domingo, 1 de enero de 2023

LA MUERTE DEL TEMOR

 

Como una primicia o primer fruto de este Nuevo Año 2023, presento la edición corta del libro LA MUERTE DEL TEMOR, disponible en el blog: http://delfidobarreranavasblogspot.com/

Nunca habia visto semejante comparación de triunfo: ¡Venciendo a Behemot! Llena de nuevos pensamientos tu mente y vence la depresion, el temor y no dejes que te derrote y haga miserable tu vida. Que disfruten su lectura.  Comparte a tus amigos, comparte este trozo de pan al necesitado, al que sufre, al que se encuentra en desequilibrio emocional.  Pudiera salvarles la vida.

Cuando llegó la pandemia 2020, esos fueron vientos de malos presagios para la humanidad, pensamos que era una advertencia del Final y nos causó gran temor.  La invasion de Rusia a Ucrania nos tiene con muchas preocupaciones y crecen la incertidumbre de cómo esta guerra afectara el futuro de la humanidad. Malas noticias todos los dias. Nos deprime, por lo tanto es mejor dejar de ver los noticieros, concentrarnos en cosas positivas, aplicarnos terapias y alejarnos de toda mala vibra, hacer ejercicio, comer bien dormir bien, aceptar la “nueva realidad”, gastar menos, ahorrar, saber invertir.

El autor, Delfido Barrera Navas nos dice ”Confía en Dios y él te soltará como lo hizo conmigo después de diez años de agonía a causa de la depresión que me llevó al borde del sepulcro”. 

Esta enfermedad del alma, “ese árbol crece y como el árbol de la parábola de la semilla de mostaza, cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas”.  Ese árbol que Dios plantó en ti se llama AMOR que es el fruto natural de toda persona que ha nacido de arriba, del agua y del Espíritu. Cuando el amor se hace perfecto, ese amor ECHA FUERA EL TEMOR, (I Juan 4:18).  A eso se le llama LA MUERTE DEL TEMOR.

(Pronto la edicion completa en edicion digital).



EL PERFECTO AMOR ECHA FUERA EL TEMOR

 

LA MUERTE DEL TEMOR

 

DELFIDO BARRERA NAVAS

 

INDICE

 

El Origen del Temor

El Pánico: la más alta expresión del temor

El antídoto de la ansiedad

El perfil bíblico del temor

La gran solución

Cautiva a tu enemiga

La hora postrera

Comienza a vivir en lugares celestiales

 

 

Dios dijo:

No mires la grandeza de tu necesidad, ¡Mira la grandeza de tu Dios!

Tus circunstancias te impiden ver mis habilidades.

Si mantienes tus ojos sobre tus circunstancias, el diablo usará tus circunstancias para derrotarte y acusar la palabra de Dios, escrita y viviente.

Tu victoria está en mantener tus ojos en la grandeza de tu Dios y su habilidad.

Él ha prometido guiarte paso a paso, no de una vez.  Pero paso a paso y ¡Cada paso será un milagro¡

 

Morris Cerullo

World Evangelism Inc.

 

EL ORIGEN DEL TEMOR

 

La Biblia dice que “en el principio creó Dios los cielos y la Tierra”, pero luego afirma “la Tierra estaba desordenada y vacía. ¿Por qué esta aparente contradicción?

Avancemos y veamos cómo frente al caos de algo vacío (Tajo y Boju) Dios ordena que se haga la luz, vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas.

En los días subsiguientes, nuestro Creador hace la expansión (cielos), junta las aguas y las separa; hace que la tierra produzca hierba verde y vegetación; coloca los astros en el firmamento; da una mirada a los grandes océanos y hace y hace que las aguas produzcan seres vivientes, crea las aves, los grandes monstruos marinos, seres vivientes para poblar la tierra hasta que llega el momento sublime en que Dios proclama y decide hacer un ser diferente a todos los seres vivos, gloria y triunfo del Universo, con la siguiente afirmación maravillosa: “HAGAMOS AL HOMBRE A NUESTRA IMAGEN”, y como si esto no bastara, “creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra lo creó”.

Y en un momento equis registrado en los anales del cielo, Dios pasa revista a todo lo creado.  Sus ojos se posan sobre las imponentes galaxias como ejércitos en orden; sobre los soles y las lunas; y como que se detiene sobre un pequeño planeta azul llamado Tierra y sobre un minúsculo satélite, la luna y las otras lunas, los otros soles y las otras galaxias.

Cuenta las estrellas y les pone nombre, vuelve quizá otra vez sobre el planeta azul y su mirada se pierde en los mares, sus ondas, sus espumas y sus pequeños arco iris. Se extasía sobre el mundo multicolor del vientre de los mares y luego se goza con el alegre concierto de los pájaros en la selva virgen y allí sonríe con el gorrioncito amarillo que se chupa las mieles y con el alegre canto de los canarios que vuelan de rama en rama, en completa libertad.

Y es aquí donde se da el toque final a la obra de sus manos y se pronuncia la oración jamás escrita; la declaración jamás pensada: “Y VIO DIOS TODO LO QUE HABIA HECHO, Y HE AQUÍ QUE ERA BUENO EN GRAN MANERA”.

BUENO EN GRAN MANERA ¡PERFECTO¡ ¡SANTO¡ ¡MARAVILLOSO¡

Y LLEGO EL DIA SEPTIMO, ¡EL DIA DE REPOSO¡

Y el hombre nace en descanso. Inmerso en un océano de gloria y de perfección, teniendo como tabernáculo para la oración sosegada un huerto donde la dalia y la rosa, el crisantemo y el nardo, la violeta y el lirio tomadas de la mano alaban al Creador.

En ese marco de gloria y de lustre, de belleza, de grandeza y felicidad, el hombre tenía que escoger entre dos caminos. Vivir bajo la autoridad y abrigo del Altísimo que lo había formado del polvo para luego alentar en su nariz soplo de vida; o escuchar la voz de un enemigo que ya merodeaba sobre los caminos del Eden.

En el primer caso tendría bendición y paz, gozo y amor. Comunión perfecta con su Creador. Una eterna bienaventuranza.

Al escuchar y atender la voz del adversario comiendo del fruto prohibido y murió, ciertamente moriría. Tomó del fruto prohibido y murió. Su espíritu fue sellado. La relación con Dios se interrumpió. Se quebró. Aquella desobediencia trajo la muerte para el hombre. Esta fue la raíz del temor: “Y EL RESPONDIO: oí tu voz en el huerto y, TUVE MIEDO, porque estaba desnudo; y me escondí”.

El hombre tuvo miedo, TEMOR, inseguridad, intranquilidad, zozobra, angustia, ansiedad, tristeza, desilusión. Eva ya no era la esposa admirable y perfecta de la mano con su amado paseándose entre los árboles del huerto. La ayuda idónea, se había convertido en la cáscara infame para el deslizamiento del primogénito compañero. Con ella florecía ahora la fruta del engaño, la uva agria de la traición y la mentira y el primer hombre, Adán, vice regente de un mundo virgen sólo tenía en sus labios, no la alabanza deslizada sobre el cristal de la inocencia sino reproche inexplicable envuelto en una atmósfera de temor y de amargura: “LA MUJER QUE ME DISTE POR COMPAÑERA, ME DIO DEL ARBOL Y YO COMI”.

El vestido de luz que los cubría se había borrado para siempre y ahora estaban cubiertos con hojas de higuera porque su desnudez repentina ahora les enseñaba que estaban desnudos. ¡Desnudos¡ separados de la presencia de un Dios Santo.

Mañana o novecientos treinta años después, morirían. Ciertamente morirían y la paga del pecado es la muerte. La muerte produce temor y el temor lleva en sí el castigo.

La muerte del perfecto amor produce temor.

Ya no era el amor virgen de aquella pareja hecha para la ternura y la inocencia. Ya no era la caricia sosegada y perfumada por las espléndidas hortensias del Edén. El temor trajo flores marchitas, melancólicos bramidos en la selva, cantos tristes de aves peregrinas.

Ahora las verdes madreselvas tenían temor. Los pinos empezaron a gemir; los riachuelos empezaron a llorar; los cielos callaron y el oro y rosicler de las tardes recostadas en la distancia tenían por primera vez la palidez que engendra el desorden, porque el orden divino se había conmovido. Las onduladas campiñas tenían ahora plegarias rotas, letanías de miedo y silencio.

Aquel primer pecado trajo fatales consecuencias. Dios no puede ser burlado, “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. La paga del pecado es la muerte. La tierra fue maldita por causa del hombre. La maldición produce temor. El pecado produce temor. El temor es la más ingrata y destructiva de todas las enfermedades de la mente.

El temor nació en un jardín que ahora, casi seis mil años después, es una tierra gobernada por un dictador donde se encendió la madre de todas las batallas, génesis del temor que ahora  sacude todas las conciencias, acaba con todas las energías y pone en peligro la vida de millones de personas.

Cuba está llena de temor.

La otrora pujante Yugoeslavia está llena de temor.

El imperio soviético qué como Atila proclamaba que en sus términos nunca se apagaría el sol del socialismo, está dividido y lleno de frustraciones, todas engendradas por el temor, la inseguridad y la injusticia. La caída vertical de Adán en el huerto del Edén es la raíz del temor que ahora, en los últimos tiempos próximos al fin del mundo se ha apoderado del hombre que en ruta incierta hacia el abismo pregunta si habrá alguna solución al mayor problema de la humanidad: EL TEMOR.

 

EL PANICO: LA MAS ALTA EXPRESION DEL TEMOR

 

El miedo es fruto de la desobediencia. La obediencia es la primera ley del cielo. Saúl desobedeció a Dios y fue rechazado como rey. El pecado de Saúl produjo miedo, ansiedad y angustia. LA MUSICA aliviaba su temor, pero no lo quitaba porque humanamente hablando el temor no tiene remedio. Es una enfermedad mortal.

Pero el miedo tiene una causa que se puede tocar con los dedos del alma. En el corazón de una riña tumultuaria el miedo es explicable. Se tiene miedo a una tempestad, a una serie de sismos que van en aumento, a la proximidad de una guerra, a un eclipse total.

Pero cuando el miedo tiene sus raíces en una depresión incontrolable, el miedo se convierte en pánico. Pero sin control y sin fundamento. El pánico es inexplicable y se origina en las mismas puertas del infierno.

El pánico es un espíritu, es una fuerza bruta que arrasa con todas las fronteras de los sistemas que sustentan la vida del hombre.  Es hoguera que mata, huracán que quiebra los cedros, monstruo que arrebata la felicidad y la hace añicos.

El pánico es miedo desconcertante, porque no es una enfermedad diagnosticable, no es una emoción que se agita,  y que puede definirse: es un espíritu.  La psicología no cura el pánico porque es un personaje siniestro que no puede definirse, ni estudiarse.

La madre del pánico es la depresión.  La depresión es la más cobarde de todas las enfermedades; el hado más brutal que el hombre ha conocido. La más despreciable de todas las fuerzas que destruyen; el más cruel de todos los males.

La depresión hace que el hombre borre su interés por todo lo grande, lo bueno y lo bello que hay en el mundo.

Por la depresión el hombre pierde su identidad. La belleza de una flor que abre sus pétalos en una mañana de abril. La depresión hace de sus víctimas un gusano que se arrastra y que corroe las hojas de los árboles, sin saber que en ese árbol hay pámpanos robustos colmados de frutas y un tallo que sostiene una vida palpitante como queriendo escalar el cielo.

Pero la alta cima de esta hija del infierno y madre de todas las tristezas, es el pánico. Ese temor que crece en las noches de insomnio.  Ese miedo que surge sin motivo, cuando el hombre cree que ha vuelto a la vida y que en instantes de lucidez recibe un beso de su esposa, una caricia de sus hijos, o un afecto entrañable de una amistad lejana, quizá de una carta del hijo ausente que cuenta sus triunfos, sus alegrías y sus esperanzas.

El pánico apaga la oración y la hace infructuosa.  El pánico desconcierta a los médicos psiquiatras; hace temblar a los ministros de culto.

La depresión es el fin de una vida descontrolada.  El pánico es el fin de una depresión que va en aumento hasta que la noche es perfecta.

David sintió pánico cuando tuvo la experiencia de pasar por el valle de sombra de la muerte; pero al dar el primer paso siguió caminando sin temor y al pasarlo nos dio el más bello poema bucólico que se ha escrito, el Salmo 23: “Jehová es mi pastor; nada me faltará.  En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará.  Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo; tu vara y tu callado me infundirán aliento.

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”.

Cuando el pánico se asoma a la puerta del corazón para atormentarlo y afligirlo, el poder del Espíritu Santo aparece como un viento de libertad que hace tambalear las puertas del infierno.

Cuando el hombre fuerte agita su espada, lanza jabalina, siempre hay un David con su copa rebosante para lanzar con su honda una piedra del arroyo que va a incrustarse en la frente del gigante.

El temor muere cuando nace el amor y abre su corona en el corazón de la montaña de la duda.

El pánico no puede vivir donde hay cantos de libertad. El pánico es miedo elevado a su séptima potencia.  El amor es infinito y por tener su origen en el mismo corazón de Dios no puede morir.  El pánico muere cuando la luz del Evangelio se proyecta sobre los lugares celestiales del espíritu del hombre redimido.  La cruz de Jesús; su sangre derramada, su sacrificio inmenso derrotaron para siempre todos los temores y todas las angustias. Donde hay temor, el calvario triunfa.

EL ANTIDOTO DE LA ANSIEDAD

 

Ansiedad es estado de inquietud, de angustia.  Inquietud es desasosiego, desesperación, preocupación.

Preocuparse por algo que no ha sucedido, es absurdo. La preocupación hace que el cerebro ponga en estado de alerta las finísimas y complicadas fibras de todos nuestros sistemas.  La preocupación es dardo que nos hiere sin sentido, es temor sin fundamento. La preocupación pone en desorden nuestro sistema nervioso, nuestras facultades mentales.

Preocuparse por lo que ya sucedió es más absurdo todavía.

Conozco un pastor que sufrió durante catorce años aproximadamente la enfermedad de su esposa.  La dolorosa enfermedad de Parkinson la ponía al borde del sepulcro casi todos los días. Durante las crisis más severas, temblaba como una caña sacudida por el viento y perdía el sentido de la realidad. Su esposo, al regresar de la oficina donde ejercía su ministerio la besaba, la abrazaba, levantaba sus manos y oraba de esta manera. “Padre te doy gracias por esta enfermedad. No entiendo por qué me sucede esto; pero estoy seguro que un día lo entenderé y que, tarde o temprano, tú convertirás esta angustia en un estado de felicidad incomparable”.

El primer antídoto contra el temor es dar gracias por todo. La palabra de Dios dice: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, los que conforme al propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Da gracias por todo: por lo que tienes y por lo que no tienes. Por el frío y por el calor.  Por la lluvia y por la sequía.  Por el amor y por el dolor.  No conozco oración más conmovedora y quizá única en toda la Biblia como la oración de Job cuando perdió sus diez hijos, sus criados, sus ovejas, sus pastores, sus bueyes, sus asnos y sus camellos: “ENTONCES JOB SE LEVANTO, RASGO SU MANTO Y SE RASURO LA CABEZA; LUEGO POSTRADO EN TIERRA, ADORO Y DIJO: DESNUDO SALI DEL VIENTRE DE MI MADRE Y DESNUDO VOLVERE ALLA. JEHOVA DIO Y JEHOVA QUITO: BENDITO SEA EL NOMBRE DE JEHOVA” (Job 1:20-21).

El segundo antídoto lo da Jesús en el sermón de la montaña: “Por tanto os digo: no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de vestir … Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta” (Mateo 6:25-26).

Cuando un pajarito envejece, se posa triste sobre una rama y cae a tierra cuando nuestro Padre celestial le dice: Ya¡

Cuando los pajaritos tienen hambre y no hay literalmente  nada que comer Dios suelta remolino donde hay migajas de pan, éstas vuelan y reposan sobre los peñascos o sobre la grama silvestre para que las aves coman.

Un ave no se pone triste. Vuela y canta. No se queja, espera, no se desespera: reposa o vuela de flor en flor sobre las obscuras madreselvas.  El Señor concluye: “No os afanéis por el día de mañana” y el contexto de esta escritura que el Señor nos dejó como antídoto contra la ansiedad cierra su pensamiento con estas palabras: ¿NO VALEIS VOSOTROS MUCHO MAS QUE ELLOS?

Como tercer antídoto, ponga en práctica una fe viva. No mires lo grande de tu depresión, mira la grandeza de tu Dios. Mantente firme. Ora, reposa; pero después comienza a caminar con la vara en su mano.

No te pongas triste cuando los síntomas de tu enfermedad toquen a tu puerta. Canta, la fe de Abel pone los ojos sobre la nebulosa de los planes proféticos y lleva al altar de Dios una ofrenda que apunta hacia el calvario. La fe de Enoc es la fe del hombre que camina de la mano con Dios y no lo suelta hasta que llegan juntos a las moradas eternas. La fe de Noé, espera ciento veinte años y se convierte en obra de la Iglesia que ha hallado gracia en los ojos de Dios.  La fe de Abraham abandona Ur de la idolatría y la duda y camina seguro sobre la obscuridad de las circunstancias; no rehúye dar en sacrificio a su único hijo y regala a la posteridad el sublime cuadro del sacrificio de un cordero que escribe sobre las zarzas el misterio de la sustitución. La fe de Sara, siendo estéril, recibe fuerza para concebir…”y dio a luz fuera de tiempo, PORQUE CREYO QUE ERA FIEL QUIEN LO HABIA PROMETIDO”. La fe de Moisés escoge el vituperio de Cristo y rechaza las riquezas de los egipcios.

Finalmente, para levantar tu ánimo, párate frente a una rosa y gózala, admírala; aspira su fragancia y ora así: Padre, te doy gracias porque está regresando a mi alma el amor por las cosas bellas que hicieron tus manos. Ve a una playa y goza la salida del sol, recoge las conchitas, admira los tumbos y retumbos, el vuelo de las aves, el canto de los pájaros y en las noches, junto al mar comienza como Abraham a contar las estrellas.

Goza el murmullo de la lluvia tardía, los goterones y los granizos que entonan la canción de las láminas, la sombra de las jacarandas, la ternura infinita de la tórtola, la suave quietud de una tarde de abril.

Admire las travesuras de los niños de los basureros, la sonrisa picaresca de un niño que pone su dedo sobre la llama del candil; la algarabía de los muchachos que juegan a los trompos, la mirada melancólica de nuestros hermanos indios que todavía sueñan con un mundo sin fronteras. Goza las  piedrecitas de las playas, los pétalos de las hortensias, los pámpanos de los narcisos, las travesuras del viento, las hogueras de los que creen que están matando al diablo, la carcajada limpia de las quinceañeras, las melodías de los coros del templo, la inexplicable frescura de los salmos, la cabellera blanca de los ancianos. Reanímate, vive y cae de rodillas porque “he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola” (Cantares 2:10-12).

 

PERFIL BIBLICO DEL TEMOR

 

Dijimos que lo primero que sintió el hombre al colocarse bajo la cobertura de Satanás a causa de su desobediencia fue el temor.

Citamos de nuevo estas terribles palabras de Génesis 3:10 “Y él le respondió: oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”.

El hombre tiene miedo porque ha perdido algo. El hombre perdió a Dios. Perdió su relación con Dios. Perdió la amistad con su Hacedor. Hay un eslabón perdido que ni la ciencia, ni el arte, ni la filosofía, han podido encontrar.

Los psiquiatras nos alivian con pastillas y los naturistas con flores. Los practicantes del ocultismo hacen milagros mentirosos como los hacía Faraón. Abundan los agoreros, los hechiceros, los adivinos y hasta los profetas de la ciencia cristiana; pero el eslabón sigue perdido en el pantanal de la ignorancia.

El hombre se halla perdido en la selva impenetrable de su soledad sin camino y no sabe de dónde viene ni para donde va. Es un paria sin horizonte ni destino.

Como cosa rara, ese temor y ese miedo que el hombre tiene se proyecta en todos los animales que pueblan la tierra: En Génesis 9:2 encontramos estas palabras conmovedoras “EL TEMOR Y EL MIEDO DE VOSOTROS ESTARAN SOBRE TODO ANIMAL DE LA TIERRA, Y SOBRE TODA AVE DE LOS CIELOS, EN TODO LO QUE SE MUEVA SOBRE LA TIERRA, Y EN TODOS LOS PECES DEL MAR”.

La depresión es el punto final de una vida desordenada y vacía. El temor, su hijo legítimo, es la antesala de la muerte. La depresión termina en suicidio. Es el último escape de una vida en agonía.

Cuando Jacob salió al encuentro de su hermano Esaú tomó medidas extraordinarias para preservar su vida y la de los suyos. Afortunadamente, Dios había enviado dos ángeles para protegerlo. Aquel campamento, mudo testigo de aquella escena conmovedora entre dos hermanos separados por profundas grietas familiares, recibió un nombre poético: Mahanaim que quiere decir: dos campamentos, incidente que la posteridad recuerda y vuelve la vista al Salmo 34:7 “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”.

Cuando Jacob oyó la noticia de que su hermano venía a recibirle con cuatrocientos hombres, se llenó de angustia y tuvo gran temor. Un refrán vulgar dice que “el que nada debe, nada teme”: Pero Jacob, con todas sus experiencias con Dios, con toda la seguridad que tenía de la existencia de un Dios vivo, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, tuvo temor, ansiedad y angustia.

Cuando David fue herido por la traición de un falso amigo y confidente, transformó su queja en oración. La Biblia nos revela que se apoderó de él el temor: “TEMOR Y TEMBLOR VINIERON SOBRE MI, Y TERROR ME HA CUBIERTO”. Increíble a los ojos humanos; pero esto nos enseña que un fiel siervo del Señor, consagrado y dedicado, puede ser víctima de una depresión inexplicable y ser lleno de temor, sea porque esto es un ataque gratuito de Satanás o porque esto forme parte de una disciplina celestial que sólo la eternidad podrá aclarar.

Pedro sintió temor, segundos después de la pesca milagrosa. Literalmente los discípulos estaban tristes, no habían pescado nada; habían tenido tiempo de contar las estrellas, quizá algún chascarrillo para alegrar sus almas oprimidas, y al ver el milagro, la repentina presencia del Maestro, sintieron temor.

Job era recto, perfecto, temeroso de Dios y apartado del mal; pero sintió temor: “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía” (Job 3:25). El hombre de nuestros días vive lleno de temor.

Hay temor al abordar el bus por causa de un asalto.  Hay temor de perder el empleo y dejar a los hijos sin el pan de todos los días. Hay temor en las fronteras. De noche las calles están desiertas porque la gente está llena de temor.

Hay temor al SIDA, al cáncer. El paso del fenómeno del niño, produce temor en las altas esferas del gobierno, porque ese fenómeno infernal envenena los mares, quiebra el alma de los inviernos, hace falta el agua en las fuentes, escasean los víveres, se prolongan las sequías, se pierden las milpas, no hay agua para el ganado y todo esto produce temor, ansiedad.

Teme el médico ante la imposibilidad de dar diagnósticos correctos, porque cada día hay nuevas epidemias, enfermedades raras.  Naciones enteras sufren miedo porque el cólera asecha en el corazón de los suburbios donde la gente ya no tiene que comer, ni donde dormir.  Los niños de la calle tienen miedo.  Las amas de casa tienen miedo.  Hay brotes de violencia por todas partes.  La discriminación racial se ha apoderado de las almas y reina el odio.  Cristo profetizo esta violencia desenfrenada cuando dijo: “UNOS A OTROS SE ABORRECERAN” (Mateo 24:10). Se acabó la guerra  fría; pero esta fue sustituida por nuevos focos de rebelión, de guerras y rumores de guerras.  Presidentes débiles recurren a los golpes de estado para restaurar su imagen desfigurada.  Gobernantes llenos de temor a causa de haber perdido su popularidad, hacen ataques destructivos con lluvia de misiles. Es el uso del recurso de la cobardía que asegura que el fin justifica los medios.

Hay temor en los Estados Unidos porque ya no son la superpotencia que hizo temblar al mundo.  Tienen oro, pero ya no tienen paz. Los sistemas financieros tiemblan. Los bancos ya no son seguros.  Hay temor a quiebras repentinas.

Hay temor de huracanes reales y temor de huracanes en las etnias populosas; porque ahora los dioses antiguos están diciendo a sus sacerdotes que ha llegado la hora de la venganza de cinco siglos de opresión.  Hay temor en la montaña, hay temor en las urbes, hay temor en las plazas.  Hay temor de vivir y hay temor de morir.  Hay temor al presente y hay temor al futuro. Pero hay un temor todavía más cruel, más desconcertante, más sombrío. El hombre moderno sabe que hay un juicio final que depara el futuro.  Que hay un mañana que solo tiene una gloria o un infierno.  Que no estamos solos.  Que hay un Dios que nos mira, ángeles que nos vigilan.  Que hay un Cristo sentado a la diestra de la majestad en las alturas cuyos ojos son como llama de fuego y que miran, con lujo de detalles toda la sangre que se derrama, todo aquello que se hurta, toda lengua que miente, toda mano que adultera, toda inocencia que se consume frente a la pantalla chica, toda desnudez impura, todo gesto indecoroso, toda hipocresía que se esconde en la catedra y en el pulpito; toda pasión que engendra el vientre lleno, todo acto premeditado que asecha en la sombra; toda fuerza bruta que oprime a los débiles, las ricas viandas que se sirven a los perros y que hacen falta en la sala de los hospitales.  El orgullo de los dictadores, las trampas de los políticos, la astucia de los que amasan fortunas con el dinero de los pobres y en fin, todo aquello que vulnera las leyes sacrosantas de un Dios que todo lo sabe, que todo lo ve, que todo lo perdona; pero que terminada su paciencia, puede romper todas las fuentes del gran abismo y las cataratas de los cielos para que haya un diluvio que se los lleva a todos o un juicio de fuego como el que esperamos para dar el pago a los que no obedecen el Evangelio del Amor.

Pero para ti amigo mío, que temes a Dios; que te deleitas en su Palabra; que tienes fe aunque sea del tamaño de una semilla de mostaza, levántate y mira todo lo que Dios puede hacer para salvarte de ese temor que te oprime.

Toma posesión de la tierra.  Poséela ya.  La tierra es tuya. Es tu herencia. “CON VUESTRA PACIENCIA POSEEREIS VUESTRAS ALMAS” (Lucas 21:19). Cuando el Espíritu controla nuestra vida, la voluntad, las emociones, el intelecto y los sentimientos están en perfecto equilibrio, hay paz.  Se como Josué y Caleb: “CON NOSOTROS ESTA JEHOVA, NO LOS TEMAIS” (Números 14:9).

Posee la tierra.  Es tuya.  Toma tu herramienta que te da el Espíritu Santo: LA MANSEDUMBRE.  “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. (Mateo 5:5). 

Para el justo no hay ciudades amuralladas y no tienen nada contra nosotros los hijos de Anac (demonios).  “NO TEMAS NI TENGAIS MIEDO DE ELLOS” (Deuteronomio 1:29).

El texto de Josué 1:9 contiene una capsula de cientos de miligramos de la fuerza celestial:... “NO TEMAS NI DESMAYES, PORQUE JEHOVA TU DIOS ESTARA CONTIGO EN DONDE QUIERA QUE VAYAS”.

Yo temía que un día me fallaría el corazón.  En mi delliriums tremens mi corazón palpitaba de una manera extraña a causa de mi angustia por el síndrome del retiro del alcohol.  Miraba cosas extrañas y temía.  Despertaba aterrorizado por sueños horribles.

Diez años después de aquella horrible pesadilla alcohólica llegué a recuperarme.  Dios me restauró.  Terminó mi sed de alcohol.  Llegué a tener una vida nueva, a ser un hombre nuevo.  Conocí la dulzura del evangelio, la paz de Jesús, la suave brisa de un salmo recitado con lágrimas de alegría a la orilla de mi cama; el temor derramado sobre mi espíritu sediento de las cosas de arriba.  A pesar de todo esto, sentía temor de que algún día llegaría a padecer del corazón.  Y así fue: vino el primer infarto, un segundo y un tercero. Como si esto fuera poco, vino un derrame y hasta un conato de embolia.  Como Job, dije: “ME HA ACONTECIDO LO QUE TEMIA” (Job 3:25).

Ahora después de esa secuela de enfermedades crueles de las que casi nadie sobrevive, me encuentro perfectamente restaurado y en el nombre de Jesús, predico la Palabra, enseño, dirijo una revista, hago labor de corrección de libros, revistas y folletos y me sobra el aliento para escribir este libro para que te levantes de tu frustración, hagas añicos la depresión que te oprime; rechaces el temor con toda tu fuerza y ya restaurado, ayudes a otros porque para el Dios de la Biblia todas las cosas son posibles.

El apóstol San Pablo dice que “No hemos recibido espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción por el que clamamos ¡Abba Padre!”  (Romanos 8:15).

LA GRAN SOLUCION

 

En nuestro primer capítulo destacamos el hecho de que el hombre fue hecho a imagen de Dios.  Un poco menos que Dios.  Pablo, al dirigirse en el Areópago a los sabios de Atenas, recogió la frase de un poeta griego: “somos linaje de Dios”.  El hombre tiene una vida de origen divino.  El hombre es una criatura que supera lo meramente temporal.

Francisco Lacueva  en su obra “El hombre: su grandeza y su miseria” dice que ese mismo parentesco sirve de base en la encarnación del Hijo de Dios para ser “el único mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre” (Ia. Timoteo 2:5), “el hombre” con mayúscula, paradigma del hombre perfecto, renovado conforme a la imagen del que lo creó (Col. 3:10), que es “la imagen del primogénito” (Rom. 8:29).

Esta impronta de la imagen de Dios en el hombre confiere a éste una dignidad superior a la del resto del universo.

San Pablo en Ia. Cor. 11:7, nos dice que el hombre es imagen y gloria de Dios.

Durante el encuentro  de Jesús con el chaparrito Zaqueo Jesús hizo una hermosa revelación que muchos pasaron por alto “EL HIJO DEL HOMBRE VINO A BUSCAR LO QUE SE HABIA PERDIDO”.  ¿Qué se perdió?  La imagen de Dios naturalmente.

San Pablo, en el capítulo 8 de la Epístola a los Romanos dice que “A LOS QUE ANTES CONOCIO, TAMBIEN LOS PREDESTINO PARA QUE FUESEN HECHOS CONFORME A LA IMAGEN DE SU HIJO”.

El primer hombre (Adán) engendra hijos que viven en desorden; están perdidos, destituidos de la gloria de Dios; se encuentra separado de la gloria de Dios, vive en pecado, tiene una naturaleza de pecado, sufre, se enferma, tiene una mente reprobada, se deprime y sufre TEMOR.  El segundo HOMBRE, Cristo, engendra hijos para vida eterna.  Son llamados hijos de Dios, y si hijos herederos de sus bendiciones.  No pueden vivir en temor.  Cueste lo que cueste y suceda, el temor tiene que irse en el nombre de Jesús, porque “MAYOR ES EL QUE ESTA CON NOSOTROS QUE EL QUE ESTA EN EL MUNDO” (1era. Juan 4:4).

En la Epístola a los Gálatas, Pablo exclama con una ternura infinita: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, HASTA QUE CRISTO SEA FORMADO EN VOSOTROS”.  (2ª. Corintios 4:19).

¡Maravillosa declaración! El hombre nuevo, nacido de arriba, engendrado de Dios, con un nuevo linaje, participante de la naturaleza divina, renacido no de simiente corruptible sino de incorruptible, trasladado del reino de las tinieblas al conocimiento de su luz admirable, puede en cualquier momento doblar sus rodillas, adorar a Dios, platicar con Él, permanecer con El en la cámara secreta, una hora … dos horas … tres horas, hasta exclamar como Jacob: “NO TE SOLTARE SI NO ME BENDICES” (Génesis 32:26).  Y Dios te bendecirá, soltara tus cadenas como cayeron las cadenas las cadenas de Pedro mientras la Iglesia “Hacia sin cesar oración por él” (Hechos 12:5); como cayeron las cadenas de Pablo y de Silas mientras cantaban un salmo de victoria en la cárcel de Filipos.

El nuevo hombre, regenerado, restaurado, constituido hijo de Dios, más que vencedor por medio de aquel que nos amó, no es paria desamparado que vaga sin rumbo, sin saber a dónde va: es heredero de una ciudad que tiene fundamentos divinos.  El hombre nuevo se ha acercado al Monte Sión, no al Monte Sinaí que da hijos para esclavitud.  Este hombre nuevo, por medio de la fe, “se ha acercado al monte de Sión, a la Ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los libros, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos” (Hebreos 12:22- 23).

Conforme a estos derechos que se derivan de un sacrificio perfecto hecho una vez y para siempre, ¿Quién es este filisteo incircunciso llamado TEMOR para esclavizar a un hijo de Dios, salvado, lavado, redimido por la sangre de Cristo?

Por lo tanto, el cimiento para la gran solución al problema de las enfermedades emocionales es que somos “linaje santo, hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.

El fundamento para la gran respuesta a esa inquietud que nos devora es que “ciertamente llevó El nuestras enfermedades (temor), y sufrió nuestros dolores (depresión).” “Más El herido fue por nuestras rebeliones (pecado, separación), molido por nuestros pecados… y por su llaga FUIMOS NOSOTROS CURADOS.  (Isaías 53:4-5).

Con fe en El, luchando a brazo partido por nuestra libertad, tomados de su mano poderosa, resistiendo hasta la sangre si es posible, podemos derrotar al enemigo porque “JEHOVA CARGO EN EL el pecado de todos nosotros”, recordando, si es necesario, para vencer enormes peñascos que se han interpuesto en un nuestro camino “QUE ESTE GENERO NO SALE SINO CON ORACION Y AYUNO”.

Vivimos momentos decisivos en la historia de la humanidad.  Pronto la Iglesia de Jesucristo se pondrá su vestido de boda.  Muy pronto, la Iglesia de Jesucristo brillará como el resplandor del firmamento.

No será más la despreciada como Lea, ni la menospreciada como Ana. Dentro de muy pocas horas en el tiempo de Dios, se cumplirá la palabra que está escrita: “Despierta, despierta, vístete de tu poder, Oh Sión, vístete tu ropa hermosa Oh Jerusalén, ciudad santa; porque nunca más vendrá a ti incircunciso (temor) ni inmundo (depresión).  Sacúdete del polvo; levántate y siéntate, Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello (intranquilidad, congoja, incertidumbre, soledad), cautiva hija de Sión.” (Isaías 52:1-2).

Quizá mañana o dentro de un año, la iglesia escuchara la voz del amado que vendrá saltando sobre los montes: “LEVÁNTATE, RESPLANDECE, PORQUE HA VENIDO TU LUZ, Y LA GLORIA DE JEHOVÁ HA NACIDO SOBRE TI.  PORQUE HE AQUÍ QUE TINIEBLAS CUBRIRÁN LA TIERRA Y OBSCURIDAD LAS NACIONES: MÁS SOBRE TI AMANECERÁ JEHOVÁ, Y SOBRE TI SERA VISTA SU GLORIA”. (Isaías 60:1-2).

Este pequeño libro tiene buenas noticias para todos los oprimidos.  La noche es densa, cargada de temor e incertidumbre, Satanás se ha levantado con ira sabiendo que le queda poco tiempo. La depresión y el temor son hijos de la ira del maligno, situación que Dios a veces permite porque no debemos olvidar que él prueba nuestra fe, nuestra perseverancia, nuestro amor, tal como el Espíritu dice en Apocalipsis 3:8b “… porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre … Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo para probar a los que moran en la tierra”.

Cuando el hombre nace de nuevo es una nueva criatura, nueva creación, nuevo barro.  El espíritu sellado a causa del pecado es abierto y el Espíritu Santo entra formando, un nuevo hombre “El que se unen al Señor un espíritu es con él”; ya no es esclavo, es hijo.  Ya no es un paria: es hijo.  Tiene entrada al lugar santísimo.  Hay un camino nuevo y vivo para entrar a la presencia del Señor.  Tenemos un gran intercesor en su presencia: Jesucristo.  Tenemos un gran intercesor en la tierra que ayuda nuestra debilidad: el Espíritu Santo.  Tenemos lámpara para no tropezar en el camino “LAMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO” (Salmo 119:105).

No aceptes tu enfermedad: recházala en el nombre de Jesús.  Tú eres un vencedor.  Y más que vencedor por medio de Aquel que nos amó. Apocalipsis 12:11 dice: “Y ELLOS LE HAN VENCIDO POR MEDIO DE LA SANGRE DEL CORDERO Y DE LA PALABRA DEL TESTIMONIO”.

El temor es un hijo del diablo; usted es un hijo de Dios.  El temor es una trilogía infernal: “El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia”. (Juan 10:10).

El temor quita la paz.  Jesucristo dijo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”. (Juan 14:27).

Un día viajaban los discípulos con Jesús en la barca; y Jesús sin duda dominado por el cansancio se durmió. La tempestad era tan grande, que las olas cubrían la barca.  El grito de ellos fue: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Jesús se levantó, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.  En esa oportunidad Jesús lanzó al viento una frase que todavía tiene vigencia: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?

Pero esto, es solo una parte de la gran solución.

Si hemos nacido de nuevo.  Si Cristo está con nosotros.  Si somos la simiente santa, sal de la tierra, luz del mundo, corona de la creación, linaje de Dios, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido por Dios para anunciar las verdades de aquel que nos llamó al conocimiento de su luz admirable, entonces abra su corazón porque voy a entregarle una verdad gloriosa que yo también un día pude encontrar.

El salmo número uno nos entrega verdades sublimes que retratan de cuerpo entero al hombre perfecto. Es un salmo mesiánico y el hombre más bello, más perfecto y más sublime es Jesucristo quien vino para deshacer las obras del diablo porque Dios era con El.

Pues bien, ese hombre perfecto “que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová esta su delicia y en su ley medita de día y de noche, será COMO ARBOL PLANTADO JUNTO A CORRIENTES DE AGUA que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará”.

Las verdades de Dios son paralelas.  Lo que sucede en el mundo natural también sucede en el mundo espiritual.  Dios ha plantado un árbol en ti que es regado por los ríos de agua viva que están en tu interior.

Y ese árbol crece y como el árbol de la parábola de la semilla de mostaza, “Cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas”.  Ese árbol que Dios planto en ti se llama AMOR que es el fruto natural de toda persona que ha nacido de arriba, del agua y del Espíritu. Cuando el amor se hace perfecto, ese amor ECHA FUERA EL TEMOR, (I Juan 4:18).  A eso se le llama LA MUERTE DEL TEMOR.

“Pies de ciervas en los lugares altos”, de Nannah Hurnard, narra en su bella alegoría de cómo Temerosa, que vivía en la región llamada “El Valle de la sombra de la muerte”, que aprendió a tener pies de ciervas para llegar a los lugares altos donde hay paz y una sublime quietud que sintió Habacuc cuando nos entregó uno de los cantos más bellos del Antiguo Testamento: “AUNQUE LA HIGUERA NO FLOREZCA, NI EN LAS VIDES HAYA FRUTO, AUNQUE FALTE EL PRODUCTO DEL OLIVO, Y LOS LABRADORES NO DEN MANTENIMIENTO, Y LAS OVEJAS SEAN QUITADAS DE LA MAJADA, Y NO HAYAN VACAS EN LOS CORRALES: CON TODO, YO ME ALEGRARÉ EN JEHOVÁ, Y ME GOZARÉ EN EL DIOS DE MI SALVACIÓN, JEHOVA EL SEÑOR ES MI FORTALEZA, EL CUAL HACE MIS PIES COMO DE CIERVAS Y EN MIS ALTURAS ME HACE ANDAR” (Habacuc 3:17-19).

La meta, querido lector, es el reino del amor.  La flor del amor, YA FLORECE EN TU CORAZON.

“No se fijen en mi que soy morena, ni en que el sol ha quemado mi piel.  Mis hermanos se enojaron conmigo y me pusieron a cuidar las viñas, y mi propia viña descuidé”.  (Cantares 1:6).

Sí, la iglesia es morena, de origen obscuro.  Es la moabita del Universo que deja el inmenso Ur de la idolatría para ir a Belén, la casa del pan.  Como su esposo, es despreciada y desechada, llena de amargura; pero esta unida a Cristo por la ley del amor.

Aquí podemos repetir las palabras de Mahatma Gandhi (alma grande): “LA LEY DEL AMOR, ES LA LEY DE MI SER”.

“Dime, amor de mi vida, ¿A dónde apacientas tus rebaños? ¿Dónde los llevas a descansar al mediodía? (Cantares 1:7).

Cuando el temor se acerque a la ventana de tu corazón deja florecer el amor del árbol que está en ti y repite como Salomón a la Sulamita: “mi Amado es para mí como el saquito de mirra que está siempre entre mis pechos”. (Cantares 1:13).

Cuando la ansiedad se acerque a la puerta de tu alma; cuando el dardo cruel del miedo inexplicable, se acerque a la morada de Dios, repite en oración profunda estas palabras:

“LEVÁNTATE AMOR MÍO.  ANDA CARIÑO VAMOS.  Y si el dardo del temor lastima tus sandalias conque caminas a los lugares altos de Habacuc, deja que la voz de tu amado se acerque a tu puerta: “Paloma mía que te escondes en las rocas, en altos y escabrosos escondites, déjame ver tu rostro, déjame escuchar tu voz.  ¡Es tan agradable el verte! ¡Es tan dulce el escucharte!

“EL PERFECTO AMOR ECHA FUERA EL TEMOR”.

Pero el amor tiene un aliado, un dulce compañero: el dolor.

El apóstol San Pablo dice que “el amor, todo lo sufre, todo lo espera, todo lo soporta”.

Tener amor es saber soportar… Es no enojarse y guardar rencor; es no alegrarse de la injusticia, sino de la verdad.  “Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo”. (I Corintios 13).

La sangre de Cristo es el vino generoso del Amor.

Hurnard dice que el amor y el dolor van juntos.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte (dolor) no temeré mal alguno porque Tú estarás conmigo (amor).  Tu vara (dolor) y tu callado (amor) me infundirán aliento”. (Salmo 23:4).

El triunfo del amor es más grande que todos los triunfos de todas las batallas.

Para sacarnos del hoyo de la depresión, Dios usa cuerdas de amor.  “Tus cuerdas me cayeron en lugares deleitosos.  Y hermosa la heredad que me ha tocado”. (Salmo 16:6).

Empieza.   Saca todo vestigio de odio pasado o presente.  Usa el aceite del perdón sin fronteras.  Total.  Comienza a caminar con los consejos del Consejero espiritual, Cristo Jesús.

Entra al templo de tu predilección. Acércate al altar, despacio, tranquilo, seguro, en plena certidumbre de fe; Dios usará la miel de un salmo para endulzar tu vida; la sublime sabiduría de un proverbio para aprender a caminar por caminos nuevos; la hermosura de un canto bucólico de un salmo pastoril para animarte.  Quizá un salmo de alabanza como el Salmo 150 para alabar al Señor.  La alabanza trae liberación.

No pierdas demasiado tiempo frente al televisor.  La televisión es el ojo diabólico de la gran ramera del Apocalipsis.  La televisión mata la poca esperanza que tiene un hombre deprimido.

No pierdas tu tiempo dialogando con hombres mundanos ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas? Un poco de levadura leuda toda la masa.

Avanza.  Ya has comenzado bien el día pasando una hora con Jesús en tu cámara secreta.  Sean pocas tus palabras.  Adora.  En quietud. Tranquilo.  No digas tantas palabras ni acostumbres vanas repeticiones.  Orar es entrar a la presencia de Dios y platicar con Él.  En silencio.  Quizá sin mover los labios.  Con el Espíritu, dejando que el Espíritu te de las palabras adecuadas con salmos, himnos y cánticos espirituales.

El temor es un monstruo que ataca sin misericordia; pero “las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.” (II Corintios 10:4-5).

Dios sugirió al hombre recto, perfecto, temeroso de Dios, y apartado del mal, Job, que el hombre justo “sale al encuentro de las armas, hace burlar de espanto y no teme: He aquí Behemot (bestia bruta semejante al hipopótamo o al elefante), como la depresión, su vigor está, en los músculos de su vientre, su cola mueve como cerdo, los nervios de sus músculos están entretejidos; sus huesos son fuertes como el bronce y sus miembros como barras de hierro … Se echará debajo de las sombras; en lo oculto de las cañas de los lugares húmedos” (Job 40:15-18).

He aquí una fotografía de la depresión.  Pero Dios, que pone freno al mar embravecido; que calma la tempestad con el soplo de su aliento; que hace huir al huracán con la fuerza de su brazo; que hace que las fuerzas que luchan contra Josafat se derrumben; que hace caer los muros de Jericó con regias alabanzas de un pueblo en marcha, es también el que hace que su temor y angustia se vayan; que la soledad se convierta en canto de redimidos; que la depresión caiga a nuestros pues hecha pedazos y que el fuego de Dios descienda sobre el altar de Elías para que se hagan también pedazos los brazos de baal.

Pero toda victoria en Cristo es el resultado de una fe que triunfa; de una confianza plena en un sacrificio perfecto, de una oración prevaleciente que no claudica.

Es la voz del emisario que resume la victoria de su ejército en solo tres palabras: “Llegué, vi y vencí”.

Pero recuerda, debe florecer en ti el árbol del amor, a causa de la semilla que Dios plantó en ti. La flor del amor tiene un olor que trasciende.  Tú eres árbol de justicia.  Satanás nos pide para zarandearnos como a trigo, con el fuego del temor; pero Cristo venció a la muerte y se sentó a la diestra de la majestad en las alturas y en el Tabernáculo eterno intercede por nosotros.

Tú eres árbol plantado junto a manantiales de aguas vivas.  Dios puso una semilla en tu corazón que solo espera un corazón bien dispuesto para dar fruto a 30 a 60 ó a cien por uno. Eres cimiente santa.  Deja que el amor crezca, se derrame y trascienda.  Eres árbol para hacer dulces las aguas de Mara en el desierto de tu soledad.  Más allá de esa fuente están las doce fuentes de Elim para acampar.

La orden está dada.  Avanza, camina hacia Canaán, la tierra prometida.  Pero para llegar a Canaán, hay que atravesar el Mar Rojo de la duda, y el desierto de una vida fatigada.

Cristo, antes de ascender al cielo con el trofeo de su sangre, vio en la cruz del calvario aves de rapiña (demonios) que rodeaban la cruz del sacrificio para atormentarlo y como sucedió a Abraham, he aquí que el temor de una gran obscuridad cayó sobre él (Génesis 15:11-12).

Por eso el que conoce tu aflicción, tus noches de insomnio, tus madrugadas frías; tu falta de interés por todo lo grande, lo bueno y lo bello de esta vida.  El sufrió por ti.   Satanás te acusa, tus nervios tiemblan, tus rodillas te ponen vacilantes y no puedes orar.  Te acuestas y no puedes dormir; pero si duermes, te despiertas con grandes pesadillas; el insomnio te acosa, tu cielo se apaga.  He visto como al quedarte sin fuerzas muere también la esperanza de la oración.  Hay momentos que como Jesús, nos sentimos abandonados sobre la cruz del sufrimiento.  Y puedes contar todos los huesos de su alma seca como piedra bajo el sol del mediodía.

Levántate.  Comienza a repetir el Salmo 91.  Regresa al Salmo 23.  Muévete entre los vientos de liberación del Salmo 107. Ponte de pie.  Da unos cuantos pasos y exclama: Jehová es bueno, el Señor es bueno. Y cuando de repente vengan nuevas fuerzas a causa de que el Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos indecibles, comienza a alabar.  ¡Alaba!  No pidas nada Adora al Señor, no aceptes la derrota; vence la depresión ¡en el nombre de Jesús! No con ejército ni con fuerza; con su Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.

A tu oración diaria, profunda, sosegada, con la fe de Abraham, de Moisés, de Sara, de Abel, de Josué, de Gedeón, agrega otro ingrediente: cómete el libro de Dios, la Santa Biblia; mastícalo, escudríñalo como a tesoros y luego pide ayuda a otros ministerios.  No andes como el gorrión, de iglesia en iglesia, de grupo en grupo.  Abraza tu fe en el orden divino, teniendo “un rebaño y un pastor”  Confía en Dios y él te soltara como lo hizo conmigo después de diez años de agonía a causa de la depresión que me llevo al borde del sepulcro.  No escribo teorías.  Escribo experiencias.  Recuerda: “estamos atribulados, mas no angustiados; en apuros, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; perseguidos, pero no desamparados, derribados, pero no destruidos; porque esta; porque esta leve tribulación momentánea obra en nosotros una cada vez más excelente peso de gloria” (2ª. Corintios 4:9-17).

Has tuyas estas palabras: “Con vosotros está Jehová, no los temáis.  Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra (mente sana, voluntad en equilibrio, emociones en balance); sube y toma posesión de ella (tu alma)… no temas ni desmayes.  No temáis ni tengas miedo de ellos” (Deuteronomio 1:21-29). “Con nosotros está Jehová, lo los temáis” (Números 14:9b); “No temeré mal alguno porque Tu estarás conmigo” (Salmo 23:4).

“Por tanto no temeremos aunque la tierra sea removida” (Salmo  46:2).

¿Estaba deprimido David cuando escribió las palabras del Salmo 27:1?

“Jehová es mi luz y mi salvación, ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”

“Cuando supo David que Siria se había confederado con Efraín, se estremeció su corazón, y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del monte a causa del viento; entonces dijo Jehová a Isaías: Sal ahora al encuentro de Acaz, tu y Sear-jasub tu hijo, al extremo del acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador, y dile: guárdate y reposa; no temas, ni se turbe tu corazón a causa de estos dos cabos de tizón que humean, por el ardor de la ira de Jesín y de Siria, y del hijo de Remalías” (Isaías 7:2-4).

“Todos los llamados de mi nombre” (Isaías 43:7), aquellos que han emblanquecido sus vestidos en la sangre del Cordero, y son hijos por adopción, piedras vivas de un edificio celestial, habitan bajo el abrigo del Altísimo y bajo la sombra del Omnipotente.

De esa generación de hombres y santos dijo Dios: “Por eso te dará gloria el pueblo fuerte; te temerá la ciudad de gentes robustas, porque fuiste fortaleza al pobre; fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el calor, porque el ímpetu de los vientos es como turbión contra el muro” (Isaías 25:3,4).

El profeta Isaías es una prosa de perfiles distinguidos, habla al corazón del temeroso y oprimido con estas palabras: “Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa… Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis, he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago, Dios mismo vendrá, y os salvara” (Isaías 35:1,4).

Definitivamente, hay esperanza para los deprimidos, oprimidos y angustiados.

CAUTIVA A TU ENEMIGA

 

Ya sea que la depresión sea el fruto de cóleras reprimidas, de grandes sufrimientos como la muerte de un ser querido; o bien como dicen los psiquiatras que ésta se presenta cuando existe un trastorno en el funcionamiento de ciertos neurotransmisores en el cerebro, y que por otro lado existen drogas antidepresivas como el Prozac que actúa aumentando el suministro de un neurotransmisor denominado serotonina al cerebro, bloqueando la bomba que elimina la serotonina de su área de acción en el cerebro, la verdad es que la depresión, y su ojo maligno el temor tiene cautivos amillones de personas en todo el mundo, y es necesario que quienes hemos sufrido ese monstruo y nos hemos libertado, escribamos lo que sabemos y pensamos de ese flagelo que transita como uno de los cuatro jinetes del apocalipsis.

En Lucas 11:21 dice que “Cuando el hombre fuerte armado (la depresión) guarda su palacio, en paz está lo que posee. Pero cuando viene otro más fuerte que el (Jesucristo) y lo vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín”.

El apóstol San Pablo dice: “Estad firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis  otra vez sujetos al yugo de esclavitud”.  La depresión y el temor constituyen el binomio de una grosera esclavitud, y el esclavo no sabe lo que hace su señor.  El que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció”. (2ª. Pedro 2:19).

La depresión es una atadura del infierno y tiene que irse de nosotros en el nombre de Jesús.  El temor es la antesala del infierno.  El pecado produce temor.  La duda produce temor.  Una relación obscurecida a causa del pecado, produce temor.

¿Cuál debe ser el primer paso para libertarnos del temor? Muy sencillo, vaciarnos de nosotros de nuestro viejo hombre y llenarnos de Dios, haciendo morir los sentimientos negativos y haciendo renacer, por la obra del Espíritu Santo, la cultura divina del hombre nuevo.

Saquemos de nuestras almas la idea de la muerte y hagamos florecer la idea de la vida.  Digamos como Pablo: ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria?

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y de sangre, el también participo de lo mismo, para DESTRUIR POR MEDIO DE LA MUERTE AL QUE TENIA EL IMPERIO DE LA MUERTE, ESTO ES EL DIABLO y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”. (Hebreos 2:14-15)

Saquemos de nuestro corazón el odio que envenena, el pensamiento que esclaviza.  Ya no digas más: no sirvo para nada, triunfare en el nombre de Jesús.  No digas más: no puedo. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.  No digas más: moriré.  Responde a tu enemigo viviré.  “Me rodearon ligaduras de muerte, y torrentes de perversidad me atemorizaron. Ligaduras del Seól me rodearon,  me tendieron lazos de muerte. En mi angustia invoque a Jehová, y clame a mi Dios.  El oyó mi voz desde su templo y mi clamor llegó delante de él a sus oídos”. (Salmo 18:4-6)

Deja tu alma limpia de ideas sombrías, de argumentos pesimistas de la falsa llamada ciencia, de tesis religiosas sin sentido y aun de profecías falsas de labios que profetizan mentira.  Agárrate de Dios y dile: “No te soltaré si no me bendices”.

Vacía tu alma de los escombros del pecado, de las tormentas del pasado, de obsesivas cargas ancestrales, de oscuros presagios; pero no permitas que tu alma se quede vacía y adornada. Deja que se llene con la presencia del Señor.  Tú eres árbol: florece; y una vez vuelto, ayuda a tus hermanos.  Llena de amor tu corazón, y el amor derramado te dará pies de ciervas para andar en las alturas de Dios, donde ya no hay llanto, ni clamor, ni dolor.

Elabora moldes de pensamientos que transformen tu vida:

Vive de acuerdo a los principios eternos:

JESUS E S EL PAN DE VIDA

EL QUE HABITA AL ABRIGO DEL ALTISIMO

MORARA BAJO LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE.

SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS.

LA FE VIVA MUEVE LAS MONTANAS.

YO SE QUE MI REDENTOR VIVE.

Aprende principios biblicos de memoria.  Los cinco ejemplos bastan.  Luego, llena tu mente con ideas de liberacion:

EL  ME LIBRARA DEL LAZO DEL CAZADOR.

EN CRISTO ESTAMOS COMPLETOS.

CLAMARON A JEHOVA EN SU ANGUSTIA

Y LOS LIBRO DE SUS AFLIXIONES.

ENVIO SU PALABRA Y LOS SANO, Y LOS LIBRO DE SU RUINA.

JEHOVA CAMBIA LA TEMPESTAD EN SOSIEGO.

JEHOVA AMA A LOS JUSTOS.

Poco a poco tu mente se ira llenando de ideas positivas.  Ahora elabora en tu mente un molde de promesas:

 

MUCHA PAZ TIENEN LOS QUE AMAN TU LEY.

LAMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA.

LOS JUSTOS RESPLANDECERAN COMO EL SOL.

EL QUE CREE EN MI AUNQUE ESTE MUERTO VIVIRA.

VENDRE OTRA VEZ Y OS TOMARE A MI MISMO.

LOS JUSTOS HEREDARAN LA TIERRA.

LOS DE LIMPIO CORAZON VERAN A DIOS.

 

A medida que avances, el Espíritu Santo será tu amigo. Y platicarás con él. Te ayudará. Transformará tu oración seca en una plegaria que destilará aceite, leche y miel. Ahora llena tu vida de moldes de alabanza:

¡Alabado sea el Señor!

¡Alaben al Señor desde el cielo!

¡Alaben al Señor desde lo alto!

¡Alábenle ustedes ejércitos del cielo!

¡Alábenle sol y luna!

 

¡Alábenle ustedes brillantes luceros!

¡El rayo y el granizo, la nieve y la neblina!

¡Hablaré de tu grandeza, mi Dios y Rey!

¡En el día que temo, yo en ti confío!

¡Mi corazón está dispuesto oh Dios, dispuesto a cantarte himnos!

¡Despierta el alma mía, despierten arpa y salterio!

 

Después que hayas llenado tu alma de salmos encendidos con el sol de un nuevo día, prepara tu corazón para elevar al Señor una plegaria pidiendo sabiduría con el sabor fragante de los más gloriosos proverbios, escritos de ser posible, en versión popular de la Biblia:

 

“Haz tuyas mis palabras, hijo mío; guarda en tu mente mis pensamientos”.

“No abandones nunca el amor y la verdad”.

“No rechaces, hijo mío, la corrección del Señor… porque el Señor corrige a quien el ama”

“Cuando descanses no tendrás que temer; cuando te acuestes dormirás tranquilo”.

“El camino de los justos es como la luz de un nuevo día; va en aumento hasta brillar con todo su esplendor”.

“Obedece mis mandamientos y enseñanzas, cuídalos como a la niña de tus ojos, y vivirás”.

“Los ojos radiantes alegran el corazón”.

 

Llena tu alma con las palabras de Jesús.  Guárdalas y escríbelas en la tabla de tu corazón. Recuérdalas cuando viajas; repítelos sobre el escritorio donde administras la empresa.  Escúlpelas en las rocas de los caminos, frente a tu cama, cuando te acuestes, cuando te levantes.

 

“Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”.

“Más el que practica la verdad, viene a la luz”.

“Más el que bebiere del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás”.

“Levántate, toma tu lecho y anda”

“Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba”.

“El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”.

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

“Lázaro, ven fuera”.

“La paz os dejo, mi paz os doy.  Yo no la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”.

Cuando hayas vaciado tu corazón y lo hayas llenado con moldes de pensamiento positivos, adora al Señor. Quédate con él una hora… dos horas, tres horas… una tarde entera… y en l nombre de Jesús cautiva a tu enemiga.

Cuando hayas vaciado tu alma de ideas negativas y hayas llenado tu corazón, tu espíritu, tu mente, todo tu ser, sigue el consejo del apóstol San Pablo en Romanos 12:

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis a este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Hecho esto, fácil te será seguir muy de cerca los siguientes consejos:

Teme a Dios: El principio de la sabiduría es el temor de Dios.  “El fin de todo el discurso oído (y de lo escrito en este libro) es éste: teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”. (Eclesiastés 12:13).

Aprende a morir: El apóstol Pablo nos expone en pocas palabras lo que aquí tratamos de decir. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). Cuando la imagen de Cristo es totalmente restaurada en nuestras vidas, y somos llenos del Espíritu Santo, todo nuestro ser es controlado por Dios y el enemigo (LA DEPRESION) ya no tiene arte, ni parte, ni derecho, NI MEMORIA en nosotros, porque pertenecemos a la simiente santa.  Nuestra redención se acerca.  ¡ALELUYA!

Practica la respiración espiritual: Siéntate tranquilamente en la sala de tu casa, de ser posible, al lado de tus seres queridos.  Escribe en un papel todos tus pecados, faltas, ofensas, omisiones.  Deja tres minutos para hacer fervorosa confesión ante Dios de acuerdo a lo escrito.  No te apresures, medita en que Dios es bueno y misericordioso para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.  Toma un fósforo y quema el papel.  Esparce las cenizas en la sala o en el patio de la casa.  Dale gracias a Dios por el perdón de todas las ofensas que fueron escritas.  Adora al Señor.  Descansa, escucha con serenidad las palabras del Señor: “Y no me volveré a recordad de vuestros pecados”. Respira con tranquilidad.  Tus pecados han sido perdonados por la sangre de Jesús.