Como una primicia o
primer fruto de este Nuevo Año 2023, presento la edición corta del libro LA
MUERTE DEL TEMOR, disponible en el blog: http://delfidobarreranavasblogspot.com/
Nunca habia visto semejante comparación de
triunfo: ¡Venciendo a Behemot! Llena de nuevos pensamientos tu mente y vence la
depresion, el temor y no dejes que te derrote y haga miserable tu vida. Que
disfruten su lectura. Comparte a tus
amigos, comparte este trozo de pan al necesitado, al que sufre, al que se
encuentra en desequilibrio emocional.
Pudiera salvarles la vida.
Cuando llegó la pandemia 2020, esos fueron
vientos de malos presagios para la humanidad, pensamos que era una advertencia
del Final y nos causó gran temor. La
invasion de Rusia a Ucrania nos tiene con muchas preocupaciones y crecen la
incertidumbre de cómo esta guerra afectara el futuro de la humanidad. Malas noticias
todos los dias. Nos deprime, por lo tanto es mejor dejar de ver los noticieros,
concentrarnos en cosas positivas, aplicarnos terapias y alejarnos de toda mala
vibra, hacer ejercicio, comer bien dormir bien, aceptar la “nueva realidad”,
gastar menos, ahorrar, saber invertir.
El autor, Delfido Barrera Navas nos dice ”Confía en Dios y él te soltará como lo hizo
conmigo después de diez años de agonía a causa de la depresión que me llevó al
borde del sepulcro”.
Esta enfermedad del alma, “ese árbol crece
y como el árbol de la parábola de la semilla de mostaza, cuando ha crecido es
la mayor de las hortalizas y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves
del cielo y hacen nidos en sus ramas”.
Ese árbol que Dios plantó en ti se llama AMOR que es el fruto natural de
toda persona que ha nacido de arriba, del agua y del Espíritu. Cuando el amor
se hace perfecto, ese amor ECHA FUERA EL TEMOR, (I Juan 4:18). A eso se le
llama LA MUERTE DEL TEMOR.
(Pronto la edicion completa en edicion digital).
EL
PERFECTO AMOR ECHA FUERA EL TEMOR
LA
MUERTE DEL TEMOR
DELFIDO
BARRERA NAVAS
INDICE
El Origen del Temor
El Pánico: la más alta expresión del
temor
El antídoto de la ansiedad
El perfil bíblico del temor
La gran solución
Cautiva a tu enemiga
La hora postrera
Comienza a vivir en lugares celestiales
Dios
dijo:
No
mires la grandeza de tu necesidad, ¡Mira la grandeza de tu Dios!
Tus
circunstancias te impiden ver mis habilidades.
Si
mantienes tus ojos sobre tus circunstancias, el diablo usará tus circunstancias
para derrotarte y acusar la palabra de Dios, escrita y viviente.
Tu
victoria está en mantener tus ojos en la grandeza de tu Dios y su habilidad.
Él
ha prometido guiarte paso a paso, no de una vez. Pero paso a paso y ¡Cada paso será un
milagro¡
Morris
Cerullo
World
Evangelism Inc.
EL
ORIGEN DEL TEMOR
La Biblia dice que “en el principio creó
Dios los cielos y la Tierra”, pero luego afirma “la Tierra estaba desordenada y
vacía. ¿Por qué esta aparente contradicción?
Avancemos y veamos cómo frente al caos de
algo vacío (Tajo y Boju) Dios ordena que se haga la luz, vio Dios que la luz
era buena, y separó la luz de las tinieblas.
En los días subsiguientes, nuestro Creador
hace la expansión (cielos), junta las aguas y las separa; hace que la tierra
produzca hierba verde y vegetación; coloca los astros en el firmamento; da una
mirada a los grandes océanos y hace y hace que las aguas produzcan seres
vivientes, crea las aves, los grandes monstruos marinos, seres vivientes para
poblar la tierra hasta que llega el momento sublime en que Dios proclama y
decide hacer un ser diferente a todos los seres vivos, gloria y triunfo del
Universo, con la siguiente afirmación maravillosa: “HAGAMOS AL HOMBRE A NUESTRA IMAGEN”, y como si esto no bastara, “creó Dios al hombre a su imagen, a imagen
de Dios lo creó; varón y hembra lo creó”.
Y en un momento equis registrado en los
anales del cielo, Dios pasa revista a todo lo creado. Sus ojos se posan sobre las imponentes
galaxias como ejércitos en orden; sobre los soles y las lunas; y como que se
detiene sobre un pequeño planeta azul llamado Tierra y sobre un minúsculo
satélite, la luna y las otras lunas, los otros soles y las otras galaxias.
Cuenta las estrellas y les pone nombre,
vuelve quizá otra vez sobre el planeta azul y su mirada se pierde en los mares,
sus ondas, sus espumas y sus pequeños arco iris. Se extasía sobre el mundo
multicolor del vientre de los mares y luego se goza con el alegre concierto de
los pájaros en la selva virgen y allí sonríe con el gorrioncito amarillo que se
chupa las mieles y con el alegre canto de los canarios que vuelan de rama en
rama, en completa libertad.
Y es aquí donde se da el toque final a la
obra de sus manos y se pronuncia la oración jamás escrita; la declaración jamás
pensada: “Y VIO DIOS TODO LO QUE HABIA
HECHO, Y HE AQUÍ QUE ERA BUENO EN GRAN MANERA”.
BUENO EN GRAN MANERA ¡PERFECTO¡ ¡SANTO¡ ¡MARAVILLOSO¡
Y LLEGO EL DIA SEPTIMO, ¡EL DIA DE REPOSO¡
Y el hombre nace en descanso. Inmerso en un
océano de gloria y de perfección, teniendo como tabernáculo para la oración
sosegada un huerto donde la dalia y la rosa, el crisantemo y el nardo, la
violeta y el lirio tomadas de la mano alaban al Creador.
En ese marco de gloria y de lustre, de
belleza, de grandeza y felicidad, el hombre tenía que escoger entre dos
caminos. Vivir bajo la autoridad y abrigo del Altísimo que lo había formado del
polvo para luego alentar en su nariz soplo de vida; o escuchar la voz de un
enemigo que ya merodeaba sobre los caminos del Eden.
En el primer caso tendría bendición y paz,
gozo y amor. Comunión perfecta con su Creador. Una eterna bienaventuranza.
Al escuchar y atender la voz del adversario
comiendo del fruto prohibido y murió, ciertamente moriría. Tomó del fruto
prohibido y murió. Su espíritu fue sellado. La relación con Dios se interrumpió.
Se quebró. Aquella desobediencia trajo la muerte para el hombre. Esta fue la
raíz del temor: “Y EL RESPONDIO: oí tu
voz en el huerto y, TUVE MIEDO, porque estaba desnudo; y me escondí”.
El hombre tuvo miedo, TEMOR, inseguridad,
intranquilidad, zozobra, angustia, ansiedad, tristeza, desilusión. Eva ya no
era la esposa admirable y perfecta de la mano con su amado paseándose entre los
árboles del huerto. La ayuda idónea, se había convertido en la cáscara infame
para el deslizamiento del primogénito compañero. Con ella florecía ahora la
fruta del engaño, la uva agria de la traición y la mentira y el primer hombre,
Adán, vice regente de un mundo virgen sólo tenía en sus labios, no la alabanza
deslizada sobre el cristal de la inocencia sino reproche inexplicable envuelto
en una atmósfera de temor y de amargura:
“LA MUJER QUE ME DISTE POR COMPAÑERA, ME DIO DEL ARBOL Y YO COMI”.
El vestido de luz que los cubría se había
borrado para siempre y ahora estaban cubiertos con hojas de higuera porque su
desnudez repentina ahora les enseñaba que estaban desnudos. ¡Desnudos¡
separados de la presencia de un Dios Santo.
Mañana o novecientos treinta años después,
morirían. Ciertamente morirían y la paga del pecado es la muerte. La muerte
produce temor y el temor lleva en sí el castigo.
La muerte del perfecto amor produce temor.
Ya no era el amor virgen de aquella pareja
hecha para la ternura y la inocencia. Ya no era la caricia sosegada y perfumada
por las espléndidas hortensias del Edén. El temor trajo flores marchitas, melancólicos
bramidos en la selva, cantos tristes de aves peregrinas.
Ahora las verdes madreselvas tenían temor.
Los pinos empezaron a gemir; los riachuelos empezaron a llorar; los cielos
callaron y el oro y rosicler de las tardes recostadas en la distancia tenían
por primera vez la palidez que engendra el desorden, porque el orden divino se
había conmovido. Las onduladas campiñas tenían ahora plegarias rotas, letanías
de miedo y silencio.
Aquel primer pecado trajo fatales
consecuencias. Dios no puede ser burlado, “todo
lo que el hombre sembrare, eso también segará”. La paga del pecado es la
muerte. La tierra fue maldita por causa del hombre. La maldición produce temor.
El pecado produce temor. El temor es la más ingrata y destructiva de todas las
enfermedades de la mente.
El temor nació en un jardín que ahora, casi
seis mil años después, es una tierra gobernada por un dictador donde se
encendió la madre de todas las batallas, génesis del temor que ahora sacude todas las conciencias, acaba con todas
las energías y pone en peligro la vida de millones de personas.
Cuba está llena de temor.
La otrora pujante Yugoeslavia está llena de
temor.
El imperio soviético qué como Atila
proclamaba que en sus términos nunca se apagaría el sol del socialismo, está
dividido y lleno de frustraciones, todas engendradas por el temor, la
inseguridad y la injusticia. La caída vertical de Adán en el huerto del Edén es
la raíz del temor que ahora, en los últimos tiempos próximos al fin del mundo
se ha apoderado del hombre que en ruta incierta hacia el abismo pregunta si
habrá alguna solución al mayor problema de la humanidad: EL TEMOR.
EL
PANICO: LA MAS ALTA EXPRESION DEL TEMOR
El miedo es fruto de la desobediencia. La
obediencia es la primera ley del cielo. Saúl desobedeció a Dios y fue rechazado
como rey. El pecado de Saúl produjo miedo, ansiedad y angustia. LA MUSICA
aliviaba su temor, pero no lo quitaba porque humanamente hablando el temor no
tiene remedio. Es una enfermedad mortal.
Pero el miedo tiene una causa que se puede
tocar con los dedos del alma. En el corazón de una riña tumultuaria el miedo es
explicable. Se tiene miedo a una tempestad, a una serie de sismos que van en
aumento, a la proximidad de una guerra, a un eclipse total.
Pero cuando el miedo tiene sus raíces en
una depresión incontrolable, el miedo se convierte en pánico. Pero sin control
y sin fundamento. El pánico es inexplicable y se origina en las mismas puertas
del infierno.
El pánico es un espíritu, es una fuerza
bruta que arrasa con todas las fronteras de los sistemas que sustentan la vida
del hombre. Es hoguera que mata, huracán
que quiebra los cedros, monstruo que arrebata la felicidad y la hace añicos.
El pánico es miedo desconcertante, porque
no es una enfermedad diagnosticable, no es una emoción que se agita, y que puede definirse: es un espíritu. La psicología no cura el pánico porque es un
personaje siniestro que no puede definirse, ni estudiarse.
La madre del pánico es la depresión. La depresión es la más cobarde de todas las
enfermedades; el hado más brutal que el hombre
ha conocido. La más despreciable de todas las fuerzas que destruyen; el más
cruel de todos los males.
La depresión hace que el hombre borre su
interés por todo lo grande, lo bueno y lo bello que hay en el mundo.
Por la depresión el hombre pierde su
identidad. La belleza de una flor que abre sus pétalos en una mañana de abril.
La depresión hace de sus víctimas un gusano que se arrastra y que corroe las
hojas de los árboles, sin saber que en ese árbol hay pámpanos robustos colmados
de frutas y un tallo que sostiene una vida palpitante como queriendo escalar el
cielo.
Pero la alta cima de esta hija del infierno
y madre de todas las tristezas, es el pánico. Ese temor que crece en las noches
de insomnio. Ese miedo que surge sin
motivo, cuando el hombre cree que ha vuelto a la vida y que en instantes de
lucidez recibe un beso de su esposa, una caricia de sus hijos, o un afecto
entrañable de una amistad lejana, quizá de una carta del hijo ausente que
cuenta sus triunfos, sus alegrías y sus esperanzas.
El pánico apaga la oración y la hace
infructuosa. El pánico desconcierta a
los médicos psiquiatras; hace temblar a los ministros de culto.
La depresión es el fin de una vida
descontrolada. El pánico es el fin de
una depresión que va en aumento hasta que la noche es perfecta.
David sintió pánico cuando tuvo la
experiencia de pasar por el valle de sombra de la muerte; pero al dar el primer
paso siguió caminando sin temor y al pasarlo nos dio el más bello poema
bucólico que se ha escrito, el Salmo 23:
“Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de
reposo me pastoreará. Confortará mi
alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque
ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tú estarás
conmigo; tu vara y tu callado me infundirán aliento.
Aderezas
mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con
aceite; mi copa está rebosando.
Ciertamente
el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa
de Jehová moraré por largos días”.
Cuando el pánico se asoma a la puerta del
corazón para atormentarlo y afligirlo, el poder del Espíritu Santo aparece como
un viento de libertad que hace tambalear las puertas del infierno.
Cuando el hombre fuerte agita su espada,
lanza jabalina, siempre hay un David con su copa rebosante para lanzar con su
honda una piedra del arroyo que va a incrustarse en la frente del gigante.
El temor muere cuando nace el amor y abre
su corona en el corazón de la montaña de la duda.
El pánico no puede vivir donde hay cantos
de libertad. El pánico es miedo elevado a su séptima potencia. El amor es infinito y por tener su origen en
el mismo corazón de Dios no puede morir.
El pánico muere cuando la luz del Evangelio se proyecta sobre los
lugares celestiales del espíritu del hombre redimido. La cruz de Jesús; su sangre derramada, su
sacrificio inmenso derrotaron para siempre todos los temores y todas las angustias.
Donde hay temor, el calvario triunfa.
EL
ANTIDOTO DE LA ANSIEDAD
Ansiedad es estado de inquietud, de
angustia. Inquietud es desasosiego,
desesperación, preocupación.
Preocuparse por algo que no ha sucedido, es
absurdo. La preocupación hace que el cerebro ponga en estado de alerta las finísimas
y complicadas fibras de todos nuestros sistemas. La preocupación es dardo que nos hiere sin
sentido, es temor sin fundamento. La preocupación pone en desorden nuestro
sistema nervioso, nuestras facultades mentales.
Preocuparse por lo que ya sucedió es más
absurdo todavía.
Conozco un pastor que sufrió durante
catorce años aproximadamente la enfermedad de su esposa. La dolorosa enfermedad de Parkinson la ponía
al borde del sepulcro casi todos los días. Durante las crisis más severas,
temblaba como una caña sacudida por el viento y perdía el sentido de la
realidad. Su esposo, al regresar de la oficina donde ejercía su ministerio la
besaba, la abrazaba, levantaba sus manos y oraba de esta manera. “Padre te doy
gracias por esta enfermedad. No entiendo por qué me sucede esto; pero estoy
seguro que un día lo entenderé y que, tarde o temprano, tú convertirás esta
angustia en un estado de felicidad incomparable”.
El primer antídoto contra el temor es dar
gracias por todo. La palabra de Dios dice:
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto
es, los que conforme al propósito son llamados” (Romanos 8:28).
Da gracias por todo: por lo que tienes y
por lo que no tienes. Por el frío y por el calor. Por la lluvia y por la sequía. Por el amor y por el dolor. No conozco oración más conmovedora y quizá
única en toda la Biblia como la oración de Job cuando perdió sus diez hijos,
sus criados, sus ovejas, sus pastores, sus bueyes, sus asnos y sus camellos: “ENTONCES JOB SE LEVANTO, RASGO SU MANTO Y SE
RASURO LA CABEZA; LUEGO POSTRADO EN TIERRA, ADORO Y DIJO: DESNUDO SALI DEL
VIENTRE DE MI MADRE Y DESNUDO VOLVERE ALLA. JEHOVA DIO Y JEHOVA QUITO: BENDITO
SEA EL NOMBRE DE JEHOVA” (Job
1:20-21).
El segundo antídoto lo da Jesús en el
sermón de la montaña: “Por tanto os digo:
no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de vestir …
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y
vuestro Padre celestial las alimenta” (Mateo
6:25-26).
Cuando un pajarito envejece, se posa triste
sobre una rama y cae a tierra cuando nuestro Padre celestial le dice: Ya¡
Cuando los pajaritos tienen hambre y no hay
literalmente nada que comer Dios suelta
remolino donde hay migajas de pan, éstas vuelan y reposan sobre los peñascos o
sobre la grama silvestre para que las aves coman.
Un ave no se pone triste. Vuela y canta. No
se queja, espera, no se desespera: reposa o vuela de flor en flor sobre las
obscuras madreselvas. El Señor concluye:
“No os afanéis por el día de mañana”
y el contexto de esta escritura que el Señor nos dejó como antídoto contra la
ansiedad cierra su pensamiento con estas palabras: ¿NO VALEIS VOSOTROS MUCHO MAS QUE ELLOS?
Como tercer antídoto, ponga en práctica una
fe viva. No mires lo grande de tu depresión, mira la grandeza de tu Dios.
Mantente firme. Ora, reposa; pero después comienza a caminar con la vara en su
mano.
No te pongas triste cuando los síntomas de
tu enfermedad toquen a tu puerta. Canta, la fe de Abel pone los ojos sobre la
nebulosa de los planes proféticos y lleva al altar de Dios una ofrenda que
apunta hacia el calvario. La fe de Enoc es la fe del hombre que camina de la
mano con Dios y no lo suelta hasta que llegan juntos a las moradas eternas. La
fe de Noé, espera ciento veinte años y se convierte en obra de la Iglesia que
ha hallado gracia en los ojos de Dios.
La fe de Abraham abandona Ur de la idolatría y la duda y camina seguro
sobre la obscuridad de las circunstancias; no rehúye dar en sacrificio a su
único hijo y regala a la posteridad el sublime cuadro del sacrificio de un
cordero que escribe sobre las zarzas el misterio de la sustitución. La fe de
Sara, siendo estéril, recibe fuerza para concebir…”y dio a luz fuera de tiempo, PORQUE CREYO QUE ERA FIEL QUIEN LO HABIA
PROMETIDO”. La fe de Moisés escoge el vituperio de Cristo y rechaza las
riquezas de los egipcios.
Finalmente, para levantar tu ánimo, párate
frente a una rosa y gózala, admírala; aspira su fragancia y ora así: Padre, te
doy gracias porque está regresando a mi alma el amor por las cosas bellas que
hicieron tus manos. Ve a una playa y goza la salida del sol, recoge las
conchitas, admira los tumbos y retumbos, el vuelo de las aves, el canto de los
pájaros y en las noches, junto al mar comienza como Abraham a contar las
estrellas.
Goza el murmullo de la lluvia tardía, los
goterones y los granizos que entonan la canción de las láminas, la sombra de
las jacarandas, la ternura infinita de la tórtola, la suave quietud de una
tarde de abril.
Admire las travesuras de los niños de los
basureros, la sonrisa picaresca de un niño que pone su dedo sobre la llama del
candil; la algarabía de los muchachos que juegan a los trompos, la mirada
melancólica de nuestros hermanos indios que todavía sueñan con un mundo sin
fronteras. Goza las piedrecitas de las
playas, los pétalos de las hortensias, los pámpanos de los narcisos, las
travesuras del viento, las hogueras de los que creen que están matando al
diablo, la carcajada limpia de las quinceañeras, las melodías de los coros del
templo, la inexplicable frescura de los salmos, la cabellera blanca de los
ancianos. Reanímate, vive y cae de rodillas porque “he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han
mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en
nuestro país se ha oído la voz de la tórtola” (Cantares 2:10-12).
PERFIL
BIBLICO DEL TEMOR
Dijimos que lo primero que sintió el hombre
al colocarse bajo la cobertura de Satanás a causa de su desobediencia fue el
temor.
Citamos de nuevo estas terribles palabras
de Génesis 3:10 “Y él le respondió: oí tu voz en el huerto, y tuve miedo,
porque estaba desnudo; y me escondí”.
El hombre tiene miedo porque ha perdido
algo. El hombre perdió a Dios. Perdió su relación con Dios. Perdió la amistad con
su Hacedor. Hay un eslabón perdido que ni la ciencia, ni el arte, ni la
filosofía, han podido encontrar.
Los psiquiatras nos alivian con pastillas y
los naturistas con flores. Los practicantes del ocultismo hacen milagros
mentirosos como los hacía Faraón. Abundan los agoreros, los hechiceros, los
adivinos y hasta los profetas de la ciencia cristiana; pero el eslabón sigue
perdido en el pantanal de la ignorancia.
El hombre se halla perdido en la selva
impenetrable de su soledad sin camino y no sabe de dónde viene ni para donde
va. Es un paria sin horizonte ni destino.
Como cosa rara, ese temor y ese miedo que
el hombre tiene se proyecta en todos los animales que pueblan la tierra: En Génesis 9:2 encontramos estas palabras
conmovedoras “EL TEMOR Y EL MIEDO DE
VOSOTROS ESTARAN SOBRE TODO ANIMAL DE LA TIERRA, Y SOBRE TODA AVE DE LOS
CIELOS, EN TODO LO QUE SE MUEVA SOBRE LA TIERRA, Y EN TODOS LOS PECES DEL MAR”.
La depresión es el punto final de una vida
desordenada y vacía. El temor, su hijo legítimo, es la antesala de la muerte.
La depresión termina en suicidio. Es el último escape de una vida en agonía.
Cuando Jacob salió al encuentro de su
hermano Esaú tomó medidas extraordinarias para preservar su vida y la de los
suyos. Afortunadamente, Dios había enviado dos ángeles para protegerlo. Aquel
campamento, mudo testigo de aquella escena conmovedora entre dos hermanos
separados por profundas grietas familiares, recibió un nombre poético: Mahanaim
que quiere decir: dos campamentos, incidente que la posteridad recuerda y
vuelve la vista al Salmo 34:7 “El ángel de Jehová acampa alrededor de los
que le temen, y los defiende”.
Cuando Jacob oyó la noticia de que su
hermano venía a recibirle con cuatrocientos hombres, se llenó de angustia y
tuvo gran temor. Un refrán vulgar dice que “el que nada debe, nada teme”: Pero
Jacob, con todas sus experiencias con Dios, con toda la seguridad que tenía de
la existencia de un Dios vivo, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, tuvo
temor, ansiedad y angustia.
Cuando David fue herido por la traición de
un falso amigo y confidente, transformó su queja en oración. La Biblia nos
revela que se apoderó de él el temor: “TEMOR
Y TEMBLOR VINIERON SOBRE MI, Y TERROR ME HA CUBIERTO”. Increíble a los ojos
humanos; pero esto nos enseña que un fiel siervo del Señor, consagrado y
dedicado, puede ser víctima de una depresión inexplicable y ser lleno de temor,
sea porque esto es un ataque gratuito de Satanás o porque esto forme parte de
una disciplina celestial que sólo la eternidad podrá aclarar.
Pedro sintió temor, segundos después de la
pesca milagrosa. Literalmente los discípulos estaban tristes, no habían pescado
nada; habían tenido tiempo de contar las estrellas, quizá algún chascarrillo
para alegrar sus almas oprimidas, y al ver el milagro, la repentina presencia
del Maestro, sintieron temor.
Job era recto, perfecto, temeroso de Dios y
apartado del mal; pero sintió temor: “Porque
el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía”
(Job 3:25). El hombre de nuestros
días vive lleno de temor.
Hay temor al abordar el bus por causa de un
asalto. Hay temor de perder el empleo y
dejar a los hijos sin el pan de todos los días. Hay temor en las fronteras. De
noche las calles están desiertas porque la gente está llena de temor.
Hay temor al SIDA, al cáncer. El paso del
fenómeno del niño, produce temor en las altas esferas del gobierno, porque ese
fenómeno infernal envenena los mares, quiebra el alma de los inviernos, hace
falta el agua en las fuentes, escasean los víveres, se prolongan las sequías,
se pierden las milpas, no hay agua para el ganado y todo esto produce temor,
ansiedad.
Teme el médico ante la imposibilidad de dar
diagnósticos correctos, porque cada día hay nuevas epidemias, enfermedades
raras. Naciones enteras sufren miedo
porque el cólera asecha en el corazón de los suburbios donde la gente ya no
tiene que comer, ni donde dormir. Los
niños de la calle tienen miedo. Las amas
de casa tienen miedo. Hay brotes de
violencia por todas partes. La discriminación
racial se ha apoderado de las almas y reina el odio. Cristo profetizo esta violencia desenfrenada
cuando dijo: “UNOS A OTROS SE ABORRECERAN”
(Mateo 24:10). Se acabó la guerra fría; pero esta fue sustituida por nuevos
focos de rebelión, de guerras y rumores de guerras. Presidentes débiles recurren a los golpes de
estado para restaurar su imagen desfigurada.
Gobernantes llenos de temor a causa de haber perdido su popularidad,
hacen ataques destructivos con lluvia de misiles. Es el uso del recurso de la
cobardía que asegura que el fin justifica los medios.
Hay temor en los Estados Unidos porque ya
no son la superpotencia que hizo temblar al mundo. Tienen oro, pero ya no tienen paz. Los
sistemas financieros tiemblan. Los bancos ya no son seguros. Hay temor a quiebras repentinas.
Hay temor de huracanes reales y temor de
huracanes en las etnias populosas; porque ahora los dioses antiguos están
diciendo a sus sacerdotes que ha llegado la hora de la venganza de cinco siglos
de opresión. Hay temor en la montaña,
hay temor en las urbes, hay temor en las plazas. Hay temor de vivir y hay temor de morir. Hay temor al presente y hay temor al futuro.
Pero hay un temor todavía más cruel, más desconcertante, más sombrío. El hombre
moderno sabe que hay un juicio final que depara el futuro. Que hay un mañana que solo tiene una gloria o
un infierno. Que no estamos solos. Que hay un Dios que nos mira, ángeles que nos
vigilan. Que hay un Cristo sentado a la
diestra de la majestad en las alturas cuyos ojos son como llama de fuego y que
miran, con lujo de detalles toda la sangre que se derrama, todo aquello que se
hurta, toda lengua que miente, toda mano que adultera, toda inocencia que se
consume frente a la pantalla chica, toda desnudez impura, todo gesto
indecoroso, toda hipocresía que se esconde en la catedra y en el pulpito; toda
pasión que engendra el vientre lleno, todo acto premeditado que asecha en la
sombra; toda fuerza bruta que oprime a los débiles, las ricas viandas que se
sirven a los perros y que hacen falta en la sala de los hospitales. El orgullo de los dictadores, las trampas de
los políticos, la astucia de los que amasan fortunas con el dinero de los
pobres y en fin, todo aquello que vulnera las leyes sacrosantas de un Dios que
todo lo sabe, que todo lo ve, que todo lo perdona; pero que terminada su
paciencia, puede romper todas las fuentes del gran abismo y las cataratas de
los cielos para que haya un diluvio que se los lleva a todos o un juicio de
fuego como el que esperamos para dar el pago a los que no obedecen el Evangelio
del Amor.
Pero para ti amigo mío, que temes a Dios;
que te deleitas en su Palabra; que tienes fe aunque sea del tamaño de una
semilla de mostaza, levántate y mira todo lo que Dios puede hacer para salvarte
de ese temor que te oprime.
Toma posesión de la tierra. Poséela ya.
La tierra es tuya. Es tu herencia.
“CON VUESTRA PACIENCIA POSEEREIS VUESTRAS ALMAS” (Lucas 21:19). Cuando el Espíritu controla nuestra vida, la
voluntad, las emociones, el intelecto y los sentimientos están en perfecto equilibrio,
hay paz. Se como Josué y Caleb: “CON NOSOTROS ESTA JEHOVA, NO LOS TEMAIS” (Números 14:9).
Posee la tierra. Es tuya.
Toma tu herramienta que te da el Espíritu Santo: LA MANSEDUMBRE. “Bienaventurados
los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. (Mateo 5:5).
Para el justo no hay ciudades amuralladas y
no tienen nada contra nosotros los hijos de Anac (demonios). “NO
TEMAS NI TENGAIS MIEDO DE ELLOS” (Deuteronomio
1:29).
El texto de Josué 1:9 contiene una capsula de cientos de miligramos de la
fuerza celestial:... “NO TEMAS NI
DESMAYES, PORQUE JEHOVA TU DIOS ESTARA CONTIGO EN DONDE QUIERA QUE VAYAS”.
Yo temía que un día me fallaría el
corazón. En mi delliriums tremens mi corazón
palpitaba de una manera extraña a causa de mi angustia por el síndrome del
retiro del alcohol. Miraba cosas
extrañas y temía. Despertaba
aterrorizado por sueños horribles.
Diez años después de aquella horrible
pesadilla alcohólica llegué a recuperarme. Dios me restauró. Terminó mi sed de alcohol. Llegué a tener una vida nueva, a ser un
hombre nuevo. Conocí la dulzura del
evangelio, la paz de Jesús, la suave brisa de un salmo recitado con lágrimas de
alegría a la orilla de mi cama; el temor derramado sobre mi espíritu sediento
de las cosas de arriba. A pesar de todo
esto, sentía temor de que algún día llegaría a padecer del corazón. Y así fue: vino el primer infarto, un segundo
y un tercero. Como si esto fuera poco, vino un derrame y hasta un conato de
embolia. Como Job, dije: “ME HA ACONTECIDO LO QUE TEMIA” (Job 3:25).
Ahora después de esa secuela de
enfermedades crueles de las que casi nadie sobrevive, me encuentro
perfectamente restaurado y en el nombre de Jesús, predico la Palabra, enseño,
dirijo una revista, hago labor de corrección de libros, revistas y folletos y
me sobra el aliento para escribir este libro para que te levantes de tu
frustración, hagas añicos la depresión que te oprime; rechaces el temor con
toda tu fuerza y ya restaurado, ayudes a otros porque para el Dios de la Biblia
todas las cosas son posibles.
El apóstol San Pablo dice que “No hemos recibido espíritu de esclavitud
para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción
por el que clamamos ¡Abba Padre!” (Romanos 8:15).
LA
GRAN SOLUCION
En nuestro primer capítulo destacamos el
hecho de que el hombre fue hecho a imagen de Dios. Un poco menos que Dios. Pablo, al dirigirse en el Areópago a los
sabios de Atenas, recogió la frase de un poeta griego: “somos linaje de Dios”. El
hombre tiene una vida de origen divino.
El hombre es una criatura que supera lo meramente temporal.
Francisco Lacueva en su obra “El hombre: su grandeza y su
miseria” dice que ese mismo parentesco sirve de base en la encarnación del Hijo
de Dios para ser “el único mediador entre
Dios y los hombres, Jesucristo Hombre” (Ia. Timoteo 2:5), “el hombre” con mayúscula, paradigma del hombre
perfecto, renovado conforme a la imagen del que lo creó (Col. 3:10), que es “la imagen
del primogénito” (Rom. 8:29).
Esta impronta de la imagen de Dios en el
hombre confiere a éste una dignidad superior a la del resto del universo.
San Pablo en Ia. Cor. 11:7, nos dice que el hombre es imagen y gloria de Dios.
Durante el encuentro de Jesús con el chaparrito Zaqueo Jesús hizo
una hermosa revelación que muchos pasaron por alto “EL HIJO DEL HOMBRE VINO A BUSCAR LO QUE SE HABIA PERDIDO”. ¿Qué se perdió? La imagen de Dios naturalmente.
San Pablo, en el capítulo 8 de la Epístola
a los Romanos dice que “A LOS QUE ANTES
CONOCIO, TAMBIEN LOS PREDESTINO PARA QUE FUESEN HECHOS CONFORME A LA IMAGEN DE
SU HIJO”.
El primer hombre (Adán) engendra hijos que
viven en desorden; están perdidos, destituidos de la gloria de Dios; se
encuentra separado de la gloria de Dios, vive en pecado, tiene una naturaleza
de pecado, sufre, se enferma, tiene una mente reprobada, se deprime y sufre
TEMOR. El segundo HOMBRE, Cristo,
engendra hijos para vida eterna. Son
llamados hijos de Dios, y si hijos herederos de sus bendiciones. No pueden vivir en temor. Cueste lo que cueste y suceda, el temor tiene
que irse en el nombre de Jesús, porque “MAYOR
ES EL QUE ESTA CON NOSOTROS QUE EL QUE ESTA EN EL MUNDO” (1era. Juan 4:4).
En la Epístola a los Gálatas, Pablo exclama
con una ternura infinita: “Hijitos míos,
por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, HASTA QUE CRISTO SEA FORMADO EN
VOSOTROS”. (2ª. Corintios 4:19).
¡Maravillosa declaración! El hombre nuevo,
nacido de arriba, engendrado de Dios, con un nuevo linaje, participante de la
naturaleza divina, renacido no de simiente corruptible sino de incorruptible,
trasladado del reino de las tinieblas al conocimiento de su luz admirable,
puede en cualquier momento doblar sus rodillas, adorar a Dios, platicar con Él,
permanecer con El en la cámara secreta, una hora … dos horas … tres horas,
hasta exclamar como Jacob: “NO TE SOLTARE
SI NO ME BENDICES” (Génesis 32:26). Y Dios te bendecirá, soltara tus cadenas como
cayeron las cadenas las cadenas de Pedro mientras la Iglesia “Hacia sin cesar oración por él” (Hechos 12:5); como cayeron las cadenas
de Pablo y de Silas mientras cantaban un salmo de victoria en la cárcel de
Filipos.
El nuevo hombre, regenerado, restaurado,
constituido hijo de Dios, más que vencedor por medio de aquel que nos amó, no
es paria desamparado que vaga sin rumbo, sin saber a dónde va: es heredero de
una ciudad que tiene fundamentos divinos.
El hombre nuevo se ha acercado al Monte Sión, no al Monte Sinaí que da
hijos para esclavitud. Este hombre
nuevo, por medio de la fe, “se ha acercado
al monte de Sión, a la Ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la
compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos
que están inscritos en los libros, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de
los justos hechos perfectos” (Hebreos
12:22- 23).
Conforme a estos derechos que se derivan de
un sacrificio perfecto hecho una vez y para siempre, ¿Quién es este filisteo
incircunciso llamado TEMOR para esclavizar a un hijo de Dios, salvado, lavado,
redimido por la sangre de Cristo?
Por lo tanto, el cimiento para la gran
solución al problema de las enfermedades emocionales es que somos “linaje santo, hechura suya, creados en Cristo
Jesús para buenas obras las cuales Dios preparó de antemano para que
anduviésemos en ellas”.
El fundamento para la gran respuesta a esa
inquietud que nos devora es que “ciertamente
llevó El nuestras enfermedades (temor),
y sufrió nuestros dolores (depresión).” “Más
El herido fue por nuestras rebeliones (pecado, separación), molido por nuestros pecados… y por su llaga
FUIMOS NOSOTROS CURADOS. (Isaías 53:4-5).
Con fe en El, luchando a brazo partido por
nuestra libertad, tomados de su mano poderosa, resistiendo hasta la sangre si
es posible, podemos derrotar al enemigo porque “JEHOVA CARGO EN EL el pecado de todos nosotros”, recordando, si es
necesario, para vencer enormes peñascos que se han interpuesto en un nuestro
camino “QUE ESTE GENERO NO SALE SINO CON
ORACION Y AYUNO”.
Vivimos momentos decisivos en la historia
de la humanidad. Pronto la Iglesia de
Jesucristo se pondrá su vestido de boda.
Muy pronto, la Iglesia de Jesucristo brillará como el resplandor del
firmamento.
No será más la despreciada como Lea, ni la
menospreciada como Ana. Dentro de muy pocas horas en el tiempo de Dios, se
cumplirá la palabra que está escrita: “Despierta,
despierta, vístete de tu poder, Oh Sión, vístete tu ropa hermosa Oh Jerusalén,
ciudad santa; porque nunca más vendrá a ti incircunciso (temor) ni inmundo
(depresión). Sacúdete del polvo;
levántate y siéntate, Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello
(intranquilidad, congoja, incertidumbre, soledad), cautiva hija de Sión.” (Isaías 52:1-2).
Quizá mañana o dentro de un año, la iglesia
escuchara la voz del amado que vendrá saltando sobre los montes: “LEVÁNTATE, RESPLANDECE, PORQUE HA VENIDO TU
LUZ, Y LA GLORIA DE JEHOVÁ HA NACIDO SOBRE TI.
PORQUE HE AQUÍ QUE TINIEBLAS CUBRIRÁN LA TIERRA Y OBSCURIDAD LAS
NACIONES: MÁS SOBRE TI AMANECERÁ JEHOVÁ, Y SOBRE TI SERA VISTA SU GLORIA”. (Isaías 60:1-2).
Este pequeño libro tiene buenas noticias
para todos los oprimidos. La noche es
densa, cargada de temor e incertidumbre, Satanás se ha levantado con ira sabiendo
que le queda poco tiempo. La depresión y el temor son hijos de la ira del
maligno, situación que Dios a veces permite porque no debemos olvidar que él
prueba nuestra fe, nuestra perseverancia, nuestro amor, tal como el Espíritu
dice en Apocalipsis 3:8b “… porque aunque tienes poca fuerza, has
guardado mi palabra, y no has negado mi nombre … Por cuanto has guardado la
palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha
de venir sobre el mundo para probar a los que moran en la tierra”.
Cuando el hombre nace de nuevo es una nueva
criatura, nueva creación, nuevo barro.
El espíritu sellado a causa del pecado es abierto y el Espíritu Santo
entra formando, un nuevo hombre “El que
se unen al Señor un espíritu es con él”; ya no es esclavo, es hijo. Ya no es un paria: es hijo. Tiene entrada al lugar santísimo. Hay un camino nuevo y vivo para entrar a la
presencia del Señor. Tenemos un gran
intercesor en su presencia: Jesucristo.
Tenemos un gran intercesor en la tierra que ayuda nuestra debilidad: el
Espíritu Santo. Tenemos lámpara para no
tropezar en el camino “LAMPARA ES A MIS
PIES TU PALABRA Y LUMBRERA A MI CAMINO” (Salmo 119:105).
No aceptes tu enfermedad: recházala en el
nombre de Jesús. Tú eres un
vencedor. Y más que vencedor por medio
de Aquel que nos amó. Apocalipsis 12:11
dice: “Y ELLOS LE HAN VENCIDO POR MEDIO
DE LA SANGRE DEL CORDERO Y DE LA PALABRA DEL TESTIMONIO”.
El temor es un hijo del diablo; usted es un
hijo de Dios. El temor es una trilogía
infernal: “El ladrón no viene sino para robar,
matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en
abundancia”. (Juan 10:10).
El temor quita la paz. Jesucristo dijo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la
da. No se turbe vuestro corazón ni tenga
miedo”. (Juan 14:27).
Un día viajaban los discípulos con Jesús en
la barca; y Jesús sin duda dominado por el cansancio se durmió. La tempestad
era tan grande, que las olas cubrían la barca.
El grito de ellos fue: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Jesús se
levantó, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. En esa oportunidad Jesús lanzó al viento una
frase que todavía tiene vigencia: ¿Por
qué teméis, hombres de poca fe?
Pero esto, es solo una parte de la gran
solución.
Si hemos nacido de nuevo. Si Cristo está con nosotros. Si somos la simiente santa, sal de la tierra,
luz del mundo, corona de la creación, linaje de Dios, real sacerdocio, gente
santa, pueblo adquirido por Dios para anunciar las verdades de aquel que nos
llamó al conocimiento de su luz admirable, entonces abra su corazón porque voy
a entregarle una verdad gloriosa que yo también un día pude encontrar.
El salmo número uno nos entrega verdades
sublimes que retratan de cuerpo entero al hombre perfecto. Es un salmo
mesiánico y el hombre más bello, más perfecto y más sublime es Jesucristo quien
vino para deshacer las obras del diablo porque Dios era con El.
Pues bien, ese hombre perfecto “que no anduvo en consejo de malos, ni
estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
sino que en la ley de Jehová esta su delicia y en su ley medita de día y de
noche, será COMO ARBOL PLANTADO JUNTO A CORRIENTES DE AGUA que da su fruto en
su tiempo y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará”.
Las verdades de Dios son paralelas. Lo que sucede en el mundo natural también
sucede en el mundo espiritual. Dios ha
plantado un árbol en ti que es regado por los ríos de agua viva que están en tu
interior.
Y ese árbol crece y como el árbol de la
parábola de la semilla de mostaza, “Cuando ha crecido es la mayor de las
hortalizas y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen
nidos en sus ramas”. Ese árbol que Dios
planto en ti se llama AMOR que es el fruto natural de toda persona que ha
nacido de arriba, del agua y del Espíritu. Cuando el amor se hace perfecto, ese
amor ECHA FUERA EL TEMOR, (I Juan 4:18). A eso se le llama LA MUERTE DEL TEMOR.
“Pies de ciervas en los lugares altos”, de
Nannah Hurnard, narra en su bella alegoría de cómo Temerosa, que vivía en la
región llamada “El Valle de la sombra de la muerte”, que aprendió a tener pies
de ciervas para llegar a los lugares altos donde hay paz y una sublime quietud
que sintió Habacuc cuando nos entregó uno de los cantos más bellos del Antiguo
Testamento: “AUNQUE LA HIGUERA NO
FLOREZCA, NI EN LAS VIDES HAYA FRUTO, AUNQUE FALTE EL PRODUCTO DEL OLIVO, Y LOS
LABRADORES NO DEN MANTENIMIENTO, Y LAS OVEJAS SEAN QUITADAS DE LA MAJADA, Y NO
HAYAN VACAS EN LOS CORRALES: CON TODO, YO ME ALEGRARÉ EN JEHOVÁ, Y ME GOZARÉ EN
EL DIOS DE MI SALVACIÓN, JEHOVA EL SEÑOR ES MI FORTALEZA, EL CUAL HACE MIS PIES
COMO DE CIERVAS Y EN MIS ALTURAS ME HACE ANDAR” (Habacuc 3:17-19).
La meta, querido lector, es el reino del
amor. La flor del amor, YA FLORECE EN TU
CORAZON.
“No
se fijen en mi que soy morena, ni en que el sol ha quemado mi piel. Mis hermanos se enojaron conmigo y me pusieron
a cuidar las viñas, y mi propia viña descuidé”. (Cantares 1:6).
Sí, la iglesia es morena, de origen
obscuro. Es la moabita del Universo que
deja el inmenso Ur de la idolatría para ir a Belén, la casa del pan. Como su esposo, es despreciada y desechada,
llena de amargura; pero esta unida a Cristo por la ley del amor.
Aquí podemos
repetir las palabras de Mahatma Gandhi (alma grande): “LA LEY DEL AMOR, ES LA
LEY DE MI SER”.
“Dime, amor de mi vida, ¿A dónde apacientas tus
rebaños? ¿Dónde los llevas a descansar al mediodía? (Cantares 1:7).
Cuando el temor se
acerque a la ventana de tu corazón deja florecer el amor del árbol que está en
ti y repite como Salomón a la Sulamita: “mi Amado es para mí como el saquito de
mirra que está siempre entre mis pechos”. (Cantares
1:13).
Cuando la ansiedad
se acerque a la puerta de tu alma; cuando el dardo cruel del miedo
inexplicable, se acerque a la morada de Dios, repite en oración profunda estas
palabras:
“LEVÁNTATE AMOR MÍO. ANDA CARIÑO VAMOS. Y si el dardo del temor lastima tus sandalias
conque caminas a los lugares altos de Habacuc, deja que la voz de tu amado se
acerque a tu puerta: “Paloma mía que te escondes en las rocas, en altos y
escabrosos escondites, déjame ver tu rostro, déjame escuchar tu voz. ¡Es tan agradable el verte! ¡Es tan dulce el
escucharte!
“EL PERFECTO AMOR
ECHA FUERA EL TEMOR”.
Pero el amor tiene
un aliado, un dulce compañero: el dolor.
El apóstol San
Pablo dice que “el amor, todo lo sufre, todo lo espera, todo lo soporta”.
Tener amor es saber
soportar… Es no enojarse y guardar rencor; es no alegrarse de la injusticia,
sino de la verdad. “Tener amor es
sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo”. (I Corintios 13).
La sangre de Cristo
es el vino generoso del Amor.
Hurnard dice que el
amor y el dolor van juntos.
“Aunque ande en valle de sombra de muerte (dolor) no
temeré mal alguno porque Tú estarás conmigo (amor). Tu vara (dolor) y tu callado (amor) me
infundirán aliento”. (Salmo 23:4).
El triunfo del amor
es más grande que todos los triunfos de todas las batallas.
Para sacarnos del
hoyo de la depresión, Dios usa cuerdas de amor.
“Tus cuerdas me cayeron en lugares
deleitosos. Y hermosa la heredad que me
ha tocado”. (Salmo 16:6).
Empieza. Saca todo vestigio de odio pasado o
presente. Usa el aceite del perdón sin
fronteras. Total. Comienza a caminar con los consejos del
Consejero espiritual, Cristo Jesús.
Entra al templo de
tu predilección. Acércate al altar, despacio, tranquilo, seguro, en plena
certidumbre de fe; Dios usará la miel de un salmo para endulzar tu vida; la
sublime sabiduría de un proverbio para aprender a caminar por caminos nuevos;
la hermosura de un canto bucólico de un salmo pastoril para animarte. Quizá un salmo de alabanza como el Salmo 150 para alabar al Señor. La alabanza trae liberación.
No pierdas
demasiado tiempo frente al televisor. La
televisión es el ojo diabólico de la gran ramera del Apocalipsis. La televisión mata la poca esperanza que
tiene un hombre deprimido.
No pierdas tu
tiempo dialogando con hombres mundanos ¿Qué
comunión tiene la luz con las tinieblas? Un poco de levadura leuda toda la
masa.
Avanza. Ya has comenzado bien el día pasando una hora
con Jesús en tu cámara secreta. Sean
pocas tus palabras. Adora. En quietud. Tranquilo. No digas tantas palabras ni acostumbres vanas
repeticiones. Orar es entrar a la
presencia de Dios y platicar con Él. En
silencio. Quizá sin mover los
labios. Con el Espíritu, dejando que el
Espíritu te de las palabras adecuadas con salmos, himnos y cánticos
espirituales.
El temor es un
monstruo que ataca sin misericordia; pero “las
armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la
destrucción de fortalezas.” (II
Corintios 10:4-5).
Dios sugirió al
hombre recto, perfecto, temeroso de Dios, y apartado del mal, Job, que el
hombre justo “sale al encuentro de las
armas, hace burlar de espanto y no teme: He aquí Behemot (bestia bruta
semejante al hipopótamo o al elefante), como la depresión, su vigor está, en los músculos de su vientre, su cola mueve como cerdo,
los nervios de sus músculos están entretejidos; sus huesos son fuertes como el
bronce y sus miembros como barras de hierro … Se echará debajo de las sombras;
en lo oculto de las cañas de los lugares húmedos” (Job 40:15-18).
He aquí una
fotografía de la depresión. Pero Dios,
que pone freno al mar embravecido; que calma la tempestad con el soplo de su
aliento; que hace huir al huracán con la fuerza de su brazo; que hace que las
fuerzas que luchan contra Josafat se derrumben; que hace caer los muros de
Jericó con regias alabanzas de un pueblo en marcha, es también el que hace que
su temor y angustia se vayan; que la soledad se convierta en canto de
redimidos; que la depresión caiga a nuestros pues hecha pedazos y que el fuego
de Dios descienda sobre el altar de Elías para que se hagan también pedazos los
brazos de baal.
Pero toda victoria
en Cristo es el resultado de una fe que triunfa; de una confianza plena en un
sacrificio perfecto, de una oración prevaleciente que no claudica.
Es la voz del
emisario que resume la victoria de su ejército en solo tres palabras: “Llegué,
vi y vencí”.
Pero recuerda, debe
florecer en ti el árbol del amor, a causa de la semilla que Dios plantó en ti.
La flor del amor tiene un olor que trasciende.
Tú eres árbol de justicia.
Satanás nos pide para zarandearnos como a trigo, con el fuego del temor;
pero Cristo venció a la muerte y se sentó a la diestra de la majestad en las
alturas y en el Tabernáculo eterno intercede por nosotros.
Tú eres árbol
plantado junto a manantiales de aguas vivas.
Dios puso una semilla en tu corazón que solo espera un corazón bien
dispuesto para dar fruto a 30 a 60 ó a cien por uno. Eres cimiente santa. Deja que el amor crezca, se derrame y
trascienda. Eres árbol para hacer dulces
las aguas de Mara en el desierto de tu soledad.
Más allá de esa fuente están las doce fuentes de Elim para acampar.
La orden está
dada. Avanza, camina hacia Canaán, la
tierra prometida. Pero para llegar a
Canaán, hay que atravesar el Mar Rojo de la duda, y el desierto de una vida
fatigada.
Cristo, antes de
ascender al cielo con el trofeo de su sangre, vio en la cruz del calvario aves
de rapiña (demonios) que rodeaban la cruz del sacrificio para atormentarlo y
como sucedió a Abraham, he aquí que el temor de una gran obscuridad cayó sobre
él (Génesis 15:11-12).
Por eso el que
conoce tu aflicción, tus noches de insomnio, tus madrugadas frías; tu falta de
interés por todo lo grande, lo bueno y lo bello de esta vida. El sufrió por ti. Satanás te acusa, tus nervios tiemblan, tus
rodillas te ponen vacilantes y no puedes orar.
Te acuestas y no puedes dormir; pero si duermes, te despiertas con
grandes pesadillas; el insomnio te acosa, tu cielo se apaga. He visto como al quedarte sin fuerzas muere
también la esperanza de la oración. Hay
momentos que como Jesús, nos sentimos abandonados sobre la cruz del
sufrimiento. Y puedes contar todos los
huesos de su alma seca como piedra bajo el sol del mediodía.
Levántate. Comienza a repetir el Salmo 91. Regresa al Salmo 23. Muévete entre los vientos de liberación del
Salmo 107. Ponte de pie. Da unos cuantos
pasos y exclama: Jehová es bueno, el Señor es bueno. Y cuando de repente vengan
nuevas fuerzas a causa de que el Espíritu Santo intercede por nosotros con
gemidos indecibles, comienza a alabar. ¡Alaba! No pidas nada Adora al Señor, no aceptes la
derrota; vence la depresión ¡en el nombre de Jesús! No con ejército ni con
fuerza; con su Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.
A tu oración
diaria, profunda, sosegada, con la fe de Abraham, de Moisés, de Sara, de Abel,
de Josué, de Gedeón, agrega otro ingrediente: cómete el libro de Dios, la Santa
Biblia; mastícalo, escudríñalo como a tesoros y luego pide ayuda a otros
ministerios. No andes como el gorrión,
de iglesia en iglesia, de grupo en grupo.
Abraza tu fe en el orden divino, teniendo “un rebaño y un pastor” Confía en Dios y él te soltara como lo hizo
conmigo después de diez años de agonía a causa de la depresión que me llevo al
borde del sepulcro. No escribo
teorías. Escribo experiencias. Recuerda: “estamos
atribulados, mas no angustiados; en apuros, pero no desesperados; perseguidos,
pero no desamparados; perseguidos, pero no desamparados, derribados, pero no
destruidos; porque esta; porque esta leve tribulación momentánea obra en
nosotros una cada vez más excelente peso de gloria” (2ª. Corintios 4:9-17).
Has tuyas estas
palabras: “Con vosotros está Jehová, no
los temáis. Mira, Jehová tu Dios te ha
entregado la tierra (mente sana, voluntad en equilibrio, emociones en
balance); sube y toma posesión de ella (tu
alma)… no temas ni desmayes. No temáis ni tengas miedo de ellos” (Deuteronomio 1:21-29). “Con nosotros está Jehová, lo los temáis” (Números 14:9b); “No temeré mal alguno
porque Tu estarás conmigo” (Salmo
23:4).
“Por tanto no temeremos aunque la tierra sea removida” (Salmo 46:2).
¿Estaba deprimido
David cuando escribió las palabras del Salmo 27:1?
“Jehová es mi luz y mi salvación, ¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”
“Cuando supo David que Siria se había confederado con
Efraín, se estremeció su corazón, y el corazón de su pueblo, como se estremecen
los árboles del monte a causa del viento; entonces dijo Jehová a Isaías: Sal
ahora al encuentro de Acaz, tu y Sear-jasub tu hijo, al extremo del acueducto
del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador, y dile:
guárdate y reposa; no temas, ni se turbe tu corazón a causa de estos dos cabos
de tizón que humean, por el ardor de la ira de Jesín y de Siria, y del hijo de
Remalías” (Isaías 7:2-4).
“Todos los llamados de mi nombre” (Isaías 43:7), aquellos que han emblanquecido sus vestidos en la sangre del
Cordero, y son hijos por adopción, piedras vivas de un edificio celestial,
habitan bajo el abrigo del Altísimo y bajo la sombra del Omnipotente.
De esa generación
de hombres y santos dijo Dios: “Por eso
te dará gloria el pueblo fuerte; te temerá la ciudad de gentes robustas, porque
fuiste fortaleza al pobre; fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio
contra el turbión, sombra contra el calor, porque el ímpetu de los vientos es
como turbión contra el muro” (Isaías
25:3,4).
El profeta Isaías
es una prosa de perfiles distinguidos, habla al corazón del temeroso y oprimido
con estas palabras: “Se alegrarán el
desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa… Decid a los
de corazón apocado: Esforzaos, no temáis, he aquí que vuestro Dios viene con
retribución, con pago, Dios mismo vendrá, y os salvara” (Isaías 35:1,4).
Definitivamente,
hay esperanza para los deprimidos, oprimidos y angustiados.
CAUTIVA
A TU ENEMIGA
Ya sea que la
depresión sea el fruto de cóleras reprimidas, de grandes sufrimientos como la
muerte de un ser querido; o bien como dicen los psiquiatras que ésta se
presenta cuando existe un trastorno en el funcionamiento de ciertos
neurotransmisores en el cerebro, y que por otro lado existen drogas
antidepresivas como el Prozac que actúa aumentando el suministro de un neurotransmisor
denominado serotonina al cerebro, bloqueando la bomba que elimina la serotonina
de su área de acción en el cerebro, la verdad es que la depresión, y su ojo
maligno el temor tiene cautivos amillones de personas en todo el mundo, y es
necesario que quienes hemos sufrido ese monstruo y nos hemos libertado,
escribamos lo que sabemos y pensamos de ese flagelo que transita como uno de
los cuatro jinetes del apocalipsis.
En Lucas 11:21 dice que “Cuando el hombre fuerte armado (la
depresión) guarda su palacio, en paz está lo que posee. Pero cuando viene otro
más fuerte que el (Jesucristo) y lo vence, le quita todas sus armas en que
confiaba, y reparte el botín”.
El apóstol San
Pablo dice: “Estad firmes en la libertad
con que Cristo nos hizo libres, y no estéis
otra vez sujetos al yugo de esclavitud”. La depresión y el temor constituyen el
binomio de una grosera esclavitud, y el esclavo no sabe lo que hace su
señor. “El que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció”. (2ª. Pedro 2:19).
La depresión es una
atadura del infierno y tiene que irse de nosotros en el nombre de Jesús. El temor es la antesala del infierno. El pecado produce temor. La duda produce temor. Una relación obscurecida a causa del pecado,
produce temor.
¿Cuál debe ser el
primer paso para libertarnos del temor? Muy sencillo, vaciarnos de nosotros de
nuestro viejo hombre y llenarnos de Dios, haciendo morir los sentimientos
negativos y haciendo renacer, por la obra del Espíritu Santo, la cultura divina
del hombre nuevo.
Saquemos de
nuestras almas la idea de la muerte y hagamos florecer la idea de la vida. Digamos como Pablo: ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria?
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y
de sangre, el también participo de lo mismo, para DESTRUIR POR MEDIO DE LA
MUERTE AL QUE TENIA EL IMPERIO DE LA MUERTE, ESTO ES EL DIABLO y librar a todos
los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a
servidumbre”. (Hebreos 2:14-15)
Saquemos de nuestro
corazón el odio que envenena, el pensamiento que esclaviza. Ya no digas más: no sirvo para nada,
triunfare en el nombre de Jesús. No
digas más: no puedo. “Todo lo puedo en
Cristo que me fortalece”. No digas
más: moriré. Responde a tu enemigo
viviré. “Me rodearon ligaduras de muerte, y torrentes de perversidad me
atemorizaron. Ligaduras del Seól me rodearon, me tendieron lazos de muerte. En mi angustia
invoque a Jehová, y clame a mi Dios. El
oyó mi voz desde su templo y mi clamor llegó delante de él a sus oídos”. (Salmo 18:4-6)
Deja tu alma limpia
de ideas sombrías, de argumentos pesimistas de la falsa llamada ciencia, de
tesis religiosas sin sentido y aun de profecías falsas de labios que profetizan
mentira. Agárrate de Dios y dile: “No te soltaré si no me bendices”.
Vacía tu alma de
los escombros del pecado, de las tormentas del pasado, de obsesivas cargas
ancestrales, de oscuros presagios; pero no permitas que tu alma se quede vacía
y adornada. Deja que se llene con la presencia del Señor. Tú eres árbol: florece; y una vez vuelto,
ayuda a tus hermanos. Llena de amor tu
corazón, y el amor derramado te dará pies de ciervas para andar en las alturas
de Dios, donde ya no hay llanto, ni clamor, ni dolor.
Elabora moldes de
pensamientos que transformen tu vida:
Vive de acuerdo a
los principios eternos:
JESUS E S EL PAN DE VIDA
EL QUE HABITA AL ABRIGO DEL ALTISIMO
MORARA BAJO LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE.
SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS.
LA FE VIVA MUEVE LAS MONTANAS.
YO SE QUE MI REDENTOR VIVE.
Aprende principios biblicos de
memoria. Los cinco ejemplos bastan. Luego, llena tu mente con ideas de
liberacion:
EL
ME LIBRARA DEL LAZO DEL CAZADOR.
EN CRISTO ESTAMOS COMPLETOS.
CLAMARON A JEHOVA EN SU ANGUSTIA
Y LOS LIBRO DE SUS AFLIXIONES.
ENVIO SU PALABRA Y LOS SANO, Y LOS LIBRO
DE SU RUINA.
JEHOVA CAMBIA LA TEMPESTAD EN SOSIEGO.
JEHOVA AMA A LOS JUSTOS.
Poco a poco tu mente se ira llenando de
ideas positivas. Ahora elabora en tu
mente un molde de promesas:
MUCHA PAZ TIENEN LOS QUE AMAN TU LEY.
LAMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA.
LOS JUSTOS RESPLANDECERAN COMO EL SOL.
EL QUE CREE EN MI AUNQUE ESTE MUERTO
VIVIRA.
VENDRE OTRA VEZ Y OS TOMARE A MI MISMO.
LOS JUSTOS HEREDARAN LA TIERRA.
LOS DE LIMPIO CORAZON VERAN A DIOS.
A medida que avances, el Espíritu Santo será
tu amigo. Y platicarás con él. Te ayudará. Transformará tu oración seca en una
plegaria que destilará aceite, leche y miel. Ahora llena tu vida de moldes de
alabanza:
¡Alabado sea el Señor!
¡Alaben al Señor desde el cielo!
¡Alaben al Señor desde lo alto!
¡Alábenle ustedes ejércitos del cielo!
¡Alábenle sol y luna!
¡Alábenle ustedes brillantes luceros!
¡El rayo y el granizo, la nieve y la
neblina!
¡Hablaré de tu grandeza, mi Dios y Rey!
¡En el día que temo, yo en ti confío!
¡Mi corazón está dispuesto oh Dios,
dispuesto a cantarte himnos!
¡Despierta el alma mía, despierten arpa
y salterio!
Después que hayas llenado tu alma de
salmos encendidos con el sol de un nuevo día, prepara tu corazón para elevar al
Señor una plegaria pidiendo sabiduría con el sabor fragante de los más
gloriosos proverbios, escritos de ser posible, en versión popular de la Biblia:
“Haz tuyas mis palabras, hijo mío;
guarda en tu mente mis pensamientos”.
“No abandones nunca el amor y la
verdad”.
“No rechaces, hijo mío, la corrección del
Señor… porque el Señor corrige a quien el ama”
“Cuando descanses no tendrás que temer;
cuando te acuestes dormirás tranquilo”.
“El camino de los justos es como la luz
de un nuevo día; va en aumento hasta brillar con todo su esplendor”.
“Obedece mis mandamientos y enseñanzas,
cuídalos como a la niña de tus ojos, y vivirás”.
“Los ojos radiantes alegran el corazón”.
Llena tu alma con las palabras de
Jesús. Guárdalas y escríbelas en la
tabla de tu corazón. Recuérdalas cuando viajas; repítelos sobre el escritorio
donde administras la empresa. Escúlpelas
en las rocas de los caminos, frente a tu cama, cuando te acuestes, cuando te
levantes.
“Antes que Felipe
te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”.
“Más el que
practica la verdad, viene a la luz”.
“Más el que bebiere
del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás”.
“Levántate, toma tu
lecho y anda”
“Si alguno tiene
sed, venga a Mí y beba”.
“El que cree en Mí,
como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”.
“Yo soy la luz del mundo;
el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.
“Lázaro, ven
fuera”.
“La paz os dejo, mi
paz os doy. Yo no la doy como el mundo
la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”.
Cuando hayas
vaciado tu corazón y lo hayas llenado con moldes de pensamiento positivos,
adora al Señor. Quédate con él una hora… dos horas, tres horas… una tarde
entera… y en l nombre de Jesús cautiva a tu enemiga.
Cuando hayas
vaciado tu alma de ideas negativas y hayas llenado tu corazón, tu espíritu, tu
mente, todo tu ser, sigue el consejo del apóstol San Pablo en Romanos 12:
“Así que, hermanos, os ruego por las
misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo,
santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis a
este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que
experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
Hecho esto, fácil
te será seguir muy de cerca los siguientes consejos:
Teme a Dios: El principio de la sabiduría es el temor de
Dios.
“El fin de todo el discurso oído (y de lo escrito en este libro) es
éste: teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”.
(Eclesiastés 12:13).
Aprende a morir: El apóstol Pablo nos expone en pocas
palabras lo que aquí tratamos de decir. “Con
Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”
(Gálatas 2:20). Cuando la imagen de
Cristo es totalmente restaurada en nuestras vidas, y somos llenos del Espíritu
Santo, todo nuestro ser es controlado por Dios y el enemigo (LA DEPRESION) ya
no tiene arte, ni parte, ni derecho, NI MEMORIA en nosotros, porque
pertenecemos a la simiente santa.
Nuestra redención se acerca.
¡ALELUYA!
Practica la respiración espiritual: Siéntate tranquilamente en la sala de tu casa, de ser posible, al lado de tus seres queridos. Escribe en un papel todos tus pecados, faltas, ofensas, omisiones. Deja tres minutos para hacer fervorosa confesión ante Dios de acuerdo a lo escrito. No te apresures, medita en que Dios es bueno y misericordioso para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Toma un fósforo y quema el papel. Esparce las cenizas en la sala o en el patio de la casa. Dale gracias a Dios por el perdón de todas las ofensas que fueron escritas. Adora al Señor. Descansa, escucha con serenidad las palabras del Señor: “Y no me volveré a recordad de vuestros pecados”. Respira con tranquilidad. Tus pecados han sido perdonados por la sangre de Jesús.

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