sábado, 16 de julio de 2016

La obra PERFUME DE LIRIO del poeta evangélico Délfido Barrera Navas fue publicada en noviembre de 1993. A seis años de distancia de su ausencia física publicamos una sección de poemas de esta obra que llevan como título “Alabanza, honra, gloria y poder por los siglos de los siglos” compuesta por 17 poemas.



La obra PERFUME DE LIRIO del poeta evangélico Délfido Barrera Navas fue publicada en noviembre de 1993.  A seis años de distancia de su ausencia física publicamos una sección de poemas de esta obra que llevan como título “Alabanza, honra, gloria y poder por los siglos de los siglos” compuesta por 17 poemas.



Todos son una ofrenda de alabanza y manifiestan un anhelo: “Yo quiero ser de tu poder testigo,/ gozar de tus delicias, dulce Esposo/ y entrar a tu mansión como tu amigo”.



El poema Mi Ofrenda es la convicción de un cordero, qué calladamente y reposo alegre, se encamina a morir para vivir: “Quiero poner mi ofrenda voluntaria/ Ante tu altar, Jesús, con flor de harina;/ Ver a la cruz mientras mi sol declina/ Lento latir de mi salud precaria.



Encender en tus atrios mi plegaria/ Con esa luz que todo lo ilumina;/ Cantar a Dios, cantar aunque la espina/ Luto ponga en mi vida sedentaria.



Ir contigo a la cruz, morir contigo/ Sin esquivar la hiel de tu castigo/ Vivir, morir, bajo la sombra gris./ En el Calvario donde tu moriste

Y con tu sangre escribiste:/ Salvación para hacerme tan feliz."


PADRE
Padre, te adoro con el alma entera
Con todo el corazón, con ansia inmensa;
Desde el altar feliz donde comienza
Mi espíritu que te ama y te venera.

Oh Padre sin igual, mi alma quisiera
Describir lo inefable de tu gloria;
Llenar de tu grandeza mi memoria
Y entregarte mi ser, mi vida entera.

Más nada soy, y tu grandeza es tanta
Que cubre eterna el Universo todo
Como una sombra portentosa y santa.

Permite, arrodillado sobre el lodo,
Que te adore en la luz del ara santa
Que ha de llevar mi ofrenda de algún modo.

HIJO

Jesús, hijo de Dios, Verbo hecho carne
Yo te adoro también arrodillado;
Confesándote humilde mi pecado
Para que puedas, Cristo, perdonarme.

Tú que viniste aquí para buscarme
Llegando por mi culpa al sacrificio;
Tú que usaste la sangre del suplicio
Para borrar mí mal, para limpiarme.

Tú, que dejando tu inmortal riqueza,
Te hiciste pobre para darme vida
Suprema bendición y fortaleza.

Tú que llevaste a mi alma entristecida
Una nueva canción y la tibieza
Del rico aceite que sanó mi herida.

ESPIRITU SANTO

Cuando Dios modeló nuestra morada
Tu sombra entre las aguas se movía
En tanto que tu gracia aparecía
En aquella bellísima alborada.

Oh gran Consolador, persona amada,
Presente en todas las dispensaciones;
En el Nadir y en las constelaciones
Y en la obra de Cristo consumada.

Espíritu de Dios mi alma te intuye
Y siento tu virtud consoladora
Pues mi ser en tu ser se redarguye,

De pecado y de juicio libre ahora
Siento que en ti mi ser se reconstruye
Bajo su sombra santa y protectora.

JESUS

Estos versos los dedico a Cristo
Sublime bendición del alma mía
Amado esposo, suave melodía
A quien mis ojos en la noche han visto.

En adorarle con amor insisto
En el diamante de la noche fría,
En la hora en que el sol engendra el día
De su amor celestial siempre me visto.

¡Jesús! Dice mi espíritu sediento
Y mi alma triste en su pasión formada
¡Jesús! Mi ser que su presencia anhela.

¡Jesús! Las blancas alas de mi adviento
¡Jesús! La alondra que se ve encarnada
En mi memoria y que a su trono vuela.

MI OFRENDA

Quiero poner mi ofrenda voluntaria
Ante tu altar, Jesús, con flor de harina;
Ver a la cruz mientras mi sol declina
Lento latir de mi salud precaria.

Encender en tus atrios mi plegaria
Con esa luz que todo lo ilumina;
Cantar a Dios, cantar aunque la espina
Luto ponga en mi vida sedentaria.

Ir contigo a la cruz, morir contigo
Sin esquivar la hiel de tu castigo
Vivir, morir, bajo la sombra gris.

En el Calvario donde moriste
Y con tu sangre escribiste:
Salvación para hacerme tan feliz.

SEÑOR JESUS

Jesús, tu nombre santo revela ternura
De aquel Padre amoroso que al mundo te entregó
Para cubrir de gloria, la negra desventura
Del hombre que en pecado por el mundo rodó.

Herido el hombre un día viniste a rescatarle;
Muerto, triste y doliente moriste tú por él;
Cegado por el odio, bajaste para amarle
Hasta beber la copa de aquella amarga hiel.

Viviendo en trono excelso llegaste al mundo impío
Y con tu gracia eterna, también al pecho mío
Para curar la herida, para darme la luz;

Por eso te bendigo, por eso yo te adoro,
Por eso yo te canto, por eso yo te imploro
En tanto que te nombro mi sin igual Jesús.


PRESENCIA

De la lírica voz de los pinares
Que escribe madrigales en su alfombra
Brota la voz de Dios cuando la sombra
Canta al Sol el Cantar de los Cantares.

Silbo y trinco; simbiosis que en el llano
Hace el amor a la gentil corola
Ante el canto nupcial de la amapola
Que escribe su celeste epitalamio.

Todo habla de mi Dios: la flor, el ave,
La refrescante fuente cantarina,
El perfume del nardo, el viento suave;

El agua, el mar, el diente de la espina
La aurora que nos abre con su llave
Un nuevo sol al pie de la colina.

REPOSO

Quiero, Señor, sobre tu pecho amante
Reposar como Juan, sentir tu aliento,
Cantar como la alondra, libre al viento
Mientras te veo bajo el sol triunfante.

Deja así que te admire y que trasplante
Mi fe hasta tus alturas; que tu acento
Repercuta en las alas de mi adviento
Y así en tus brazos que te nombre y cante.

Eres mi todo mi Señor, mi gozo,
Mi paz, mi luz, mi celestial abrigo
Y la razón de ser de mi reposo;

Yo quiero ser de tu poder testigo,
Gozar de tus delicias, dulce Esposo
Y entrar a tu mansión como tu amigo.


LA VOZ DEL AMADO

¿Cómo hablar de su voz en el soneto
En catorce columnas encerrado
Si la voz inefable del Amado
Sólo cabe en la luz del Paracleto?

Si el pintor nada dice en el boceto
Ni el verbo solo en el papel ajado
¿Cómo entender el eco del Deseado
Si ya estoy a la orilla del terceto?

Más, si tengo la dicha de la oveja
De tener un pastor que al pasto guía,
El conoce el misterio de mi queja.

Me habla en la noche y al rayar el día
Y entre la luz de su Palabra añeja
Yo percibo la voz que mi alma ansía.

EN EL TEMPLO

La noche es manto negro; silencioso
Me postro ante tu altar oh Cristo Amado
Y tú que puedes verme acongojado
Me das en Silo sin igual reposo.

Si canto, enciendes en mi alma el gozo;
Si lloro, enjugas ríos que dispersos
Por mis mejillas pasan cual mis versos
Que nacieron con lírico alborozo.

Tu templo, Cristo, es delicada gloria
La fe muerta en tus atrios resucita
Y vibra en su latir el corazón.

Escucho sin cesar la bella historia
En que el mal al Seol se precipita
Y brilla en lo alto el Sol de Redención.

CREO

Creo en Dios, en Jesús su Amado Hijo,
Y en su Palabra que con ansias leo
Lámpara Santa, sombra del ateo
Que Dios no existe en su ignorancia dijo.

Creo en ti con inmenso regocijo
Pues con los ojos de mi alma veo
Tu imagen pura que mató el deseo
Cuando vagué sin Dios, sin rumbo fijo.

Me siento como tú, crucificado,
Y vivo no ya yo, pues tú eres mío,
Y de todas las gentes el Deseado.

Creo, llenaste el sin igual vacío
Que había en mi alma a causa del pecado
Y tornaste mi pozo en ancho río.

GRACIAS, SEÑOR

Gracias Jesús por la salud preciosa
Que has devuelto a mi vida acongojada;
Gracias, Señor Jesús por la alborada
Que me trajo vigor, tu luz hermosa.

Gracias, Señor, porque tu paz radiosa
Ha tornado a reinar en mi alma triste;
Ahora de tu luz mi alma se viste
Ahora de tu amor mi alma se goza.

Ahora puedo cantar, saltar en danza,
Murmurar la canción que al cielo alcanza
Y que me hace vibrar de honda emoción.

Puedo testificar que Cristo sana,
Que de su ser constantemente emana
Sangre inmensa de eterna redención.

YAHVEH SABAOT

Señor, tu hiciste el leviatán para jugar con él
Al lindo gorrioncito para libar la flor;
Gozas con la hormiguita que guarda su comida
Para el día en que lloran los campos tras la lluvia.

Juegas con los pingüinos a la orilla del mar
Y pones en sus manos la arena de la playa;
Cuán grande es tu nombre, dulce Yahveh Sabaot.
Señor de las alfombras de las hojas caídas.

Eres tan grande y santo y también tan pequeño
Que cabes en mi alma para que brote el canto
E inspirarme yo pueda en tus cosas sencillas.

En las arenas sueltas que caen de tus manos,
En tu voz que se une a la voz de los santos
Y el himno que brota de tu magna creación.

AUSENCIA

Yo sufro por tu ausencia, Pastor de los pastores,
Hace ya veinte siglos que al cielo te elevaste,
Portador milenario de sangre que compraste
En la cruz del Calvario, dolor de tus dolores.

Cómo añoro mi Cristo, la miel y los olores
Del vino que serviste en la mesa del contraste:
El amor de los once y aquel traidor que amaste
Y aquel huerto que un día vio llorar a las flores.

Tu ausencia me impresiona, me abate, me consterna;
Son veinte siglos, Cristo, que tu mirada tierna
Ya no se posa fija, bajo aquellos olivos.

De Jerusalén. Hay dolor en Samaria y tanta
Amargura infinita que ahoga la garganta
En este mundo solo y triste de los vivos.

VENDRA

Ya presiento tu llegada como la esposa en vela,
Como alondra que espera que reviente el polluelo;
Como espera la noche la luz del alba inmensa
En estado de alerta bajo la luz del cielo.

Presiento que estás cerca, Señor, que en tu vigilia
Contemplas a la Amada de larguísima ausencia
Siento tus pasos suaves en las nubes de gloria
Dando luz los aires bajo la comba azul.

Te veo venir radiante con notas de trompeta,
Ceñido el lindo talle con ceñidor de oro
Con tus cabellos blancos como lana escogida.

Con voz de grandes aguas, una espada en tu boca
Siete estrellas de gloria en tu mano derecha
Y tu rostro encendido cual sol en su cenit.

CIELO Y AGUA

No gustan a profanos los versos que yo escribo,
Y no halagan, es cierto, pero los versos míos
Llevan en sí, la esencia del vino generoso
Que mi espíritu bebe, en sorbos grandes, grandes.

Soy agua y cielo y mis versos son eso: aleluyas,
Gritos de un alma alegre embriagada de Dios;
Veo claro de noche, veo luz en las sombras,
Mi sol nunca se oculta, mi noche sucumbió.

Mi amanecer no espera, porque yo soy mañana,
Y el tiempo tembloroso bajo el cielo agoniza
Presagiando la gloria de una noche nupcial.

Como Ezequiel yo veo un cielo grande, abierto,
Un Trono azul sin sombras y más allá en lo alto
La silueta de un río de gloria sin igual.

PENTECOSTES

Pentecostés, ven pronto, que mi lluvia tardía
Extienda su melena feliz en las montañas
Y el agua corra ansiosa llenando los estanques
Y se llenen de gloria los cedros y los sauces.

Quiero ver a la novia, feliz, danzando alegre
Luciendo su vestido de blanco y sus atuendos;
En tanto que la gloria de Dios llena su templo
Y hosannas inmortales irrumpan desde allí.

Quiero mi pentecostés, fiesta de las primicias,
Amontonar el grano  bajo la luz del sol,
Florescencias de espigas, cumbre de la cosecha;

Himno de la esperanza, canción de clorofila,
La Esposa engalanada frente al Esposo esbelto
Y el cielo proclamando la gloria de Israel.


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