EL AVIVAMIENTO QUE VIENE
Autor: DELFIDO BARRERA NAVAS
¿Está la Iglesia con su traje de hermosura?, preparada para recibir al Señor en el aire?
¿Hay lámparas encendidas,
clamor de media noche?
¿Hay sueño y
la boda se acerca? Todo parece estar bien, pero ¿Hay aceite en las vasijas?
¿Llevará el Señor a una iglesia tibia, fragmentada, partida en pedacitos, donde cada uno pretende tener toda la verdad? …
Mil veces no. Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella… a fin de presentársela a sí mismo, una Iglesia gloriosa.
DELFIDO
BARRERA NAVAS, escritor y poeta cristiano responde a estas interrogantes y con
bases bíblicas expone claramente, con una prosa sencilla y amena el inminente
derramamiento del Espíritu Santo en el contexto de la lluvia temprana y tardía.
“SUCEDERÁ DESPUÉS DE ESTO QUE YO DERRAMARÉ MI ESPÍRITU
EN TODA CARNE, VUESTROS HIJOS Y VUESTRAS HIJAS PROFETIZARÁN”. Joel 3:1
EL AVIVAMIENTO QUE VIENE
Por Delfido Barrera Navas
Un libro que
se atreve a decir verdades que nadie dice; pero que a su tiempo se cumplirán.
INDICE
Introducción
Dedicatoria
Así nació la
Iglesia
La Iglesia
Tiene Sed de Dios
Las Cosas
Pasadas
La Biblia Dice
que habrá un Avivamiento en los Postreros Días
Yo Hago Mía la
Oración de Habacuc
Viene una Gran
Cosecha
Lluvias
Copiosas
El Señor
Vendrá a su Templo
Los Primeros
Goterones
Introducción
Este pequeño
libro tiene el propósito de consolar a la iglesia, recordándole que estamos a
las puertas del más grande avivamiento del Espíritu Santo, no solo con señales
y prodigios y un despertar espiritual sin precedentes, sino de una enorme
convicción de pecado que invadirá los templos, que llenará los estanques con
lágrimas de arrepentimiento; que penetrará a las fabricas, que conmoverá las
salas de los gobernantes, las curules de los senadores, los cómodos sillones de
los magistrados y que hará temblar los centros de idolatría. Habrá clara denuncia de los dioses falsos, se
conmoverán las hogueras de los falsos sacerdotes.
Pero este
libro será entregado con la clara advertencia de que habrá avivamiento para
vida o juicio para muerte.
Multitudes que
ahora corren tras los ídolos de barro de la televisión y el cine. Masas humanas atraídas por la fiebre del
futbol y de las modernas olimpiadas llenas de colorido y de miedo se
encontraran de repente en el valle de la decisión: la vida o la muerte. El
avivamiento o el fuego mortecino de las religiones falsas que solo ofrecen
discursos, proclamas, suntuosas celebraciones donde se invierten fabulosas
sumas de dinero mientras millones de personas viven en chozas de paja donde
aflora la enfermedad, la pobreza, la miseria y las supersticiones.
El tiempo se
nos acaba. O dejamos que Cristo entre a
nuestras vidas para que seamos conformados a su imagen y seamos así mejores
esposos, auténticos cristianos santos, apartados, consagrados, dedicados, íntegros,
rectos, perfectos, temerosos de Dios y apartados del mal; o ignorémoslo todo. Dejémonos abrazar por el narcisismo para
tener un alto concepto de nosotros mismos y tengamos en poco una salvación tan
grande. Dejémonos arrastrar por las
pasiones. Juguemos al pecado como
aquella niña que jugaba con la víbora hasta que ésta la mató. Menospreciemos las profecías y rechacemos la
idea de un despertamiento espiritual que de todos modos vendrá porque fiel es
el que dijo que viene. “Porque he aquí
que está por llegar aquel día ardiente como un horno, y todos los soberbios y
todos los que hacen maldad serán como el rastrojo; aquel día que está por
llegar los abrazara, dice Jehová de los Ejércitos, y no les dejara ni raíz ni
rama. Más a vosotros los que teméis mi nombre, os nacerá el sol de justicia y
en sus alas traerá salvación; y saldréis y saltareis como becerros de la
manada. (Malaquías 4:1-1).
Vida o muerte,
bendición o maldición. Crujir de dientes
o cantos de libertad. Luz o
tinieblas. Para la simiente santa habrá
salida, refugio, escape, un salir airoso y repentino, de alguna manera porque
está escrito con resplandor de eternidad: “POR CUANTO HAS GUARDADO LA PALABRA
DE MI PACIENCIA, YO TAMBIEN TE GUARDARE DE LA HORA DE LA PRUEBA QUE ESTA POR
VENIR SOBRE EL MUNDO, PARA PROBAR A LOS QUE MORAN SOBRE LA TIERRA.”
(Apocalipsis 3:10).
Tú, libro mío
cumple tu destino. Constitúyete en
ATALAYA, mientras que llega la tempestad; clama a voz en cuello, no te
detengas. Eres lo único que tengo para
avisar al mundo que el ruido que se oye es el paso del huracán que se aproxima.
DEDICATORIA
AL APOSTOL
PEDRO BARRERA RODAS
Y A PLACIDA
NAVAS VIUDA DE BARRERA
Abnegados
misioneros que me enseñaron a amar el glorioso retorno de Cristo en Gloria: me
dieron luces para entender los tiempos y el gozo de los gloriosos aguaceros que
se derramaran sobre la iglesia de Jesucristo, juntamente en la última milla de
los postreros días.
A la Iglesia
Centroamericana de Santa Catarina Mita, Jutiapa, la manada pequeña de mis
padres donde se encendió por vez primera en mi alma la luz del Evangelio.
De izquierda a
derecha mi hermana Rebeca que descansa su mano sobre el hombro del hijo prodigo
de la historia, Délfido Barrera Navas, autor de este libro. Luego, mi hermana Adela y Pedro Barrera
Rodas. Sentada, mi madre Plácida Navas V. de Barrera. Sea este un homenaje a la memoria de mis
padres que ya están en la presencia del Señor.
ASI NACIO LA IGLESIA
La Iglesia de
Jesucristo nació llena del Espíritu Santo.
Sobre ella fue vista Su gloria.
Los cimientos
del infierno se estremecieron cuando aquella virgen pura fue sacada de sus
abismos para vivir en lugares celestiales.
Entonces todo
era hermoso: el amor, fruto del Espíritu Santo, brotaba a torrentes de todos
los corazones. Había amor en el corazón
de la familia cristiana, en el fogón de la cabaña antigua, en los cristales de
los riachuelos donde las mujeres de Dios testificaban de sus Grandes maravillas.
Era un amor limpio, con blancura de nieve y profundo como el azul del cielo en
una tarde de primavera. Era un amor que irradiaba con ternura, leche y pan. Era
el amor de Cristo, alto, ancho y profundo.
El gozo era
una flor que exhalaba sus aromas a la hora de la oración sosegada o de la
plegaria ferviente. Era la fortaleza de
un pueblo que marchaba con cantos de libertad.
En este tiempo
las iglesias tenían paz y consuelo del Espíritu Santo, eran multiplicadas.
En estos años
dorados tenia ojos delicados para contemplar la hermosura del cielo. Tenía ojos como de paloma para burlar las
distancias, para saborear las alturas, para batir sus alas sobre la ruta de los
vientos.
La iglesia
nació en un aposento alto. Nació con
clamor, con llanto. Estaba unida,
reunida, ansiosa de paz, sedienta de Dios, expectante, con una esperanza azul
en el alma.
Allí estaba
María, madre de Jesús, con una sonrisa clara como el cristal de la gloria. Allí estaba Pedro con aleluyas escondidas en
las profundidades de su espíritu. Allí
estaba Andrés, con la mirada perdida en el infinito donde se disipa la oración
de los santos. Allí estaban los hijos de
Zebedeo con las gemelas niñas de sus ojos soñadores embriagados con el suave
soliloquio de sus lágrimas vertidas. Allí estaba la flor y nata de los primeros
cristianos. Allí esperaba la manada
pequeña anhelando la llegada del Consolador.
No tenían prisa. El Divino
maestro se había ido, se había perdido en las distancias, había ascendido
victoriosamente y así regresaría, pero entre tanto, había que esperar los
aguaceros de la lluvia temprana.
Y como se
cumplieron los días de Pentecostés estaban todos unánimes juntos. De repente hubo un estruendo. Al estruendo surgieron los relámpagos de
gloria. El silencio se apagó. Los idiomas celestiales brotaron como
cascadas de gloria. El mensaje del Evangelio brotó de los labios ungidos por el
poder del Espíritu Santo.
Pedro ya no
era el pescador en desasosiego a la orilla de la playa. Ni era el verbo de la cobardía negando a su
maestro. No era el hombre carnal
esgrimiendo la espada para cortar la oreja de Malco; ni el héroe de paja que se
hunde en las olas encrespadas del mar embravecido. Era ahora el verbo de la
esperanza: “Estos no están ebrios, como vosotros suponéis puesto que es la hora
tercera del día” (Hechos 2:15).
Lo que sucede
al principio, también sucede en el fin.
Las verdades de Dios son paralelas.
Lo que sucede en el mundo natural, también sucede en el mundo
espiritual.
Lo que sucede
al Israel natural, parábola de Dios, también sucede en el mundo espiritual, la
iglesia.
La iglesia de
Jesucristo nació con el grito suave, dulce y fragante de la profecía. En la iglesia de nuestros días “vuestros hijos profetizaran” (Hechos 2:16).
La iglesia
primitiva conjugo la visión y los sueños con la grata algarabía juvenil y la
suave alabanza de los ancianos, exactamente como lo dijo el profeta Joel para
las horas finales de los postreros días.
En aquellos
días de gloria el avivamiento alcanzo a los siervos. En estos postreros días el avivamiento
alcanzara al ruso y al africano, al argentino y al chileno; al indio y al
ladino, al huérfano y a la viuda, al joven y al anciano, al rico y al mendigo,
al negro y al blanco.
Los días que
vienen vendrán prodigios arriba en el cielo y señales en la tierra.
Inmediatamente
antes que haya sangre, fuego y vapor de humo; y antes que el sol se convierta
en tinieblas y la luna en sangre, los jóvenes verán visiones y los ancianos
sonaran sueños.
El ministerio
de la mujer alcanzara perfiles distinguidos, porque en Cristo no hay judío ni
griego, siervo ni libre, varón ni hembra.
Abundaran
Marías que huyan de los apuros de las carreras y turbaciones de Marta para
estar a los pies del Señor oyendo su palabra.
Hace pocas
horas vi un programa en un canal de televisión cristiano, un foro por Fredy
Gularte, un joven que se perfila como un líder de prometedoras expectativas;
donde un grupo de mujeres desafiaron a los hombres a ser mas esposos, más
respetuosos de las fatigas y luchas de la mujer.
Yo veo venir
un movimiento femenil que sacudirá las conciencias. La experiencia en AGLOW como consejero me
enseno que la mujer, en las trincheras de la guerra espiritual es un baluarte
de esperanzas.
Desde el grupo
Unidos para Orar he visto mujeres valientes entrar a los mismos templos llenos
de ídolos para poner manos sobre los muros, en abierto desafío a las puertas
del mismo infierno, llenas del celo de Dios y como diciendo como su maestro y
Redentor: “EL CELO DE TU CASA ME CONSUME”
(Salmo 69:9).
La mano
femenil está abriendo brecha donde se anida la indiferencia y el miedo. Como dijo un conocido político guatemalteco:
han pasado del pánico al ataque. Son
cartas leídas. Se mueven con pasión. Son
hermosos paradigmas de trabajo abundante y fructífero. Rebecas que producen
hijos espirituales para la Gloria de Dios.
Moabitas que abandonan sus ídolos de barro para marchar hacia la tierra
donde hay trigo, cebada y pan.
Y no es para
menos, porque así nació la iglesia: con Marías que no temían ir a la cruz para
ver morir al hijo de sus entrañas.
Con Magdalenas
que iban al sepulcro muy de mañana para convertirse en testigos de la gloriosa
resurrección de Jesucristo.
Con Priscilas
que triunfan. Mujeres cuyos nombres
están escritos en latitudes de gloriosa eternidad.
LA IGLESIA TIENE SED DE DIOS
Dios pidió a
todos los sedientos que vengan a sus aguas. La iglesia tiene sed de Dios. Jesús dijo que los que toman de “esta agua” (glorias, reinos, riquezas,
oropeles, grandezas, placeres) volverán a “tener
sed”. El agua que El da, quita la
sed, trae vida, fortalece la fe, levanta el ánimo, vivifica el espíritu. La lluvia de las bendiciones de Dios refresca
el alma sedienta. Los que tienen hambre
y sed de justicia serán saciados.
Dios prometió
lluvia temprana y la lluvia llego. “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo y
comenzaron a hablar en otras lenguas”. La torre de Babel trajo confusión. Pentecostés trajo gloria. Dios dijo que al
final de los tiempos habría lluvia tardía y Dios cumplirá Su promesa. Las promesas de Dios son fieles y verdaderas:
“Vosotros también, hijos de Sion,
alegraos y gozaos en Jehová; porque os ha dado la primera lluvia en su tiempo,
ya hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio”.
(Joel 2:23). En Palestina, “la
lluvia temprana” (primera lluvia de otoño) caía a fines de octubre o a
comienzos de noviembre. La lluvia tardía
venia en primavera y maduraba la cosecha.
La lluvia trae
dones maravillosos: “como el alba está
dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía
temprana a la tierra”. (Oseas 6:3)
Pero Oseas es más
fuerte, mas especifico con una fuerza profética incontrastable cuando afirma: “Venid y volvamos a Jehová; porque el arrebató,
y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos
dará vida después de dos días (o dos mil años).
En el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.” (Oseas 6:1-2).
Cuando la lluvia
descienda, se cumplirán las palabras que salieron de boca del Señor: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro
Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al
cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le
conocéis, porque mora con vosotros y esta con vosotros”. (Juan 14:16-17). El Espíritu santifica.
La santidad no se discute: se vive. “El Espíritu convence al mundo de pecado, de
justicia y de juicio” (Juan 16:8).
Jesús dijo
claramente: “Cuando venga el Espíritu de
verdad, el os guiara a toda la verdad; porque no hablara por su propia cuenta,
sino que hablara todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de
venir.” (Juan 16:13). La iglesia
necesita con urgencia hacer realidad el espíritu de discernimiento, para
entender los tiempos que vivimos. Si, Dios “no
hará nada sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amos 3:7). Tampoco hará nada ahora sin
hacernos entender que este es el tiempo de su venida. Que estamos a las puertas de juicios
terribles, pero que antes, Dios enviará un avivamiento que cambiará el rumbo de
la historia de la iglesia, la Esposa del Cordero.
Joel señaló con
precisión el tiempo del derramamiento del Espíritu como el periodo inmediatamente anterior al
gran día del Señor. La primera lluvia comenzó con gloria y con esperanzas. Una piedra rodada, una resurrección gloriosa,
cicatrices que derrumban la incredulidad, muertos que resucitan como primicias,
manos que esperan, oración unida que derrumba montañas de miedo y
silencio. Ahora sucede lo mismo. Hay sed de santidad, hay sed de justicia, hay
esperanza de que suceda algo raro y grande.
Los viejos moldes se están derrumbando.
Hay cansancio de ritos, de repeticiones.
Hay clamor de vida. Hay urgencia
de un verdadero bautismo de amor. El
nuevo aguacero debe de estar precedido por sermones cristocéntricos; por un
franco reconocimiento de pecado; por mensajes basados en las Sagradas
Escrituras.
“Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí
de todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros
vestidos”. (Joel 2:12-13).
Debemos dejar
nuestro orgullo espiritual. Con honrosa
excepciones la iglesia está seca, sin vida.
Hay mucho banquete y poca oración.
Hay mucho énfasis en la falsa doctrina de la prosperidad. Hay mucho amor al dinero que es la raíz de
todos los males. “Son iniquidad vuestras
fiestas solemnes” (Isaías 1:13). Aproximadamente solo un veinte por ciento de
ministros tienen servicio devocional por las mañanas. Hay frio en el alma. En las predicaciones hay leche, enfoques
superficiales, sin vida. Hay paja y la
voz profética todavía resuena en nuestros oídos. ¿“Que tiene que ver la paja con el trigo”?
La voz del
profeta Joel sacude nuestras conciencias cuando afirma: “POR ESO PUES, DICE JEHOVA, CONVERTIOS A MI CON TODO VUESTRO CORAZON,
CON AYUNO Y LLORO Y LAMENTO. TOCAD TROMPETA EN SION, PROCLAMAD AYUNO, CONVOCAD
ASAMBLEA, REUNID AL PUEBLO, SANTIFICAD LA REUNION, JUNTAD A LOS ANCIANOS,
CONGREGAD A LOS NINOS Y A LOS QUE MAMAN, SALGA DE SU CAMARA EL NOVIO, Y DE SU
TALAMO LA NOVIA” (Joel 2:12, 15,
16).
Abramos nuestros
corazones, la lluvia tardía viene. “Después de esto vio otro ángel descender
del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria”
(Apocalipsis 18:1).
La lluvia tardía
prepara al pueblo de Dios para su venida.
Cae al fin de la temporada y madura el grano. Madura la cosecha que no es otra que la
gracia espiritual que prepara a la iglesia para la venida del Hijo del
Hombre. Dios comienza la obra y la
termina. El que comenzó en nosotros la buena obra (lluvia temprana),
la perfeccionara (lluvia tardía) hasta
el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).
Viene la hora
cuando la iglesia lucirá sus mejores galas.
Los dones del Espíritu Santo se multiplicarán. La iglesia hará sentir su
acento profético. Sera como la boca de
Dios: “.. luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores de la tierra
aprenden justicia” (Isaías 26:9). ¡Aleluya! Cristo viene a Su Iglesia, por Su
Iglesia y con Su Iglesia.
LAS COSAS PASADAS
Cuando lleguen
los días del último avivamiento Dios pedirá a la iglesia que “… no traiga a la memoria las cosas pasadas”
(Isaías 43:18).
La iglesia
arrastra una larga estela de luto y de llanto.
Misioneros ilustres rubricaron con su sangre generosa el delito de predicar
el Evangelio y la gloria del Cristo resucitado.
Varones de Dios
murieron en las hogueras y en los circos.
Fieras hambrientas devoraron los cuerpos de los mártires de Cristo que,
que al descender al sitio del holocausto, elevaban himnos a Dios escogiendo
junto a los héroes de la fe …“ser
maltratados con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales
del pecado” Por la fe se sostuvieron … “viendo
al invisible” … “Otros experimentaron vituperios y azotes, y a mas de esto
prisiones y cárceles. Fueron apedreados,
aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para
allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados.” (Hebreos 11:25-37).
Los veinte siglos
del cristianismo con la pluma de Pablo Burges nos hablan de un Justino Mártir
que muere cantando por la causa de Cristo; de un Orígenes que muere a causa del
sufrimiento por las torturas de sus verdugos, de un Atanasio que lo sorprende
la muerte en el destierro; de un Bonifacio, de un Bladimiro que termina su vida
con su cuerpo en pedazos.
La iglesia
comenzó con un avivamiento que sacudió los cimientos del mismo infierno y
concluirá su peregrinaje aquí en la tierra con una lluvia más corta, pero más
copiosa que la primera.
Habacuc vio este
renacimiento espiritual cuando dijo: “Oh
Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos hazla conocer: en la ira
acuérdate de la misericordia”. (Habacuc 3:2).
En medio de un mundo
en llamas, de un descontrol de la economía mundial, de un aumento de la
violencia, de la impunidad, de ríos de inmoralidad sin fronteras, de hambres,
pestilencias y terremotos, por los lugares se asoma ya en el horizonte una
señal de aguaceros que caerán sobre la iglesia, que no será ya la perseguida,
la despreciada sino la novia de Cristo, engalanada y llena de hermosura, puesto
que “Cristo amó a la iglesia, y se
entregó así mismo por ella, para santificarla … a fin de presentársela así
mismo por ella, para santificarla … una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha
ni arruga, ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.” (Efesios 5:25-27).
A medida que
estos días transcurran, densas tinieblas cubrirán la tierra y oscuridad cubrirá
las naciones; pero sobre ella, sobre la iglesia de Cristo, será vista su
Gloria.
La morena de ojos
delicados será verdaderamente la luz del mundo y la sal de la tierra. Las gentes correrán hacia los redimidos
porque encontraran en ellos olor de vida para vida y entonces se cumplirán las
palabras del Apóstol Pablo en la Segunda carta a los Corintios: “ANTES BIEN NOS RECOMENDAMOS EN TODO COMO
MINISTROS DE DIOS, EN MUCHA PACIENCIA, EN TRIBULACIONES, EN NECESIDADES, EN
ANGUSTIAS; EN AZOTES, EN CÁRCELES, EN TUMULTOS, EN TRABAJOS, EN DESVELOS, EN
AYUNOS; EN PUREZA, EN CIENCIA, EN LONGANIMIDAD, EN BONDAD, EN ESPÍRITU SANTO,
EN AMOR SINCERO, EN PALABRA DE VERDAD, EN PODER DE DIOS, CON ARMAS DE JUSTICIA
A DIESTRA Y SINIESTRA; POR HONRA Y POR DESHONRA, POR MALA FAMA Y POR BUENA
FAMA; COMO ENGAÑADORES, PERO VERACES; COMO DESCONOCIDOS, PERO BIEN CONOCIDOS;
COMO MORIBUNDOS. MAS HE AQUÍ VIVIMOS;
COMO CASTIGADOS MAS NO MUERTOS; COMO ENTRISTECIDOS, MAS SIEMPRE GOZOSOS; COMO
POBRES. MAS ENRIQUECIENDO A MUCHOS, COMO
NO TENIENDO NADA, MAS POSEYÉNDOLO TODO” (2ª. Corintios 6:4-10).
El avivamiento
que viene borrará todas las fronteras del miedo; abrirá todos los mares que se
oponen a la marcha de la victoria final.
El agua viva llenará los estanques.
Habrá calzada y sombra para que
pasen los redimidos. Y serán todos
llenos del Espíritu Santo. Habrá fuego y
gloria. Alabanza y canción. Los muertos se levantarán. Los caídos volverán a caminar. Habrá una sed insaciable de la Palabra
Eterna. No habrá letra: habrá vida,
fortaleza y poder. Será un tiempo de
gloria inmarcesible y pronto, la iglesia viva, alegre, radiante de hermosura será
levantada en la hora de Dios.
En el avivamiento
que viene Dios pedirá a su pueblo que no traiga a la memoria las cosas pasadas,
porque El hará cosa nueva. “No os acordéis de las cosas pasadas, ni
traigáis a la memoria las cosas antiguas.
He aquí que yo hago; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez
abriré camino en el desierto y ríos en la soledad.” (Isaías 43:19-19).
Las promesas de
Dios son fieles y verdaderas. El dijo
que habrá avivamiento al final de la era y lo cumplirá. Si hubo lluvia temprana, habrá lluvia
tardía. “Porque yo derramaré agua sobre
el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu
generación, y mi bendición sobre tus renuevos”. (Isaías 44:3).
En el nuevo
pentecostés, la Iglesia se pondrá su vestido nuevo, de gloria y de
hermosura. “Despierta, despierta, vístete de poder, Oh Sion, vístete tu ropa:
hermosa, Oh Jerusalén, ciudad Santa.” (Isaías 52:1).
En el nuevo
avivamiento se registrará la historia del templo de Jerusalén. “Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego
de los cielos, y consumió el holocausto y las victimas; y la gloria de Jehová
llenó la casa”. (2ª. Crónicas 7:1). Este cuadro volverá a verse en la iglesia,
que es su templo. “Y VENDRÁ SÚBITAMENTE
A SU TEMPLO EL SEÑOR A QUIEN VOSOTROS BUSCÁIS”.
(Malaquías 3:3a).
La Biblia
dice que habrá un avivamiento en los postreros días
La Biblia dice:
“Después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán
vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros
hijos jóvenes verán visiones.” (Joel
2:28).
Habrá lluvia
nunca vista. Aguaceros fuertes llenaran
los estanques. Cesará la angustia y el
quebranto. Habrá calzada para que pasen
los redimidos. “Venid y volvamos a
Jehová; porque nos arrebató y nos curará; hirió y nos vendará. Nos dará vida después de dos días (o dos
milenios) y en el tercer día nos
resucitara y viviremos delante de él. Y
conoceremos y proseguiremos en conocer a Jehová; como el agua está dispuesta su
salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a
la tierra”. (Oseas 6:1-3).
La iglesia nació
con lluvia. Con ríos de agua viva. El avivamiento que viene traerá en los
corazones un gozo inefable, inexplicable y glorioso que es el resultado de una
lluvia abundante. “Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro
Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre
vosotros lluvia temprana y tardía como al principio”. (Joel 2:23).
Jesús era
profeta. Habló de parte de Dios. Su palabra es eterna, trasciende, se mueve en
el presente y se proyecta al futuro. “En estos postreros días nos ha hablado por
el Hijo” (Hebreos 1:2a) y Jesús dijo: “EL
QUE CREE EN MI, COMO DICE LA ESCRITURA, DE SU INTERIOR CORRERÁN RÍOS DE AGUA
VIVA, ESTO DIJO DEL ESPÍRITU SANTO QUE HABÍAN DE RECIBIR LOS QUE CREYESEN EN
EL”. (Juan 7:38, 39a).
El avivamiento
que viene pudrirá los yugos de las barreras denominacionales, del legalismo que
ata a las congregaciones, del celo ministerial que destruye a los pastores, del
divisionismo engendrado por el endiosamiento de figuras humanas. “Acontecerá
en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y el yugo de tu cerviz,
y el yugo se pudrirá a causa de la unción”. (Isaías 10:27).
El avivamiento
que viene acabara con los desiertos. En
nuestros días, triste es decirlo, el pueblo camina sobre tierra árida, seca,
donde hay espinas y cardos, zarzas y serpientes. Hay canto, gritería, hileras de gente que
caen y forman alfombras de hombres y mujeres, famosos conjuntos musicales,
templos de lujo, pero hay una ausencia de la presencia de Dios que llora
sangre. No hay Palabra. Hay discursos, palabras, elocuencia, verbos
ungidos con anáforas bonitas, figuras retóricas que alegran el oído. Pero solo eso: religión, ritos, ceremonia.
Pero, el que tiene oído para oír,
oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
“PORQUE YO DERRAMARE AGUA SOBRE
EL SEQUEDAL, Y RÍOS SOBRE LA TIERRA ÁRIDA: MI ESPÍRITU DERRAMARÉ SOBRE TU
GENERACIÓN, Y MI BENDICIÓN SOBRE TUS RENUEVOS.” (Isaías 44:3).
Está llegando la
hora en que la iglesia resplandecerá.
Brillará como el sol. Ya no será
iglesia perseguida, la humillada, la desamparada. La locura de las gentes. Está acercándose la hora cuando el Rey con
voz de trueno y resplandor dirá. “Levántate, resplandece; porque ha venido tu
luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.
Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las
naciones; más sobre ti amanecerá Jehová
y sobre ti será vista su gloria” (Isaías 60:1-2).
Tinieblas
cubrirán la tierra: nuevas epidemias sacudirán al mundo. Las guerras se multiplicaran. Las tinieblas del ocultismo y la inmoralidad
se multiplicaran. La apostasía
crecerá. El engaño crecerá. Falsos
profetas se levantaran y engañaran a muchos.
Pero sobre la Iglesia será vista Su gloria. ¡Clarea ya, la aurora de la victoria!
Yo hago mía la oración de Habacuc
Yo hago mía la
oración de Habacuc: “OH JEHOVÁ, AVIVA TU
OBRA EN MEDIO DE LOS TIEMPOS, en medio de los tiempos hazla conocer”. EN LA IRA
ACUÉRDATE DE TU MISERICORDIA”. (Joel 3:2).
Yo quiero que Su
gloria cubra los cielos, y la tierra se llene de Su alabanza.
Yo anhelo que el
Espíritu repose sobre mí en forma abundante y rica. Yo no me conformo a una vida religiosa, de
cultos los domingos, de prácticas exteriores, de ritos y ceremonias; de alegría
pasajera a base de grandes bocinas, y música de cuerdas y tambores. Yo quiero vida, Jesús vivió como hombre y fue
lo que fue porque sobre El reposaba “el
Espíritu de Jehová, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de
consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová”. (Isaías 11:2).
El pueblo de
Dios, en términos generales es un pueblo triste, acostumbrado a las
formalidades religiosas que causan tedio y que a Dios le causan asco. Es luz del mundo, pero su fruto son
tinieblas. Es sal de la tierra; pero no
tiene sabor a santidad. Es atalaya, pero
no grita al mundo los juicios que están a la vuelta de la esquina. Dios atraviesa América, Asia, África y
Oceanía y no encuentra hombres que abran vallado y que se pongan en la brecha
delante de Él, a favor de la tierra para que El no la destruya, pero no lo halla.
A nosotros nos
pasa lo que le pasaba a la Iglesia de Laodicea.
Se jactaba de que era rica, de que se había enriquecido, y de ninguna
cosa tenía necesidad; y no sabía que frente al ojo escrutador de Jesucristo era
desventurada, miserable, ciega, pobre y desnuda.
Yo oro para que
el Señor vuelva a enviarnos el viento recio del primer pentecostés, que una a
los hombres con lenguas celestiales; que purifique a la iglesia con gozo, con
fuego, con sanidad y con justicia.
“Como clama el ciervo por las corrientes de las
aguas, así clama también el alma mía”. Mi alma tiene sed de Dios. Mi alma anhela vehementemente los ríos de
agua viva. Mi alma quiere las cosas del
cielo. He aprendido a tener como estiércol
los programas inmundos de la televisión como el de una tal Cristina que esta
corrompiendo las mentes. Miro de vez en cuando la pantalla chica; pero me da
asco, la desprecio, la tengo en poco.
Quiero alimentar mi mente con himnos, salmos y canciones
espirituales. Y como yo, hay miles de
cristianos que en esta hora sombría de la historia están buscando a Dios; están
ayunando, clamando, consagrando su vida para Dios.
El profeta
Ezequiel profetiza de una manera irrefutable el avivamiento que viene. Lo que sucede en el Israel natural también
sucede en el Israel espiritual que es la Iglesia.
Un día el profeta
se vio de repente frente a un valle que estaba lleno de huesos secos. ¿Fue una visión del holocausto nazi donde
murieron en las cámaras de gases seis millones de judíos? Es posible que así
sea porque este fue el origen del nacimiento de un pueblo. Todos sabemos que con el voto de un
guatemalteco las Naciones Unidas dieron luz verde a la independencia de
Israel. De esto hace ya 49 años o una
semana de años. Y me pregunto
entusiasmado, sin pretensiones teológicas o exegéticas, si no se trata de la
última semana de Daniel. El vidente dice que “POR OTRA SEMANA CONFIRMARA EL PACTO CON MUCHOS; A LA MITAD DE LA SEMANA
HARÁ CESAR EL SACRIFICIO Y LA OFRENDA”. (Daniel 9:27). Y me pregunto ¿No fueron tres años y medio
los que Jesús vivió en la tierra ejerciendo su ministerio que culmino con su
muerte? ¿Y no ceso con la muerte de Cristo el sacrificio y la ofrenda? Si esto es así, ¿no es cierto que nos acercamos
rápidamente al tiempo cuando el Señor arrebatará a Su Iglesia? ¿No engalanará
el Señor a su Iglesia con una lluvia gloriosa del Espíritu Santo antes de Su
venida?
Pues volviendo a
la maravillosa escena de los huesos secos.
¿No es cierto que Dios dijo: “ASÍ HA DICHO JEHOVÁ EL SEÑOR A ESTOS
HUESOS: HE AQUÍ, YO HAGO ENTRAR ESPÍRITU EN VOSOTROS, Y VIVIREIS”? (Ezequiel
37:5).
Sí, yo hago mía
la oración de Habacuc: “Aviva tu obra en medio de los tiempos, y en medio de
los tiempos hazla conocer”.
Y mucho ojo,
creyente de nuestros días. Las cosas en el mundo empeoraran. La crisis económica que se avecina no tiene
precedentes y tampoco tiene retorno. Es
irreversible. Estamos ya bajo la
tormenta. El ritmo inflacionario es
alarmante. Hay recesión. Los centros
comerciales se están cerrando. La
reducción en el nivel de la actividad económica y un creciente ambiente de
incertidumbre en la economía están preocupando a los gobiernos de turno. Estos han tratado de lograr estabilidad
económica controlando principalmente políticas monetarias, cambiarias y
crediticias muy costosas que han funcionado en parte, pero que han tenido un
efecto devastador en el desarrollo sostenido del país (Guatemala) y de la
actividad bursátil. Las altas tasas de
interés, violencia y los altos niveles de pobreza aumentan cada día y
aumentarán.
El Proceso de Paz
Firme y Duradera traerá algún alivio; pero no resolverá los problemas porque no
hay paz sin Cristo. Y en Israel, y en todas partes, cuando los hombres digan
paz y seguridad, entonces vendrá destrucción sobre ellos. No hay salida. El mundo no tiene salida. La iglesia tiene una salida: un avivamiento.
Y el avivamiento vendrá, no porque yo lo profetice porque no soy profeta ni
hijo de profeta, sino porque la palabra de Dios lo dice, lo anuncia y lo
confirma: “DÍAS VENDRÁN CUANDO JACOB
ECHARÁ RAÍCES, FLORECERÁ Y ECHARÁ RENUEVOS ISRAEL. Y LA PAZ DEL MUNDO LLENARÁ
DE FRUTO”. (Isaías 27:6).
Definitivamente,
la escena de los huesos secos nos habla de restauración, de avivamiento, de
despertamiento espiritual sin precedentes y el Apóstol San Pedro lo confirma
cuando dice: “Así que, arrepentíos y
convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la
presencia del Señor tiempos de refrigerio, y el envíe a Jesucristo, que os fue
antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los
tiempos de la restauración de todas las cosas”. (Hechos 3:19-21)
Viene una gran cosecha
El derramamiento
del Espíritu Santo que se avecina traerá una gran cosecha de almas perdidas.
Gobernantes,
gobernadores, jueces, magistrados, senadores, se convertirán al Evangelio
porque habrá un extraño y grande convencimiento de pecado, de justicia y de
juicio.
Hace poco tiempo
en Puebla, México, unas doce prostitutas lloraron y se arrepintieron cuando
leyeron “EL SÉPTIMO HOMBRE”, uno de
los capítulos de mi libro “AGUAS DE
REPOSO”.
En el tiempo de
la cosecha que viene las prostitutas abandonaran los centros de vicio y
lloraran como niñas buscando las iglesias.
Los carteles de
la droga se estremecerán. Los tronos de
Satanás donde se fomenta el vicio temblarán con la gloria del Espíritu Santo
que invadirá las iglesias, los institutos bíblicos y los seminarios.
Las iglesias
llamadas tradicionalmente no pentecostales se llenarán de la gloria de
Dios. Docenas de personas pasarán a los
altares confesando sus pecados.
Viene una gran
cosecha. “Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas”
(Joel 2:21).
En el nuevo
pentecostés Dios hará realidad lo que en el Antiguo fue una sombra de los
bienes venideros. “También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que
hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año,
cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo”. (Éxodo 23:16).
“¿No es ahora la siega del trigo? Pregunta Samuel cuando afirma que la lluvia será acompañada con truenos y
lluvias, para que conozcáis y veáis…”. (1ª. Samuel 12:17).
No es hora de
dormir. Es hora de levantarnos del sueño
porque ahora está más cerca nuestra redención que cuando creímos. Vámonos de
nuevo a las sombras del Antiguo Testamento.
“El que recoge en el verano, es
hombre entendido; el que duerme en el tiempo de la siega es hijo que
avergüenza”. (Proverbios 10:5).
El profeta
Jeremías, une, con precisión los dos hilos de la trama de los últimos días,
cuando enlaza los dos eventos: El derramamiento del Espíritu Santo y la siega: “Y NO DIJERON EN SU CORAZÓN: TEMAMOS AHORA A
JEHOVÁ DIOS NUESTRO, QUE DA LLUVIA TEMPRANA Y TARDÍA EN SU TIEMPO, Y NOS GUARDA
LOS TIEMPOS ESTABLECIDOS DE LA SIEGA”. (Jeremías 5:24).
Pero fue Jesús el
que con más precisión vio los últimos días del tiempo de la gracia, cuando al
referirse al proceso de crecimiento de la semilla afirmó: “ASÍ ES EL REINO DE DIOS, COMO CUANDO UN HOMBRE ECHA SEMILLA EN LA
TIERRA; Y DUERME Y SE LEVANTA, DE NOCHE Y DE DÍA, Y LA SEMILLA BROTA Y CRECE
SIN QUE SEPA COMO. PORQUE DE SUYO LLEVA
FRUTO LA TIERRA, PRIMERO HIERBA, LUEGO ESPIGA, DESPUÉS UN GRANO LLENO EN LA
ESPIGA; Y CUANDO EL FRUTO ESTÁ MADURO, ENSEGUIDA SE METE LA HOZ, PORQUE LA
SIEGA HA LLEGADO”. (Marcos 4:26-29).
En los días de la
cosecha no habrá necesidad de tantos mensajes ni te tantos templos. Los pecadores saldrán de las cantinas y se
convertirán al Señor. Los enfermos saldrán sanados de los hospitales. Salas enteras se quedarán vacías. Enfermos de
SIDA se levantarán, se convertirán al Señor y sanarán.
“Iglesia, levántate, que ha venido tu lumbre y la
gloria de Jehová ha nacido sobre ti.
Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra y obscuridad las
naciones, mas sobre ti vista Su gloria”.
Lluvias copiosas
Nuestros
antepasados suspiraron por las lluvias copiosas del Consolador en los días de
mi infancia. Y exclamaban en aquellas
salas alumbradas por un candil: “Dios nos ha dado promesas/ lluvias de gracia
enviaré/ lluvias que os den fortaleza/ gran bendición os daré”.
Hombres de Dios
que ya cerraron sus ojos suspiraron por un nuevo avivamiento que estremezca los
umbrales de los templos como en los días de Salomón.
Margarita Erman,
fundadora del periódico “VOZ en el desierto”, denunció el pecado del pueblo y
proclamó la llegada de un avivamiento a la América Latina. Un cáncer detuvo la
marcha física de aquella mujer valiente y en manos de mujer como la Débora que
hizo temblar a Sísara, Dios escuchó aquella voz precursora. En los días de su dolor una voz susurró en
sus oídos: Tu cáncer, es el cáncer de mi pueblo.
Aquel verbo se apagó;
pero la voz de los siervos ungidos sigue clamando: ¡VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO, ENDEREZAD EL CAMINO DEL SEÑOR, HACED
DERECHAS SUS SENDAS!
Necesitamos
lluvias copiosas que pongan vida en la tierra herida. Ríos de agua viva que hagan florecer los almendros
para que Dios apresure Su Palabra y la ponga por obra.
Siempre me ha
conmovido aquel pasaje que a manera de un poema épico escribe el profeta Isaías
cuando hace una severa advertencia a las mujeres de Jerusalén.
… mujeres indolentes, levantaos
Oíd mi voz;
Hijas confiadas,
Escuchad mi razón…
Tendréis espanto
Porque la vendimia faltará
Y la cosecha no vendrá.
………………………………..
Ceñid los lomos con cilicio
Sobre la tierra de mi pueblo
Subirán espinas y cardos
Porque los palacios quedarán desiertos
…la multitud de la ciudad cesará
HASTA QUE SOBRE NOSOTROS
SEA DERRAMADO EL ESPÍRITU DE LO ALTO
Y el desierto se convierta en campo fértil
Y el campo fértil sea estimado por bosque
Y habitará el juicio en el desierto
Y en el campo fértil morará la justicia,
Reposo y seguridad para siempre”.
(Isaías 32:9-19)
Mi padre era un apóstol
y soñaba con las lluvias copiosas. Desde el púlpito de madera de pino decía: “Yo daré la lluvia de vuestra tierra a su
tiempo, la temprana y la tardía; y regarás tu grano, tu vino, y tu aceite”.
(Deuteronomio 11:14).
Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para
enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo”. (Deuteronomio 28:12a).
“Será como la luz de la mañana, como el resplandor
del sol en una mañana sin nubes. Como la
lluvia que hace brotar la hierba de la tierra”. (2ª. Samuel 23:4).
Entonces Elías
dijo a Acab: sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye”. (1ª.
Reyes18:41)
“Visitas la tierra, y la riegas; en gran manera la
enriqueces; con el río de Dios, lleno de aguas, preparas el grano de ellos,
cuando así la dispones. Haces que se empapen sus surcos, haces descender sus
canales; las ablandas con lluvias, bendices sus renuevos. Tu coronas el año con tus bienes, y tus nubes
destilan grosura”. (Salmo 65:9-11).
“Por esta causa las aguas han sido retenidas, y
faltó la lluvia tardía”.
(Jeremías 3:3).
Lloverá. Lloverá
a torrentes. Se llenarán los estanques. Los
corazones duros se ablandarán. El temor
cesará. El Espíritu Santo corono de
gloria a la iglesia en el día de Pentecostés.
El Espíritu Santo llenará el templo nuevamente con Su gloria. La lluvia tardía será corta, pero
hermosa. Entonces la esposa cantará como
se oye en el Cantar de los Cantares: “Nos
gozaremos y nos alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del
vino”. (Cantares 1:4).
El mundo ya no
verá a la iglesia como una manada de ovejas que vagan sin pastor por el
desierto. “Morena soy… pero codiciable”. “No reparéis en que soy morena porque el
sol me miró”. (Cantares 1:5-6)
Entonces la iglesia,
radiante, hermosa, única, vestida de santidad, con manto de justicia, con
atuendos y piedras preciosas que son los dones del Espíritu cantará con júbilo,
tañendo con el arpa: “mientras el rey
estaba en su reclinatorio mi nardo dio su olor”. (Cantares 1:12). Y
mientras fluyan aguas vivas la amada evocará el drama del Calvario y contemplará
en ésta sublimes unos brazos abiertos y se cumplirá la palabra que está escrita
en el canto épico del Cantar de los Cantares: “Su izquierda esté debajo de mi cabeza y su derecha me abrace”. (Cantares
2:6).
Y cuando las
tinieblas envuelvan la tierra, y todo sea luto y confusión, secándose los
hombres a causa del temor, la iglesia se volverá al Genesis: “Y la tierra
estaba desordenada y vacía (como hoy, sin fe, sin Dios y sin esperanza). “Y EL ESPÍRITU DE DIOS SE MOVIA SOBRE LA FAZ
DE LAS AGUAS”. (Genesis 1:2)
Nota:
(Falta incluir los capitulos: El Señor vendrá a Su templo y Los primeros goterones) La edicion digital completa sera publicada proximamente y podrá adquirirse para poder leerse en un ordenador. o dispositivo. Eternamente agradecido a nuestro Dios.


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