CORAZON DEL
SALMO PRIMERO
En la
ley de Jehová esta su delicia
Y en su
ley medita de día y de noche.
En la
hora de la alegría cuando la vida canta.
O en la
hora de la tristeza cuando el duelo
Lacera las
rutas del silencio;
En la
hora de la aleluya ungida
O en la
hora en que el mal bate sus alas.
Sea en
la quieta soledad del Cantar de los Cantares
O en el
sabio andar de los Proverbios;
O en el
dulce cabalgar de Salmos tristes
O en copas
rebosantes de los Salmos dulces.
Sea en
Ruth que es poesía, cielo y trigo.
O en Nehemías
que es ladrillo y muro;
Quizá en
la ruta de profetas anchos
O en el
celo brutal de los menores;
En la
fragancia y luz del pentateuco
O en la
hondonada azul del Nuevo Testamento.
De día o
de noche.
En la
noche que gime
O en la
aurora que canta.
¿COMO SERA ESO JESUS?
Estar
contigo en cuerpos transformados
Sueltas las
ataduras de la muerte
Y las lágrimas
sean perlas
Atadas con
collares de inefable blancura
Y los
cedros entreguen sus maderas que cantan
Y tú me
digas: siéntate aquí conmigo
Y
cantemos el himno del amor de las galaxias.
Verte
como eres.
Ver tus
manos heridas
Y evocar
dulcemente la historia del Calvario;
Cantar
los salmos tuyos
En el
marco de nuevos pentagramas;
Caminar en
la anchura de tu sombra,
Sentirme
amado
Mientras
tus manos cariñosas
Descansan
en mis hombros.
¿Cómo será
eso Jesús?
MIRATE AL ESPEJO
La vida
avanza, mírate al espejo
Mira las
arrugas que surcan tu frente;
Mira los
hilos blancos, hilos de nieve, blancos,
Tu rostro
no es el mismo que el de tus quince abriles.
La vida
es gota que muere con el sol;
Relámpago
que alumbra unos cuantos segundos,
Una flor
que se mece y en la tarde muere,
Un pensamiento
blanco que cruza los espacios,
La brevísima
estancia de una noche nupcial.
Mírate
al espejo, ya esta blanco tu pelo,
Mírate a
la frente, los versos de arrugas
Llenas de
espinelas de voces secretas,
La juventud
se pasa como las nubes blancas
Que cruzan
el espacio con manos blancas, blancas.
Acuérdate
de tu Creador cuando la risa fluye,
Piensa en
aquel que modeló tu barro,
Tus manos,
tus mejillas, el rio de tu pelo
Tu espíritu,
tu alma con sus cadenas de oro,
Los bordes
de tu boca con sonrisa clara.
Somos
polvo,
Somos barro,
Una gota
en la peña que luego se evapora.
HOY Y MANANA
Mi vida
es hoy y mañana,
Mi presente
tiene amaneceres de gloria;
Mis tardes
tienen brumas, amapolas y huertos;
Soy el
hombre más feliz de la tierra
Porque soy
mañana.
Mi hoy
tiene cascadas de gloria peregrina,
Es luz y
sol,
Es vida
y gloria,
Un gozo
sin fronteras deshace las fronteras
Y los
mares se mueren
Y hasta
los muros de Berlín se caen.
Mi mañana
tiene moradas lejanas,
Miré la mía
hermosa con los ojos del alma;
Tiene calles
de oro
Y la
ciudad de sublime arquitecto
Se llama
Jerusalén.
Vi la
gloria de Dios
Y su
fulgor glorioso alumbro mis sandalias
Un muro
grande y alto
Con doce
puertas anchas
Una patria
cuadrada,
Muro de
jaspe, ¡Gloria!
¡Oh
ciudad de oro puro
Como de
vidrio limpio
Adornada
con la lumbre de mil piedras preciosas
Cimientos
inefables de jaspe y de zafiro,
De ágata,
esmeralda!
“El
octavo berilo y el noveno topacio
Decimo crisoprasa
Undécimo
jacinto
Duodécimo
amatista”.
SEPTIMO MILENIO
Voy a tu
encuentro alegre, con los brazos en alto,
Seis siglos
han pasado desde que el hombre es hombre
Y el
mundo sigue enfermo
Y el
mundo sigue triste.
Pero yo
estoy contento.
Mi alma
intuye clarines de infinita grandeza,
Voy al
encuentro alegre de las siete trompetas,
Veré las
copas de oro fluyendo sobre el mundo
Marcha fúnebre
y soles nuevos
Aires y
cantos nuevos.
Nuevo
milenio ven, muéstrame la escalera
Donde suben
y bajan los ángeles cantando
Séptimo milenio,
ven, tráeme en tus alforjas
Armas nuevas
y anchas para cantar en el cielo.
Ya veo
entusiasmado mi día de reposo
El día
de la santa y gran convocación;
Ya veo
los racimos de uvas dulces y grandes
Y luego
las campanas de amor en Canaán.
PARATE TARDE, TENGO HAMBRE DE
MONTANAS
No te
mueras tarde, no quiero la noche,
“Sol párate
en Gabaón, detén tu marcha
Y tu
Luna, en el valle de Ajalón”.
Prolonga
la hermosura de tus labios dorados
Besa los
bosques, se están quedando dormidos
Deja que
los andurriales muestren el periquito verde
Y que el
andén no borre la huella de sus pies.
Un
ratito más, tarde trigueña, guardián de los maizales
Déjame ver
la anamorfosis de las peñas rudas
Que no
se apague el fuego del sol que perezoso
Quiere acostarse
en el alma de los trigales verdes.
Te
necesito tarde. Déjame evocar los días de
mi infancia
Tardes de
circos, de casita de adobe
Hechos tranquilamente
con cajitas de fósforos.
Detén
tus manos negras noche fría,
No borres
tus celajes, tarde blanca,
No
cuelgues tus crespones de franela obscura
Sobre las
pestañas de la tarde inmensa.
No te
vayas sol, sin ti la tarde muere
Y
resucita la noche durmiendo en plenilunio;
Una luna
grandota se asoma en la garganta
De cuatro
cerros altos donde el cenzontle canta.
Deja que
el anteridio deje a los anterozoides
Vivir lunas
de mieles y se aleje la noche
Tengo hambre
de sol, de pájaros volando
Tengo hambre
de tus ojos que huyen del silencio.
EL OCASO
Cuando
llegue mi ocaso
(Pero yo
estoy vivo)
Y se
oculte mi sol tras las montanas
Abriré los
ojos y mirare gladiolas,
Rosas y
siempre vivas nunca vistas.
Cuando nací
a la vida
(Pero ya
estaba muerto)
La vida
verdadera me abrazo con su manto
Sopló a mi alma y se
metió en mis huesos
Mi nuevo
hombre y nombre, dijimos benditos
Se abrazaron y
se hicieron hermanos.
Cuando llegue a
mi ocaso
Se abrirán las
campiñas de mi cielo infinito
Y los rosales
juntos, los rojos y los blancos
Con las manos
en alto, me dirán: ven hermano
En esos montes
altos tendrán ricos manjares
Y el cofre de
tu herencia tendrá ricos dones.
En mi ocaso
obligado
No bajare a mi
tumba
Pues mientras
ella se muere
Yo viajaré triunfante sobre los cielos altos.
LA ÚLTIMA MILLA
En la última
milla de la empinada cuesta
De esta
vida que un día Dios me regalo
Quiero a
la sombra verde de un árbol centenario
Dar gracias
al Eterno por el don que me dió.
Como
Jacob he visto años buenos y malos;
Días con
sol, y abriles con su inocencia gris;
Tardes de
otoño, enfermas, noches de
plenilunio
Madrigales dormidos
y auroras despiertas.
Amé sin ser amado; pero el amor de Cristo
Llenó largos
espacios que el hombre en su egoísmo
En viacrucis
sin nombre un día me negó;
Y ahora
en ruta al triunfo definitivo, amado,
Agitando
mi brazo le digo adiós al mundo
Seguro,
abandonado en brazos del Señor.
QUIERO MORIR ASI
Quiero
morir así, mirando al cielo
Como mueren
los lirios de la tarde
Bajo una
unción que encienda en mi alma
Una hoguera
de amor y eterna gloria.
Quiero
morir cantando como mueren
En el
seno del mar los manantiales
Sentir que
en el dolor que me tortura
Hay un
poder que al cielo me levanta.
Morir,
dormir, sin que a mi lado broten
Lagrimas
tristes que la muerte arranca;
Los
salvos ya no lloran, solo cantan;
Los salvos
ya no mueren, solo duermen.
Se
acuestan con la muerte y se levantan
En
brazos de la vida que no acaba
Al lado
de Jesús que nunca muere
Inundados
de luz que no se apaga.
Quiero
morir con salmos y aleluyas
Con una
paz que acorte mi agonía
Viendo tras
el cristal de mi ventana
Un nuevo
amanecer, un nuevo día.
Cerrar
mis ojos para abrirlos luego
Frente al
árbol frondoso de la vida
Diciendo
ante mi Dios: ¡estoy presente!
Diciendo
ante Jesús ¡triunfó tu nombre!
Ya no me
tocará la mano impía
Del león
rugiente que destruirme quiso
Ya no seré
vasija que entre el mal se quiebra
Ni barca
que se estrella entre las olas.
Y si es morir,
dormir entre los brazos
Del que
venció la parca con su muerte
Quiero morir
así, mirando al cielo
Para el
ansiado encuentro con la vida.
CUANDO MI SOL SE PONGA
Se secarán
mis lágrimas, enjugarán mi llanto
Nuevos lirios
que crecen en lugares eternos
Mientras
cinco azucenas se posaran enteras
En mis dídimas
lámparas de regios resplandores.
Cuando
mi sol se ponga se apagara la sombra
De la
injusticia humana;
Se quebraran
los dardos que laceran mis pies;
Porque
el dolor morirá conmigo
Y mi
nueva vida cantará para siempre.
VIVIR Y MORIR
Si
Cristo es mi vivir, en El yo vivo;
Si morir
es ganancia, en El yo muero;
Roto mi
vaso El es el alfarero
Que junta
mis pedazos y revivo.
Muy
feliz a la sombra de mi olivo
Veo la
Patria que con ansia espero;
Con llanto
veo el lacerante acero
Que
clava en su costado el hombre altivo.
Canto. Su gracia, manantial que vierte
Agua de
vida en límpida corriente
Inunda
mi alma, pues cambió mi suerte;
Muero en
mi cruz con El en la pendiente
Donde
empieza la tumba de la muerte
Y
triunfa sobre el mal el inocente.
MI AGUIJON
No te
huelgues de mi enemiga mía,
Implacable;
Jesús te hará pedazos
Frente a
tus huesos me alzará en sus brazos
Y en mis
tinieblas nacerá mi día.
Rotos
los lazos de la muerte impía
Se romperá
mi tumba tras los pasos,
Del Autor
de la vida en sus regazos
Dejaré
mi crisálida vacía.
No te
burles de mi, tu sombra mata,
Pero la
luz de Jesucristo es vida
Y
presiento que viene, me arrebata,
Me lleva
al cielo en líricas visiones
Pone aceite
en la sombra de mi herida
Y se
proclama luz en mis prisiones.
Grandioso
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