente
Y mantened la
lámpara encendida
Pues el esposo
que ama y que da vida
Ha de venir al
mundo, de repente.
Vírgenes,
despertad, la llama ardiente
Del Espíritu
Santo está invitando
Las bodas del Cordero
están llegando
En raudales de
luz iridiscente.
Llegó la media
noche, clama el cielo,
Viene el Esposo
en deslumbrante vuelo
Para darnos
completa redención.
Salid a
recibirle, en la desierta
Ruta de la
aflicción, se abre una puerta
Como se abre
también el corazón.
EL MANTO
Iglesia,
levántate, ya es hora, son las doce,
Alista tus
doncellas de fe, amor, esperanza
He aquí el
esposo viene, salid a recibirle
Aceite en tu
vasija, tu lámpara encendida.
Quemada por el
Febo, tus ojos delicados
Dos luceros que
brillan, morena codiciable
Que sigan
alumbrando a un mundo en tinieblas
Mientras llega
el Deseado en la esquina del tiempo.
Luce al mundo
perdido tu manto de justicia
Y escóndete en
la cámara secreta del Amado
Mientras pasa
la furia de la gran tempestad.
Sufre y goza
por dentro, mas allá de tu templo
Y ten por sumo
gozo llorar por el Amado
Ya reirás
llorando de amor entre sus brazos.
EL ENCUENTRO
En alas de la
angustia me fui desde el santuario
De este templo
de sangre que en ondas pulsaciones
Ha buscado en
las sombras de las constelaciones
Aquello que no
alcanza la fe del incensario.
Herido,
taciturno, volví cansado y triste
Y en diálogos
secretos con mi espíritu inmenso
Encuentro que
la vida tan solo es el comienzo
De algo eterno
y sublime que ya en el alma existe.
Que el dolor
sublime; que es fuerza que desata
Las burdas
ligaduras del deseo que mata
Y que Dios está
adentro; que es mentira el morir.
Que el cielo no
está arriba, sino en el alma misma
Y que aquello
que vemos tras los bordes del prisma
Es belleza
escondida como oro de Ofir.
REDENCION
HERIDAS
Herido fui,
contemplo tus heridas,
Yo el culpable,
tú en cambio el inocente
A mí me hirió
el hermano prepotente
A ti tu pueblo
en llagas esculpidas.
Yo percibo la
voz de los latidos
Tus espinas, la
sangre de tu frente;
Tu perdón al
extraño penitente
La hiel de tu
dolor, tus pies partidos.
Fuiste herido,
Señor, por tus hermanos
Yo por os míos
que también me hirieron
Horadando mis
pies, también mis manos.
Pone aceite en
la herida que me hicieron
Aquellos que
llamándose cristianos
Hiel y vinagre
en mi dolor me dieron.
EL TRIUNFO DE LA VIDA
Ante el triunfo
aparente de la muerte;
La victoria de
masa fratricida
Vuelve a la
vida el dueño de la vida
Y el dardo en
gloria eterna se convierte.
Han pasado las
brumas del calvario,
Solo queda una
piedra abandonada
La noche se
convierte en alborada
Y la tumba en
los lienzos y el sudario.
Resucitó Jesús,
su sacrificio
Ha vencido el
enorme precipicio
Que separaba al
hombre de su Dios.
Después se alzó
en las nubes victorioso
Triunfante,
eterno y volverá glorioso
Voz de trompeta,
gloria de su voz.
TUMBA VACIA
Canto feliz, la
tumba esta vacía,
Mueve el cielo
radiante sus cristales,
Y tras la
sombra gris de los zarzales
Hay una Fiat
lux: la luz de un nuevo día.
Hay en el cielo
azul algarabía
Lloran de amor
los claros manantiales,
De la cruz el
amor brota a raudales
Canta la paz
sobre la tumba fría.
Susurra el
viento el himno de las aves
Hay en el aura
de los vientos suaves
Un verbo de
esperanza y bendición.
Se levanta
Jesús, la piedra es rueda,
La muerte cae,
sin poder se queda
Y entona el
monte su triunfal canción.
TU CRUZ
Tu cruz, oh
Cristo, es manantial de vida
Donde fluyen
riquísimas esencias,
Como el néctar
que brota en las hortensias
Como mana la
sangre de tu herida.
Amo tu excelsa
cruz donde se anida
Todo el amor de
Dios que allí es un rio
Y que calma el
afán del pecho mío
Seguridad en mi
postrer partida.
Es tu cruz gran
amor que se levanta
De la tierra
hasta el cielo y que quebranta
El duro corazón
del hombre infiel.
Es el perdón de
angustia que destruye
La muerte para
siempre y que construye
Tierra nueva en
el mundo de Luzbel.
AGONIA
Grandes gotas
de sangre frente de tu frente
Se escapan como
ríos de amargura,
Perlas de amor,
de sin igual ternura,
Que brotan como
límpida corriente.
Solo, triste,
cansado, el Padre ausente
Cae sobre tus
hombros mi pecado
Y por los
tuyos, solo abandonado
Calla de amor
tu corazón doliente.
El huerto
llora, la traición asoma,
La inocencia
del huerto da su aroma
Entre sombras
de cruel apostasía.
Tu cuerpo
bello, flor de sacrificio,
Se levanta en
la noche del suplicio
Y escribe
Salvación en su agonía.
TRAICION
¿Por qué
vendiste a tu maestro, Judas,
Con beso de
traición en su mejilla,
La más abyecta
y cruel apostasía
Que emergió
desde el seno de tus dudas?
¿Por qué en la
noche silenciosa escudas
Aquello que
maquinas en tu día,
Cuando tu ojo
acusador expía
Al Divino Señor
con ansias mudas?
Pero es de
noche y tu alma es un desierto
Apresúrate ya
camina al huerto
Y consume tu
hazaña de traición;
La noche calla,
el beso ya se ha dado
El Divino Jesús
ya está entregado
Y palpita
doliente el corazón.
TU GRACIA
Para salvarme,
Cristo, me imputaste justicia
Caí herido y ya
muerto me rescató tu mano,
Por tu gracia
infinita, ahora soy cristiano
Y estar siempre
a tu lado feliz es mi delicia.
Me movía en el
mundo en marcos de injusticia
Y era como
todos: orgulloso y profano;
Estaba enfermo
y triste, pero ahora estoy sano
Tu mano
sanadora me alienta y me acaricia.
Nada hice yo,
pues tú lo hiciste todo, Señor,
Y me muevo en
el suave murmullo de tu amor
Y en la dulce
fragancia del Espíritu Santo.
Mi hombre nuevo
es un himno de prometida gloria,
Y a cambio de
una vida desolada, ilusoria,
Me diste la
armonía de un bello y dulce canto.
INTIMOS
LOS HIJOS DE RUTH
Amo a los hijos
de mi Ruth querida
Con su amor que
en perlas se derrama;
Y para el vate
que a los cuatro os ama
Sois una luz
azul para mi vida.
Tres nietos en
mi tarde florecida;
Tres lucecitas
son que amor proclaman
Cuando en el
templo a mi Señor alaban
En su santa
presencia compartida.
Samuel, el
primogénito que canta;
Obed, el
morenito de alma santa
Con Gabriel el
ansiado Benjamín;
Forman el trino
del hogar dichoso
Que ha de
triunfar en aguas de reposo
Permaneciendo
fieles hasta el fin.
ESTA TARDE DE ABRIL
Esta tarde de
abril, esbelta y pura
Que tengo ante
mis ojos en Sabana
Sur, San José
de Costa Rica, hermana,
Patria de mi
hijo, es fiesta en mi locura.
Tarde gris,
viento, ronda, canto, altura
Donde la tarde
gris también se ufana
En proclamar la
gracia soberana
Que se intuye,
serena, en la espesura.
Tarde en
gracioso celofán dormida
Bajo un sol que
agoniza en lontananza
Dejándome al
morir, amor y vida.
Tarde que
enciende adentro la esperanza
En recuerdos de
gloria florecida
Como esa fronda
que sonríe y danza.
ANA ISABEL
Ana Isabel, mi
voz es canto en grito
Voz de Alondra
en mi alma peregrina
Que se hace
angustia a causa de la espina
Que lacera tu
tierno cuerpecito.
Oro por ti a mi
Señor bendito
Y en las noches
a El mi ser se inclina
Anhelando esa
gracia tan divina
De sanidad,
poder tan infinito.
Ana Isabel,
fragancia de azucena
Mielcita para
mi alma acongojada,
Tu risa azul,
en flor, calma mi pena.
Tu vocecita
triste en la alborada
La suave luz de
tu mirada buena
Vivifica mi ser
¡Oh dulce amada!
CANTO A COSTA RICA
Estos sonetos
que mi ser desgrana
En catorce
pilares de granito
Son en su
Patria como un canto en grito
Desde el ideal
de paz que nos hermana.
Himno entre
mares de la dicha emana
En notas que se
van al infinito;
Plegarias que
palpitan de hito en hito
En sus campos
de gloria soberana.
Rafael
Calderón, mi presidente,
Es Costa Rica
como dulce fuente
Donde brota la
miel y la poesía.
En nombre de mi
Patria te saludo
Y a la sombra
del lábaro y su escudo
Yo canto a tu
bandera en este día.
(Costa Rica 23
de abril de 1993)
UN POCO
Un poco, unos
minutos de tristeza
Noches de
insomnio, ratos tenebrosos,
Larga espera en
momentos tormentosos,
Un poco de
ansiedad, de angustia es esa.
Inexplicable
instancia en mi pobreza
De paz y gozo
mientras hiere el dardo;
Mi corona de
espinas tiene el cardo
Que se hunde
sin piedad en mi cabeza.
Otro poco y me
inunda su presencia
Al recostarme
allí junto a su pecho
Y recibo del
cielo rica luz;
Otro poco y se
llena mi existencia
De gozo
celestial junto a mi lecho
Y brilla en mi
alma el rostro de Jesús.
FELIZ
Ni el dardo
cruel de la opresión traidora
Que en las
noches de insomnio me tortura,
Ni del mundo la
hiel de su amargura
Me impiden ver
tu faz consoladora,
Para el vate
que te ama y que te adora
Eres la miel
sin par de mi ventura;
Mis harapos has
vuelto en vestidura,
Mi nombre en
luz que mis cabellos dora.
Tranquilo,
frente al sol de mi futuro
Que ya se
oculta en sombra de mi ocaso
Me aferro al
cetro de tu trono puro.
Tras mis
tin9eblas muy feliz te abrazo,
Tu transformas
en luz mi instante obscuro
Y lloro de
emoción en tu regazo.
MI AGUIJON
No te huelgues
de mí, enemiga mía,
Implacable;
Jesús te hará pedazos,
Frente a tus
huesos me alzara en sus brazos
Y en mis
tinieblas nacerá mi día.
Rotos los lazos
de la muerte impía
Se romperá mi
tumba tras los pasos,
Del Autor de la
vida en sus regazos
Dejare mi
crisálida vacía.
No te burles de
mí, tu sombra mata,
Pero la luz de
Jesucristo es vida
Y presiento que
viene, me arrebata,
Me lleva al
cielo en liricas visiones
Pone aceite en
la sombra de mi herida
Y se proclama
luz en mis prisiones.
MATINAL
Despierta
esposa mía, ya es la hora,
Mira la
angustia de mi noche en vela,
Mi corazón es
bomba que revela
El dolor que en
silencio me devora.
Mira la
angustia que en mi ser empeora
Ora y dame la
mano que consuela;
Tan solo al ver
que tu plegaria vuela
Callado espero
paz consoladora.
Ven Blanca Eva
y mira mi tristeza,
Cuéntale a Dios
los dardos de mi pena
Para que ponga
en mi desierta mesa,
La suave luz de
su mirada buena,
En tanto el día
con su encanto empieza
Y llora de
alegría la azucena.
BLANCA
En mi lluvia
otoñal te canto Blanca
Mi canto gris
que es delicada gloria
Tú que
escribiste una bella historia
En mi pecho que
lágrimas arranca.
Juntos vimos a
Dios en la hora buena
Abrazando la
cruz del Monte Moria;
Juntos también
cuando la negra escoria
Puso dolor en
tu alma de azucena.
Recibe estos
versos míos
Y haz con ellos
un níveo florero
Para que haya
en mi casa siempre flores;
Y en nuestra
tarde de otoñales lluvias
Entonemos
gloriosas aleluyas
A Jesús, el
Amor de los amores.
A VIRGILIO ZAPATA
Sorpresivo
homenaje en este día
Los que te aman
te brindan jubilosos,
Pues cumples
veinticinco años dichosos
De un
ministerio en grata travesía.
Día triunfal,
aquel de algarabía
Cuando se
alzaba el cuerno de la unción
Mientras tu
alma gozosa recibía
La más excelsa
y santa comisión.
Parece que fue
ayer, parece un sueno
Cuando al
entrar feliz al ministerio
Posó en tu ser
la mano del Señor;
Y empezaste a
marchar con firme empeño
En la senda del
célico ministerio
De la piedad,
la esencia del Amor.
Mira hermano
Virgilio Zapata, en visión retrospectiva
Canta en Mizpa
¡Eben-Ezer!
Y viendo al
cielo en faz contemplativa
Feliz une feliz
con el ayer.
Si en el camino
el oro y rosicler
Torno en sombra
fatídica tormenta
Nunca pudo
borrasca tan violenta,
Virgilio,
hacerte a ti retroceder,
Porque al
llamarte el Cristo de la Gloria
Te dio en la
luz de su palabra santa
La vara sin
igual de su poder.
Por eso el
Verbo dela Eterna Historia
En esta fecha
luminosa canta
Y exclama en el
IEAL, ¡EBEN-EZER!
GUATEMALA
Yo te nombro
feliz mi Guatemala
En éxtasis de
unción retrospectiva
Inspirado en
tus ríos de agua viva
Donde la flor
silvestre aroma exhala.
En tu bello
quetzal que es pecho y ala:
Verde de Ceiba
con fulgor de arriba,
En tu Bandera
que con voz altiva
Canta tu Himno
de amor que a nada iguala.
Dios te hizo
hermosa y modelo tu hormigo
Para que cantes
en las noches bellas
Y tengas al
Creador como tu amigo.
En tu niñez
cantaron las estrellas
Y yo que soy de
tu bondad testigo
Canto también
como cantaron ellas.
JOSE MARIA MUNOZ
Para el hombre
que fue un verbo de fuego
Sonrisa clara,
zarza reluciente
Que se encendió
en feliz desasosiego
Y luego se
apagó serenamente.
Para aquel que
entregó su vida entera
Llevando el
Evangelio en manos llenas,
Grabar en
versos su pasión quisiera:
Ir por el mundo
y desatar cadenas.
Eso quisiera
yo, José María,
Gigante
antorcha que en la iglesia ardía
Del Espíritu
Santo siempre llena;
Aún en el dolor
siempre triunfante,
Aún en el pesar
siempre adelante
Sonrisa en flor
con la faz serena.
II
Un día, hermano
Chema, en raudo vuelo
A las altas
regiones te elevaste
Y todo se
alegró cuando llegaste
A la patria de
luz, al mismo cielo.
Se alzó por fin
el anchuroso velo
Que no nos deja
ver el Ara Santa
Donde ya nadie
llora, todo canta
Y ya no hay
muerte, lágrimas, ni duelo.
¡Cómo hace
falta aquí tu verbo ardiente
Tus roncos
aleluyas, tu elocuente
Voz de un varón,
mirada de atalaya;
Manos de luz
borrando las fronteras,
Pies al sol en
jornadas tempraneras
O cuando el
Astro Rey se hunde y desmaya!
CENTENARIO
(Con motivo del
Primer Centenario de la obra evangélica en Guatemala)
Son cien años
de luz, de luz divina
Los que el
pueblo cristiano conmemora
Tras las
sombras, surgió una nueva aurora
Tras el
cansancio, el agua cristalina.
Ideal hijo de
un gesto visionario
Que vio surgir
la luz de un nuevo día;
En cada precursor
la antorcha ardía
Por difundir la
historia del calvario.
Gloria a Dios
por aquellos que lucharon
Por traer esa
luz y nos dejaron
Del evangelio
herencia sin igual.
Y Gloria a Dios
por nuestro siglo de oro
Porque es para
nosotros un tesoro
Dádiva fiel del
Padre Celestial.
ESCUINTLA
Fuiste princesa
india en tu infancia
Cuando las
flores eran tu embeleso
Y te dormían
con un tibio beso
Que te daban
con toda su fragancia.
Morena de ojos
verdes, por tus venas
Corría sangre
sin igual, valiente,
Y la mano del
Dios omnipotente
Te entregaba en
manojos cosas buenas.
Herida por los
blancos sucumbiste,
Con tus manos
en sangre, el rostro triste
Tu boca enmudeció
como el quetzal;
Y en tanto el
mar tus lágrimas bebía
La diáfana
visión de un nuevo día
Le dio a tu ser
un cantico triunfal.
II
Princesa de la
costa, casta, hermosa,
Con tu nombre
de niña, siempre pura,
Linda reina del
mar, en ti fulgura
La llama del
amor, la paz radiosa.
Fuente de
inspiración, en tus praderas
Se oye el rumor
de fuentes cantarinas,
Cuchicheos,
visión de golondrinas
Y un eterno
rumor en tus palmeras.
Eres canto de
amor, penumbra y sombra,
Luz para el
alma inquieta que te nombra,
Un remanso de
paz y bendición;
Corazón de una
tierra que en su flora
Lleva la
esbelta espiga que se dora
En efluvios de
luz con tu arrebol.
III
Si ayer en
traje de pipil, morena,
Rendiste a Dios
gratísima alabanza
Si hoy en tus
campos brota la esperanza
En mensaje de
caña y azucena.
Tu mañana será,
fulgor de estrella,
Eterno madrigal
para tus hijos,
Para el trabajo
sin cesar prolijos,
Para hacerte
feliz, más dulce y bella.
Serás la
inspiración del que te canta,
De este rico
girón el ara santa,
De aquellos que
en tu seno nacerán.
Serás la
Escuintla que soñó Bergaño.
Serás la
inmaculada flor de antaño,
La siempre
bella y lírica Ixcuintlán.
ESCRITA CON SANGRE
Vamos Délvin,
esta es la cartulina
Escrita por
Dios con sangre carmesí
Para la Santa
Cena donde Rina
Y Ruth con
Melqui estarán allí.
Por fe
contemplo Adolfo la gran fiesta
Que a su Esposa
dará el Señor Jesús
Entre notas
dulcísimas de orquesta
Y el blanco
iridiscente de la luz.
Escapa Byron,
Hur no tiene nada
Mas yo veo
bellísima alborada
Y una gloria
sublime en Canaán.
Así yo un día
con los ojos fijos
Tendré la dicha
de ver a mis hijos
Junto a Jesús,
Jacobo y Abraham.
PALENCIA
Luz y sombra,
canción y clorofila,
Cielo que
ensaya bellos madrigales
Sonetos de
ilusión en tus maizales
Con la suave
fragancia de la lila.
Canto a la
fronda gris que se deshila
Bajo la furia
de tus vendavales,
Canto a tus
florecidos arrabales
De donde baja
el pájaro a la pila.
Canto en
Palencia a la gentil floresta
Donde los niños
como en esta fiesta
Entonan himnos
suaves al Señor;
Canto a Jesús
que todo lo ilumina
En el Colegio
América Latina
Que proclama la
gracia de su amor.
AMERICA LATINA
Salve Instituto
AMERICA LATINA
Roble inhiesto
que al paso de la brisa
Das al mundo la
savia que eterniza
Y trae al mundo
la verdad divina.
Ante Jesús mi
corazón se inclina
Pues él te vio
nacer, y ya árbol grande
La savia del saber
en ti se expande
Como la dulce
fuente cantarina.
Me hice maestro
en ti, siervo y obrero
De la Jerusalén
que se edifica
Un humilde y
sencillo misionero;
Como esa
juventud, simiente rica,
Que en ti se
educa en el amor primero
Y que en visión
de fe se multiplica.
INVITACION
(poema a Blanca
Eva)
Al Cristo que
yo adoro dulce Amada
Acércate
también para que un día
Juntos crucemos
la esplendente vía
Te diga ven,
levántate y anda.
Quizá a la
sombra de la gloria de una jacaranda
Escucharas la
suave melodía,
Al Cristo de la
gloria que a fe mía
Obedecer a Dios
al hombre manda.
Tu que en la
tierra diste a mi alma
Con tu voz
reposada dulce calma
Inspiración
para cantar al niño;
Tu que en las
horas de dolor tu aliento
Puso en mi alma
el oloroso ungüento
Y la miel del
panal de tu cariño.
IXTAPAN DE LA SAL
Ixtapan de la
Sal, México canta
Con voz de
alondra y sol que coquea;
Con la brisa
que corre y semblantea
Tu verde azul
florido y que levanta.
El corazón que
sube a la garganta
Para cantar
contigo en la llanura
En multiformes
trozos de hermosura
De roca y agua,
flor y enredadera.
Coatepec es
canción, llanura inmensa
Donde la espiga
escribe en verbos de oro:
Vida que corre
en diferentes rutas.
Ixtapan de la
Sal, la luz comienza
Surge el verso,
dignísimo tesoro,
Sobre el
aliento suave de tus grutas.
ANTE EL ALTAR
Para hablar de
tu llanto, Patria mía,
Necesito llegar
a tus altares,
Y percibir en
mi alma tus pesares
Que se vierten
en son de chirimía.
Sentir tu
soledad y tu quebranto
En el quetzal
que encarna tu tristeza,
Y en la augusta
y gentil naturaleza
Que revela el
viacrucis de tu llanto.
Extasiarme en
la gloria de tu escudo,
Ver tu pájaro
hermoso, pero mudo
De pie
escuchando música de tun;
Libre sobre el
augusto pergamino
Que en letras
de oro delineó el camino
Abierto al
mundo en sangre de Tecún.
ELEGIA DE LAS LÁGRIMAS
Llora el cielo
con gotas invisibles
Llevando su
mensaje a las corolas;
Y llora el
fiero mar con llanto de olas
Su gran dolor
con frases indecibles.
Llora el rosal,
los bellos manantiales
Que brotan del
dolor de la montaña;
Llora el bosque
sombrío que se baña
Con el llanto
de lluvias nocturnales.
Llora al nacer
y cuando muere,
Por el dolor
inmenso que lo hiere
Y llora en su
latir el corazón.
Como llora
también la Patria mía
Esperando la
luz de un día,
Que torne en
paz su extraña confusión.
HE AQUÍ UN POETA QUE CANTA A DIOS
Palabras del
periodista y escritor Rafael Escobar Argüello
En los 73
sonetos que anidan en las páginas de este libro, no hay otra cosa que poesía,
eso es armonía, inspiración, versos que expresan amor, devoción, fe, sencillez
y humildad.
Délfido Barrera
Navas, poeta cristiano por excelencia, realizo una magnífica labor literaria al
escribir estos sonetos agrupados bajo el título de PERFUMEDE LIRIO, nombre de
la película que narra la historia de su vida.
Quien ha incursionado por los azarosos caminos de la rima, sabe que,
especialmente el soneto, tiene una estructura difícil de lograr en la brevedad
de sus catorce versos y que se necesita inspiración para rimar bellamente
palabras que expresen cabalmente su concepto.
Pero tal como
lo revelan elocuentemente las páginas de este libro, parece que para Délfido
Barrera Navas, la poesía, por difícil que sea, es solo un ejercicio espiritual
que él puede brindarnos a manos llenas, mientras crea metáforas que nos
comunican la profundidad de su pensamiento en el anhelo supremo de ser siempre
luz y sal de la tierra.
En el pórtico
del libro, el lector hallara tres poemas a las personas de la Trinidad: Padre, Hijo
y Espíritu Santo, que son un tríptico de alabanza, en la que el poeta, estando
ante la magnificencia del Altísimo, expresa su extraordinaria humildad:
“Mas nada soy y
tu grandeza es tanta/ que cubre eterna el universo todo, / como una sombra portentosa
y santa.
Y dice al Hijo:
/ “Tú que llevaste a mi alma entristecida una nueva canción y la tibieza del
rico aceite que sanó mi herida.”
Y finalmente al
Espíritu Santo: / “Oh, Gran Consolador, persona amada, / presente en todas las
dispensaciones, / en el Nadir y en las constelaciones/ y en la obra de Cristo,
consumada.”
Como en épocas
remotas, en las que solo Dios y los personajes bíblicos eran quienes daban
inspiración a poetas, músicos y pintores, así hoy, a las puertas del siglo XXI,
Délfido Barrera Navas, canta de nuevo en este libro, casi con exclusividad, a
Dios, ignorando el amor mundano, los problemas sociales, los ideales políticos
y a cuantas musas han acaparado la inspiración de los poetas modernos, no
porque desconozca o quiera ignorar cuanto es parte del diario acontecer sino
porque en esta época de su vida, en la que nevado en sus sienes y hay en su
camino una alfombra de hojas otoñales, vale la pena regresar al primigenio
objeto de la inspiración poética, en pos del amor, misericordia, sabiduría,
como buscando primeramente el Reino de Dios.
Estoy seguro
que quien lea este libro podrá disfrutarlo plenamente, en toda su hondura y
dimensión poética.