miércoles, 20 de junio de 2018

POESIA DE MUERTE Y VIDA. Estos poemas han sido escogidos para celebrar la vida de nuestra querida Ruth Noemi, hija del poeta Delfido Barrera Navas. Que mejor que el poeta lo exprese en este poema: Quiero morir así, mirando al cielo Como mueren los lirios de la tarde Bajo una unción que encienda en mi alma Una hoguera de amor y eterna gloria. Quiero morir cantando como mueren En el seno del mar los manantiales Sentir que en el dolor que me tortura Hay un poder que al cielo me levanta. Morir, dormir, sin que a mi lado broten Lagrimas tristes que la muerte arranca; Los salvos ya no lloran, solo cantan; Los salvos ya no mueren, solo duermen. Se acuestan con la muerte y se levantan En brazos de la vida que no acaba Al lado de Jesús que nunca muere Inundados de luz que no se apaga. Quiero morir con salmos y aleluyas Con una paz que acorte mi agonía Viendo tras el cristal de mi ventana Un nuevo amanecer, un nuevo día. Cerrar mis ojos para abrirlos luego Frente al árbol frondoso de la vida Diciendo ante mi Dios: ¡estoy presente! Diciendo ante Jesús ¡triunfó tu nombre! Ya no me tocará la mano impía Del león rugiente que destruirme quiso Ya no seré vasija que entre el mal se quiebra Ni barca que se estrella entre las olas. Y si es morir, dormir entre los brazos Del que venció la parca con su muerte Quiero morir así, mirando al cielo Para el ansiado encuentro con la vida.


CORAZON DEL SALMO PRIMERO
En la ley de Jehová esta su delicia
Y en su ley medita de día y de noche.
En la hora de la alegría cuando la vida canta.
O en la hora de la tristeza cuando el duelo
Lacera las rutas del silencio;
En la hora de la aleluya ungida
O en la hora en que el mal bate sus alas.

Sea en la quieta soledad del Cantar de los Cantares
O en el sabio andar de los Proverbios;
O en el dulce cabalgar de Salmos tristes
O en copas rebosantes de los Salmos dulces.
Sea en Ruth que es poesía, cielo y trigo.
O en Nehemías que es ladrillo y muro;
Quizá en la ruta de profetas anchos
O en el celo brutal de los menores;
En la fragancia y luz del pentateuco
O en la hondonada azul del Nuevo Testamento.
De día o de noche.
En la noche que gime
O en la aurora que canta.

¿COMO SERA ESO JESUS?

Estar contigo en cuerpos transformados
Sueltas las ataduras de la muerte
Y las lágrimas sean perlas
Atadas con collares de inefable blancura
Y los cedros entreguen sus maderas que cantan
Y tú me digas: siéntate aquí conmigo
Y cantemos el himno del amor de las galaxias.

Verte como eres.
Ver tus manos heridas
Y evocar dulcemente la historia del Calvario;
Cantar los salmos tuyos
En el marco de nuevos pentagramas;
Caminar en la anchura de tu sombra,
Sentirme amado
Mientras tus manos cariñosas
Descansan en mis hombros.

¿Cómo será eso Jesús?

MIRATE AL ESPEJO

La vida avanza, mírate al espejo
Mira las arrugas que surcan tu frente;
Mira los hilos blancos, hilos de nieve, blancos,
Tu rostro no es el mismo que el de tus quince abriles.

La vida es gota que muere con el sol;
Relámpago que alumbra unos cuantos segundos,
Una flor que se mece y en la tarde muere,
Un pensamiento blanco que cruza los espacios,
La brevísima estancia de una noche nupcial.

Mírate al espejo, ya esta blanco tu pelo,
Mírate a la frente, los versos de arrugas
Llenas de espinelas de voces secretas,
La juventud se pasa como las nubes blancas
Que cruzan el espacio con manos blancas, blancas.

Acuérdate de tu Creador cuando la risa fluye,
Piensa en aquel que modeló tu barro,
Tus manos, tus mejillas, el rio de tu pelo
Tu espíritu, tu alma con sus cadenas de oro,
Los bordes de tu boca con sonrisa clara.

Somos polvo,
Somos barro,
Una gota en la peña que luego se evapora.

HOY Y MANANA

Mi vida es hoy y mañana,
Mi presente tiene amaneceres de gloria;
Mis tardes tienen brumas, amapolas y huertos;
Soy el hombre más feliz de la tierra
Porque soy mañana.

Mi hoy tiene cascadas de gloria peregrina,
Es luz y sol,
Es vida y gloria,
Un gozo sin fronteras deshace las fronteras
Y los mares se mueren
Y hasta los muros de Berlín se caen.

Mi mañana tiene moradas lejanas,
Miré la mía hermosa con los ojos del alma;
Tiene calles de oro
Y la ciudad de sublime arquitecto
Se llama Jerusalén.

Vi la gloria de Dios
Y su fulgor glorioso alumbro mis sandalias
Un muro grande y alto
Con doce puertas anchas
Una patria cuadrada,
Muro de jaspe, ¡Gloria!
¡Oh ciudad de oro puro
Como de vidrio limpio
Adornada con la lumbre de mil piedras preciosas
Cimientos inefables de jaspe y de zafiro,
De ágata, esmeralda!
“El octavo berilo y el noveno topacio
Decimo crisoprasa
Undécimo jacinto
Duodécimo amatista”.

SEPTIMO MILENIO

Voy a tu encuentro alegre, con los brazos en alto,
Seis siglos han pasado desde que el hombre es hombre
Y el mundo sigue enfermo
Y el mundo sigue triste.

Pero yo estoy contento.

Mi alma intuye clarines de infinita grandeza,
Voy al encuentro alegre de las siete trompetas,
Veré las copas de oro fluyendo sobre el mundo
Marcha fúnebre y soles nuevos
Aires y cantos nuevos.

Nuevo milenio ven, muéstrame la escalera
Donde suben y bajan los ángeles cantando
Séptimo milenio, ven, tráeme en tus alforjas
Armas nuevas y anchas para cantar en el cielo.

Ya veo entusiasmado mi día de reposo
El día de la santa y gran convocación;
Ya veo los racimos de uvas dulces y grandes
Y luego las campanas de amor en Canaán.

PARATE TARDE, TENGO HAMBRE DE MONTANAS

No te mueras tarde, no quiero la noche,
“Sol párate en Gabaón, detén tu marcha
Y tu Luna, en el valle de Ajalón”.
Prolonga la hermosura de tus labios dorados
Besa los bosques, se están quedando dormidos
Deja que los andurriales muestren el periquito verde
Y que el andén no borre la huella de sus pies.

Un ratito más, tarde trigueña, guardián de los maizales
Déjame ver la anamorfosis de las peñas rudas
Que no se apague el fuego del sol que perezoso
Quiere acostarse en el alma de los trigales verdes.

Te necesito tarde.  Déjame evocar los días de mi infancia
Tardes de circos, de casita de adobe
Hechos tranquilamente con cajitas de fósforos.

Detén tus manos negras noche fría,
No borres tus celajes, tarde blanca,
No cuelgues tus crespones de franela obscura
Sobre las pestañas de la tarde inmensa.

No te vayas sol, sin ti la tarde muere
Y resucita la noche durmiendo en plenilunio;
Una luna grandota se asoma en la garganta
De cuatro cerros altos donde el cenzontle canta.

Deja que el anteridio deje a los anterozoides
Vivir lunas de mieles y se aleje la noche
Tengo hambre de sol, de pájaros volando
Tengo hambre de tus ojos que huyen del silencio.

EL OCASO

Cuando llegue mi ocaso
(Pero yo estoy vivo)
Y se oculte mi sol tras las montanas
Abriré los ojos y mirare gladiolas,
Rosas y siempre vivas nunca vistas.

Cuando nací a la vida
(Pero ya estaba muerto)
La vida verdadera me abrazo con su manto
Sopló a mi alma y se metió en mis huesos
Mi nuevo hombre y nombre, dijimos benditos
Se abrazaron y se hicieron hermanos.

Cuando llegue a mi ocaso
Se abrirán las campiñas de mi cielo infinito
Y los rosales juntos, los rojos y los blancos
Con las manos en alto, me dirán: ven hermano
En esos montes altos tendrán ricos manjares
Y el cofre de tu herencia tendrá ricos dones.
En mi ocaso obligado
No bajare a mi tumba
Pues mientras ella se muere
Yo viajaré triunfante sobre los cielos altos.

LA ÚLTIMA MILLA

En la última milla de la empinada cuesta
De esta vida que un día Dios me regalo
Quiero a la sombra verde de un árbol centenario
Dar gracias al Eterno por el don que me dió.

Como Jacob he visto años buenos y malos;
Días con sol, y abriles con su inocencia gris;
Tardes de otoño, enfermas, noches de plenilunio
Madrigales dormidos y auroras despiertas.

Amé sin ser amado; pero el amor de Cristo
Llenó largos espacios que el hombre en su egoísmo
En viacrucis sin nombre un día me negó;

Y ahora en ruta al triunfo definitivo, amado,
Agitando mi brazo le digo adiós al mundo
Seguro, abandonado en brazos del Señor.

QUIERO MORIR ASI

Quiero morir así, mirando al cielo
Como mueren los lirios de la tarde
Bajo una unción que encienda en mi alma
Una hoguera de amor y eterna gloria.

Quiero morir cantando como mueren
En el seno del mar los manantiales
Sentir que en el dolor que me tortura
Hay un poder que al cielo me levanta.

Morir, dormir, sin que a mi lado broten
Lagrimas tristes que la muerte arranca;
Los salvos ya no lloran, solo cantan;
Los salvos ya no mueren, solo duermen.

Se acuestan con la muerte y se levantan
En brazos de la vida que no acaba
Al lado de Jesús que nunca muere
Inundados de luz que no se apaga.

Quiero morir con salmos y aleluyas
Con una paz que acorte mi agonía
Viendo tras el cristal de mi ventana
Un nuevo amanecer, un nuevo día.

Cerrar mis ojos para abrirlos luego
Frente al árbol frondoso de la vida
Diciendo ante mi Dios: ¡estoy presente!
Diciendo ante Jesús ¡triunfó tu nombre!

Ya no me tocará la mano impía
Del león rugiente que destruirme quiso
Ya no seré vasija que entre el mal se quiebra
Ni barca que se estrella entre las olas.

Y si es morir, dormir entre los brazos
Del que venció la parca con su muerte
Quiero morir así, mirando al cielo
Para el ansiado encuentro con la vida.

CUANDO MI SOL SE PONGA

Se secarán mis lágrimas, enjugarán mi llanto
Nuevos lirios que crecen en lugares eternos
Mientras cinco azucenas se posaran enteras
En mis dídimas lámparas de regios resplandores.

Cuando mi sol se ponga se apagara la sombra
De la injusticia humana;
Se quebraran los dardos que laceran mis pies;
Porque el dolor morirá conmigo
Y mi nueva vida cantará para siempre.

VIVIR Y MORIR

Si Cristo es mi vivir, en El yo vivo;
Si morir es ganancia, en El yo muero;
Roto mi vaso El es el alfarero
Que junta mis pedazos y revivo.

Muy feliz a la sombra de mi olivo
Veo la Patria que con ansia espero;
Con llanto veo el lacerante acero
Que clava en su costado el hombre altivo.

Canto.  Su gracia, manantial que vierte
Agua de vida en límpida corriente
Inunda mi alma, pues cambió mi suerte;
Muero en mi cruz con El en la pendiente
Donde empieza la tumba de la muerte
Y triunfa sobre el mal el inocente.

MI AGUIJON

No te huelgues de mi enemiga mía,
Implacable; Jesús te hará pedazos
Frente a tus huesos me alzará en sus brazos
Y en mis tinieblas nacerá mi día.

Rotos los lazos de la muerte impía
Se romperá mi tumba tras los pasos,
Del Autor de la vida en sus regazos
Dejaré mi crisálida vacía.

No te burles de mi, tu sombra mata,
Pero la luz de Jesucristo es vida
Y presiento que viene, me arrebata,

Me lleva al cielo en líricas visiones
Pone aceite en la sombra de mi herida
Y se proclama luz en mis prisiones.












































































1 comentario: