sábado, 12 de diciembre de 2020

EL AVIVAMIENTO QUE VIENE

 


EL AVIVAMIENTO QUE VIENE

Autor: DELFIDO BARRERA NAVAS

¿Está la Iglesia con su traje de hermosura?, preparada para recibir al Señor en el aire?

¿Hay lámparas encendidas, clamor de media noche?

¿Hay sueño y la boda se acerca? Todo parece estar bien, pero ¿Hay aceite en las vasijas?

¿Llevará el Señor a una iglesia tibia, fragmentada, partida en pedacitos, donde cada uno pretende tener toda la verdad? …

Mil veces no.  Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella… a fin de presentársela a sí mismo, una Iglesia gloriosa.

DELFIDO BARRERA NAVAS, escritor y poeta cristiano responde a estas interrogantes y con bases bíblicas expone claramente, con una prosa sencilla y amena el inminente derramamiento del Espíritu Santo en el contexto de la lluvia temprana y tardía.

“SUCEDERÁ DESPUÉS DE ESTO QUE YO DERRAMARÉ MI ESPÍRITU EN TODA CARNE, VUESTROS HIJOS Y VUESTRAS HIJAS PROFETIZARÁN”. Joel 3:1


EL AVIVAMIENTO QUE VIENE

Por Delfido Barrera Navas

Un libro que se atreve a decir verdades que nadie dice; pero que a su tiempo se cumplirán.

 

INDICE

 

Introducción

Dedicatoria

Así nació la Iglesia

La Iglesia Tiene Sed de Dios

Las Cosas Pasadas

La Biblia Dice que habrá un Avivamiento en los Postreros Días

Yo Hago Mía la Oración de Habacuc

Viene una Gran Cosecha

Lluvias Copiosas

El Señor Vendrá a su Templo

Los Primeros Goterones

 

Introducción

 

Este pequeño libro tiene el propósito de consolar a la iglesia, recordándole que estamos a las puertas del más grande avivamiento del Espíritu Santo, no solo con señales y prodigios y un despertar espiritual sin precedentes, sino de una enorme convicción de pecado que invadirá los templos, que llenará los estanques con lágrimas de arrepentimiento; que penetrará a las fabricas, que conmoverá las salas de los gobernantes, las curules de los senadores, los cómodos sillones de los magistrados y que hará temblar los centros de idolatría.  Habrá clara denuncia de los dioses falsos, se conmoverán las hogueras de los falsos sacerdotes.

 

Pero este libro será entregado con la clara advertencia de que habrá avivamiento para vida o juicio para muerte.

 

Multitudes que ahora corren tras los ídolos de barro de la televisión y el cine.  Masas humanas atraídas por la fiebre del futbol y de las modernas olimpiadas llenas de colorido y de miedo se encontraran de repente en el valle de la decisión: la vida o la muerte. El avivamiento o el fuego mortecino de las religiones falsas que solo ofrecen discursos, proclamas, suntuosas celebraciones donde se invierten fabulosas sumas de dinero mientras millones de personas viven en chozas de paja donde aflora la enfermedad, la pobreza, la miseria y las supersticiones.

 

El tiempo se nos acaba.  O dejamos que Cristo entre a nuestras vidas para que seamos conformados a su imagen y seamos así mejores esposos, auténticos cristianos santos, apartados, consagrados, dedicados, íntegros, rectos, perfectos, temerosos de Dios y apartados del mal; o ignorémoslo todo.  Dejémonos abrazar por el narcisismo para tener un alto concepto de nosotros mismos y tengamos en poco una salvación tan grande.  Dejémonos arrastrar por las pasiones.  Juguemos al pecado como aquella niña que jugaba con la víbora hasta que ésta la mató.  Menospreciemos las profecías y rechacemos la idea de un despertamiento espiritual que de todos modos vendrá porque fiel es el que dijo que viene.  “Porque he aquí que está por llegar aquel día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán como el rastrojo; aquel día que está por llegar los abrazara, dice Jehová de los Ejércitos, y no les dejara ni raíz ni rama. Más a vosotros los que teméis mi nombre, os nacerá el sol de justicia y en sus alas traerá salvación; y saldréis y saltareis como becerros de la manada. (Malaquías 4:1-1).

 

Vida o muerte, bendición o maldición.  Crujir de dientes o cantos de libertad.  Luz o tinieblas.  Para la simiente santa habrá salida, refugio, escape, un salir airoso y repentino, de alguna manera porque está escrito con resplandor de eternidad: “POR CUANTO HAS GUARDADO LA PALABRA DE MI PACIENCIA, YO TAMBIEN TE GUARDARE DE LA HORA DE LA PRUEBA QUE ESTA POR VENIR SOBRE EL MUNDO, PARA PROBAR A LOS QUE MORAN SOBRE LA TIERRA.” (Apocalipsis 3:10).

 

Tú, libro mío cumple tu destino.  Constitúyete en ATALAYA, mientras que llega la tempestad; clama a voz en cuello, no te detengas.   Eres lo único que tengo para avisar al mundo que el ruido que se oye es el paso del huracán que se aproxima.

 

DEDICATORIA

 

AL APOSTOL PEDRO BARRERA RODAS

Y A PLACIDA NAVAS VIUDA DE BARRERA

 

Abnegados misioneros que me enseñaron a amar el glorioso retorno de Cristo en Gloria: me dieron luces para entender los tiempos y el gozo de los gloriosos aguaceros que se derramaran sobre la iglesia de Jesucristo, juntamente en la última milla de los postreros días.

 

A la Iglesia Centroamericana de Santa Catarina Mita, Jutiapa, la manada pequeña de mis padres donde se encendió por vez primera en mi alma la luz del Evangelio.

 



De izquierda a derecha mi hermana Rebeca que descansa su mano sobre el hombro del hijo prodigo de la historia, Délfido Barrera Navas, autor de este libro.  Luego, mi hermana Adela y Pedro Barrera Rodas. Sentada, mi madre Plácida Navas V. de Barrera.  Sea este un homenaje a la memoria de mis padres que ya están en la presencia del Señor.

 

ASI NACIO LA IGLESIA

 

La Iglesia de Jesucristo nació llena del Espíritu Santo.  Sobre ella fue vista Su gloria.

 

Los cimientos del infierno se estremecieron cuando aquella virgen pura fue sacada de sus abismos para vivir en lugares celestiales.

 

Entonces todo era hermoso: el amor, fruto del Espíritu Santo, brotaba a torrentes de todos los corazones.  Había amor en el corazón de la familia cristiana, en el fogón de la cabaña antigua, en los cristales de los riachuelos donde las mujeres de Dios testificaban de sus Grandes maravillas. Era un amor limpio, con blancura de nieve y profundo como el azul del cielo en una tarde de primavera. Era un amor que irradiaba con ternura, leche y pan. Era el amor de Cristo, alto, ancho y profundo.

 

El gozo era una flor que exhalaba sus aromas a la hora de la oración sosegada o de la plegaria ferviente.  Era la fortaleza de un pueblo que marchaba con cantos de libertad.

 

En este tiempo las iglesias tenían paz y consuelo del Espíritu Santo, eran multiplicadas.

 

En estos años dorados tenia ojos delicados para contemplar la hermosura del cielo.  Tenía ojos como de paloma para burlar las distancias, para saborear las alturas, para batir sus alas sobre la ruta de los vientos.

 

La iglesia nació en un aposento alto.  Nació con clamor, con llanto.  Estaba unida, reunida, ansiosa de paz, sedienta de Dios, expectante, con una esperanza azul en el alma.

 

Allí estaba María, madre de Jesús, con una sonrisa clara como el cristal de la gloria.  Allí estaba Pedro con aleluyas escondidas en las profundidades de su espíritu.  Allí estaba Andrés, con la mirada perdida en el infinito donde se disipa la oración de los santos. Allí estaban  los hijos de Zebedeo con las gemelas niñas de sus ojos soñadores embriagados con el suave soliloquio de sus lágrimas vertidas. Allí estaba la flor y nata de los primeros cristianos.  Allí esperaba la manada pequeña anhelando la llegada del Consolador.  No tenían prisa.  El Divino maestro se había ido, se había perdido en las distancias, había ascendido victoriosamente y así regresaría, pero entre tanto, había que esperar los aguaceros de la lluvia temprana.

 

Y como se cumplieron los días de Pentecostés estaban todos unánimes juntos.  De repente hubo un estruendo.  Al estruendo surgieron los relámpagos de gloria.  El silencio se apagó.  Los idiomas celestiales brotaron como cascadas de gloria. El mensaje del Evangelio brotó de los labios ungidos por el poder del Espíritu Santo.

 

Pedro ya no era el pescador en desasosiego a la orilla de la playa.  Ni era el verbo de la cobardía negando a su maestro.  No era el hombre carnal esgrimiendo la espada para cortar la oreja de Malco; ni el héroe de paja que se hunde en las olas encrespadas del mar embravecido. Era ahora el verbo de la esperanza:  “Estos no están ebrios, como vosotros suponéis puesto que es la hora tercera del día” (Hechos 2:15).

 

Lo que sucede al principio, también sucede en el fin.  Las verdades de Dios son paralelas.  Lo que sucede en el mundo natural, también sucede en el mundo espiritual.

 

Lo que sucede al Israel natural, parábola de Dios, también sucede en el mundo espiritual, la iglesia.

 

La iglesia de Jesucristo nació con el grito suave, dulce y fragante de la profecía.  En la iglesia de nuestros días “vuestros hijos profetizaran” (Hechos 2:16).

 

La iglesia primitiva conjugo la visión y los sueños con la grata algarabía juvenil y la suave alabanza de los ancianos, exactamente como lo dijo el profeta Joel para las horas finales de los postreros días.

 

En aquellos días de gloria el avivamiento alcanzo a los siervos.  En estos postreros días el avivamiento alcanzara al ruso y al africano, al argentino y al chileno; al indio y al ladino, al huérfano y a la viuda, al joven y al anciano, al rico y al mendigo, al negro y al blanco.

 

Los días que vienen vendrán prodigios arriba en el cielo y señales en la tierra.

 

Inmediatamente antes que haya sangre, fuego y vapor de humo; y antes que el sol se convierta en tinieblas y la luna en sangre, los jóvenes verán visiones y los ancianos sonaran sueños.

 

El ministerio de la mujer alcanzara perfiles distinguidos, porque en Cristo no hay judío ni griego, siervo ni libre, varón ni hembra.

 

Abundaran Marías que huyan de los apuros de las carreras y turbaciones de Marta para estar a los pies del Señor oyendo su palabra.

 

Hace pocas horas vi un programa en un canal de televisión cristiano, un foro por Fredy Gularte, un joven que se perfila como un líder de prometedoras expectativas; donde un grupo de mujeres desafiaron a los hombres a ser mas esposos, más respetuosos de las fatigas y luchas de la mujer.

 

Yo veo venir un movimiento femenil que sacudirá las conciencias.  La experiencia en AGLOW como consejero me enseno que la mujer, en las trincheras de la guerra espiritual es un baluarte de esperanzas.

 

Desde el grupo Unidos para Orar he visto mujeres valientes entrar a los mismos templos llenos de ídolos para poner manos sobre los muros, en abierto desafío a las puertas del mismo infierno, llenas del celo de Dios y como diciendo como su maestro y Redentor: “EL CELO DE TU CASA ME CONSUME” (Salmo 69:9).

 

La mano femenil está abriendo brecha donde se anida la indiferencia y el miedo.  Como dijo un conocido político guatemalteco: han pasado del pánico al ataque.  Son cartas leídas.  Se mueven con pasión. Son hermosos paradigmas de trabajo abundante y fructífero. Rebecas que producen hijos espirituales para la Gloria de Dios.  Moabitas que abandonan sus ídolos de barro para marchar hacia la tierra donde hay trigo, cebada y pan.

 

Y no es para menos, porque así nació la iglesia: con Marías que no temían ir a la cruz para ver morir al hijo de sus entrañas.

 

Con Magdalenas que iban al sepulcro muy de mañana para convertirse en testigos de la gloriosa resurrección de Jesucristo.

 

Con Priscilas que triunfan.  Mujeres cuyos nombres están escritos en latitudes de gloriosa eternidad.

 

LA IGLESIA TIENE SED DE DIOS

 

Dios pidió a todos los sedientos que vengan a sus aguas.  La iglesia tiene sed de Dios.  Jesús dijo que los que toman de “esta agua” (glorias, reinos, riquezas, oropeles, grandezas, placeres) volverán a “tener sed”.  El agua que El da, quita la sed, trae vida, fortalece la fe, levanta el ánimo, vivifica el espíritu.  La lluvia de las bendiciones de Dios refresca el alma sedienta.  Los que tienen hambre y sed de justicia serán saciados.

Dios prometió lluvia temprana y la lluvia llego. “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas”. La torre de Babel trajo confusión.  Pentecostés trajo gloria. Dios dijo que al final de los tiempos habría lluvia tardía y Dios cumplirá Su promesa.  Las promesas de Dios son fieles y verdaderas: “Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová; porque os ha dado la primera lluvia en su tiempo, ya hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio”. (Joel 2:23). En Palestina, “la lluvia temprana” (primera lluvia de otoño) caía a fines de octubre o a comienzos de noviembre.  La lluvia tardía venia en primavera y maduraba la cosecha.

La lluvia trae dones maravillosos: “como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía temprana a la tierra”. (Oseas 6:3)

Pero Oseas es más fuerte, mas especifico con una fuerza profética incontrastable cuando afirma: “Venid y volvamos a Jehová; porque el arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.  Nos dará vida después de dos días (o dos mil años).  En el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.” (Oseas 6:1-2).

Cuando la lluvia descienda, se cumplirán las palabras que salieron de boca del Señor: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y esta con vosotros”. (Juan 14:16-17). El Espíritu santifica. La santidad no se discute: se vive.  “El Espíritu convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

Jesús dijo claramente: “Cuando venga el Espíritu de verdad, el os guiara a toda la verdad; porque no hablara por su propia cuenta, sino que hablara todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (Juan 16:13). La iglesia necesita con urgencia hacer realidad el espíritu de discernimiento, para entender los tiempos que vivimos. Si, Dios “no hará nada sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amos 3:7). Tampoco hará nada ahora sin hacernos entender que este es el tiempo de su venida.  Que estamos a las puertas de juicios terribles, pero que antes, Dios enviará un avivamiento que cambiará el rumbo de la historia de la iglesia, la Esposa del Cordero.

Joel señaló con precisión el tiempo del derramamiento del Espíritu  como el periodo inmediatamente anterior al gran día del Señor. La primera lluvia comenzó con gloria y con esperanzas.  Una piedra rodada, una resurrección gloriosa, cicatrices que derrumban la incredulidad, muertos que resucitan como primicias, manos que esperan, oración unida que derrumba montañas de miedo y silencio.  Ahora sucede lo mismo.  Hay sed de santidad, hay sed de justicia, hay esperanza de que suceda algo raro y grande.  Los viejos moldes se están derrumbando.  Hay cansancio de ritos, de repeticiones.  Hay clamor de vida.  Hay urgencia de un verdadero bautismo de amor.  El nuevo aguacero debe de estar precedido por sermones cristocéntricos; por un franco reconocimiento de pecado; por mensajes basados en las Sagradas Escrituras.

“Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí de todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento.  Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos”. (Joel 2:12-13).

Debemos dejar nuestro orgullo espiritual.  Con honrosa excepciones la iglesia está seca, sin vida.  Hay mucho banquete y poca oración.  Hay mucho énfasis en la falsa doctrina de la prosperidad.  Hay mucho amor al dinero que es la raíz de todos los males.  “Son iniquidad vuestras fiestas solemnes” (Isaías 1:13). Aproximadamente solo un veinte por ciento de ministros tienen servicio devocional por las mañanas. Hay frio en el alma.  En las predicaciones hay leche, enfoques superficiales, sin vida.  Hay paja y la voz profética todavía resuena en nuestros oídos.  ¿“Que tiene que ver la paja con el trigo”?

La voz del profeta Joel sacude nuestras conciencias cuando afirma: “POR ESO PUES, DICE JEHOVA, CONVERTIOS A MI CON TODO VUESTRO CORAZON, CON AYUNO Y LLORO Y LAMENTO. TOCAD TROMPETA EN SION, PROCLAMAD AYUNO, CONVOCAD ASAMBLEA, REUNID AL PUEBLO, SANTIFICAD LA REUNION, JUNTAD A LOS ANCIANOS, CONGREGAD A LOS NINOS Y A LOS QUE MAMAN, SALGA DE SU CAMARA EL NOVIO, Y DE SU TALAMO LA NOVIA” (Joel  2:12, 15, 16).

Abramos nuestros corazones, la lluvia tardía viene.  “Después de esto vio otro ángel descender del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria” (Apocalipsis 18:1).

La lluvia tardía prepara al pueblo de Dios para su venida.  Cae al fin de la temporada y madura el grano.  Madura la cosecha que no es otra que la gracia espiritual que prepara a la iglesia para la venida del Hijo del Hombre.  Dios comienza la obra y la termina.  El que comenzó en nosotros la buena obra (lluvia  temprana), la perfeccionara (lluvia tardía) hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

Viene la hora cuando la iglesia lucirá sus mejores galas.  Los dones del Espíritu Santo se multiplicarán. La iglesia hará sentir su acento profético.  Sera como la boca de Dios: “.. luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores de la tierra aprenden justicia” (Isaías 26:9). ¡Aleluya! Cristo viene a Su Iglesia, por Su Iglesia y con Su Iglesia.


LAS COSAS PASADAS

Cuando lleguen los días del último avivamiento Dios pedirá a la iglesia que “… no traiga a la memoria las cosas pasadas” (Isaías 43:18).

La iglesia arrastra una larga estela de luto y de llanto.  Misioneros ilustres rubricaron con su sangre generosa el delito de predicar el Evangelio y la gloria del Cristo resucitado.

Varones de Dios murieron en las hogueras y en los circos.  Fieras hambrientas devoraron los cuerpos de los mártires de Cristo que, que al descender al sitio del holocausto, elevaban himnos a Dios escogiendo junto a los héroes de la fe …“ser maltratados con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales del pecado” Por la fe se sostuvieron … “viendo al invisible” … “Otros experimentaron vituperios y azotes, y a mas de esto prisiones y cárceles.  Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados.” (Hebreos 11:25-37).

Los veinte siglos del cristianismo con la pluma de Pablo Burges nos hablan de un Justino Mártir que muere cantando por la causa de Cristo; de un Orígenes que muere a causa del sufrimiento por las torturas de sus verdugos, de un Atanasio que lo sorprende la muerte en el destierro; de un Bonifacio, de un Bladimiro que termina su vida con su cuerpo en pedazos.

La iglesia comenzó con un avivamiento que sacudió los cimientos del mismo infierno y concluirá su peregrinaje aquí en la tierra con una lluvia más corta, pero más copiosa que la primera.

Habacuc vio este renacimiento espiritual cuando dijo: “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos hazla conocer: en la ira acuérdate de la misericordia”. (Habacuc 3:2).

En medio de un mundo en llamas, de un descontrol de la economía mundial, de un aumento de la violencia, de la impunidad, de ríos de inmoralidad sin fronteras, de hambres, pestilencias y terremotos, por los lugares se asoma ya en el horizonte una señal de aguaceros que caerán sobre la iglesia, que no será ya la perseguida, la despreciada sino la novia de Cristo, engalanada y llena de hermosura, puesto que “Cristo amó a la iglesia, y se entregó así mismo por ella, para santificarla … a fin de presentársela así mismo por ella, para santificarla … una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.”  (Efesios 5:25-27).

A medida que estos días transcurran, densas tinieblas cubrirán la tierra y oscuridad cubrirá las naciones; pero sobre ella, sobre la iglesia de Cristo, será vista su Gloria.

La morena de ojos delicados será verdaderamente la luz del mundo y la sal de la tierra.  Las gentes correrán hacia los redimidos porque encontraran en ellos olor de vida para vida y entonces se cumplirán las palabras del Apóstol Pablo en la Segunda carta a los Corintios: “ANTES BIEN NOS RECOMENDAMOS EN TODO COMO MINISTROS DE DIOS, EN MUCHA PACIENCIA, EN TRIBULACIONES, EN NECESIDADES, EN ANGUSTIAS; EN AZOTES, EN CÁRCELES, EN TUMULTOS, EN TRABAJOS, EN DESVELOS, EN AYUNOS; EN PUREZA, EN CIENCIA, EN LONGANIMIDAD, EN BONDAD, EN ESPÍRITU SANTO, EN AMOR SINCERO, EN PALABRA DE VERDAD, EN PODER DE DIOS, CON ARMAS DE JUSTICIA A DIESTRA Y SINIESTRA; POR HONRA Y POR DESHONRA, POR MALA FAMA Y POR BUENA FAMA; COMO ENGAÑADORES, PERO VERACES; COMO DESCONOCIDOS, PERO BIEN CONOCIDOS; COMO MORIBUNDOS.  MAS HE AQUÍ VIVIMOS; COMO CASTIGADOS MAS NO MUERTOS; COMO ENTRISTECIDOS, MAS SIEMPRE GOZOSOS; COMO POBRES.  MAS ENRIQUECIENDO A MUCHOS, COMO NO TENIENDO NADA, MAS POSEYÉNDOLO TODO” (2ª. Corintios 6:4-10).

El avivamiento que viene borrará todas las fronteras del miedo; abrirá todos los mares que se oponen a la marcha de la victoria final.  El agua viva llenará los estanques.  Habrá calzada  y sombra para que pasen los redimidos.  Y serán todos llenos del Espíritu Santo.  Habrá fuego y gloria. Alabanza y canción. Los muertos se levantarán.  Los caídos volverán a caminar.  Habrá una sed insaciable de la Palabra Eterna.  No habrá letra: habrá vida, fortaleza y poder.  Será un tiempo de gloria inmarcesible y pronto, la iglesia viva, alegre, radiante de hermosura será levantada en la hora de Dios.

En el avivamiento que viene Dios pedirá a su pueblo que no traiga a la memoria las cosas pasadas, porque El hará cosa nueva.  “No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a la memoria las cosas antiguas.  He aquí que yo hago; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en la soledad.” (Isaías 43:19-19).

Las promesas de Dios son fieles y verdaderas.  El dijo que habrá avivamiento al final de la era y lo cumplirá.  Si hubo lluvia temprana, habrá lluvia tardía.  “Porque yo derramaré  agua sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos”. (Isaías  44:3).

En el nuevo pentecostés, la Iglesia se pondrá su vestido nuevo, de gloria y de hermosura.  “Despierta, despierta, vístete de poder, Oh Sion, vístete tu ropa: hermosa, Oh Jerusalén, ciudad Santa.” (Isaías 52:1).

En el nuevo avivamiento se registrará la historia del templo de Jerusalén.  “Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las victimas; y la gloria de Jehová llenó la casa”.  (2ª. Crónicas 7:1).  Este cuadro volverá a verse en la iglesia, que es su templo.  “Y VENDRÁ SÚBITAMENTE A SU TEMPLO EL SEÑOR A QUIEN VOSOTROS BUSCÁIS”.  (Malaquías 3:3a).

La Biblia  dice que habrá un avivamiento en los postreros días

La Biblia dice: “Después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros hijos jóvenes verán visiones.”  (Joel 2:28).

Habrá lluvia nunca vista.  Aguaceros fuertes llenaran los estanques.  Cesará la angustia y el quebranto.  Habrá calzada para que pasen los redimidos. “Venid y volvamos a Jehová; porque nos arrebató y nos curará; hirió y nos vendará.  Nos dará vida después de dos días (o dos milenios) y en el tercer día nos resucitara y viviremos delante de él.  Y conoceremos y proseguiremos en conocer a Jehová; como el agua está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra”.  (Oseas 6:1-3).

La iglesia nació con lluvia.  Con ríos de agua viva.  El avivamiento que viene traerá en los corazones un gozo inefable, inexplicable y glorioso que es el resultado de una lluvia abundante.  “Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio”. (Joel 2:23).

Jesús era profeta.  Habló de parte de Dios.  Su palabra es eterna, trasciende, se mueve en el presente y se proyecta al futuro.  “En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:2a) y Jesús dijo: “EL QUE CREE EN MI, COMO DICE LA ESCRITURA, DE SU INTERIOR CORRERÁN RÍOS DE AGUA VIVA, ESTO DIJO DEL ESPÍRITU SANTO QUE HABÍAN DE RECIBIR LOS QUE CREYESEN EN EL”.  (Juan 7:38, 39a).

El avivamiento que viene pudrirá los yugos de las barreras denominacionales, del legalismo que ata a las congregaciones, del celo ministerial que destruye a los pastores, del divisionismo engendrado por el endiosamiento de figuras humanas.  “Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y el yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción”. (Isaías 10:27).

El avivamiento que viene acabara con los desiertos.  En nuestros días, triste es decirlo, el pueblo camina sobre tierra árida, seca, donde hay espinas y cardos, zarzas y serpientes.  Hay canto, gritería, hileras de gente que caen y forman alfombras de hombres y mujeres, famosos conjuntos musicales, templos de lujo, pero hay una ausencia de la presencia de Dios que llora sangre.  No hay Palabra.  Hay discursos, palabras, elocuencia, verbos ungidos con anáforas bonitas, figuras retóricas que alegran el oído.  Pero solo eso: religión, ritos, ceremonia.

Pero, el que tiene oído para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.   “PORQUE YO DERRAMARE AGUA SOBRE EL SEQUEDAL, Y RÍOS SOBRE LA TIERRA ÁRIDA: MI ESPÍRITU DERRAMARÉ SOBRE TU GENERACIÓN, Y MI BENDICIÓN SOBRE TUS RENUEVOS.” (Isaías 44:3).

Está llegando la hora en que la iglesia resplandecerá.  Brillará como el sol.  Ya no será iglesia perseguida, la humillada, la desamparada.  La locura de las gentes.  Está acercándose la hora cuando el Rey con voz de trueno y resplandor dirá.  “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.  Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones;  más sobre ti amanecerá Jehová y sobre ti será vista su gloria” (Isaías 60:1-2).

Tinieblas cubrirán la tierra: nuevas epidemias sacudirán al mundo.  Las guerras se multiplicaran.  Las tinieblas del ocultismo y la inmoralidad se multiplicaran.  La apostasía crecerá.  El engaño crecerá. Falsos profetas se levantaran y engañaran a muchos.  Pero sobre la Iglesia será vista Su gloria.  ¡Clarea ya, la aurora de la victoria!

Yo hago mía la oración de Habacuc

Yo hago mía la oración de Habacuc: “OH JEHOVÁ, AVIVA TU OBRA EN MEDIO DE LOS TIEMPOS, en medio de los tiempos hazla conocer”. EN LA IRA ACUÉRDATE DE TU MISERICORDIA”. (Joel 3:2).

Yo quiero que Su gloria cubra los cielos, y la tierra se llene de Su alabanza.

Yo anhelo que el Espíritu repose sobre mí en forma abundante y rica.  Yo no me conformo a una vida religiosa, de cultos los domingos, de prácticas exteriores, de ritos y ceremonias; de alegría pasajera a base de grandes bocinas, y música de cuerdas y tambores.  Yo quiero vida, Jesús vivió como hombre y fue lo que fue porque sobre El reposaba “el Espíritu de Jehová, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová”.  (Isaías 11:2).

El pueblo de Dios, en términos generales es un pueblo triste, acostumbrado a las formalidades religiosas que causan tedio y que a Dios le causan asco.  Es luz del mundo, pero su fruto son tinieblas.  Es sal de la tierra; pero no tiene sabor a santidad.  Es atalaya, pero no grita al mundo los juicios que están a la vuelta de la esquina.  Dios atraviesa América, Asia, África y Oceanía y no encuentra hombres que abran vallado y que se pongan en la brecha delante de Él, a favor de la tierra para que El no la destruya, pero no lo halla.

A nosotros nos pasa lo que le pasaba a la Iglesia de Laodicea.  Se jactaba de que era rica, de que se había enriquecido, y de ninguna cosa tenía necesidad; y no sabía que frente al ojo escrutador de Jesucristo era desventurada, miserable, ciega, pobre y desnuda.

Yo oro para que el Señor vuelva a enviarnos el viento recio del primer pentecostés, que una a los hombres con lenguas celestiales; que purifique a la iglesia con gozo, con fuego, con sanidad y con justicia.

“Como clama el ciervo por las corrientes de las aguas, así clama también el alma mía”.  Mi alma tiene sed de Dios.  Mi alma anhela vehementemente los ríos de agua viva.  Mi alma quiere las cosas del cielo.  He aprendido a tener como estiércol los programas inmundos de la televisión como el de una tal Cristina que esta corrompiendo las mentes. Miro de vez en cuando la pantalla chica; pero me da asco, la desprecio, la tengo en poco.  Quiero alimentar mi mente con himnos, salmos y canciones espirituales.  Y como yo, hay miles de cristianos que en esta hora sombría de la historia están buscando a Dios; están ayunando, clamando, consagrando su vida para Dios.

El profeta Ezequiel profetiza de una manera irrefutable el avivamiento que viene.  Lo que sucede en el Israel natural también sucede en el Israel espiritual que es la Iglesia.

Un día el profeta se vio de repente frente a un valle que estaba lleno de huesos secos.  ¿Fue una visión del holocausto nazi donde murieron en las cámaras de gases seis millones de judíos? Es posible que así sea porque este fue el origen del nacimiento de un pueblo.  Todos sabemos que con el voto de un guatemalteco las Naciones Unidas dieron luz verde a la independencia de Israel.  De esto hace ya 49 años o una semana de años.  Y me pregunto entusiasmado, sin pretensiones teológicas o exegéticas, si no se trata de la última semana de Daniel. El vidente dice que “POR OTRA SEMANA CONFIRMARA EL PACTO CON MUCHOS; A LA MITAD DE LA SEMANA HARÁ CESAR EL SACRIFICIO Y LA OFRENDA”. (Daniel 9:27).  Y me pregunto ¿No fueron tres años y medio los que Jesús vivió en la tierra ejerciendo su ministerio que culmino con su muerte? ¿Y no ceso con la muerte de Cristo el sacrificio y la ofrenda?  Si esto es así, ¿no es cierto que nos acercamos rápidamente al tiempo cuando el Señor arrebatará a Su Iglesia? ¿No engalanará el Señor a su Iglesia con una lluvia gloriosa del Espíritu Santo antes de Su venida?

Pues volviendo a la maravillosa escena de los huesos secos.  ¿No es cierto que Dios dijo: “ASÍ HA DICHO JEHOVÁ EL SEÑOR A ESTOS HUESOS: HE AQUÍ, YO HAGO ENTRAR ESPÍRITU EN VOSOTROS, Y VIVIREIS”? (Ezequiel 37:5).

Sí, yo hago mía la oración de Habacuc: “Aviva tu obra en medio de los tiempos, y en medio de los tiempos hazla conocer”.

Y mucho ojo, creyente de nuestros días. Las cosas en el mundo empeoraran.  La crisis económica que se avecina no tiene precedentes y tampoco tiene retorno.  Es irreversible.  Estamos ya bajo la tormenta.  El ritmo inflacionario es alarmante.  Hay recesión. Los centros comerciales se están cerrando.  La reducción en el nivel de la actividad económica y un creciente ambiente de incertidumbre en la economía están preocupando a los gobiernos de turno.  Estos han tratado de lograr estabilidad económica controlando principalmente políticas monetarias, cambiarias y crediticias muy costosas que han funcionado en parte, pero que han tenido un efecto devastador en el desarrollo sostenido del país (Guatemala) y de la actividad bursátil.   Las altas tasas de interés, violencia y los altos niveles de pobreza aumentan cada día y aumentarán.

El Proceso de Paz Firme y Duradera traerá algún alivio; pero no resolverá los problemas porque no hay paz sin Cristo. Y en Israel, y en todas partes, cuando los hombres digan paz y seguridad, entonces vendrá destrucción sobre ellos.  No hay salida.  El mundo no tiene salida.  La iglesia tiene una salida: un avivamiento. Y el avivamiento vendrá, no porque yo lo profetice porque no soy profeta ni hijo de profeta, sino porque la palabra de Dios lo dice, lo anuncia y lo confirma: “DÍAS VENDRÁN CUANDO JACOB ECHARÁ RAÍCES, FLORECERÁ Y ECHARÁ RENUEVOS ISRAEL. Y LA PAZ DEL MUNDO LLENARÁ DE FRUTO”. (Isaías 27:6).

Definitivamente, la escena de los huesos secos nos habla de restauración, de avivamiento, de despertamiento espiritual sin precedentes y el Apóstol San Pedro lo confirma cuando dice: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y el envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas”. (Hechos 3:19-21)

Viene una gran cosecha

El derramamiento del Espíritu Santo que se avecina traerá una gran cosecha de almas perdidas.

Gobernantes, gobernadores, jueces, magistrados, senadores, se convertirán al Evangelio porque habrá un extraño y grande convencimiento de pecado, de justicia y de juicio.

Hace poco tiempo en Puebla, México, unas doce prostitutas lloraron y se arrepintieron cuando leyeron “EL SÉPTIMO HOMBRE”, uno de los capítulos de mi libro “AGUAS DE REPOSO”.

En el tiempo de la cosecha que viene las prostitutas abandonaran los centros de vicio y lloraran como niñas buscando las iglesias.

Los carteles de la droga se estremecerán.  Los tronos de Satanás donde se fomenta el vicio temblarán con la gloria del Espíritu Santo que invadirá las iglesias, los institutos bíblicos y los seminarios.

Las iglesias llamadas tradicionalmente no pentecostales se llenarán de la gloria de Dios.  Docenas de personas pasarán a los altares confesando sus pecados.

Viene una gran cosecha.  “Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas” (Joel 2:21).

En el nuevo pentecostés Dios hará realidad lo que en el Antiguo fue una sombra de los bienes venideros.  “También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo”. (Éxodo 23:16).

“¿No es ahora la siega del trigo? Pregunta Samuel cuando afirma que la lluvia será acompañada con truenos y lluvias, para que conozcáis y veáis…”. (1ª. Samuel 12:17).

No es hora de dormir.  Es hora de levantarnos del sueño porque ahora está más cerca nuestra redención que cuando creímos. Vámonos de nuevo a las sombras del Antiguo Testamento.  “El que recoge en el verano, es hombre entendido; el que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza”. (Proverbios 10:5).

El profeta Jeremías, une, con precisión los dos hilos de la trama de los últimos días, cuando enlaza los dos eventos: El derramamiento del Espíritu Santo y la siega: “Y NO DIJERON EN SU CORAZÓN: TEMAMOS AHORA A JEHOVÁ DIOS NUESTRO, QUE DA LLUVIA TEMPRANA Y TARDÍA EN SU TIEMPO, Y NOS GUARDA LOS TIEMPOS ESTABLECIDOS DE LA SIEGA”. (Jeremías 5:24).

Pero fue Jesús el que con más precisión vio los últimos días del tiempo de la gracia, cuando al referirse al proceso de crecimiento de la semilla afirmó: “ASÍ ES EL REINO DE DIOS, COMO CUANDO UN HOMBRE ECHA SEMILLA EN LA TIERRA; Y DUERME Y SE LEVANTA, DE NOCHE Y DE DÍA, Y LA SEMILLA BROTA Y CRECE SIN QUE SEPA COMO.  PORQUE DE SUYO LLEVA FRUTO LA TIERRA, PRIMERO HIERBA, LUEGO ESPIGA, DESPUÉS UN GRANO LLENO EN LA ESPIGA; Y CUANDO EL FRUTO ESTÁ MADURO, ENSEGUIDA SE METE LA HOZ, PORQUE LA SIEGA HA LLEGADO”. (Marcos 4:26-29).

En los días de la cosecha no habrá necesidad de tantos mensajes ni te tantos templos.  Los pecadores saldrán de las cantinas y se convertirán al Señor. Los enfermos saldrán sanados de los hospitales.  Salas enteras se quedarán vacías. Enfermos de SIDA se levantarán, se convertirán al Señor y sanarán.

“Iglesia, levántate, que ha venido tu lumbre y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.  Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra y obscuridad las naciones, mas sobre ti vista Su gloria”.

Lluvias copiosas

Nuestros antepasados suspiraron por las lluvias copiosas del Consolador en los días de mi infancia.  Y exclamaban en aquellas salas alumbradas por un candil: “Dios nos ha dado promesas/ lluvias de gracia enviaré/ lluvias que os den fortaleza/ gran bendición os daré”.

Hombres de Dios que ya cerraron sus ojos suspiraron por un nuevo avivamiento que estremezca los umbrales de los templos como en los días de Salomón.

Margarita Erman, fundadora del periódico “VOZ en el desierto”, denunció el pecado del pueblo y proclamó la llegada de un avivamiento a la América Latina. Un cáncer detuvo la marcha física de aquella mujer valiente y en manos de mujer como la Débora que hizo temblar a Sísara, Dios escuchó aquella voz precursora.  En los días de su dolor una voz susurró en sus oídos: Tu cáncer, es el cáncer de mi pueblo.

Aquel verbo se apagó; pero la voz de los siervos ungidos sigue clamando: ¡VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO, ENDEREZAD EL CAMINO DEL SEÑOR, HACED DERECHAS SUS SENDAS!

Necesitamos lluvias copiosas que pongan vida en la tierra herida.  Ríos de agua viva que hagan florecer los almendros para que Dios apresure Su Palabra y la ponga por obra.

Siempre me ha conmovido aquel pasaje que a manera de un poema épico escribe el profeta Isaías cuando hace una severa advertencia a las mujeres de Jerusalén.

… mujeres indolentes, levantaos

Oíd mi voz;

Hijas confiadas,

Escuchad mi razón…

Tendréis espanto

Porque la vendimia faltará

Y la cosecha no vendrá.

………………………………..

Ceñid los lomos con cilicio

Sobre la tierra de mi pueblo

Subirán espinas y cardos

Porque los palacios quedarán desiertos

…la multitud de la ciudad cesará

HASTA QUE SOBRE NOSOTROS

SEA DERRAMADO EL ESPÍRITU DE LO ALTO

Y el desierto se convierta en campo fértil

Y el campo fértil sea estimado por bosque

Y habitará el juicio en el desierto

Y en el campo fértil morará la justicia,

Reposo y seguridad para siempre”.

(Isaías 32:9-19)

Mi padre era un apóstol y soñaba con las lluvias copiosas. Desde el púlpito de madera de pino decía: “Yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y regarás tu grano, tu vino, y tu aceite”. (Deuteronomio 11:14).

Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo”. (Deuteronomio 28:12a).

“Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes.  Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra”. (2ª. Samuel 23:4).

Entonces Elías dijo a Acab: sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye”. (1ª. Reyes18:41)

“Visitas la tierra, y la riegas; en gran manera la enriqueces; con el río de Dios, lleno de aguas, preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. Haces que se empapen sus surcos, haces descender sus canales; las ablandas con lluvias, bendices sus renuevos.  Tu coronas el año con tus bienes, y tus nubes destilan grosura”.  (Salmo 65:9-11).

“Por esta causa las aguas han sido retenidas, y faltó la lluvia tardía”. (Jeremías 3:3).  

Lloverá. Lloverá a torrentes. Se llenarán los estanques.  Los corazones duros se ablandarán.  El temor cesará.  El Espíritu Santo corono de gloria a la iglesia en el día de Pentecostés.  El Espíritu Santo llenará el templo nuevamente con Su gloria.  La lluvia tardía será corta, pero hermosa.  Entonces la esposa cantará como se oye en el Cantar de los Cantares: “Nos gozaremos y nos alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino”. (Cantares 1:4).

El mundo ya no verá a la iglesia como una manada de ovejas que vagan sin pastor por el desierto.  “Morena soy… pero codiciable”. “No reparéis en que soy morena porque el sol me miró”. (Cantares 1:5-6)

Entonces la iglesia, radiante, hermosa, única, vestida de santidad, con manto de justicia, con atuendos y piedras preciosas que son los dones del Espíritu cantará con júbilo, tañendo con el arpa: “mientras el rey estaba en su reclinatorio mi nardo dio su olor”. (Cantares 1:12). Y mientras fluyan aguas vivas la amada evocará el drama del Calvario y contemplará en ésta sublimes unos brazos abiertos y se cumplirá la palabra que está escrita en el canto épico del Cantar de los Cantares: “Su izquierda esté debajo de mi cabeza y su derecha me abrace”. (Cantares 2:6).

Y cuando las tinieblas envuelvan la tierra, y todo sea luto y confusión, secándose los hombres a causa del temor, la iglesia se volverá al Genesis: “Y la tierra estaba desordenada y vacía (como hoy, sin fe, sin Dios y sin esperanza).  “Y EL ESPÍRITU DE DIOS SE MOVIA SOBRE LA FAZ DE LAS AGUAS”. (Genesis 1:2)

Nota:

(Falta incluir los capitulos: El Señor vendrá a Su templo y Los primeros goterones) La edicion digital completa sera publicada proximamente y podrá adquirirse para poder leerse en un ordenador. o dispositivo.  Eternamente agradecido a nuestro Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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