viernes, 17 de julio de 2015

NOTA DEL AUTOR: Esta pequeña obra está dedicada a la juventud americana de habla hispana y a los hombres y mujeres de todas las edades, a quienes Dios ha llamado a ejercer un liderato espiritual dinámico a favor de la causa de Cristo. LA FORMACION DE UN DESAFIADOR está basada en una brillante exposición sobre el tema del psicólogo y pastor hebreo Costa Dier, en ocasión de un seminario realizado en la Escuela del Ministerio “Morris Cerullo” de San Diego California, Estados Unidos. Notas dispersas de dicho seminario que fueron guardados como un tesoro por la delegación guatemalteca, nos alentaron a escribir este librito, teniendo como única fuente bibliográfica la Santa Biblia y aquellas ideas valiosas de Costa Dier. Estamos seguros que todo aquel que lea este modesto aporte a la literatura evangélica encontrará una fuente de inspiración y una motivación permanente para realizar una obra exitosa y fecunda en el círculo de la misión que ha recibido de parte de Dios. Guatemala, diciembre de 1979.

DELFIDO BARRERA NAVAS
LA FORMACION DE UN DESAFIADOR

CONTENIDO
Nota del autor

CAPITULO I
La semblanza de un desafiador
CAPITULO II
SOMETIMIENTO A LA VOLUNTAD DE DIOS
Una vida espiritual inclaudicable
Un nivel mental equilibrado
Una vida física equilibrada para el hombre integral
Limpieza absoluta en las finanzas
Una vida social transparente como el cristal
Control emocional
Una vida sexual limpia

CAPITULO II
CARACTERISTICA DE UN DESAFIADOR
Tiene una unción rica
Tiene denuedo como un león
Ejerce fe en la capacidad de Dios
Se mueve por el Espíritu Santo y es sensible a Dios
Tiene un sentido claro de dirección
Es maduro en entendimiento de lo que Dios está haciendo
Tiene balanceado el juicio
Tiene convicciones profundas
Es bueno en discernir más allá de lo natural
Está poseído de una determinación santa
Es un revolucionario por naturaleza
Es rebelde contra todo lo que ata a la gente
Es un restaurador
Habla siempre la palabra de Dios
Tiene originalidad
Vive en reposo
Tiene el ministerio del enfrentamiento
Es un hombre de autoridad
Es un hombre que conoce la seriedad de su responsabilidad
Está totalmente poseído por Dios
Está siempre en la ofensiva
Lleva la carga del Señor
Es hombre de visión
Es un termostato
No teme a las cosas difíciles
Se mueve en el flujo profético

CAPITULO IV

LA FORMACION DE UN DESAFIADOR
Una mente ferviente
Oración ferviente
Amor ferviente
Servicio ferviente
Cuando se pierde el camino
La mayor preocupación de Dios

CAPITULO I

LA SEMBLANZA DE UN DESAFIADOR

“y haré temblar a todas las naciones y vendrá el Deseado… y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los Ejércitos”. (Hageo 2:7)

Un desafiador es un líder de fuego, un soldado de Jesucristo equipado para hacer frente a las circunstancias en un mundo rodeado de odio y de violencia y que como lo hizo David frente a Goliat, se enfrenta al enemigo con entereza y valor celestial y lo vence.
Es un hombre que acepta el desafío frente a las fuerzas del mal y que si es posible, ata un manojo de cuerdas, trastorna  la mesa de los cambiadores de la doctrina celestial; expulsa a las fuerzas demoníacas en el nombre de Jesús, con un grito divino que hace vibrar los quiciales de los templos, para exclamar: “Mi casa, casa de oración será llamada y vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”¡
Lleno de celo celestial, sabe que ha sido “puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes … sus príncipes, sus sacerdotes y el pueblo de la tierra”.
Hace suyo el lema de Jeremías: “y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová para librarte”.  (Jeremías 1:18-19)
Enfrenta todo lo que es contra Dios y exclama sobre la grieta gris de los peñascos: ¡“Generación de víboras¡ ¿Quién os ha enseñado a huir de la ira que vendrá”’ … “Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego” (Mateo 3:7-10).
En una sociedad conformista, donde la moderna teología pone en tela de duda las verdades irrefutables de la palabra eterna, se levanta para exaltar la gloria, el poder y la firmeza de esa palabra que salió de la mente de Dios; la vive, la practica y la proclama.
Un desafiador se pone junto a Dios; vive en reto abierto frente a un mundo que grita que Dios ha muerto; levanta en alto la vara de su poder; señala con optimismo un futuro glorioso para los vencedores y se convierte en un heraldo de fuego para advertir los juicios que vendrán sobre la Tierra.
Su marcha es segura y nunca vuelve atrás.   Avanza con paso firme; mira con claridad el horizonte; lucha y muere en la defensa y confirmación del Evangelio y no claudica aunque la lucha sea fuerte y dura.
Un desafiador REPRESENTA A DIOS EN UNA SOCIEDAD INMUNDA.
Sabe el secreto del llamado; está seguro de su vocación celestial; traspasa los umbrales del Tabernáculo eterno; conoce la belleza de sus vestiduras sacerdotales; clama ardientemente por carbones encendidos tomados del altar para la purificación de su alma. Vive una vida santa.  Ama la santidad y está dispuesto en todo momento a representar a Dios con dignidad frente a una sociedad llena de inmundicia.
“¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los Ejércitos”. Exclamaba el desafiador de los días de Jotám, Acaz y Ezequías, en aquellos cuarenta años turbulentos y difíciles y “ay de mí” dice el desafiador de nuestros días, recibiendo el fuego que arde en tenazas eternas para la purificación del oro puro que demanda esta época sombría de la historia.
El líder que la juventud de hoy necesita, pelea legítimamente; con armas espirituales, poderosas en gloria; no para defender los intereses carnales del humanismo; sino para declarar el derecho de Dios a reinar hasta poner a todos sus enemigos por estrado de sus pies.
Da respuesta y convence en plena certidumbre de fe.  Tiene la verdad de Dios en el alma.  En cada palpitación del corazón hay una verdad para proclamar; un reto para perturbar al enemigo. Tiene en cada trecho revelaciones de fuego; fundamentos sublimes, palabras de vida eterna.
Tiene en los labios y en su vida las respuestas de un Daniel frente a una sociedad enfermiza.  Tiene un espíritu superior frente a los sátrapas de los nuevos imperios del pecado; lleva en su vida íntima el sello de la fidelidad y cuando las fuerzas del mal lo lanzan en los fosos donde las fieras diabólicas están prestas a devorar; baja los graderíos con serenidad increíble, y cuando los leones tocan sus vestiduras, se apartan silenciosas, enmudecen y se tornan apacibles como los corderos.
CAPITULO II
SOMETIMIENTO A LA VOLUNTAD DE DIOS
Un desafiador, es una persona que ha desarrollado a través de disciplina, un sometimiento a la voluntad de Dios, cuando menos en siete áreas:
1.    UNA VIDA ESPIRITUAL INCLAUDICABLE: el arca de Noé tenía tres pisos: piso de abajo para vivienda de los animales; piso de en medio para almacenar el alimento y piso de arriba con una ventana abierta hacia los cielos.  Abajo estaban los animales. Había una semblanza de la vida meramente animal.  Representa la vida carnal: satisfacción de apetitos; alimento de las pasiones que batallan contra el alma.  Tres verbos se conjugan allí: comer, masticar, y dormir.  Es el círculo del vientre que está arruinando a la sociedad actual.  “Comamos y bebamos que mañana moriremos”.

El tercer nivel del arca era el aposento hecho para meditación de un “pregonero de justicia”.  De un desafiador de fuego que proclamó durante ciento veinte años los juicios que vendrían sobre la tierra.  Allí había lugar para la oración, para la adoración y la alabanza.  La ventana habla de un diálogo permanente de un hombre que camina sobre las aguas como un “escondedero contra el viento”.  Este tercer nivel nos habla de una vida controlada por el Espíritu Santo.  “Digo, pues: andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”.  “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. (Gálatas 5:16-24).
El profeta Isaías nos habla de tres niveles de vida: “Porque los palacios quedarán desiertos, la multitud de la ciudad cesará; las torres y fortalezas se volverán cuevas para siempre  … hasta que sobre vosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque” (Isaías 3214-15).
Aquí surgen tres áreas de vida: el desierto está bajo juicio.  Allí hay espinas y cardos.  No hay vendimia y no hay cosecha.  Este desierto es un tipo de vida estéril, sin frutos, sin visión, sin propósito y sin vida.  El campo fértil es un lugar donde surge la esperanza porque allí reina la justicia divina.  Es símbolo de una vida que empieza a buscar a Dios.  Hay surcos, tierra abierta para el riego.  Más tarde brotarán las espigas y florecerán los almendros.  Hay sombra, frescura, manantiales, concierto de pájaros, riachuelos que sonrieron al sol.
Pero hay todavía un lugar más hermoso.  Es el bosque que lleva en sí el significado de una vida profunda; de una vida alta.  Aquí salta el profeta Habacuc: “El … hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”. (Habacuc:3:19).
Isaías concluye con estas verdades reveladoras: “Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia.  Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre.  Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo”. (Isaías 32:16-18).
Un desafiador vive una vida espiritual alta.  Sabe la belleza de la buena voluntad cuando el hombre se vuelve de su mal camino y comienza a caminar en la senda del primer amor.  Pero conoce también la dulzura de la voluntad agradable y llena su alma de la fragancia de la vida de Dios.  Pero no se queda aquí: camina y camina, en sendas de perfección hasta alcanzar la voluntad perfecta. “Y la paz de Dios  que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).
Un desafiador vive, anda y proclama la vida controlada por el Espíritu Santo.  Sabe que “no es con ejército ni con fuerza, sino con mi Espíritu”.
2.    UN NIVEL MENTAL EQUILIBRADO: un desafiador ha llegado a conquistar su alma porque sabe que “todo lugar que pisare la planta del pie será vuestro término”. No vive en dos mundos.  Ha muerto para Dios y exclama:  ¡”Y vivo no ya yo; más vive Cristo en mí”!

Si ha conquistado su alma tiene alguien que controla su voluntad.  No va a donde quiere.  Su mente está llena de Dios; fortalecida en la palabra; santificada en la alabanza perfecta; dirigida por una mano divina que orienta y perfecciona.

Piensa todo lo que es perfecto; todo lo que es honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre (Filipenses 4:8).

Ha hecho morir la vieja naturaleza.  Sus sentimientos son guardados en una esfera de equilibrio.  Sufre con paciencia; está lleno de benignidad; jamás hay envidia en sus caminos; no conoce las sendas oscuras de la jactancia que envanece.  Nunca hace nada indebido.  No busca lo suyo, sino el bienestar de los demás.  No se irrita aunque las espinas lastimen sus pies y se rasguen sus sandalias.

Yo fui un enfermo mental.  Mi mente estuvo mucho tiempo llena de huesos muertos.  Dios me libertó y en lugar de una vieja levadura que me llevaba a los antros oscuros de carne putrefacta; ahora llevo en mí ser la mente de Cristo para pensar en las cosas del Espíritu.  Salomón decía: “Porque cual es su pensamiento en su alma tal es él”.

Un desafiador ha sido renovado en el espíritu de su mente (Efesios 4:1-2, v. 17-23).  “Encomienda a Jehová sus obras, y sus pensamientos son afirmados” (Proverbios 16:3).

Sabe que “del corazón salen los malos pensamientos” y por eso su corazón es limpio como las aguas cristalinas de las fuentes.

Ha aprendido que el secreto de una mente limpia radica en la palabra de Dios, que llega a ser medicina para sus huesos.  Ella, la Palabra de vida, “alcanza a partir el alma, y aún el espíritu y las coyunturas y tuétanos, discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).  Comprende con claridad que “la intención de la carne o sea la MENTE CARNAL, ES ENEMISTAD CONTRA DIOS” (Romanos 8:7).

Un desafiador tiene conciencia plena de la tricotomía del hombre.  “Y el Dios de paz os santifique en todo, para que vuestro espíritu, alma y cuerpo sean guardados enteros sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1ª. Tesalonicenses 5:23).

Un desafiador, no sólo ha triunfado sobre su mente, sino que enciende su verbo de fuego para anunciar el equilibrio de una mente limpia y busca nuevos desafiadores para formar corrientes de pensamientos que exhorten al arrepentimiento; que anuncien su retorno a la verdad divina y que proclamen que “si  el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”.

3.    UNA VIDA FISICA EQUILIBRADA PARA EL HOMBRE INTEGRAL: Un desafiador es sano físicamente.  Tiene un cuerpo ágil.  Para ello, “sufre penalidades como buen soldado; milita sin enredarse en los negocios de la vida y trata siempre de agradar a aquel que lo tomó por soldado”.  Pone su cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable á Dios, que es vuestro racional culto; y no se conforma a este siglo con sus viandas humeantes; con sus banquetes llenos de colorido; más  “se transforma por la renovación de su entendimiento hasta experimentar cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.“ (Romanos 12:1-2).

Sabe perfectamente que “si alguno se limpia de estas cosas; será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (II Timoteo 2:21).

Un desafiador sabe que “todas las cosas nos son lícitas; pero no todas convienen”. Aprende el secreto del poder de aquel desafiador tosco, vestido de pieles y alimentado de langostas y miel silvestre que se llamó Juan el Bautista.

No vive para alimentar su vientre y sabe perfectamente que la debilidad de los líderes modernos es que viven para comer: en banqueteos, retiros llenos de viandas y nunca olvidan que el mundo de Noé era semejante al nuestro: comían, bebían, se casaban, rompían los vínculos matrimoniales y a medida que transcurrían los días se tornaban más impíos, disolutos, inmorales, corruptos de entendimiento y no entendieron hasta que “vino el diluvio y se los llevó a todos”.

El salmista hablaba sarcásticamente de aquellos “cuyos ojos saltan de gordura y logran con creces los antojos del corazón” (Salmo 73:7).

Un desafiador goza de salud integral: un cuerpo ágil, una mente sana, una voluntad controlada; emociones en equilibrio y una quietud espiritual imperturbable.

Un desafiador comprende con hondura espiritual que “las viandas (son) para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto el uno como a las otras destruirá Dios.  Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (I Corintios 6:13).

Un desafiador glorifica a Dios en su cuerpo y en su espíritu “los cuales son de Dios”. (I Corintios 6:20).

4.    LIMPIEZA ABSOLUTA EN LAS FINANZAS: un desafiador sabe que los que trabajan en el altar, deben vivir del altar y que “el obrero, es de su jornal”; pero no se embaraza en los negocios de la vida a fin de agrada a aquel que lo tomó por soldado.

“El amor al dinero es la raíz de todos los males” y ha echado a tierra multitud de ministerios.  A Dios le agradó que Salomón no demandara para él “riqueza”.  “Ciertamente como una sombra es el hombre; ciertamente en vano se afana; amontona riquezas, y no sabe quién la recogerá “   (Salmos 39:6).  Algunos cristianos han caído en el pecado de la usura y han comprobado que este ha sido para su propia ruina.

Un desafiador sabe que es mejor un bocado seco y en paz; que una casa espaciosa; pero llena  de víctimas.  Se goza en el camino de sus testimonios más que de toda riqueza (Salmo 119:14).  Profundiza en el hecho de que delante de Dios es de más estima el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro. (Proverbios 22:1).

Un líder de corazón de fuego controla sus gastos.  Como la hormiga guarda para el invierno y sabe que “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” (Santiago 1:17) y que “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia” 2ª. (Corintios 9:8).  Sabe como el salmista que “no he visto justo desamparado, ni su descendencia  que mendigue pan” (Salmo 37:25); pero nunca es amigo de “las torpes ganancias”.  Recibe con gratitud y alabanza; pero es un buen administrador del auténtico dueño de todas las cosas visibles e invisibles.  Puede predicar con libertad contra la usura y contra todo enriquecimiento indebido porque lo sabe, lo vive y lo practica “y pone su mirada en las cosas de arriba y no en las de la tierra”.  Hace tesoros en los cielos y se alista en las filas de los dadores alegres.

5.    UNA VIDA SOCIAL TRANSPARENTE COMO EL CRISTAL: Un desafiador nunca es una isla.  Tiene amigos y compañeros; pero conoce los linderos entre los que hacen iniquidad y los que profesan la verdad con corazón verdadero.  Sabe dónde están los que “no anduvo en consejo de malos, ni  están en camino de pecadores; ni se han sentado en silla de escarnecedores se ha sentado; antes en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”.  Sabe lo que es paja y lo que es trigo.  Lo que es espiga y lo que es cizaña.  Lo que es fruto en espigas y en mazorcas y lo que es tamo que arrebata el viento.

Nunca se une en yugo desigual con los infieles.  Sabe que es luz del mundo y que debe brillar, en medio de una generación adúltera y perversa que no conoce a Dios.  No ama al mundo ni las cosas  que están en el mundo.
Conoce el alfa y omega del verdadero compañerismo: “éstos están en el mundo …  pero no son del mundo”.  Sabe letra por letra el misterio de la luz: “El que me sigue no andará en tinieblas, más tendrá la luz de la vida”.

6.    CONTROL EMOCIONAL: Un desafiador tiene una vida serena y pacífica.  Su vida es controlada por el Espíritu Santo.  No vive de sus emociones.  Vive de sus convicciones.  Pero esto tampoco se da en el vacío.  Tiene un punto fijo para su fe: la Palabra.  Tiene el carácter de Cristo.  Ama profundamente.  Ama sin fronteras denominacionales.  Tiene como testimonio de su seguridad el Espíritu Santo.  Se mueve sobre una base legal: la sangre de Cristo, quien “con una sola ofrenda hizo perfectos a los santificados”.  Como árbol se mueven sus hojas; pero no sus raíces.  Puede ser derribado, pero no destruido.  Puede estar en apuros; pero no desesperado.  No lo inquieta ni la misma muerte y en las más terribles pruebas dice como Pablo: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”.  Muere como Esteban, bajo una lluvia de piedras, pero viendo “el cielo abierto y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios”.

Un líder que desafía a los líderes mercenarios que pelean contra el ejército de Dios es poseedor de un perfecto equilibrio emocional.  Tiene una sonrisa clara.  Una mente limpia.  No mira a las circunstancias.  Se mueve en el poder de Dios.  No vive una religión del alma, ni sigue las huellas de los sentidos.  Su mente está ejercitada para comprender la palabra de revelación y sabiduría.  No lo turban las olas embravecidas.  Les ordena guardar silencio en el nombre de Jesús.  No lo amedrentan las huestes del Faraón; ni sus carros de fuego; ni siquiera las inmensas olas del Mar Rojo: extiende la vara de la Palabra eterna y divide los mares.  Lleva en el alma la bienaventuranza de los mansos; posee la tierra y vence al enemigo.  Goza de paz.  No se afana por las cenizas del pasado; goza las victorias del presente y sonríe siempre al porvenir.  Sabe esperar, confía en Dios y se goza de sus bendiciones.

7.    UNA VIDA SEXUAL LIMPIA: El sexo fue inventado por Dios. Es bastante fuerte para abarcar el mundo, y bastante durable para permanecer hasta el fin.  Es limpio y puro.  Dios ha dado un maravilloso fruto al éxtasis sexual, pues en la unión física y espiritual de cuerpo a cuerpo y corazón a corazón está escondido el misterio del nacimiento de un hijo.  El acto conyugal es una relación hermosa e íntima.  El sexo satisface un instinto, otorga plenitud de vida, intensifica el amor, proporciona experiencias de indescriptible felicidad.

Pero un desafiador sabe que un perfecto equilibrio en estas relaciones es agradable en los ojos de Dios y asegura un exitoso ministerio.  Nunca olvida el drama de un pueblo: “Mi pueblo fue talado, porque le faltó sabiduría”.  Tiene siempre presente la advertencia del sabio proverbio: “No des a las mujeres tu fuerza”.

Jamás cede a las relaciones prematrimoniales.  Sabe presentar su cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable al Señor.  Es templado, honesto, recto, equilibrado y resiste al Diablo con toda autoridad cuando éste le ofrece manjares ilícitos.

Frente a cualquier tentación tiene metidas en el alma las palabras de José en Egipto: “¿Cómo pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”

Sabe que “no nos ha dado Dios espíritu de temor, sino el de fortaleza de amor y de templanza”.

Sabe finalmente que los abusos sexuales, sus excesos, una falta de control en esa área tan sublime, pero tan delicada; reduce el poder, debilita la voluntad, apareja un sentido de culpa que enturbia el ministerio, oscurece la senda y frena el desarrollo y crecimiento de una vida llamada ungida y santificada para toda buena obra.

Un desafiador tiene una prioridad inclaudicable: Primero Cristo y su obra.  Toma su cruz y le sigue.  Crucifica su carne, conquista su alma y habita en recreos de reposos, en calzadas de paz, en sendas de justicia por amor de su nombre y jamás pisa senderos de oscuridad.  Jamás retrocede y siempre triunfa.  ¡ALELUYA!

Un desafiador ATEMORIZA al enemigo y edifica al pueblo de Dios para obtener el oro de Dios.  Cuanto más grande es el llamamiento, tanto más grande es el precio que paga a los pies de su Señor y Salvador.  Dios conquista las naciones a través de vasos limpios.  A través de una entrega a su servicio, a su reino y a su reinado.

El destino de nuestros pueblos en esta hora crucial está en las manos de aquellos que reinan en los lugares celestiales con Cristo Jesús.  Un cobarde teme enfrentarse a sí mismo; a las verdades y a los problemas.  Tiene temor de enfrentamiento al Diablo a las circunstancias y a otras personas.

CAPITULO III

CARACTERISTICAS DE UN DESAFIADOR

1.    Tiene una unción rica: Un desafiador está lleno del Espíritu Santo.  Su cabeza está ungida con aceite y su copa está rebosando.  Tiene fuego en el alma.  En su ser, corren ríos de agua viva.  Conoció a Cristo y siguió la senda de los justos “que va en aumento hasta que el día es perfecto”.  Vio correr aguas en el umbral de su templo.  Después la vio llegar “hasta sus tobillos”.  Esperó, y vio subir las aguas “hasta sus rodillas”.  Abrió los brazos sobre las aguas cristalinas del río viéndolas correr “hasta los lomos”.  Enseguida, contempló estupefacto que las aguas habían crecido de tal manera “que no se podía pasar, sino a nado”.  Vio “junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecer toda clase de árboles frutales, cuyas hojas nunca caen, ni falta fruto”  (paráfrasis Ezequiel  47: 3-12).

Tiene unción rica sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.

Escuchó un día la voz que dijo “levántate, ciñe tus lomos, y háblales todo lo que te mande; no temas delante de ellos … porque he aquí que yo te he puesto como ciudad fortificada, como columna de hierro y como muro de bronce”.  Jer. 1:17-19 Su unción atemoriza al enemigo.  Liberta al pueblo de Dios.  Sabe que “su lucha no es contra carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” . (Efesios 6:12). Toma toda la armadura de Dios, para resistir en el día malo y siempre está firme como soldado.

2.    Tiene denuedo como un león:

Denuedo es intrepidez para enfrentarse al adversario; brío para correr y dividir los mares de la incomprensión; coraje para enfrentarse a la batalla y derribar los muros que se oponen a la marcha del Evangelio; valor para avanzar y conquistar la tierra; osadía para conocer las armas tácticas del adversario, identificarlas y vencerlas; valor para soportar las pruebas y las más viles tentaciones; arrojo para desafiar a los gigantes que batallan contra el alma y ardimiento para marchar al combate con la garantía de una victoria segura.

Grita como un león: Señor, “sobre la atalaya estoy yo continuamente de día y paso las noches enteras sobre mi guarda” (Isaías 21:8).

El desafiador denuncia los pecados del pueblo, cueste lo que cueste, pues sabe que “si el león ruge, ¿quién no temerá?  Y si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará? “ (Amós 3:8).

3.    Ejerce fe en la capacidad de Dios: Oye la voz de Cristo ordenando la muerte de la higuera; pero no se extraña si el árbol no marchita sus hojas inmediatamente.  Espera con un punto fijo para su fe:  La Palabra.  Espera y proclama victoria.

Tiene la fe que mueve las montañas.  Aquella que abre los ríos.  Una fe que se desplaza sobre el fundamento inconmovible de la obediencia.

No confía en su verbo multicolor frente a las multitudes.  Espera.  Aguarda como el que sabe que el bien prometido es cierto; pero que para llegar a Canaán es necesario atravesar el Mar Rojo y el desierto.

Con la fe de Abel ofrece a Dios excelentes sacrificios de adoración y limpia.  Con la fe de Enoc muere para vivir en celestiales dimensiones.  Con la fe de Noé, espera.  Con la de Abraham deja Ur y camina sin saber a dónde ir.  Desmantela sus tiendas y avanza, esperanza contra esperanza.  Con la misma fe ofrece lo más querido y está dispuesto a sacrificarlo por amor de Cristo.  Con la fe de Moisés rehúsa las comodidades temporales de pecado y está dispuesto  a guiar al pueblo de Dios por el desierto.  Acepta el vituperio de Cristo, antes que poseer los tesoros de los egipcios.

4.    Se mueve por el Espíritu Santo y es sensible a Dios: No va a donde quiere ir.  Va a donde Dios quiere.  Sigue la ruta marcada por el Espíritu Santo.  Se deja guiar por sendas de justicia por amor de su nombre.

Oye siempre la voz del Pastor.  Conoce sus aguas de reposo.  Se mueve en el poder del Espíritu Santo y es siempre sensible a la voz de sus preceptos.

Cuando camina sobre las aguas confía en la sabia dirección de su piloto.  Navega en aguas profundas, sabe sus secretos; baja a las profundidades del Océano de Gracia y coge perlas de gran precio.

Un desafiador no camina solo.  Tiene la decisión de Ruth: “No me ruegues que te deje y me aparte de ti”.  Tiene la convicción de Eliseo.  No teme ir a Gilgal.  Va con gusto a Bethel; cruza el Jordán y sabe muy bien, que cueste lo que cueste, caerán un día los muros de Jericó.

Sabe de dónde viene y a donde va.  Tiene norte y guía; meta y sendero; camino y trono y saber que “aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno” y que “en la casa de Jehová, morará por largos días”.

5.    Tiene un sentido claro de dirección: Sabe que hay un mar de Galilea para marchar sobre las olas y un Jerusalén para morir.  Una tumba para descansar en esperanza y un instante para levantarse de los muertos; una ascensión para reinar en lugares celestiales y un Cristo que “estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Tiene un claro sentido de la gran comisión.  Sabe que el que gana almas es sabio.  Busca a los pecadores, los conduce a Cristo.  Ama a las almas, agoniza por ellas en el rincón de la oración intercesora y conoce perfectamente el camino que conduce a la victoria.

6.    Es maduro en entendimiento de lo que Dios está haciendo: No actúa por emoción, sino por convicción.  Tiene firmes fundamentos.  Ha recorrido la ruta de la perfección y conoce el ordenamiento divino del Reino de Dios.

Ha alcanzado niveles deseables de perfección espiritual.  Tiene la osadía y determinación de Jacob: “No te soltaré, hasta que no me bendigas”.

Pregunta por las sendas antiguas y anda por ellas.  Conoce la ruta de la luz celestial.

Enmudece y se turba frente a las incomprensibles decisiones de Dios; pero las sigue, las abraza como a su propia vida. No comprende por qué a veces el diente del dolor rasga las profundidades de nuestro ser; pero sufre con paciencia hasta que nazca un nuevo día que hará nuevas todas las cosas.  Exclama como Pablo: ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios¡  ¡Cuán insondables son tus juicios, e inescrutables tus caminos¡ (Romanos 11:33).

7.    No cae en extremismos.  Busca siempre la senda de la perfección.  Nunca va a una derecha que culmine en herejía; ni a una izquierda de dudosa procedencia.

Conoce el secreto de un ministerio fecundo y respaldado por Dios.  Busca la fuente del poder y se nutre de la savia viva del Espíritu Santo.  Se mueve en la gloria de los dones; pero sabe que no hay poder sin autoridad y que ésta solo se obtiene mediante un llamamiento divino al ministerio.  Conoce la esencia del proceso de perfección.  Busca tener siempre el carácter de Cristo.  Para él hay en el evangelio un estilo de vida sobrenatural y una vida abundante y no una mera religión ritualista y vacía.

Ama, y ese amor crea en todo su ser un equilibrio que lo hace estar centrado en Cristo, en sus enseñanzas, en sus promesas y en su presencia permanente.

8.    Tiene convicciones profundas: Un desafiador no es llevado “por todo viento de doctrina”.  Ha sido edificado sobre la roca.  Ha cavado hondo y hay en sus estructuras buenos cimientos, fuertes columnas.

Habla con autoridad y con seguridad, porque su punto de apoyo es la palabra de verdad.  La lee, la escudriña, la practíca y la vive. Es “como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae y todo lo que hace prosperará”. (Salmo 1:3)

No pesca en las orillas.  Tira la red en aguas profundas y coge peces en abundancia.

La fortaleza de su convicción descansa en los cimientos y la estructura de su habitación.  Cuando es débil, entonces es poderoso. No retrocede.  No para hasta llegar al Horeb de sus convicciones, porque que allí está Dios.  Porque sabe que en la cumbre está la presencia de Dios que levanta; que fortalece y que reanima.

No vuelve atrás nunca. No mira nunca a Egipto.  Levanta sus ojos hacia Canaán.  Está convencido de que aunque se muevan los montes y fracasen las estructuras humanas; aunque desaparezcan las islas y los montes se derritan, confía en Dios hasta las últimas circunstancias.

9.    Es bueno en discernir más allá de lo natural: No se mueve en la esfera de lo terreno, de lo movedizo, de todo aquello que es vulnerable.  Tiene sus sentidos ejercitados para discernir cuál sea la anchura, la longura, la profundidad y la altura que excede a todo conocimiento humano.  Prueba a los espíritus si son de Dios.  Denuncia a los falsos profetas porque conoce sus maquinaciones, como un poderoso contendor.

Conoce el vértice de los dos caminos y de los dos reinos.  Desea ardientemente conocer más de Dios y al mismo tiempo las armas tácticas y estratégicas del enemigo.  Está conciente que no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra potestades y que estas potestades fueron exhibidas en público al morir Jesús en la cruz del calvario.  Sabe que Satanás es un enemigo vencido.  Que viene para hurtar, para matar y para destruir; pero que Cristo vino para que tengamos vida, y para que la tengamos en abundancia. (Juan 10:10).  Sabe perfectamente el origen del pecado y sus consecuencias.  El génesis de la caída y el Éxodo de la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

10.  Está poseído de una determinación santa: En estos días de crisis Dios está urgido de hombres determinados. De varones definidos, de personas dispuestas a marchar como soldados; de ir al campo de batalla para enfrentar a un enemigo duro; contra un adversario implacable: en sendas tortuosas, en caminos ásperos, en bosques impenetrables.  Pero sabe que nadie puede detener la marcha de un hombre que confía en Dios; que guarda su palabra; que vive una vida santa y que no tiene de qué avergonzarse.

Un desafiador se ha impuesto una tarea: vencer.  Ha escogido un camino limpio: el camino de la victoria.  Una senda luminosa: la perfección de los santos.

Sabe que el mundo está lleno de ingratitudes.  Camina como un peregrino del mundo.  Vigila como un atalaya desde una torre muy alta.  No claudica jamás ante la adversidad; no retrocede ante la amenaza, desprecia los oropeles del mundo y va siempre hacia adelante, “dejando ciertamente lo que queda atrás, puestos los ojos en el autor y consumador de la fe”.  Se propone triunfar y triunfa.

11.  Es un revolucionario por naturaleza: Está siempre dominado por la idea del                                      cambio. No se atormenta por el pasado.  No edifica sobre sus fracasos; no se levanta sobre ruinas.  Busca fundamentos sólidos para su fe.

Sabe que el evangelio hace nuevas todas las cosas.  Proclama una transformación radical de alma y espíritu.  Es inconforme con lo que es: quiere más de Dios, de su Palabra, de una vida fructífera, de una vida abundante.  Alza su voz en cuello para llamar con ardor al arrepentimiento, a un cambio de mente.  Tiene la sencillez del creyente de la iglesia primitiva; huye de la suntuosidad, de la brillantez, de lo pasajero, de la falsa alabanza, del autoelogio.  Su voz es optimista: Con todo, yo siempre estuve contigo: Trabaste de mi mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. (Salmo 73:24).

No se conforma con los rudimentos.  Ama lo grande, lo sublime y lo profundo de Dios.  Va siempre hacia la perfección.  No le basta hablar de Jesús, quiere conocerle, “y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en su muerte”. (Filipenses 3:10).

12.  Es rebelde contra todo lo que ata a la gente: Está siempre en contra de sistemas inmundos.  No transa con el enemigo.  No acepta hacer sacrificios en Egipto y proclama: “Camino de tres días iremos por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, como Él nos dirá”. (Éxodo 8.27).

Un desafiador está contra todo lo que ata a la gente: sus costumbres mundanas, sus prácticas de idolatría; las opresiones satánicas, las ataduras diabólicas, el pecado disfrazado con máscaras de moralidad.  Rechaza toda apariencia de piedad, toda expresión de hipocresía.  Sabe distinguir entre lo santo y lo profano.  Conoce las maquinaciones del enemigo, intuye sus trampas, desbarata escondrijos de vergüenza, no acepta credos humanos, ni las recetas baratas de la ciencia, ni de la filosofía materialista y atea.  Es un rebelde divino, un solitario vencedor.  Ama la libertad “con que Cristo nos hizo libres, y no vuelve a caer en yugo de servidumbre” (Gálatas 5:1).

13.  Es un restaurador: Es un restaurador de la presencia divina, en el hogar, en la iglesia, en la sociedad.

Proclama la restauración de la familia: el deber de los esposos, el mensaje silencioso de las esposas predicando siempre con la virtud del silencio en el “incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”. (1a. Pedro 3:4).

Tiene énfasis sonoros para la restauración del amor de los hijos hacia los padres y de los padres hacia los hijos.  Proclama siempre un retorno al primer amor.  Tiene a la mano modelos de santidad.  Desafía las fuerzas oscuras y proclama la restauración de la justicia, de la equidad; y denuncia la venta de la justicia, la usura, el soborno y el testigo falso que habla mentiras.

Es un auténtico restaurador de los principios divinos.  Es hombre de principios.  En la actualidad nos gobiernan hombres son sed de poder y de riqueza,  Los educadores han perdido la esencia de los principios divinos y la gran mayoría nunca los ha conocido.  Los maestros edifican altares de moralidad sobre bases falsas.

El hombre vive al margen de la autoridad divina, del orden establecido por Dios para el hogar, para los esposos, para los padres, para los siervos, para los amos.  El Desafiador, proclama estas verdades sin importar el precio.  Vive para agradar a Dios.

14.  Habla siempre la palabra de Dios: Un desafiador no basa sus mensajes sobre principios humanos, ni sobre moldes morales de dudosa procedencia.  No imita a los hombres, imita a Cristo.  Tiene un mensaje para cada ocasión.  Es sensible a las necesidades de la gente y va a ella con la palabra de Dios en las manos, con el fuego de la palabra en los labios; con el verbo del Evangelio en las entrañas; con la unción de la palabra revelada en el alma.  Nunca cae en herejía porque tiene la Palabra de Dios como tesoro; como norma de vida, como prioridad en todas las circunstancias de la vida.  No contemporiza con la teología acomodaticia, ni con los modernos rudimentos con que los hombres sin principios quieren dirigir a la juventud.

Acomoda lo espiritual a lo espiritual.  Nunca amolda la verdad de la palabra eterna a los deseos humanos, ni a las circunstancias del mundo movedizo.  Habla con fuego en las manos, con pasión en el alma, con llamas en los pies, con claveles en el pecho y su verbo ungido con la gloria de la palabra ve desvanecerse las dudas; lleva libertad al cautivo; y esta palabra viva, que arde como la zarza del Horeb, cambia las vidas, purifica las almas,  santifica los altares.  Es la espada de dos filos, que alcanza a partir el alma y aún el espíritu.  Hace que los hombres digan: “He oído tu palabra y temí” (Habacuc 3:2).  Dice como el salmista “No quites de mi boca en ningún momento la palabra de verdad” (Salmos 119:43).  “La exposición de tus palabras imparte luz” (Salmo 119:130). “La mentira aborrezco y abomino; tu ley amo.  Siete veces al día te alabo a causa de tus justos juicios.  Mucha paz tienen los que aman tu ley¡ (Salmo 119:163-165).

15.  Tiene originalidad: No copia a nadie. Copia a Dios, imita lo bueno.  No importa.  Exporta, va, lleva, consigue, busca, camina.  Es un buzo divino.  Busca las cosas profundas de Dios, sus grandes obras, sus eternos prodigios, sus gloriosas manifestaciones.

Es creador por excelencia.  Busca lo mejor para la juventud.  No cae en moldes rígidos.  Guiado por Dios, inventa caminos fáciles para llegar a la verdad; métodos vírgenes para alcanzar la prosperidad espiritual de la juventud.

16.  Vive en reposo: Sus largas horas prevaleciendo con Dios a través de la oración, el ayuno, la meditación lo hacen ser reposado y sereno.  Tiene paz en el alma.  Es tranquilo como el agua mansa.  Sabe que hay un reposo para el pueblo de Dios y lo vive, lo practica, lo proclama.

No se exalta ni se conmueve fácilmente.  No se intranquiliza a causa de los malvados, ni se turba a causa de la violencia.  Está atento a la marcha profética de las horas y sabe que toda esta crisis, toda esta violencia, toda esta desintegración social, culminará con el retorno de Cristo y con las escenas inenarrables del encuentro con Jesús en el aire.  Se goza en la esperanza; sufre con paciencia en la tribulación y es constante en la oración ungida con lágrimas en una esfera de franca intercesión.

17.  Tiene el ministerio del enfrentamiento: Se pone frente al mal y triunfa.
Se enfrenta a todo: a la confusión y a la mentira; a lo aparente y a lo desnudo.  A lo que es y a lo que no es. Su enfrentamiento a las circunstancias es hecho a niveles de un ministerio inclaudicable y santo.

Se enfrenta al odio con humildad.  A la impaciencia con serenidad, a la pobreza espiritual con las riquezas inescrutables de Cristo.  Da amor donde hay rencor; paz donde hay aflicción, alegría donde hay tristeza, consejo donde hay duda, sabiduría donde hay confusión, santidad donde hay inmundicia, autoridad donde hay anarquía; orden divino donde hay desorden.  Es firme en su fe, estable en su caminar.  Es irresistible, sólido.  Está parado sobre una Roca: Roca escogida, preciosa y de esquina.

18.  Es un hombre de autoridad: sabe que el trono de Dios se fundamenta en la autoridad.  Que todas las cosas son creadas por la autoridad de Dios y todas las leyes físicas del universo se mantienen por esta misma autoridad.  Que Dios sustenta todas las cosas con la palabra de su poder y que el querubín se convirtió en Satanás cuando sobrepasó la autoridad de Dios, compitiendo con él y volviéndose de ese modo un adversario suyo.  El Diablo se mueve sobre un principio infernal: la desobediencia.  Cristo aprendió la obediencia y conquistó la gloria.  Sabe que la mayor de las exigencias que Dios impone al hombre no consiste en que lleve la cruz, sirva, de ofrendas o se niegue a sí mismo.  La mayor exigencia es la obediencia.  La base de toda autoridad es la obediencia.  Cristo triunfó, porque su regla de oro fue: “Pero no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lucas 22:42).  Lo absoluto es la voluntad de Dios.  Sabe que para entender la autoridad de Dios es necesaria una revelación.  La obediencia a la autoridad divina es la llave infalible para un desafiador divino.

Adán y Eva cayeron porque quebrantaron la autoridad de Dios.  Toda obra debe de hacerse en obediencia. La primera lección de un obrero cristiano es la obediencia.  El alma de la restauración es la obediencia.  La rebelión de Cam fue falta de obediencia a la autoridad paternal (Génesis 9:22).  El fuego extraño ofrecido por Nadab y por Abiu fue una falta de obediencia a la autoridad establecida por Dios a través de Aarón.  La rebelión de Coré, Datán y Abirán fue una notoria falta de obediencia a una autoridad establecida.  Dios no puede tolerar la rebelión porque es el principio de la muerte. 14,700 personas murieron en la rebelión de Coré (Números 16:49).  Dios pudo soportar las murmuraciones; pero nunca que resistieran a su autoridad.

Un desafiador sabe que la obediencia es superior a la obra y sabe que la obediencia del Hijo delegada a los verdaderos profetas de nuestros días es la única alternativa para un mundo en llamas.

19.  Es un hombre que conoce la seriedad de su responsabilidad: El pecado no es una cosa liviana.  La santidad de Dios exige la muerte para el delincuente.  Los 20,000 bueyes sacrificados durante la inauguración del templo de Jerusalén no era un simple espectáculo.  Era la señal milenaria de que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados.

El ministerio de llevar la verdad a un mundo en rebelión es una tarea de mucha responsabilidad.  Los requisitos para los desafiadores de la iglesia primitiva eran: ser simplemente servidores de mesas, ser varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría.  Los requisitos para el obispado son extraordinariamente solemnes.  Deben de ser: “irreprensibles, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar, honestos, sin doblez, no codiciosos de ganancias deshonestas”.

Es un llamado sublime; pero delicado.  Un gran privilegio, pero un encargo divino del cual debemos de dar cuentas.

El desafiador debe estar consciente de esa responsabilidad.

20.  Está totalmente poseído por Dios: Es un Moisés caminando sin temer la ira del rey.  Es un Jeremías con la respuesta de Dios en los labios: ¿Hay palabra de Jehová? El profeta respondió simplemente: hay.

Pertenece a Dios y exclama: “Con Cristo estoy juntamente crucificado; y vivo no ya yo, más vive Cristo en mí”.

No escogimos nosotros a Dios.  Él nos escogió a nosotros para llevar fruto y para que el fruto permanezca.

21.  Está siempre en la ofensiva: El cristiano corriente vive llorando sus fracasos, tratando de descifrar sus dudas; tratando de ocultar sus temores.  Vive en la línea defensiva.  Vive amparado en rudimentos de la doctrina de Cristo. Es dependiente.  Recurre a cada instante a la imposición de manos, a la ayuda paternal.  Es niño.  Vive de la leche y no está capacitado para las viandas que se cocinan en los hornos del cielo.

Un desafiador está en la línea ofensiva: ataca, liberta en el nombre de Cristo.  Calla al enemigo, lo echa fuera, desbarata sus planes y avanza hacia la victoria.

22.  Lleva la carga del Señor: Un desafiador sabe que el yugo de Cristo es fácil y ligera su carga, pero la lleva hasta el fin.  Sabe que “irá andando y llorando el que lleva la preciosa simiente; más volverá a venir con regocijo trayendo sus gavillas”.  (Salmo 126:6).

Aprende de memoria la cartilla de sufrimiento del apóstol Pablo: “En trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces.  De los judíos cinco veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y desnudez; Y ADEMÁS DE OTRAS COSAS, LO QUE SOBRE MÍ SE AGOLPA CADA DÍA, LA PREOCUPACIÓN POR TODAS LAS IGLESIAS. (2da. Corintios 11:23-38).

Un desafiador lleva la carga del Señor con alegría.  Siente lo que siente Dios, siente el dolor de Dios  por el hombre.  Lleva en sus mejillas las lágrimas de Cristo.  Le duele el dolor de la prostituta, la agonía del drogadicto, la aparente sinceridad del rebelde, el infierno del homosexual, el calvario del alcohólico, la situación de la Iglesia, de los hermanos, de la juventud.

23.  Es hombre de visión: La tragedia de nuestros días es que se ha multiplicado la maldad; se han multiplicado los grupos religiosos; hay círculos carismáticos que danzan y ríen; pero hay una ausencia casi total de hombres que tengan la visión de Jeremías, de Isaías, de David, de Salomón, de Habacuc¡

No hay Nehemías que se sienten, que se levanten y lloren y hagan duelo por la afrenta del pueblo, por los muros derribados, por las puertas quemadas a fuego¡

Un desafiador llora y se lamenta, ayuna y ora; pero también se levanta para edificar los muros y aun para desafiar a Sambalat horonita y para decirle: “Vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni memoria en Jerusalén”.

Un desafiador tiene el ardor divino y la pasión celestial para ganar el mundo para Cristo.  Cree en la prioridad de la gran comisión.  Busca a los pecadores en las cárceles, en los hospitales, en los asilos, en los parques y en las calles.  Las naciones están pereciendo  por la ausencia de hombres que tengan la visión del apóstol Pablo.

No hay hombres que quieran ir a la Arabia de la meditación, para forjar un corazón ardiente, para luego ir de Jerusalén a Samaria, de Samaria a Judea y hasta lo último de la tierra.  Pablo no fue rebelde a la visión celestial.

El comunismo es una doctrina manejada por hombres de visión.  Han conquistado a media humanidad en solo ochenta años.  Nosotros hemos ganado un porcentaje ridículo para Cristo.  Los dineros de las misiones están siendo detenidos.  Los desafiadores de la Iglesia Primitiva ganaron el mundo conocido en sólo noventa años, porque no tenían tantas trabas religiosas para hacer la obra de Cristo.

Los hombres de nuestros días quieren hacer la obra de evangelismo con programas, con retiros de diversión, con estatutos de hombres, con armas humanas.  No hacen, ni dejan hacer.  Dios quiera levantar en estos días, desafiadores que hagan la obra de Cristo con la diáfana sencillez del evangelio.

24.  Es un termostato: Mantiene la temperatura celestial.  No es un termómetro para medir.  Es una vida para dar calor a un mundo frío e indiferente.  Sabe perfectamente que Dios puede tolerar lo frío o lo caliente; pero no lo tibio, lo inconstante, lo indiferente.  Sabe de memoria el producto de la mezcla.  El resultado de mezclar lo santo con lo profano; lo religioso con lo divino, lo humano con lo celestial.

Un desafiador es una llama que arde; un fuego que no se consume: que arde en el altar y que se propaga fácilmente.

25.  No teme a las cosas difíciles: Comprende en lo íntimo  que para Dios todas las cosas son posibles.  El gran problema en los días de Adonisedec y Josué frente a los reyes de los amorreos era la noche que avanzaba implacablemente.  Pero el grito del desafiador de Dios fue: “Sol, detente en Gabaón; y tú Luna, en el valle de Ajalón.  Y el Sol se paró y la Luna se detuvo hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. (Josué 10:12b-13).

No se mueve en las circunstancias, sino en el poder de Dios.  No en el brazo humano, sino en el brazo de Dios.  Sabe que para el que cree, todo es posible.  Se ríe de las dificultades porque vive la conciencia divina.  Sabe que Dios es real y que es galardonador de los que lo buscan.  Tiene poder de Dios.  Tiene poder contra Satanás.  Tiene poder cuando lucha con los hombres.

Herodes temía a Juan, porque era santo (Marcos 6:19-20).  Satanás teme a los hombres justos y santos.

26.  Se mueve en el flujo profético: Un predicador habla de sus estudios y de sus conocimientos. Un profeta habla de la presencia de Dios.

Un desafiador tiene un ministerio profético. Su palabra tiene dinamita; afecta el espíritu de la gente.  El destino de las naciones está en las manos de aquellos que se mueven en esferas celestiales.

Moisés desafió a Faraón.  Volvía a la presencia de Dios y se fortalecía.  Recibía la palabra y volvía.

David desafió al gigante Goliat y lo venció con una sola piedra del arroyo.  No pudo moverse con armaduras humanas.  Se apropió de las armas espirituales, poderosas en Dios con una frase lapidaria esculpida para la eternidad: “Yo vengo en nombre de Jehová de los ejércitos”.

Pablo enfrentó y desafió al Rey Agripa.  Elías desafió y venció a Acab.  Lo hizo tambalear.  Elías desafió y venció a Acab.  Lo hizo tambalear.

El desafiador despierta áreas dormidas.  Trae la palabra que liberta (1ª. Reyes 18:24-25).  Tiene la palabra de Dios en su boca y por eso es irresistible.

Elías como un desafiador representa al Señor como un embajador.  Un desafiador lleva su propia atmósfera.  Repetimos.  No es un termómetro: es un termostato.  El desafiador está lleno de la indignación del Señor.

En tiempos de Gedeón fueron llamados a filas 32,000 personas.  Sólo fueron escogidas trescientas.  Pasaron la prueba de Dios.

Un desafiador está alerta.  Nunca lo sorprende el enemigo.  Más de cuatro billones viven en la tierra y de ellos sólo el dos por ciento conocen a Cristo.

Necesitamos hombres ungidos con urgencia para despertar a las naciones.

CAPÍTULO IV

LA FORMACIÓN DE UN DESAFIADOR:

“El que hace a los vientos sus mensajeros y a las flamas de fuego sus ministros” (Salmos 104:4)

En Génesis 1:2-3 se  sugieren tres grandes calamidades que un día envolvieron la tierra.  Dejamos a los teólogos la adecuada interpretación de esta pequeña trilogía con perfiles de tragedia: La tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo.  Esto lo podemos reducir a pocas palabras: desorden, vacío y tinieblas.  Pero ante esto la voz de Dios resonó en las distancias insondables con una frase digna de reflexión: “Y dijo Dios sea la luz; y fue la luz”.

El profeta Jeremías proclama el orden divino de sus leyes, así: “Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas, para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas … Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente” (Jeremías 31:35-36).

La luna, pues, como todas las cosas, tiene su propia ley y está regida por un proceso.

El fuego tiene un proceso, un camino.  En su primera fase es amarillo.  Luego se intensifica y se hace azul.  Crece la intensidad y se hace rojo.  Continúa creciendo en intensidad y se torna blanco y brillante.  La palabra ferviente significa eso: blanco o transparente.  La falta de amor, empaña esa transparencia.

Cuando el pecado viene, corta la relación con Dios y afecta cuatro áreas de la vida: a) relación con Dios interrumpida; b) una relación quebrada; c) una adoración detenida  d) y comunión divina interferida.

Cristo cambia el diseño.  Lo frío se torna caliente.  Esto es fervor.  Dios desea un pueblo ferviente:

UNA MENTE FERVIENTE

San Pablo nos dice en 2ª. Corintios 7:6-7: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito; y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé  aún más”.

¿No hay en estas palabras un silvo apacible y delicado que brota de un corazón satisfecho y de una mente como el cristal?

ORACIÓN FERVIENTE

La oración ferviente de Daniel durante veintiún días hizo bajar a un varón del cielo con un mensaje urgente.  Este varón voló con presteza; hizo entender a Daniel la claridad de un misterio.  Trajo a Daniel la convicción de que “al principio de sus ruegos fue dada la orden”.  Hizo que un ministro del cielo bajara para enseñársela.  Le dio testimonio de que era muy amado por Dios y finalmente le muestra a él, al pueblo elegido y a la iglesia de todos los tiempos que SETENTA SEMANAS ESTÁN DETERMINADAS SOBRE TU PUEBLO, Y SOBRE TU SANTA CIUDAD, PARA TERMINAR LA PREVARICACIÓN, Y PONER FIN AL PECADO Y EXPIAR LA INIQUIDAD, PARA TRAER LA JUSTICIA PERDURABLE, Y SELLAR LA VISIÓN Y LA PROFECÍA Y UNGIR AL SANTO DE LOS SANTOS” (Daniel 9:24). “¡Oh, maravilla de los misterios de las obras de Dios¡  ¡Cuán inescrutables son esos caminos¡”.

Por la oración de un hombre, Dios dividió los mares.  Por la intercesión ferviente de un profeta el cielo el cielo no dio su lluvia y con otra oración ungida, volvió a llover a torrentes.

Por la oración ferviente de un Nehemías, el rey da la orden para la reconstrucción de Jerusalén.

Por la oración ferviente de un Moisés, Dios detiene sus juicios y ofrece guiar al caudillo con su descanso y su presencia.

AMOR FERVIENTE

La Biblia dice que “el que no ama, no conoce a Dios porque Dios es amor”.  Dios encarece su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros.  San Pablo hace una bella semblanza del amor en primera de Corintios trece y después de señalar que el amor es el camino más excelente, hace la más bella descripción de ese amor divino que traspasa todas las fronteras.

El apóstol Pedro describe este amor ferviente que debe existir entre los cristianos, así: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1ª. Pedro 1:22).

Es un amor que no puede describirse con palabras.  La falta de ese amor entrañable lleva en sí su retribución: “El que no ama a su hermano, permanece en muerte.  Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida”. Ese amor es también práctico: “El que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón ¿cómo mora el amor de Dios en él? (1ª. Juan 3:17) y agrega: “Hijitos míos, no amemos de palabra, ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” (1ª. Juan 3:18).  Sólo hay una manera de saber que tenemos a Dios.  No es por los dones; es por el fruto.  Sólo hay una manera de ser conocidos por el mundo: amando. “Nadie ha visto jamás a Dios.  Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros (1ª. Juan 4:12).

La falta de amor produce temor.  El temor es un lazo del diablo.  Hay cristianos oprimidos, temerosos, afligidos, frustrados, apagados, porque no aman. “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí el castigo.  De donde el que teme no ha sido perfeccionado en el amor” (1ª. Juan 4:18).

Un desafiador ama y ese es el secreto de su fuerza espiritual.  Los dones se acabarán, pero siempre existirá el amor.

SERVICIO FERVIENTE

Abraham nos muestra un cuadro maravilloso del servicio ferviente que se da en forma inmediata, completa y desinteresada.

El valle de Mamre se extendía sobre un sol ardiente.  Estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día … alzó sus ojos y vio tres varones que estaban junto a él.

Al verlos, salió corriendo, fue a recibirlos, se postró en tierra en señal de reverencia, dándoles así una cordial bienvenida.

Llevó un poco de agua para que fueran lavados los pies de aquellos extraños visitantes.  Señaló una sombra fresca para descansar.  Trajo inmediatamente pan para saciar el hambre.  En cuestión de minutos, tres medidas de flor de harina fueron amasadas.  No contento con este servicio ferviente corrió Abraham corrió Abraham a las vacas; tomó un becerro tierno y bueno para el banquete que lució adornado con mantequilla y leche (Génesis 18).

Un desafiador sirve a Dios ardientemente, desinteresadamente, apasionadamente.
La comunión correcta y ardiente afecta la vida de los demás.  Cuando el fuego arde, hace arder nuestro ser total.  La zarza ardía y no se consumía.  Cuando la carne domina, los hábitos antiguos  vuelven.  Surge el espíritu de la crítica.  El hombre comienza a vacilar en su caminar.  Afectado por las tentaciones se desvía del camino.

CAPÍTULO V

CUANDO SE PIERDE EL CAMINO

Cuando se pierde el camino por la ausencia de una mente ferviente y de un servicio ferviente suceden muchas cosas.

El hombre empieza a comprometerse en sus convicciones.  La avalancha de corrientes de pensamientos provenientes del espíritu del hombre comienza a sembrar dudas y temores.

Dado este paso, se abre la puerta al Diablo y comienza el creyente a agradar a todo el mundo.  La capacidad de discernimiento se debilita.  Se reducen a su mínima expresión los efectos del pecado.

Pierde interés en la obra de Dios.  Se entrecruzan ideas extrañas.  Actividades aparentemente inofensivas se interponen en el camino.  Podemos señalar el caso concreto de un líder que está dirigiendo  bien a la juventud en determinada área de evangelismo.  De repente es invitado a formar parte de un coro.  Seguidamente se le invita a visitar otras iglesias.  Paralelamente se hacen más duras y complicadas las actividades personales, estudiantiles, familiares y sociales.  Sin darse cuenta, ha sido desplazado voluntariamente del trabajo señalado por su Maestro  Jesucristo y concluye viendo apagado su primer amor y su visión.  Pierde la motivación.  Estaciona.  Se estanca y se mueren los propósitos.

La deslealtad en el amor hace al líder olvidarse del pacto hecho con su Señor y acepta las ideas satánicas de que todo es permisivo; Dios es amor y todo lo pasa por alto; olvidándose que Dios no puede ser burlado y que todo lo que el hombre sembrare, eso también cosechará.  El líder comienza a amar cosas ajenas a Dios.  Se compromete con ideas aparentemente nobles y humanas; pero cuyo fin es muerte y destrucción.

Su relación se hace más fría cada día.  La contemporización con el mundo y “con las cosas que están en el mundo” tornan al hombre indiferente, apático, escurridizo.

Su comunión deja de existir y por lo tanto, no ama la adoración.  Comienza a practicar una adoración del alma.  Hay lágrimas, arrepentimientos, sentido de culpa, conatos de una vida fecunda y victoriosa; pero cuando pasan los instantes en que la emoción de los sentidos crece, las aguas vuelven a su mismo nivel.  Sólo el poder de Dios y una decisión firme puede superar estas circunstancias.

Pierde su divina comunión con el Señor.  Las oraciones se tornan débiles, cansadas, mecánicas y estériles.  No hay oración prevaleciente.  La mente ferviente es una mente con hambre de Dios.  Acumula conocimiento.  Acumula experiencia.  Hace las cosas correctas en el momento correcto.  Con espíritu y actividad correcta.  Pero perdida o interrumpida la comunión con Dios sucede lo contrario.

La oración ferviente es eficaz.  Se realiza a través de una relación correcta con Dios.  Satanás tiene mucho miedo a una oración ferviente.  Un hombre en perfecta comunión con Dios es temido por los demonios.

Un desafiador es como David.  Pies, mente, corazón, arden por Dios. “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo” (Salmo 23).

CAPITULO VI

LA MAYOR PREOCUPACIÓN DE DIOS

Dios no está preocupado por lo que sucede en el mundo de hoy.  Él tiene control sobre la ira del presidente de Irán; sobre las grandes conmociones del oro negro; sobre la crisis de los sistemas políticos, sociales y culturales.  El salmo 2, hace referencia al amotinamiento y a la vanidad de las cosas que conmueven un planeta que está herido de muerte y que gime en sus entrañas deseando ser desatados de la corrupción que lo envuelve.  El salmo 2, es un salmo mesiánico y que tiene un mensaje específico, envuelve otros acontecimientos que sacuden al mundo actual cuando afirma que “se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas”. Pero este salmo tiene una verdad, dolorosa verdad, demoledora verdad: “EL QUE MORA EN LOS CIELOS SE REIRÁ; EL SEÑOR SE BURLARÁ DE ELLOS” y agrega: “pero yo he puesto mi Rey (Cristo) sobre Sión (la Iglesia), mi santo monte” (Salmos 2:6).

La preocupación de Dios no es cómo los hombres edifican sobre modernas babeles.  Él sabe que Satanás tiene ira, sabiendo que le queda poco tiempo.  Sabe que esta es la hora de apostasía.  Hora de prueba para los cristianos verdaderos.  Dios sabe que estamos a las puertas del rapto de la Iglesia.  Sabe el minuto cuando sonará la trompeta.  Conoce la estrategia de los hombres, las raíces  y consecuencias de las guerras que se avecinan; los hilos diabólicos que generan la inflación, la recesión, la caída de las monedas, la estrategia de las naciones ricas y la acción desesperada de las naciones pobres.  Conoce el verdadero origen, camino, trono y destino de los movimientos sociales de izquierda y derecha.

Dios no está preocupado de todo eso.  Los mundos, los soles, los astros, las estrellas se mueven bajo su autoridad.

Dios tiene preocupación de una cosa.  Dios está pensando en estos momentos, mientras escribo estas líneas, de cómo hacer desafiadores que sean capaces de traer millones de almas a los pies de Cristo.  Caleb era una persona con denuedo.  Fue un gran desafiador en medio de un pueblo incrédulo e inconstante.

Cuando los espías enviados por Moisés a explorar la tierra a causa de la incredulidad del pueblo, entregaban un informe desalentador, “Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés y dijo: SUBAMOS LUEGO, Y TOMEMOS POSESIÓN DE ELLA; PORQUE MÁS PODREMOS NOSOTROS QUE ELLOS” (Números 13:30).
El informe de los líderes incrédulos y llenos de cobardía, era el mismo de los que ahora viven para sí mismos, conformes y adecuándose a un mundo falso de profetas de cartón.  “Más el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas” (Números 13:28).

Caleb fue un desafiador, un auténtico siervo de Dios en las tres grandes épocas de su vida: su juventud, su edad media y su edad adulta.

Era un hombre inspirado y escogido por Dios.  No era un filósofo.  La filosofía es la explosión de las mentes confundidas.  Caleb armonizaba con Dios.  Fue un motivador.  Motivó a la gente.  Desafiaba a sus líderes.  Tenía denuedo como un león.

Conocía a pie firme los cinco pasos del llamamiento divino:

1.    Conocer el llamamiento:

Un desafiador conoce el secreto del llamado celestial, el origen y la meta de su vocación.  Cuando Dios llamó a Abraham también lo bendijo y lo multiplicó.  Abrahám salió de Ur sin saber a dónde iba. Fue probado en su fe, en su amor y en su obediencia y recibió como premio ser llamado “Abraham mi amigo”.

2.    Se prepara para el llamamiento:

El ministerio cristiano no se improvisa.  Nace en el corazón de Dios.  El camino de la misión celestial, del sacerdocio divino no siempre es de rosas.  Tiene espinas y cardos, montañas y caminos encrespados.

El llamamiento celestial necesita preparación, sumisión, dedicación, consagración y santificación.  Caleb preparó sus pies para un largo camino.

3.    Entra al llamamiento:

Nehemías oyó que los muros de la tierra de sus padres estaban derribados.  Lloró.  Se sentó.  Oró intensamente, preparó la estrategia para hablar con el Rey.  Fue escuchado por su sabiduría y por su intrepidez.  Fue autorizado para edificar los muros y para quitar el oprobio de su pueblo.  Pero no se quedó allí.  Entró a su ministerio.  Reclutó gente, preparó armas y equipos, desafió peligros, observó de noche la magnitud de la obra.  Motivó a su gente.  Se metió a la batalla y triunfó.

4.    Permanece en el llamamiento:

Caleb fue el mismo a los veinte, a los cuarenta y a los ochenta años.

El desafiador se queda con el maestro.  Está con Él en la cena antesala de su agonía y en el huerto de la aflicción.  En la marcha macabra del escarnio y también al pie de la cruz.   En las sombras de la tumba y en las glorias de la resurrección.  No huye.  No rehúye la lucha.  Cuando otros se van; él se queda.

Sabe que hay que ir a los lugares celestiales por el camino de la cruz.  Conoce el secreto de morir para vivir.  Como Pablo pelea la buena batalla. Guarda la fe, acaba la carrera, “puestos los ojos en el autor y consumador de la fe”.

5.    Reconoce las pruebas del llamamiento:

El primer hombre, Adán, fue probado y fracasó.  Fue hallado falto.  Caín fue puesto en la balanza divina y fracasó.  Jesús fue probado; pero triunfó contra el adversario.  Cuando Satanás sonreía viendo a Jesús descender a la tumba, no presentía que aquel “vencido”, sería vencedor sobre todos sus enemigos, incluyendo la muerte.

Pero el que busca las alturas de un ministerio que desafió las fuerzas del infierno debe pagar el precio.  Es cuestión de disciplina. De búsqueda.  Es indispensable la oración constante y profunda.  No hay crecimiento sin un poco de llanto.  No hay victoria sin obediencia.  Es necesario establecer el reino de Dios.

Caleb se dio totalmente en su juventud.  De él dijo Dios: “VOSOTROS A LA VERDAD NO ENTRAREIS EN LA TIERRA, POR LA CUAL ALCÉ MI MANO Y JURÉ QUE OS HARÍA HABITAR EN ELLA; EXCEPTUANDO A CALEB, hijo de Jefone, y a Josué, hijo de Nun.  En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto”. (Números 14:30-32).

“No verá hombre alguno de éstos, de esta mala generación, la buena tierra que juró que había de dar a vuestros padres, excepto Caleb hijo de Jefone; él la verá, y a él le daré la tierra que pisó y a sus hijos; PORQUE HA SEGUIDO FIELMENTE A JEHOVÁ”. (Números 14:23)

Caleb fue fiel al Señor en su edad media.  El mismo testifica: “Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés, siervo de Jehová me envió de Cades Barnea, a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón.  Y mis hermanos hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios” (Josué 14:7-8).

Como se ve, es cuestión de obediencia, no de prácticas religiosas.  El secreto de Caleb fue la obediencia.  Fue constante en su caminar con Dios.  Persistía en su fe.

Un desafiador está siempre atento a la voz del Espíritu Santo.  En la guerra entre la incredulidad y la duda, cada paso de fe tiene como antecedente un paso de temor.  La fe oye a Dios.  Oye únicamente aquello que habla el Espíritu de Dios.  Conoce íntimamente al Señor.  Caleb era un hombre de fe.  Cuando actuaba estaba lleno de coraje.  El coraje enciende la fe.  Cada vez que Dios habla lo hace en el área de lo imposible.  La imposibilidad es la puerta del progreso.

Las imposibilidades de hoy son los milagros del mañana.  Caminamos por simple fe en la fidelidad de Dios.

La fe de Dios significa fe en la capacidad de Dios.  La fe de Dios saca la incertidumbre de la vida.  Cada vez que Dios abre su boca, tiene un propósito.  La fe pequeña ejercitada produce hombres pequeños.  La fe gigante que se ejerce, produce hombres gigantes.  La complacencia en la fe es el enemigo más peligroso del progreso espiritual.  La fe es un músculo: no desarrolla sin movimiento.  En el plano natural nada sucede.

Cada vez que hablamos, hablamos: o un idioma de fe o de incredulidad.  Dios se revela en el área de lo imposible.  Un desafiador hace que las cosas sucedan.  “VAMOS A POSEER INMEDIATAMENTE LA TIERRA” (Números 14).  La fe dijo: VAMOS.  Caleb era firme.  Ejerció autoridad para HACER CALLAR LA VOZ DE LA INCREDULIDAD.  “SUBAMOS LUEGO Y TOMÁMOSLA LUEGO. Precisión.  La fe es “AHORA”.  “MAS PODEMOS NOSOTROS QUE ELLOS”.

Al movernos debemos hacerlo en la capacidad de Dios, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Filipenses 4:13.  Jesús dijo en la cruz “CONSUMADO ES”.  Nuestra fe debe ser conquistadora.

A la edad de ochenta y cinco años, Caleb era un conquistador.  “Entonces toda la congregación gritó y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche.  Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!

¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra, para caer a espada y que nuestras mujeres y vuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volver a Egipto? Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto. (Números 14:1-4.

Aquí vemos a un pueblo derrotado, lleno de incredulidad, inconforme, ingrato, buscando un líder para un retorno a la tierra de esclavitud y de miseria.

¿No es éste el cuadro de los grupos religiosos de nuestros días?  ¿No es ésta la tragedia de un pueblo buscando a Jim Jones para reinar, para retornar a cadenas de confusión que los llevaron hasta la muerte?

¿No es alarmante la cantidad de ministros y líderes juveniles que están retrocediendo, atrapados por cadenas de inmoralidad o desaliento?

Oigamos la respuesta de dos líderes que no están dispuestos a regresar a Egipto: “Entonces Moisés y Aarón se postraron sobre su rostro: delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel.  Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel diciendo: “LA TIERRA POR DONDE PASAMOS PARA RECONOCERLA, ES EN GRAN MANERA BUENA.  SI JEHOVÁ SE AGRADARE DE NOSOTROS, EL NOS LLEVARÁ A ESTA TIERRA, Y NOS LA ENTREGARÁ; TIERRA QUE FLUYE LECHE Y MIEL.  Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis a este pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan: su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis (Números 14:7-9).

Caleb es el modelo de desafiador que necesitamos en estos días de incertidumbre y apostasía: valeroso en su juventud.  Un conquistador en la edad media de la vida y un soldado triunfante en la madurez de la existencia.  No dejó de crecer.  Nunca paró de hablar el lenguaje de la fe.  Nunca dejó de buscar a Dios. De él dijo Dios: “PERO A MI SIERVO CALEB, POR CUANTO HUBO EN EL OTRO ESPÍRITU, Y DECIDIÓ IR EN POS DE MI, YO LO METERÉ EN LA TIERRA DONDE ENTRÓ, Y SU DESCENDENCIA LA TENDRÁ EN POSESIÓN” (Números 14:24).


Oremos por líderes con estas cualidades y Dios cumplirá el propósito que habló a través de Hageo: “Y HARÉ TEMBLAR A TODAS LAS NACIONES, Y VENDRÁ EL DESEADO … Y LLENARÉ DE GLORIA ESTA CASA, HA DICHO JEHOVÁ DE LOS EJÉRCITOS” (Hageo 2:7).